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Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 15

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15: Capítulo XIV 15: Capítulo XIV “Merecen una noche de descanso, una noche sin pesadillas.” Richard I Un mensaje llega al celular de Richard.

Al abrir el mensaje, nota que es de Helena.

“Lo que estoy buscando fue encontrado.

Tengo el paradero aproximado de Alaluz.

Prepara a tus estudiantes, partiremos mañana mismo.” La sorpresa lo invadió, y miró a sus estudiantes.

“Han estado esforzándose bastante estos últimos meses.

Quiero que hoy terminemos las clases antes y no sé si les molesta que comamos algo para tomarnos un descanso de todo el estrés.” Victor y Romina se mostraron sorprendidos.

“Sí.” Acataron ambos, parecían un poco más alegres.

“Vayan a cambiarse.

Traigo las cosas para comer y preparar té.

Mientras, aprovechen.

Yo me encargaré de lo demás.” Richard les sonrió.

Tras ello, apoyó las mesas, puso a calentar agua y sacó la comida.

Al verlos irse, ordenó un poco.

De su ropa sacó el frasco de pildoras que le había entregado Fernando.

Lo observó con atención.

“Perdónenme.

Espero que esto salga bien.” Tras ello, dejó una pastilla en la taza de cada uno.

Las molió, y terminó de ordenar.

Tras ello, escuchó que venían, y al abrir la puerta, él sirvió sus tazas con agua caliente y el té.

Se fijó que las pastillas estuvieran bien disueltas, y les dejó el azúcar.

“Es el único modo de despejar sus mentes en este momento.

Con esto, por lo menos por hoy, estarán preparados para mañana.” Pensó para sí mismo.

Victor y Romina añadieron azúcar.

“Gracias profesor.

No esperaba tanta consideración de su parte.” Victor se mostró un tanto risueño.

“Han trabajado muy duro.

Recuerdo cuando entraste.

Me dijiste que querías ser un Taroth.” “Así es, profesor.

Ese fin de semana fue la semana de la Sal.

Me encontré con un Caballero Cazador y tuve una conversación con él.

Lo he estado pensando desde entonces.

Quería estar a la altura del legado de mi padre, pero no sé si sea capaz.

A esta altura, no importa si lo soy o no.

Solo quiero encontrar el camino que más disfrute.” “Has cambiado, Victor.” Musitó Romina, mientras comía un pan dulce.

“Supongo que sí ¿Cómo vas tú, Romina?” Romina observó con atención a ambos.

Tomó un sorbo del té.

Suspiró.

“He estado pensando mucho en la figura de Artema.

Me gustaría encontrar un estilo de cacería tan hermoso, que por sí solo sea una obra de arte.

Aun así, tengo…” Cuando intentó continuar, sintió el hielo en su pecho.

El hielo congelaba su cuello y sus labios.

Por unos momentos, quería llorar, pero no podía.

No podía sacarlo de su interior.

Richard la observó con atención.

“¿Te gusta el arte, Romina?” Ella levantó la vista.

Sus ojos se notaban visiblemente enrojecidos.

Parte del hielo se evaporó.

“Sí, me gusta mucho.

Es una manifestación de la naturaleza humana, y a veces, de lo que hay más allá.

Es…

hermoso.” Richard le sonrió.

“El arte requiere mucho tiempo.

Mucha pasión.

Mucha dedicación.

Mucha concentración y resiliencia, por sobre todo.

Quizá debas encontrar la forma de expresar aquello que llevas dentro, más que con palabras, como lo sabes hacer.

Como has estado aprendiendo estos últimos meses, y como irás mejorando a medida que los años pasen.” Romina se sonrojó.

El miedo y el hielo no habían desaparecido, pero algo dentro de ella comenzó a emitir unas frágiles y tenues chispas con las palabras de Richard.

Parte de la presión en su pecho se desvaneció.

“Suena muy artístico, profesor.” “El arte encuentra el camino, y el artista se abre camino a través si quiere ser mejor.

Pueden dejarse guiar por las palabras de otros cuando intentan ayudarlos, pero no olviden que al final, quienes deben aprender y mejorar son ustedes.

Eso va más allá de solo el arte.” “Es muy sabio, profesor Richard.” Susurró Romina.

“Es verdad ¿Cómo es tan sabio, profesor?” Le preguntó Victor, curioseando.

“Supongo que los largos años de vida dan la experiencia.

Pero, inclusive yo que soy viejo, no he aprendido todo lo que la vida tiene para ofrecer.

Siempre hay más.

Solo, no se olviden de que no están solos en esto.” Habló Richard.

Richard observó su mano.

La apretó.

Una profunda oscuridad invadía su pecho.

Se enraizaba a sus nervios y se expandía palpitando, casi asfixiándolo.

Los minutos fueron pasando, y la hora de clases ya había terminado.

Richard se levantó de su asiento.

“Por favor, vayan con tranquilidad.

Por esta vez, seré yo quien ordene, aun así, tengo una última noticia que darles antes de que se vayan.” “¿Qué pasó, profesor?” “Mañana iremos a cazar a Alaluz.” La expresión de ambos cambió al escuchar las regias palabras de Richard.

Romina sintió como esa chispa en su interior volvía a revolotear, pero el hielo la cubría cada vez más.

Victor abrió los ojos de par en par.

Soltó todo el aire que tenía en sus pulmones.

Sabía que ese momento iba a llegar.

Hoy era la última noche que soñaría con Alaluz.

“Si no se sienten preparados, mañana quédense en casa.

No habrá ningún problema con ello.

No van a dejar de ser aprendices ni nada por el estilo.

No hay consecuencias por ello.

Solo nos acompañarán si se sienten preparados, y si notamos que lo están.

Inclusive, ir para allá no significa que permitiremos que participen de forma asegurada en la cacería.

Si llegamos allá, y notamos que no están preparados, no irán con nosotros a cazarlo ¿Queda claro?” “Sí, profesor.” La voz de Victor intentó ocultar el temblor.

“Sí, profesor.” Romina lo sintió, su pecho saltaba del miedo.

Aun así, esta vez su voz no se doblegó.

Sin darse cuenta, el frío no la había contenido.

II Victor caminó hacia casa.

Por alguna razón, aunque estaba nervioso, no se sentía como otros días ¿Era como si la presión fuera más débil?

¿Se había aliviado al saber que enfrentaría por fin al monstruo que le había traido todas las pesadillas?

Sea como fuese, se sentía un poco mejor.

Envió un mensaje a su madre, y le mencionó que llegaría tarde.

“Mamá, hoy llegaré un poco más tarde.

Necesito pasar a comprar algo.

No me esperes para comer.” Tras ello, caminó hasta el cementerio.

Entró en él, y vio largas filas de lápidas metálicas.

Avanzó, despacio y mirando con cuidado.

Miró a la gente que parecía susurrar en voz baja.

Observaban las lápidas.

Cada uno estaba en sus propias cosas.

Llegó, y miró la de su padre.

Levantó la vista, y miró el cielo.

El atardecer caía manchando algunas de las nubes que se veían.

Bajó sus ojos, y miró el nombre de su padre.

Extendió la mano, y tocó la lápida.

“Papá, no sé si alguna vez estaré a la altura de tu legado.

Me gustaría…” Se toma unos momentos, donde siente la presión en su garganta.

“Me gustaría pedirte disculpas, papá.

No sé si tengo lo que se necesita para ser como tú.” Victor se agacha.

Observa con atención el nombre de su padre.

“No sé si tengo lo que se necesita.

Pero a medida que más lo pienso…” Susurra, mientras siente como se le humedecen los ojos.

“Sé que no importa.

Tú ya no estás aquí.

Intentaré, por todo lo que me queda, ser un gran cazador.

Eso será…

a mí modo.

Lo siento por eso, papá.

Perdóname por no ser algo de lo que te hubieras sentido orgulloso.” Sintió la humedad en sus mejillas.

“Pero no puedo…

De verdad que no puedo…” Soltó la presión que sentía en su pecho.

La dejó ir junto al aire que exhalaba.

“Perdóname, por no haber venido a verte en estos últimos meses.

Tenía tanto miedo.

Tenía miedo de…

de decirte que no soy suficiente.

Aun así, te prometo que aquí seguiré, hasta que me reuna contigo.

Algún día, tendré mi última cacería y luego nos volveremos a ver, papá.

Hasta entonces, mírame volverme un Cazador.” Victor apretó su puño, y levantó la vista.

“Gracias, papá, por todo lo que me has entregado.

Te amo.” Victor se levantó, limpiándose el rostro.

Ya había pasado la hora, y debía volver a casa.

Sonrió, pero había cierto aire de amargura en su sonrisa.

Dio un paso hacia el lado, y sintió su cuerpo temblar.

Aun así, no dejó que lo detuviera.

Era hora de irse.

Así, dejó atrás la lápida de su padre y el grabado en ella.

“Aquí yace el Taroth El Diablo.

Amado esposo y padre.” III Victor se levantó por la mañana.

Miró su celular, aún era temprano.

Se vistió y salió listo para el gran día.

Al llegar, vio a Richard hablando con Helena.

“¿Entonces?

No me has contado todo lo que necesitamos saber.” “Richard, Alaluz ha vuelto a aparecer cerca de Nayra, pero más cerca de la frontera con Mazarán.

Por lo que descubrí, Alaluz ha mutado.

No esperes a que sea igual que la última vez, y ya decía yo que iba a ser difícil de matar el desgraciado.” “¿Qué?

¿Cómo es posible que mutara?

Ni que estuviera expuesto a la radiación de las caricaturas ¿Ahora brilla de azul?

¿Tiene tres ojos?” Se mostró incrédulo ante Helena.

“No seas estúpido Richard.

Puede que tenga cuatro ojos.” Contestó.

Richard mantuvo un silencio momentaneo.

Iba a hablar pero Helena lo interrumpió.

“Ahora, grábatelo bien en la cabeza.

Esa cosa ya no es un animal.

Todo lo que hagas no va a capturarlo, solo a matarlo, es la prioridad máxima de la misión.

Es extremadamente peligroso.” “Me lo imaginaba.

No puede salir nada bueno de esto.” “No lo hará.

Nos llevaremos el cadáver, yo me encargaré del resto pero ustedes tienen que dejar de lado lo que pasó y no volver a hablar del tema.” Victor los miraba con atención.

Richard desvió la mirada.

“Estás ahí, Victor ¿Cómo amaneciste?” “Anoche, dormí extrañamente bien.

Me siento con energías, y con un poco de calma.” “Muy bien, me alegra escuchar eso Victor.” Helena lo escuchó y se sorprendió, pero no le dio demasiada importancia.

Poco después apareció Romina, quien también parecía tener un rostro marcado por la seriedad.

“Muy bien, profesor.

Estoy lista.” Helena observó su determinación.

“Vámonos entonces.” Se subieron al vehículo, y partieron.

Helena conducía, y Richard iba de copiloto.

“¿Desayunaron?” Preguntó a sus estudiantes.

“Yo comí algo ligero.” Contestó Romina.

“Yo no comí nada.

Estaba tan nervioso que lo olvidé.” Habló Victor.

“Yo tampoco comí, amiguísimo Richard.” Le contestó ella, y Richard desvió su rostro hacia ella haciendo una mueca.

“A ti no te pregunté, Helena.

De igual modo, te traje algo para comer porque nuestra estrella no puede estar sin comer.

Si te desmayas se nos muere la que recibirá todos los ataques por nosotros.” “Muy gracioso, Richard.” Richard les entregó comida a sus alumnos, y unos termos con té.

Tras ello, miró a Helena.

“Helena, abre la boca.” “No me vas a dar comida en la boca, Richard.” “Que abras la boca, te dije.” Richard acercó comida a su boca.

Ella lo observó, y suspiró, abriendo la boca.

Él le dio un bocado.

“Mierda, está buenísimo ¿Lo hiciste tú?” Habló ella, con la boca llena.

“No hables con la boca llena, no se te entiende nada.

Y sí, lo hice yo.” “¿Cómo me entendiste entonces?” “Que no se te entiende nada, te dije.” Comentó Richard, comiendo su porción.

Al salir de la ciudad, se dirigieron por la larga carretera.

Richard puso música, y sonó una canción de Draka.

Romina abrió los ojos de sorpresa, y Victor también se sorprendió.

“Esa cantante es para gente joven.

Yo ya no estoy para esos tiempos Richard, cámbiala.” “¡No!” Gritaron Victor y Romina, Richard sonrió.

“Nosotros no, Helena.

Pero los niños sí, y mantendrá su moral alta.

Así mismo, te aguantarás su música aunque no te guste.” Sonrió Richard.

“Ugh, bueno.” Refunfuñó.

Pronto, comenzaron a llegar a la frontera.

Estaba el paso con los militares.

Richard contuvo el aire.

No quiso mirar hacia atrás, pero observó en su bolsa el frasco con pastillas.

Apretó los dientes, y levantó la vista.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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