Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 14
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
14: Capítulo XIII 14: Capítulo XIII “Todavía veo el infinito en mis sueños, el sol y las estrellas.
Sus ojos jamás han dejado de mirarme.” Victor I Victor corría por el bosque.
Su respiración se sentía agitada.
Detuvo su cuerpo, se puso detrás de un árbol.
Sentía la presencia de un animal mirándolo, acechándolo.
Refugiado, revisó su arma.
Apenas y le quedaban unas pocas balas.
Todavía tenía su espada, pero no le quedaban más herramientas ni trampas.
Revisó cada bolsillo, pero no había nada más.
“Mierda, tendré que improvisar con lo que tengo.” Musitó para sí mismo.
Desvió la mirada, observando a su alrededor.
Intentó ver a la criatura que lo acechaba.
“Es mejor que me retire.” Pensó.
Comenzó a correr.
Los árboles pasaban detrás de él.
La maleza estorbaba, pero se mantenía firme.
A medida que avanzaba, veía las figuras imponentes que se alzaban con ramas y hojas.
El terreno cambiaba.
Su respiración se sentía fluida.
“¿Dónde está la salida?” Se preguntó.
Corría.
“¿Cuánto tiempo llevo corriendo?” Sentía la tierra en sus pies.
“¿Por qué el bosque no termina nunca?” Todavía sentía como lo acechaban.
Poco a poco, el bosque comenzó a oscurecer ¿Estaba cayendo la noche?
“Está oscureciendo.
Tengo que apurarme.
Debo volver al vehículo.” El sonido del graznido vino de lo profundo del bosque.
La cicatriz de Victor comenzó a doler otra vez.
Aun después de eso, no dejó de correr.
“Tengo que apurarme ¿Dónde está el vehículo?” Empezó a sentirse nervioso, su voz se doblaba al pensar.
Poco a poco, la noche estaba cayendo sobre él.
El graznido se volvía más profundo, y venía hacia él.
Victor no se detuvo.
A su alrededor los árboles se tornaban más difíciles de ver.
La oscuridad era densa, y nublaba su vista de forma cada vez más agresiva.
Prendió la linterna de su cinturón.
Notó estelas brillantes.
“¿Estrellas?
Pero estoy en un bosque.
Es imposible que se vean las estrellas tan cerca.” Se detuvo, sintiendo la presión sobre sus sentidos.
Su piel se erizó.
Unos enormes ojos lo observaban en la noche, y se veían.
Destellaban como estrellas ardientes que lo examinaban.
El graznido otra vez.
Casi tenía un sonido humano.
Un sonido que desgarraba su pecho.
Un sonido aberrante.
El graznido hizo palpitar su pecho.
Victor levantó su arma, y retrocedió.
Intentó chocar su espalda contra un árbol.
Dio un paso hacia atrás.
No había sonidos de ramas.
Dio un segundo paso hacia atrás.
No había sonidos de hojas.
Estaba seguro que había un árbol cerca.
Dio el último paso.
Desvió la mirada, y lo notó.
No había nada.
El bosque por completo había desaparecido.
Solo quedaba él, bajo las estrellas que lo miraban.
Su voz se paralizó.
No podía hablar.
Miró, y una estrella brillante destellaba con ardor indolente y pulcro.
Su magnánima voluntad doblegó a Victor, quien miraba las chispas.
Pronto, una luz cegadora se mostró frente a él.
Una luz tan brillante como ninguna otra que hubiera visto.
La cicatriz ardió, y pronto abrió los ojos.
Tocó algo suave, y notó la oscuridad desvaneciéndose.
Su cama sostenía su espalda.
Por la ventana entraba una suave luz del amanecer, pero estaba nublado.
Apenas era luz, pero suficiente para empezar a notar los detalles de su habitación.
Se sentó en la cama, mientras sentía su corazón acelerado.
“Cada vez falta menos.” Susurró intentando calmarse.
Observó como sus manos temblaban.
Pronto, esperaba, terminarían las pesadillas.
II Richard llevaba tres semanas entrenándolos de manera intensa y precisa.
Victor había mejorado su velocidad de respuesta.
Su Den todavía era débil, sin embargo, podía usarla un poco más.
“Bien, Victor.
Tómate un descanso.” “Sí, profesor.” Richard observó a Romina.
Ella se veía un poco desconcentrada.
“Romina, te he notado bastante ansiosa desde lo que pasó con Helena ¿Estás bien?” Romina desvió la mirada hacia Richard, deteniéndose.
Intentó sonreír.
“Sí, profesor.
Solo…
he tenido algunos problemas en casa.
Está bien, estaré bien.
Estoy preparada para enfrentar a Alaluz.” Victor escuchó a lo lejos la voz de Romina.
Intentaba sonar alegre, pero también se había dado cuenta.
Richard parecía preocupado.
“Romina, si no quieres ir no te obligaremos a ir.
Si necesitas quedarte aquí puedes hacerlo.” Romina se tomó un momento.
Apretó los dedos, sosteniendo su bastón con firmeza.
“No.
Iré.” Romina mantuvo su tono firme, pero Richard notó como sus manos temblaban.
Ella parecía intentar contenerlo.
“Piénsalo Romina ¿Está bien?
Si necesitas espacio, o quieres quedarte, no te juzgaré.
Un Cazador también debe saber cuando puede enfrentarse a un peligro.
Es importante que a la hora de cazar, siempre estés con tu capacidad mental al máximo.” “Gracias, profesor ¿Podría ayudarme con un movimiento?” “Por supuesto.
Cuéntame.” “Lo que pasa es que cuando intento hacer un golpe, y rotar mi cuerpo, mi flujo de Bes se detiene.
No sé muy bien.” “Que extraño.
Podría pasar si fuera Den, porque requieres una gran carga de oxígeno a nivel pulmonar ¿Cómo has notado tu Bes estos últimos meses?” “Inestable, profesor.
De hecho, creo que también he tenido problemas con mis días…” Habló, casi susurrando un poco incómoda.
“Es un tema hormonal entonces.
Quizá se deba a la gran cantidad de estrés que están pasando.
Mi recomendación es que vayas al doctor, puedes ir en el tercer piso.
Creo que el movimiento que quieres hacer también puede estar poniendo presión sobre tu mente y eso puede estar alterando tu bes.” Mencionó él, mostrándose analítico.
“Gracias profesor.
Iré a verlo cuando termine la clase.” Contestó ella.
Victor se acercó a Richard.
“Profesor ¿Cómo lo haremos para ese día?” “Quiero que uses un rifle.
Por eso he estado entrenando tu precisión.
Me interesa que ataques desde la retaguardia a lo lejos, debido a que tu uso de Den es aún inestable y puede mejorar.” “Pero puedo pelear también cuerpo a cuerpo.” Intentó defenderse.
“Sí, sé que puedes.
El problema es que la Den requiere que mantengas bajo control la oxigenación de tu cuerpo.
Mientras más bajo presión estés, más podrás perder el control y volverla inestable perdiendo capacidad de combate.
Por otra parte, aún eres inexperto y esta será teóricamente tu primera cacería oficial.
La falta de experiencia puede pasarte la cuenta.” “Pero, profesor…” “Y por último y final.
La última vez que lo enfrentamos, y el trauma que ha dejado en tu psiquis.
No sabemos que va a pasar cuando lo veas, y cuanto tiempo te tomará reaccionar si es que reaccionas.
No podremos protegerte si te quedas paralizado.” Contestó Richard.
Victor desvió la mirada.
Sabía que no podía ir en contra de ello.
“¿Y Romina?” Richard suspiró.
“Tengo la impresión de que no irá con nosotros.
La veo muy afectada todavía.
Está intentando hacerse la fuerte, pero lo cierto es que todos quedan con secuelas después de que eso ocurre la primera vez.
Hay veces que nunca ocurre, no todos los Cazadores tienen ese trauma.
Aun así, esta fue las peores que podían pasar, pues fue sanguinaria y brutal.
El trauma no es un juego, no es algo que deba minimizarse.” “Lo sé, profesor.
No sé porque esa cosa es tan importante.” “¿Alaluz?” “Sí.
Hay muchos animales raros y mutados.
Me parece extraño.” Richard se mostró inquieto.
Recordó a los hombres que lo fueron a ver por Helena.
“No lo sé, Victor.
Eso sí, hay una conspiración muy turbia detrás de eso.
Es mejor que no nos metamos más allá de lo que Helena necesite, porque hay mucho que arriesgar y perder, y poco que ganar.” Victor desvió su mirada.
“Entiendo, gracias profesor.” III Romina entró al camarín.
Se desnudó y entró a la ducha.
Extendió la mano, y sus dedos rozaron la perilla del agua caliente.
Pasó unos segundos.
Desde hacía bastante tiempo, pasa unos segundos antes de girarla.
Tomó aire, y la manecilla.
Poco a poco, suave y despacio.
El agua comenzó a caer con suavidad sobre el suelo.
Pronto, la presión aumentó y tocó el cabello de Romina.
Sintió el calor, diluyéndose en su cuero cabelludo.
Se sentía bien.
Mantuvo los ojos cerrados mientras sintió la calidez.
Sus manos pasaron por sus hombros.
Sus dedos bajaron por su pecho, y tocaron su abdomen.
Pasó por las piernas, y tuvo una sensación de flujo.
Abrió los ojos, sorprendida.
Miró hacia abajo y notó un poco de sangre escurriendo por su pierna.
Se miró las manos, el agua caía sobre ellas, translúcida.
“¿Sangre?
Necesitaré…” Pensó, notando sus manos húmedas por el agua.
Pronto, notó que una gota cayó sobre su mano.
El color escarlata lo había visto antes.
Sus ojos se abrieron, y levantó la vista para notar como el agua de la ducha poco a poco se tornaba roja.
La sangre era diferente a la de su vientre.
Parecía que una pulpa sanguinolienta escapaba de la llave.
Una lluvia roja.
Su mente dilucidó la imagen otra vez.
La lluvia que caía entre las hojas.
La lluvia que tocaba el suelo.
El color, cálido, húmedo, asfixiante, hasta maldito que se desvió entre lo que parecía oscurecer.
Unos pedazos de la pulpa, más grotesca y deformada escaparon de la llave abierta.
Eran los pedazos de carne que había visto en el bosque.
Veía caer el cadáver del cielo, en pedazos.
Romina soltó el aire, y golpeó su espalda de la impresión contra la pared.
Cerró los ojos, abrazando sus hombros y se agachó.
No pudo contener las lágrimas, mientras cada rincón de su cuerpo estaba imbuído en el escarlata que teñía cada rincón de sus pesadillas.
La bestia había mancillado su alma.
Había roto su mente.
Ahora la herida que sentía por dentro desgarraba profundo su espíritu y voluntad.
Dejaba un tajo abierto del cual el Covragón se alimentaba cada día y cada noche.
Esperaba a que sus heridas sanaran, y recuperara su júbilo, y usaba su pico de metal para rajarle el vientre, y alimentarse otra vez de su carne.
IV Richard se sentó en la oficina.
La cicatriz en su pierna se sentía un poco extraña.
Miró hacia el exterior, vio el día nublado.
“Fernando.
Necesito tu ayuda.” Fernando tomó un sorbo de su café.
“¿Qué pasa, Richard?” “Ya sabes lo que pasó con el Covragón.” “Sí ¿Todavía te duele la pierna?” Richard se sorprendió ante esta pregunta.
“Sí, eso también.
Pero es como un dolor fantasma.
No he tenido problemas desde que me la pegaron otra vez.
Lo que quería preguntarte es porque Helena quería que la acompañara a cazar al Covragón pero aún…
me siento culpable por mi ineptitud.” Fernando tomó otro sorbo de café.
“Supongo que temes que eso te pase la cuenta con tu rendimiento a la hora de cazarlo.
Uhm.” Richard pensó en Victor y Romina.
Pensó en lo antiético que era llevarlos a cazar.
“Eso me preocupa.
Temo no estar lo suficientemente en calma para…
hacerle frente como corresponde.” Fernando abrió su cajón, y le lanzó un frasco.
Richard lo tomó en el aire, y lo miró.
Eran unas pastillas.
“Son unas especies de sedantes, útiles para calmar los nervios.
Úsalos y te evitarás problemas.” “Bien ¿Y cuántas debo tomar?” “Solo una estará bien.
Si te notas bajo demasiada presión, tómate otra pero no más que eso.” Richard miró el frasco.
Quizá sería una buena opción.
Ya había llegado bastante lejos, no expondría innecesariamente a sus alumnos al Covragón.
“Sí, supongo que esto nos servirá…” Susurró, pensando en la interacción que había tenido hoy con Victor y Romina.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com