Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 16
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Capítulo XV 16: Capítulo XV I Richard y Helena dejaron a Victor y Romina preparánose, mientras se adentraron en el bosque para revisar la zona con un poco de antelación.
A medida que caminaron entre los árboles.
Richard se dirigió a Helena.
“Dime ¿Qué tan grave es el asunto?” Helena desvió la mirada.
“No sé la magnitud del asunto, para ser sincera.
Lo que sí puedo decirte, es que personas muy importantes se han puesto en contacto conmigo.” “Eso suena a que te sacarán de esto en la Asociación.” Entonó Richard, mostrándose un poco inquieto.
“Ya lo hicieron, Richard.
Esta cacería en teoría es una operación fuera de la jurisdicción de la ley y de la Asociación.” Richard desvió la mirada hacia Helena.
“¿Qué?
¿Estás loca?
¿Quieres que envíen a Cazadores de Cazadores por nuestras cabezas?
¿Sabes lo peligroso que es eso?” “Sí Richard.
Lo sé.
Tampoco tengo interés de enfrentarme a ellos.
Las personas…
que se pusieron en contacto conmigo tal parece que han puesto algunas trancas a la Asociación, por eso no me he ido aún y tengo vía libre.
Querían enviarme a Marte a una misión, y ya estaba todo el papeleo listo.” Richard casi se puso pálido.
“¿Qué?
¿Que hicieron que la Asociación te dejara vía libre?
Deben ser…” “Sí, son personas muy poderosas.
El asunto de Alaluz toca muchos temas muy sensibles.
Son capaces de hacer presión sobre la Asociación es porque hay algo importante detrás.” Helena se apoyó en un árbol, mirando a su alrededor.
“Con razón te ves tan desesperada.” “No me gustan tus insultos, estúpido.” Contestó ella.
“Entonces, cazaremos a Alaluz.” Helena se acercó a Richard.
“Algo que he notado desde que salimos ¿Qué pasa con tus pequeñines?
¿Por qué están tan relajados?
La niña ni siquiera era capaz de escuchar el nombre de Alaluz sin quebrarse.” Richard se llevó la mano a la cabeza.
Helena notó este gesto inquieto.
“Richard ¿Qué hiciste?” Él escuchó la incriminación.
“Hablé con Fernando…
Le pedí unas pastillas.” Helena abrió los ojos.
“¿Los drogaste?” “Solo les di algunos calmantes.” Helena se acercó a Richard y lo tomó del pecho, empujándolo contra un árbol y levantándolo.
“¿Hiciste qué?
Richard, son unos niños ¡Eres su profesor!
¡Tienes que protegerlos!
No hacer estas estupideces.
Eres un puto abusador…” Richard cerró los ojos, había una mueca en su rostro que Helena notó como disgusto.
“Lo sé Helena.
Sé que lo que hice está mal.
Aun así, sus mentes han tenido el descanso que hacía meses les faltaba.
Por otra parte, estás desesperada.” “No tan desesperada para drogar niños imbécil.” Lo levantó un poco más.
“¿Puedes permitirte decir eso, cuando lo que traes a mi puerta es un cúmulo de gente que podría hacer que nuestros cuerpos desaparezcan y que no nos vuelvan a encontrar más?
Estoy seguro que esa gente podría matarnos, y harían que nadie nos buscara nunca.
Vinieron hasta la puerta de mi casa, por ti.” Musitó Richard.
Helena lo bajó un poco, notando las palabras de Richard.
Se tomó unos momentos de silencio.
“Tienes razón.
Yo los traje hasta ti.
Eso ha sido mi culpa, pero no creas que eres impune por ello de lo que hiciste.” “Claro que no lo soy, Helena ¿Crees que soy imbécil?
Además, mírate.
No te había visto tan en la mierda desde lo del Docruma que casi te mata ¿Cuántos días llevas sin dormir?
¿Has comido bien si quiera?” Richard mira a Helena, y en sus ojos hay desafío.
“¿En qué mierda nos hemos convertido, Richard?” Contesta ella, soltándolo.
“Drogamos niños.
Tratamos con asesinos y corruptos.
Alteramos el ecosistema en nuestro propio beneficio mancillando lo que es ser un Cazador.” Richard abrazó a Helena, sintiendo su angustia.
Sintió la calidez de ella.
“Helena.
Nosotros queremos ser solo Cazadores, pero el mundo es más que eso.
Hicimos un pacto con la naturaleza, y la humanidad hizo un pacto con ella también cuando ocurrió la catastrofe climática para evitar que volviera a pasar.
Eso no significa que los intereses de los hombres de traje sean buenos.
Muchos de ellos no tienen buenas intenciones.” “Y no les importa nada más que sus propios intereses, a costa de la vida y el mundo.” Helena lo abrazó de vuelta, y se dejó llevar por el calor de Richard.
“Solo terminemos esto, y volvamos ¿Está bien?” “Sí, Richard.
Terminemos con esto de una puta vez.” Contesta ella, suspirando de angustia.
II Mientras Helena y Richard se adentran en el bosque, Victor observa con atención a Romina.
En el fondo, está lleno de dudas, y casi todas son sobre ella.
“Romina…” “¿Qué ocurre?” “¿De verdad podrás enfrentar a Alaluz?” Preguntó, casi incómodo.
Romina lo miró con atención.
Sintió como el hielo se extendía por su espalda, y la hacía sentir fatigada.
Intentó hablar, cuando estaba por congelarse, la chispa dentro de ella se prendió.
“Tengo…
miedo.” musitó, casi inaudible.
Victor la miró, y cerró los ojos.
“Yo también, Romina.
He tenido mucho miedo desde entonces.
En mis sueños, todavía veo el velo de la noche de Alaluz.
Intento escapar de él.
Intento escapar de este bosque pero no puedo.
Este bosque nunca termina.
No tiene fin por más que quiera…” Romina apretó un poco el rostro.
“Yo…
mi pecho se…
congeló.
Desde eso, siento por dentro mucho frío.
Un frío que se extiende por mi piel, por mi garganta.
Toca mis labios, y me impide hablar.
No me deja decir lo aterrada que estoy, Victor.” “Por eso no has dicho nada.
No es que no quisieras.” “No podía.” Contestó, casi al borde de las lágrimas.
“De verdad, no podía.
Quería tanto…
pedir ayuda.
Cada vez que lo he intentado, me congelo.
Es tan frío, y me he sentido tan…
mal.” Victor posó la mano sobre el hombro de Romina.
“Está bien, Romina.
Da mucho miedo.
Si necesitas, aunque sea compañía, puedes hablar conmigo.” Romina se secó las lágrimas.
“Gracias, Victor.” “Gracias a ti, por acompañarme Romina.
Hoy le daremos fin a esta pesadilla.” “Sí, así será.” Contestó ella, posando las manos sobre las armas.
De pronto, dentro de ella la chispa se encendió.
Parte del hielo dejó de hacerla sentir paralizada, pero el miedo no se había ido, ahora podía ser combatido, pero ella no estaba segura si aún vencido.
III Los cuatro comenzaron a caminar adentrándose en el bosque.
Helena habló, pues sabía que todavía quedaban unos minutos antes de llegar a la última zona donde se habían encontrado sus rastros.
“Quiero advertirles una vez más.
Lo que vamos a enfrentar ya no es un animal.
No solo estamos protegiendo el equilibrio del ecosistema.
Estamos protegiendo el mundo de algo que no debería existir.” “Señorita Helena ¿Por qué no pidió apoyo a otros Taroth?” La voz de Romina sonaba nerviosa.
“Lo intenté…
pero es difícil.
Los pocos con los que tengo una relación lo suficientemente cercana para pedir ayuda son, de hecho, dos solamente y ambos estaban ocupados.
A los demás los conozco más de vista y un saludo, que cualquier otra cosa.” “Pensé que los Taroth formaban equipos y relaciones bastante estrechas.” Habló Victor.
“Me temo que no.
Aunque nos conocemos, rara vez tenemos la oportunidad de entablar conversaciones, o si quiera una relación más profunda.
Somos Cazadores solitarios, no porque queramos, sino porque para la Asociación somos básicamente un pelotón en una sola persona.
Solo se nos envía a misiones en junto a otros Cazadores cuando es un animal que representa el riesgo para el ecosistema a nivel global.
De otro modo, no trabajamos en grupo.” Helena observó que se acercaban al área.
Detuvo con un gesto de su mano al equipo, y les pidió silencio.
A medida que avanzó, notó cuerpos en el suelo.
Se habían adentrado lo suficiente.
Richard avanzó con ella, notando los cadáveres en el piso, o al menos, debido a sus cuerpos destrozados, pensó que eran cadáveres.
“¿Qué mierda pasó aquí, Helena?” Su voz tembló.
“Alaluz.
Ellos se adelantaron.
Lo querían.” Mencionó, sin devolver la mirada.
Uno de los cuerpos se movió, su cabeza apuntó a Richard.
Abrió los ojos y habló, inclusive siendo una cabeza desprendida.
“Él Ascenderá.
Alabado sea el Satélite Blanco.” Hablo, y su voz se desvaneció mientras sus ojos se apagaban, cerrándose.
Richard, aterrado se echó hacia atrás.
Helena también no pudo evitarlo, su corazón palpitaba casi hasta salirse de su pecho.
“No puedo creerlo.
Es verdad…” Susurró, agachándose para examinar.
“¿Qué mierda Helena?
¿Esa cabeza…?” “Es una larga explicación.
La persona a la cual pertenecía ese cuerpo está muerto, no pienses en lo demás.” “No puedo ignorar eso, Helena.” Habló, casi eufórico.
Victor y Romina notaron la euforia, casi el espanto y se acercaron.
Helena se puso de pie.
Suspiró.
“Vamos a ver cosas más extrañas más adelante.
Todavía están a tiempo para retirarse.” Habló firme.
“Helena, el cadáver se movió.
Eso no fue un espasmo muscular.” “Lo sé, Richard.
No esperaba que ellos se nos adelantaran.
Les dije que esa cosa ya no era un animal.” Richard se mostró disgustado.
Tomó a Helena y la acercó, molesto, desafiándola.
“Helena, lo que acabo de ver no tiene que ver con el Alaluz.
Fue un cadáver hablando.” “Tiene todo que ver, Richard.” Ella bajó las manos de Richard.
“Las organizaciones detrás del Alaluz no son solo las que ya te había mencionado.
Hay una especie de secta que siguen a alguien llamado Padre.
Preferiría no contarles esto, hubiera preferido que nunca lo supieran pero sería irresponsable de mi parte obligarlos a seguir, o llevarlos a ciegas.” “¿Qué significa todo esto, señorita Cazadora?” Habló Victor, inquieto, mirando los cuerpos.
A Romina se le aceleró el corazón, y se abrazó de Victor, quien viendo la escena tuvo que cerrar los ojos.
“Padre ha usado a personas y cadáveres que tuvieran implantes neuronales.
A los cadáveres les ha puesto una IA y los ha usado como una especie de sectarios…” Su voz se fue desvaneciendo poco a poco, evitando las miradas de ellos y escondiendo el rostro.
“¿Y a los vivos?” Preguntó Richard, aterrado.
Helena miró los cuerpos.
Un pensamiento pasó por su mente, lo que alguna vez fueron.
“¿Qué creen que pasó?” Preguntó ella.
“Les borraron la memoria para usar a esas personas.” Contestó Victor.
“Eso sería menos malo.
Lo que Padre hizo fue borrar sus consciencias, y luego, siendo básicamente solo un cuerpo sin mente, les instaló una IA para que siguiera sus órdenes.
No destruyó sus recuerdos, solo los mató en vida para que fueran un cascarón vacío.” Victor, Richard y Romina mantuvieron un silencio sostenido, intentando asimilar lo que Helena les había contado.
“Eso es imposible ¿Cómo se puede borrar algo tan abstracto como la consciencia?” Preguntó Victor.
“Es complejo.
Hace unos años se creó la primera IA con consciencia: Alsanna.
Ella es bastante conocida.
Mi hipótesis se fundamentaba en insertar una IA como ella: se injerta la IA en el enlace neuronal que ya posee consciencia y esta reescribía la mente de la persona hasta tomar el control.” La voz de Helena temblaba.
“Pero no es así.
Creo que Padre tiene de aliados Encriptadores o IAs encriptadoras que utiliza los enlaces neuronales como puente para borrar las conexiones que forman la consciencia, y de este modo, reiniciarlas dejándolas <<de fábrica>> por así decirlo, dejando a las personas como si fueran bebés.
El proceso se accede de forma físicoquímica mediante la alteración de procesos neuronales…
dejando solo un cuerpo vacío.” “¿Quién es capaz de hacer algo como eso?” La voz de Richard sonaba nerviosa.
“Padre.
Sospecho que Padre es una IA también, pero no tengo pruebas.
No sé nada de él, solo que me busca.” Victor recordó la noche donde Helena lo llevó a casa.
“Esa vez en la noche, fueron ellos los que te buscaban.” “Así es, Victor.
Puede que veamos personas más adelante por este camino, e inclusive que nos ataquen.
Deben saber que ellos ya no se les puede considerar humanoides.” “¿Cómo puedes decir eso?
¿Qué es si quiera considerarse humano para ti?” La voz de Romina sonaba incrédula.
“Porque las IAs están programadas con una sola función.
Ellos son solo herramientas.
Todo lo que los hizo humanos alguna vez ahora no existe, y no se puede recuperar de ningún modo.
Por eso se los he dicho, todavía están a tiempo para volver en sus pasos.
Hacer como que esto nunca pasó.” Apretó los dientes, disgustada.
Richard los observó.
Miró a Helena.
“Nunca te había visto con la mierda hasta tan arriba.
No me iré, iré a dejar a los estudiantes y volveré, así que espérame.
Este caso es muchísimo más grave de lo que pensé.” “Yo también me quedo, profesor.
Si Alaluz es tan importante para Padre, y puede hacer ese tipo de cosas, debe representar un peligro para todo el mundo.
No podemos dejarlo estar, no puedo irme sabiendo que esto está pasando.” Su voz casi ocultaba el temblor, pero demostraba lo que sentía.
Intentó sostenerse con toda su fuerza su voluntad.
“El destino del mundo pende de un hilo.” Dentro de ella, la chispa comenzó a arder un poco más.
Miró los cuerpos, y aunque estaba temblando, se aferró a su bastón con todo lo que tenía.
“No puedo irme.
No dejaré que nadie más vuelva a enfrentar otra cosa como esa.
Él no es un animal, no es una bestia.
Esa cosa es un monstruo.
Estamos enfrentando monstruos.” “No puedo arriesgar a que algo les pase.
Es mi responsabilidad velar por su seguridad.” “No tienen más opciones, profesor.
Podemos ser de ayuda, aunque tengamos que hacerlo de a poco.
No podemos dejar que solo dos personas se enfrenten a lo que podría ser tanta gente y a la cosa esa.” Victor sacó pecho, y habló con firmeza.
“No se equivoquen.
Puede que nadie vuelva de esta cacería.
Es más, yo diría que aunque volvamos, nadie volverá igual.” Habla Helena, voltéandose a verlos.
Los tres la miraron.
Se aferraron a sus armas.
Ella entendió este gesto.
“AICA, abandona todos los protocolos de supervivencia de animales.
Despliega modalidad de combate de alto riesgo.
Animal de escala desastre global ecológico en la zona.
Se requieren las funciones a su máxima capacidad.” “Modalidad de Combate Mortal: Activado.
Se aconseja abandonar todos los objetivos adicionales.
Nuevo objetivo: Búsqueda y exterminio de todas las formas de vida de alto riesgo.
Modo caza y destruye.” Helena miró hacia lo profundo del bosque, y el camino de cuerpos que seguía.
“Vamos a hacer lo mejor que sabe hacer nuestra gente.
Empieza la cacería.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com