Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 12
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12: Capítulo XI 12: Capítulo XI “Cuando sea reemplazado, su devoción y lealtad será infranqueable.
Será un guerrero que no le temerá ni a la tortura, ni a la muerte.” Padre I Victor acompañaba a Romina a casa.
Se había hecho bastante tarde, y aunque sabía que ella podía defenderse sola, notaba que estaba extraña.
“No necesitaba que me acompañaras, Victor.” “Estoy seguro de que no lo necesitabas, pero es una buena oportunidad para tomar aire fresco.” Romina miró a Victor.
Por unos momentos, intentó expresar las sensaciones en su pecho.
A medida que más lo intentaba, más sentía que el hielo avanzaba, subiendo por su cuello.
Ella miró el rostro de Victor.
Sus labios se congelaron.
No fue capaz de pronunciar palabra alguna.
Extendió un poco la mano, levantando el brazo pero el hielo se clavó en su piel.
Sintió como se congelaba.
Casi no se movía.
Su respiración se cortaba, no nada salía de ella.
“Yo…” Victor la observó, y tocó su mano.
El calor de la piel de Victor la hizo volver a respirar.
“Tranquila.
Has entrenado mucho hoy, te he observado con atención.” El rostro de Romina se sonrojó un poco.
“¿Me has observado?” “Creo que lo lograrás.
Dijiste que querías pelear de forma elegante y eficaz.
Tu trabajo a lo largo de estos meses ha dado frutos, y seguirás desarrollando tu estilo personal.” La voz sonó con firmeza.
“Sí…
supongo que sí.” Susurró ella.
Pronto llegaron hasta la casa de Romina.
Ella lo miró en la entrada.
“Gracias por tu apoyo, Victor.
Me aseguraré de no ser una carga para ti.” Victor sonrió.
“Romina, no sé porque dices eso.
Eres más fuerte que yo.
Espero pronto estar a la altura, y dar la talla.” “Por favor…” Susurró ella.
“Por favor, Romina.
Cuídate.
No quiero que mueras.” Habló Victor.
Su tono fue sincero y directo.
Romina lo observó sorprendida.
“Tú tampoco, Victor.” Victor comenzó a caminar de vuelta a su casa.
Tras unos largos minutos caminando, escuchó un vehículo que se detuvo a su lado.
Alguien bajó la ventana y le habló.
“Tú, niño ¿A dónde vas?” Preguntó la voz femenina.
Victor miró entre la luz, y vio el rostro de Helena.
“Señorita Helena.” “¿Te llevo?” Victor se tomó un corto instante para contestar.
“Sí, por favor.” “¿A dónde vas niño?” “Ah, voy a mi casa ¿Le envío la dirección por gps?” “Sí, que útil será.” Contestó, poniendo en marcha el auto.
“Señorita Helena ¿Cómo se volvió tan hábil?” Preguntó, curioso.
“Uhm.
Eres la segunda persona hoy que me hace esa pregunta.
Puedes atribuirlo al talento natural, pero la verdad es que llevó también mucho entrenamiento.” “Quiero…” Victor dudó unos momentos.
“Cazar a Alaluz.” “Sabía que dirías eso, niño.
Todavía no tienes lo que se necesita.
Para cuando alcances el nivel suficiente, seguramente ya lo habré cazado.” Helena le sonrió.
Se detuvo en un semáforo y notó que un vehículo la venía siguiendo desde que salió del café.
“Quiero…” Helena lo interrumpió.
“No te voy a llevar a cazarlo.
Vas a ser un estorbo ¿No fue suficiente con que te quitara el ojo?” “Quiero cazarlo.” “¿Quieres arriesgar tu vida por una venganza?
Reacciona, niño.
Es estúpido.” Helena avanzó, notando que el vehículo no dejaba de seguirla.
“¡No es por venganza!
Necesito…
enfrentarlo.
Quiero saber si darle caza hará que deje de aparecer en mis pesadillas.
No he podido dormir bien desde ese día.” Habló Victor, casi rompiéndose.
“Lo que necesitas es un psicólogo, niño.” “¡No!
No quiero ir a un psicólogo.
No quiero esa clase de ayuda.
Necesito enfrentarlo por mí mismo.” “Eres terco, y bastante estúpido.
Todavía no lo hemos encontrado, tienes tiempo a mejorar hasta que así sea.
Ahora, debes prometerme algo.” “¿Qué cosa, señorita Helena?” Helena mantuvo el silencio unos momentos, y suspiró para romperlo.
“Olvídate de todo lo que va a pasar esta noche.
Realmente tienes mala suerte, niño.” Habló, en voz baja pero audible.
Victor la miró sorprendido.
“Meridiana me lo mencionó, pero no pensé que me segurían después de nuestro encuentro ¿Quienes son?” Victor notó la ansiedad de Helena.
“¿Está bien señorita Helena?
¿Qué pasa?” “Niño, mira en la parte de atrás.
Tengo un maletín.
Ábrelo.” Victor abrió el enorme maletín y vio una escopeta.
El cañón largo tenía unas marcas en él grabadas.
Lo reconoció, era la escopeta de Helena, famosa entre los cazadores por ser su arma predilecta.
“Su escopeta ¿Qué pasa con ella?” “Revisa la munición.” “Parece todo en orden señorita.” Helena miró hacia adelante.
“Escúchame, debajo de la maleta hay una manta.
Quiero que te ocultes en la parte del asiento trasero y te cubras con la manta.
Me están siguiendo unos vehículos.” “¿Qué?
¿Por qué?” “Hazme caso niño ¿Quieres saber porque un Capitán como Richard no pudo contra Alaluz?
Es porque esa cosa es una anomalía única, y hay una conspiración detrás de ello.
No puedo decirte nada más sin exponerte al peligro.
Por eso no puedes cazarlo, niño.” Victor se mostró sorprendido.
Helena miró un lugar donde estacionarse.
“Voy a detener el auto.
Escóndete.” Le dijo.
Helena detuvo el vehículo.
Tomó su escopeta y se echó munición a los bolsillos.
“AICA.
desplega características de protección para combate.” “Desplegando protección ¿Desea acceder a las funciones de cacería de inmediato?” “Espera mi señal.” Victor se cubrió con la manta.
Helena vio que se el vehículo se estacionó detrás de ella.
Se preparó para enfrentarlos escondiendo la escopeta en la oscuridad de su vehículo.
II Helena se baja del vehículo.
Intenta usar la oscuridad para camuflar su arma y ve a algunas personas bajarse del vehículo.
“AICA, visión nocturna.” Susurró, casi de forma inaudible.
“Señorita, por favor venga con nosotros.” “¿Quién me busca?” Pregunta, con su tono dominante.
“Preferiríamos no hablar en público sobre ello.
Nuestro Padre requiere hablar con usted.” Helena observa a los tipos.
Iban bien armados, y se mostraban sin miedo a afrontarla.
“¿Y si me niego?” “Tendremos que usar otros métodos, señorita.” Los hombres levantaron sus armas.
Helena los miró con atención.
“¿Quienes son ustedes?” “Usted no necesita saber eso.” Helena mostró disgusto ante la respuesta.
Observó los dedos de los hombres, buscando los movimientos.
Uno de ellos hizo presión sobre el gatillo y ella levantó su escopera y disparó hacia las piernas de uno de ellos.
El sonido fue estruendoso, y de inmediato reaccionó corriendo hasta un callejón.
Los hombres que aún podían moverse la persiguieron.
Ella disparó para que no fuera letal.
No querría cargar con el peso de conciencia de tener que matar a alguien.
Las balas llovían sobre ella, mientras intentaba cubrirse con lo que tenía.
Dio vuelta en una esquina, y al saber que la tenían temporalmente fuera de su visión saltó, empujándose en una pared para escalar hacia un techo.
Miró hacia abajo y los vio pasar.
Bajó y volvió sobre sus pies.
Vio al hombre al que le había disparado en el piso.
Él intentó advertir a sus compañeros, y Helena lo golpeó dejándolo inconsciente.
Lo levantó, abrió el maletero del vehículo, lo metió allí y se subió para andar.
“Sal de ahí niño.” “¿Qué pasó?” preguntó Victor, aterrado.
“No quieres saberlo.
Te dejaré en tu casa ahora que los perdimos.” El resto del camino fue silencioso.
Llegaron a la casa de Victor, y él se bajó del vehículo.
“Gracias, señorita…” “Ya sabes, nada de esto a nadie.
Nadie dije.” Reafirmó, yéndose.
Victor entró a su casa, en silencio.
Aun no sabía que pensar.
III Helena deja al hombre en la sala de operaciones.
El lugar no se veía demasiado estético ni limpio, pero un hombre vio la herida y la trató.
“¿Qué mierda pasó Helena y por qué tengo un hombre con los perdigones de tu arma en mi consulta?” “Tranquilo, mientras menos sepas mejor.
Tú solo quítale los perdigones y mantenlo fuera de riesgo.
Lo necesito con vida.” “¿Desde cuando te volviste un cliché de mafiosa o de estos tipos del gobierno?” Sonó con voz temblorosa.
“Ay ya cállate y haz tu trabajo.
Para eso te pago.” Reafirmó, con su mirada.
“No sé si esto vale lo que me pagas.” “Usa mascarilla todo el tiempo.
No tiene que verte la cara.” Le contestó Helena, mientras salió de la habitación.
Sacó su teléfono.
Miró el número de la directora a cargo del departamento de la Asociación.
La llamó.
“Buenas noches, señorita Helena.
Estas no son horas para llamar.” “Te llamo de urgencia.
Acaban de intentar secuestrarme.” “¿Cómo?
¿Perdón Helena?” Helena suspiró.
“Sabes que estoy en un caso confidencial.
Necesito permisos para hablar con el supervisor del caso.
Ponme en contacto a la brevedad.” “Sí, Helena.
Él te llamará.” La llamada se cortó.
Helena se sentó tomándose un descanso de unos minutos mientras comía chocolate.
Observó la barra, y pensó para sí misma.
“Ya lo quemaré con un poco de ejercicio.” Pasados unos minutos, el doctor salió de la habitación.
“Está fuera de peligro.
Me tomó tiempo sacarle todos los proyectiles que le metiste en la pierna.
Por suerte, no fueron profundos.” “Sí, usé la Den para evitar que tuvieran una penetración profunda en la carne.” “¿Qué está pasando?” Preguntó el hombre temblando.
“No quieres saberlo.
Cuando saque al tipo de acá tendrás que sedarlo para que no sepa donde estuvimos.” “Helena…
ese hombre…” Helena continuó sin escucharlo y entró a la habitación.
Vio al hombre despertar.
Al abrir los ojos observó a Helena.
“Cazadora.
Padre solicita tu audiencia.” Su voz estaba despojada de toda emoción.
Helena le llamó la atención.
“Esta vez yo haré las preguntas ¿Quiénes son y por qué hicieron el Material Extraordinario?” “Padre solicita tu audiencia.” Reiteró.
Helena mostró disgusto.
Puso su mano sobre el vendaje de la herida e hizo una suave presión.
“Contesta.
Te estoy preguntando.” Cuando tocó la herida notó algo extraño.
Su musculatura se sentía extraña, de hecho, él se sentía un poco frío.
El hombre no reaccionó a la presión, ni al dolor.
“¿Qué mierda?
¿Qué pasa contigo?” “Cazadora.
Padre te está esperando.” La mujer sintió un escalofrío que recorrió sus manos, inquieta, retrocedió.
“¿Qué mierda te pasa?” “Padre no me necesita.
Padre te necesita a ti.” El doctor entró en la habitación y le inyectó un sedante.
Pasaron unos pocos segundos hasta que cayó dormido.
Helena lo observó, sorprendida.
“¿Qué le pasa?” “Eso quería decirte.
Sus funciones corporales son…
casi inexistentes.
Está al borde de ser un cadáver.” “No reaccionó al dolor tampoco.” Musitó, nerviosa.
“No sé porque me traerías alguien que está a puertas de la muerte.
Si no lo hubiera visto hablarte no me lo creería.” Él hizo una revisión de sus componentes biotecnológicos.
“Parece que una IA está controlando su cuerpo.
Tengo la sensación de que ya no hay nadie más en él.
La persona que alguna vez fue…” “Está muerto.” Susurró Helena, abriendo los ojos de sorpresa.
“Así es.
Me gustaría que me dejaras hacerle una revisión completa por esta noche.
Haré una revisión de su sistema operativo también para ver que podemos obtener.” Helena se movió, casi sin habla.
“No sé que o quien está detrás de todo esto.
Padre…
¿Quién es?
¿Usa cuerpos con IAs para que sigan sus órdenes?
Esto se pone cada vez peor.” Helena apoyó la mano en la pared, tomando un poco de aire.
No creía lo que veía.
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