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Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 17

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17: Capítulo XVI 17: Capítulo XVI “Pensé que Dios era un ser de luz, bondad y descanso pero me equivoqué.

Preferiría jamás haber visto la verdad.

Jamás haber visto esa…

abominación divina.” Helena I A medida que avanzaron, intentaban mantener la cordura y desviar sus miradas hacia los cadáveres.

Algunos, con movimientos irregulares, parecían todavía querer levantarse.

Los susurros de fondo, se deslizaban de forma sutil por las hojas.

La corteza de los árboles evocaba un eco, una cacofonía susurrante donde “Satélite Blanco” se reiteraba, a un nivel casi subliminal.

Uno de los cuerpos se levantó, abalanzándose sobre Victor.

Él lo vio, echándose hacia atrás.

Romina, a su lado, lo hizo retroceder con una patada.

Cuando lo golpeó, sintió su fuerza ¿Cómo era posible tal cantidad de fuerza?

Victor lo observó de frente.

El cuerpo abrió la boca, y dentro poseía encías deformadas con millares de colmillos.

Lanzó hacia atrás a Romina, y Victor cayó al piso.

El cuerpo, aún animado, tenía una fuerza de la cual no podía safarse.

Esos colmillos enormes estaban hechos para desgarrar la carne.

No había un solo atisbo de humanidad, no solo por la IA, sino en su rostro y forma también.

Parecía un monstruo.

Richard levantó su pistola y le disparó en la cabeza, atravesándolo.

No lo pensó, su cuerpo reaccionó de modo instintivo.

El cadáver cayó encima de Victor, quien se lo saco asqueado, moviéndolo y aterrado.

Se echó hacia atrás al levantarse, y Helena se acercó para mirarlo.

Lo observó de cerca.

“Su boca, su rostro.

Sus encías…

no son humanas.

Esa cosa no es humana ¿También es producto de Padre?” Dijo, apenas capaz de hablar.

“Es un Caído…” Musitó, Richard escuchó su voz.

“¿Un Caído?

¿Qué es eso?” “Humano no es, de eso estoy segura.” Comentó Romina, mirándolo.

“En efecto, no son humanos.

Su fisionomía no es del todo humana.

Así que esta es su verdadera forma.” “¿Qué acabo de matar entonces?” “Richard, no te voy a mentir.

No tengo ni idea.

Son criaturas que se alimentan de carne humana.” “Su fuerza era…

sobrenatural.” Victor se mantenía con la guardia alta.

Helena recordó la interacción con Vestal y Amon.

El vino rojo y enturbiado empezó a tener sentido para ella.

“Son…

vampiros.” “¿Qué?

¿Cómo que vampiros?

Helena, no es momento para tus bromas.” Habló Richard, acercándose.

Observó las encías, manchadas con sangre pero no era de él.

“Parece que estuvo comiendo carne de los cadáveres.

Me vino a ver un hombre, dijo que era un Caído.

Tócalo Richard, siente el calor corporal del cadáver.” Richard lo tocó, y Helena notó su mueca de sorpresa.

“Está frío.

Es imposible, acaba de morir.

No puede perder calor corporal tan rápido.” “El desgraciado estuvo alimentándose de los cadáveres, las encías muestran sangre.” Helena se levantó y miró los cuerpos, con marcas de colmillos.

“Es un monstruo.

Un tipo se puso en contacto conmigo, un Caído.

Bebía un vino rojo enturbiado de aspecto raro.

No era vino.” “Era sangre…” Contestó Romina, mirando la escena.

“Hay demasiado para procesar.” Contestó Richard.

“Y habrá más.

Él no vino solo, su compañero era algo que llamó Leviat.

Por eso dijo que éramos ganado para él.” “¿Por qué cada vez esto se pone peor?” Preguntó Victor.

“Padre estuvo controlando a estas cosas también…

estos monstruos.

Es posible que el Alaluz no los haya matado, que sobrevivieran por ser monstruos.

No sé cuál es el fundamento biológico detrás de esto pero en el fondo…” “Yo tampoco quiero saberlo, Helena.

Hemos descendido a lugares a los cuales nadie debería ver.

En mis más de sesenta años jamás había escuchado de estas cosas.” “No sabemos que más hay allá afuera.” Susurró Romina, llevándose la mano a la boca.

“Así es.

Estén alerta.” Helena continuó caminando.

A medida que avanzaron, llegaron hasta una zona abierta.

Más allá había un edificio, se veía abandonado.

“¿Qué es este lugar Helena?” Habló Richard.

“De donde se perdió lo que transformó al Covragón en Alaluz.” Miraron el lugar.

Estaba con una valla de metal pero se había destruido.

Habían más cadáveres, lo que indicaba la dirección que estaban tomando.

II “¿Qué es este lugar, profesor?” Pregunta Victor.

“Es un laboratorio ¿Por qué está tan oculto?

¿Qué estaban buscando ocultar?” Contestó.

“Un experimento extremadamente peligroso.” Le respondió Romina.

Helena siguió adelante, cargando su escopeta.

Al llegar hasta la entrada del edificio, vieron a algunos de los cadáveres levantarse.

Uno de ellos en su cabeza tenía un enorme agujero, y un espiral de dientes deformados que se adentraba hacia el interior.

Carecía de rasgos como ojos, nariz o cejas.

La espiral palpitaba, como si los músculos internos se contrayeran.

También, con él, se levantaron algunos caídos, y otros cuerpos normales.

Las IAs de Padre controlaban a todos por igual.

“Así que esto era lo que Amon y Vestal no querían que Padre revelara al mundo.” El primero se abalanzó contra Romina, y Victor clavó su espada en el cuerpo de él.

Sintió la carne abrirse, y el filo traspasando.

Nunca había apuñalado a nadie.

Sintió como sus piernas temblaban, y un escalofrío recorrío cada rincón de su espalda.

De la herida no brotó ni una sola gota de sangre.

Al sacar la espada, el cuerpo seguía moviéndose.

Romina sintió el hielo avanzar por su pecho, pero apretó los dientes y el fragor de la llama se alzó dentro de ella.

Tomó con fuerza su báculo y lo golpeó en la cabeza, haciéndolo retroceder.

Victor sabía que debía hacer.

Lo miró, y ese instante dudó.

No podía.

Apretó la empuñadura de la espada pero no podía.

Richard lo vio, levantó su arma y disparó destruyéndole la cabeza.

Dentro de él, sintió como algo se empezaba a trizar al ver como su cabeza explotaba.

Respiró profundo, y soltó el aire intentando sostener su fuerza de voluntad.

Helena levantó su arma y disparó.

No pensó en los remordimientos, solo quería salir de ahí pronto.

Quería que todo acabara.

Los perdigones perforaron los cráneos, destruyéndolos.

Tras algunos cuerpos regados por el suelo.

Victor quedó mirándose las manos.

La sensación del puñal se pegaba a su mente, y se sentía asqueado.

“Tengo que seguir adelante.

Tengo que ser fuerte.” Pensó, mirando la hoja de su espada ensangrentada.

Richard subió la escalera hasta la puerta de la entrada.

Tocó la perilla, estaba abierto.

Victor subió después, y siguió Romina.

Helena se quedó mirando alrededor, antes de subir también.

Al abrir, Richard entró y Victor lo siguió con su pistola levantada.

Mantenía su espada envainada y su rifle en la espalda.

Romina también entró, tenía una pistola en su bolsillo para emergencias, pero sostenía con fuerza su bastón.

El lugar no tenía luz.

La luz era la que entraba del exterior.

Avanzaron por el mostrador, y vieron los cuerpos no solo del culto de Padre, sino también cuerpos de personas que llevaban más tiempo allí, muertas.

Romina sintió el olor repugnante.

Apretaba los ojos mirando los cadáveres y se sostenía de Victor, manteniéndose aferrada a él.

Victor no era muy diferente tampoco.

Sentía asco por el olor, y le costaba un poco ver hacia los pasillos.

Su corazón palpitaba, y él temblaba.

Helena se quedó atrás, cuidado la retaguardia.

Richard hacía gestos con las manos para dar las señales.

Detrás de él estaba Romina.

Su fuerza bruta de la Bes podría servir por si se venían encima de Richard, quien tenía menos fuerza.

Delante de Helena caminaba Victor, intentando mantener la vista hacia adelante, y también cubrir a Helena hacia atrás por si lo necesitaba.

Al llegar al final del pasillo, notaron que había una bifurcación.

Helena hizo un gesto para que buscaran una escalera.

Al caminar, notaron que el techo estaba destruido.

Se veía el segundo piso, y parte del tercero.

Un Leviat se levantó cerca de Helena.

Ella reaccionó.

Levantó su escopeta y disparó, destruyéndole el cráneo.

Victor la observó, incapaz de decir nada.

“Puede matarlos sin siquiera dudar.” Pensó, en silencio.

Al llegar a la escalera hacia el piso inferior, caminaron poco a poco.

Richard mantenía su pistola en alto, mirando su alrededor.

Estaba oscuro, no se veía bien.

Prendió la linterna de su pistola.

Victor hizo lo mismo, y Helena también.

Romina prendió la linterna de su traje.

“AICA, visión nocturna para mí y para Victor y Romina.” “Entendido.” Contestó AICA del traje de Richard.

Helena ya tenía la visión activada también, pero era apenas un soporte para las linternas en el caso de Victor y los demás.

La de Helena era mucho mejor al ser un traje más avanzado.

Victor observó el lugar, y tuvo una sensación extraña.

Escuchaba un pitido en sus oídos, y lo ponía incómodo.

No sabía que era, pero sabía que le daba una terrible sensación.

III Los cuatro avanzaron por el pasillo largo.

Había cada vez menos cuerpos.

La sensación incómoda los persguía, junto al ruido que escuchaba Victor.

No lo mencionó, porque no sabía si era su imaginación o realmente estaba ahí, además no quería levantar la voz.

El pasillo poseía un piso de cerámina.

El lugar se mantenía pulcro.

“Es uno de los laboratorios.” Susurró Richard, avanzando.

Victor miró las puertas a medio abrir.

Detrás de ella no se veía nada, todo estaba muy oscuro y estaban solo entreabiertas.

Tras avanzar un poco, llegaron hasta una puerta que permanecía cerrada.

Richard tocó la perilla, e intentó abrirla pero la puerta no cedió.

Helena se acercó, mientras Richard tenía la vista a su alrededor.

Victor notó como el sonido se escuchaba más fuerte ¿Venía detrás de la puerta?

Helena golpeó la puerta con una patada, abriéndola.

Detrás, vieron un lugar bastante grande y abierto.

El lugar permanecía iluminado, pero no por las luces.

Al entrar, vieron una fuente metálica enorme.

Había una especie de cubierta de vidrio que debía mantenerla sellada, pero estaba rota.

La luz provenía del interior de la fuente.

Se acercaron, pero Helena los detuvo.

“Manténganse afuera.” “Pero, Helena.” “Háganlo.

Es por su seguridad.”  Ella entró sola para revisar.

Ahí lo vio, vio una masa palpitante que iluminaba el lugar.

Helena observó hacia el interior, y la masa, casi viscosa, parecía cambiar tenuemente su forma.

Como si estuviera bajo el flujo de alguna fuerza externa.

“¿Algún campo cuántico estará alterando su forma?

¿Quizá el electromagnetismo?

¿La energía Den?” Se cuestionó, mirándola.

Esta masa, reaccionó ante su mirada.

El color blanco cambió, y se tornó en un gris que Helena jamás había visto.

Aquel gris, parecía deformar su contorno.

Era como si parte de su naturaleza misma jalara del espacio, casi al punto de desfigurarlo.

Ella retrocedió, porque sintió como el Material Extraordinario la observaba.

Un pitido se escuchó en sus oídos ¿Hablaba?

No lo sabía con certeza, pero parecía que quería comunicarse.

De él, se formó la cabeza del Alaluz.

El sonido del pitido vino de su hocico, y la forma se deshizo.

La materia extraña parecía intentar moverse, arrastrándose.

La cabeza de Helena comenzó a dar vueltas.

Se sujetó del varandal de metal que se veía oxidado.

Miró a su alrededor, y notó que toda la habitación parecía tener cientos de años, pero el edificio no se veía tan antiguo.

“Según mis cálculos…

este lugar debería llevar unos pocos meses abandonado.” Pensó, mirando las ruinas del lugar.

Había unos dibujos tallados en las paredes que miró con atención, mientras sentía que el pitido aumentaba en intensidad.

Allí se mostraban unas criaturas con cuerpos humanoides.

Estas tenían enormes cabezas.

“¿Esos son ojos?” Miró, en el dibujo de las cabezas.

Algunos con tres, otros con cinco, algunas hasta con siete ojos por todas esas extrañas cabezas que parecían una especie de tumor extraño.

Las criaturas, alababan a un ser.

Una entidad deformada que era difícil para la mente de Helena entender.

El pitido estaba volviéndose ensordecedor.

Al verlo, una parte del pitido tuvo sentido, y ella lo habló.

“Satélites…

Génesis…

La sangre de un Ascendido.

La Sangre Inmortal de un Dios.” Desvió la mirada al Material Extraordinario, y de él se empezaron a formar brazos que intentaban escapar, junto a los cuerpos que había visto en el mural.

Unas criaturas abominables intentaban tomar forma y escapar.

Helena se echó hacia atrás, y vio como una masa, similar a la del mural intentó escapar.

“¿Es un Dios?” Pensó, mirándolo.

Esta criatura expandió un apéndice alargado que agarró un cadáver cercano.

Al tocar el cadáver, este se transformó en la misma sustancia que el Material Extaordinario, y fue arrastrado hacia el cuenco donde yacía.

Helena vomitó.

El pitido era ensordecedor.

Sentía que sus ojos iban a explotar.

Su corazón estaba a punto de estallar ¿Qué clase de cosa era eso?

Luchó con todo lo que tenía, y se arrastró hacia la puerta, sujetándose de la pared.

A medida que avanzó, musitando una canción, maléfica y desconocida, una parte de ella parecía desprenderse de sí.

¿Qué era esa sustancia, la cual se alimentaba en forma y naturaleza, de la realidad tangible que veía?

¿Era eso, alguna criatura desconocida?

¿O era un material cuya naturaleza escapaba de este universo?

Quizá su palpitar, chirriante y maléfico, había provenido desde un lugar distante, donde las estrellas son estáticas, y los mundos son eternos.

Helena tocó la perilla, y esta se desvaneció como su vista.

Empujó, usando lo último de su voluntad rota y se lanzó hacia el exterior, donde estaba despojada de aquella imagen, y ahora se enfrentaba al mundo tan burdo y mundano.

Richard la vio desvanecerse.

Su rostro enroquecido, y las venas en su cara le advirtieron del peligro.

Escuchó el pitido viniendo, y Victor temblando tomó la perilla y cerró la puerta.

“Yo…

no creo que debamos entrar ahí.” Dijo Victor, apenas respirando.

No dio ni un solo pestañeo.

Romina sintió el frío escapando de esa habitación.

“Volvamos.” Richard miró el lugar.

Miró a Helena.

No sabía que vio, pero lo que vio, si la perturbó, significaba que no debía ser visto por nadie.

Si la mente de Helena no era capaz de soportarlo, no habría mente capaz de ver lo que hay allá.

“Vamonos.” Contestó Richard, tomando a Helena y sacándola del laboratorio subterráneo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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