Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 18
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18: Capítulo XVII 18: Capítulo XVII I Richard sentó a Helena, quien se veía profundamente invadida y perturbada.
Se acercó a ella, y recordó las palabras de Fernando.
“Usa dos pastillas, si es demasiado.” Él se agachó, y sacó el frasco con píldoras.
Helena las observó, levantó la vista pero no era capaz de modular palabras.
Sus ojos desorbitados mostraban un rostro que Richard jamás había visto.
Sacó dos pastillas, y las hizo tragar.
Helena no parecía hacer demasiada fuerza para evitarlo.
Su cuerpo apenas tenía movimiento.
Richard se aseguró de que las tragara, y la dejó unos momentos.
“Ahora solo queda esperar.” Pensó, viéndola destruida.
Victor se acercó a Romina.
“¿Sentiste el ruido de allá abajo?” Romina negó con la cabeza.
“No sentí ningún ruido, pero detrás de esa puerta a la que entró Helena podía sentir un hielo desolador.
Miré hacia su interior por unos momentos, cuando la puerta se abrió.
Parecía que el interior del laboratorio llevaba más tiempo abandonado que el resto del edificio.” “Que raro.
Sentía un pitido viniendo del interior del lugar.
Algo que palpitaba, y se extendía por las paredes.
Mira a Helena…
no sé que vio ahí pero lo que haya visto la dejó así.” Su voz tembló de solo pensarlo.
“¿Algo peor que el Alaluz?
Que miedo.
Deberíamos hacer algo con este laboratorio para que nadie vuelva a ponerse en riesgo otra vez.
Le diré al profesor.” Musitó ella.
“Bien, es lo mejor.” Romina se acercó a Richard, y le susurró inquieta.
“Profesor, creo que deberíamos destruir el laboratorio.
No sé que había detrás de la puerta pero para dejar a Helena así.” Richard la observó, contestando con la cabeza.
“Sí.
Destruiremos todo el edificio cuando acabemos con Alaluz.
No sé que vio Helena, pero sé que, sea lo que fuese, no debería verlo nadie más.” Helena reaccionó, tomando el brazo de Richard y levantándose.
Apoyando su espalda en la pared y llevándose la mano al rostro.
“Sí…
nadie más debe ver esa cosa.” Poco a poco, Helena comenzó a reincorporarse, recuperando el control de su mente.
Aún tenía la expresión perturbada, pero parecía que había bajado la intensidad.
Pasaron largos minutos hasta que ella terminó de reincorporarse.
“¿Qué fue lo que viste ahí, Helena?
¿Qué puede dejarte a ti así?” Susurró él para ellos.
“Richard, el interior de ese lugar…
Había algo que sintetizaron aquí y se les salió de las manos.
Los científicos que hicieron esa cosa, o que descubrieron eso, que no sé que es, debieron ser destruidos por ello.
Pensé que alguien había robado una pieza de esa cosa, un pedazo.
No sé si lo hicieron, no sé como podrían ser capaces.
Quizá Padre quiera eso o ya lo tenga y lo use.” Helena respiró, y soltó el aire.
Apretó los dientes e intentó mantener su voluntad firme.
Las drogas ayudaban a contenerla.
De no ser por ellas, le sería imposible si quiera salir de ese trance aberrante que le produjo la exposición al Material Extraordinario.
Ella se acercó a Richard, y le susurró al oído.
“Dame otra pastilla.” “Pero Fernando dijo…” Hubo duda en su voz.
“Dame otra.” Replicó con firmeza.
Richard le pasó otra pastilla a escondidas, y Helena se la tragó.
“Vámonos, hay trabajo que terminar.” Victor notó como Helena se recomponía poco a poco.
Su paso letárgico la hacía parecer que se desvanecería en cualquier momento.
Se aferró a su voluntad.
Todavía quedaba el Alaluz.
Un sonido llenó sus oídos.
Un graznido que venía desde el exterior.
Richard levantó la cabeza, y Victor sintió sus piernas entumecidas.
Aun así, no era suficiente para detenerlo.
Sacó su arma preparado para salir.
Romina pudo ver la imagen de Geto en su mente otra vez.
Apretó con fuerza su bastón mientras por dentro sería como el fuego ardía con más intensidad.
El hielo, que congelaba sus brazos y la paralizaba estaba derritiéndose poco a poco, pero no suficiente.
Apretó los párpados, suspiró y se preparó para lo que sabía vendría.
Helena se apoyó en la pared, intentando tomar aire para calmarse.
Victor desvió la mirada hacia atrás y vio el rostro de todos.
La hora por fin había llegado.
II Al salir del laboratorio, los cuatro no pudieron evitar mirar al cielo.
“Las nubes ¿Qué está pasando?” Se preguntó Victor, mirando con horror la escena.
Las nubes comenzaban a concentrarse en el cielo, en forma de una espirar.
Las aspas, y el denso núcleo cubrían el sol.
Eran tan densas que, parecía que la misma noche empezaba a apoderarse del edificio y el bosque que los rodeaba.
El viento cambió, y un siseo susurrante se deslizó a raz por el suelo, echando raíces.
Una sensación escaló desde la tierra, casi desgarrando su tela entre los oídos.
Victor miró a la tierra, y un tamborileo escabroso parecía emanar desde las profundidades.
El graznido resonó.
Un eco acompañó su balada maldita, y una cacofonía serpenteante vino detrás del eco, y de él emanaban unos chillidos, casi con un tono humano, pero deformado y vomitivo.
Frente a ellos, se posó el enorme Alaluz.
Extendió sus alas, y el metal de sus plumas brillaba, irradiando una mirada depredadora.
Los ojos de sus alas, no eran más que una ilusión de la luz de las plumas de acero.
Aun así, los ojos del Covragón los observaban con impune maldad.
Victor levantó su pistola, y el sonido del proyectil intentó cortar el eco de Alaluz.
Aun así, su graznido, en apariencia sobrenatural, ahogó el arma del joven cazador.
Todos notaron este efecto, que reverberó en sus corazones.
Richard levantó su arma, y disparó una ráfaga de balas.
El Covragón golpeó con sus plumas metálicas las balas, y los proyectiles no pudieron atravesar su cuerpo.
Su plumaje había mutado, volviéndose más denso, llevándolo más allá de un simple animal.
Romina lo observó.
Pensó en Geto.
Pensó en la lluvia.
Pensó en el ruido de la lluvia cayendo.
Veía la noche.
Veía la oscuridad.
Se perpetuó en su pecho, y apretando los dientes gritó de rabia recordando el rostro de Geto.
Recordando las palabras que habían tenido ese día.
Se lanzó entonces, rotó su cuerpo, girando en el aire y moviendo su bastón.
La inercia incrementó su fuerza, y ella, aumentó todavía más su fuerza aplicando toda su bestialidad.
El azote impactó a Alaluz.
Lo hizo retroceder, y casi parecía un poco aturdido.
Helena corrió hacia él y disparó su escopeta.
Los perdigones se expandieron imbuidos con la energía Den de Helena, y al impactar el plumaje del monstruo, perforaron la superficie, incrustándose.
Helena se deslizó, y levantó su arma.
Volvió a disparar.
Los proyectiles, una vez más perforaron.
Podían notar como se incrustaban en su cuerpo.
“No lo perforan como la primera vez.
Sabía que esto no iba a funcionar.” Victor retrocedió, su corazón palpitaba mirando el ojo del Alaluz.
Todavía tenía la herida que le había hecho Richard la vez anterior.
Tomó su rifle y lo observó, respirando.
“Me aseguraré de que regreses a las pesadillas de donde viniste.” Susurró, disparando.
Su puntería le permitió golpear directamente el cuello.
Aun así, no lo atravesó.
Alaluz los observó, girando la cabeza casi en un gesto de burla.
Extendió sus alas y las plumas oscurecieron más el cielo.
Alaluz parecía había devorado por completo el sol.
Y así, desplegó las estrellas en el firmamento.
Todos lo vieron.
Richard sabiendo lo que se venía lanzó una bomba.
“¡Cúbranse los ojos!” Gritó.
Tras unos segundos, donde aprovecharon de reaccionar la bomba explotó.
Una luz radiante y cegadora opacó por completo la noche y la oscuridad, revelando las alas extendidas de Alaluz, y como su noche no era más que una ilusión.
Alaluz, cegado, intentó cubrirse la cabeza con las plumas.
Helena cargó la munición de su escopeta y disparó otra tanda de proyectiles.
Esta vez, al imbuirlos con energía Den, impactaron al Covragón prendiéndolo en fuego.
Los proyectiles incendiarios se expandieron poco a poco por el plumaje de la bestia, quien alzó la cabeza con un graznido ensordecedor.
Victor lo vio vulnerable, apuntó con su rifle y disparó.
El impacto golpeó la cabeza de Alaluz incendiándolo.
“Esta vez hijo de perra no traemos munición eléctrica para cargarte.
Intenta cargar la electricidad de tu cuerpo con esto.” Susurró, mirándolo.
Romina saltó, y golpeó con toda la fuerza de su cuerpo en caída al Alaluz.
Este cayó contra el suelo.
Ella se echó hacia atrás, reposicionándose.
El fuego frente a ella encendía una llamarada en su pecho, derritiendo el hielo de la detenía.
Richard lanzó una bomba hacia el Alaluz, y esta vez al explotar soltó una red.
Esta se envolvió en el monstruo, deteniéndolo.
Lo habían reducido, y Helena se acercó para rematarlo.
Alaluz observó a Helena, y ella entonces notó que algo iba mal.
Se lanzó hacia atrás, y un destello eléctrico salió disparado del Covragón, extendiéndose por sus plumas.
Victor y Romina lanzaron un objeto que al contacto con la electricidad del Alaluz evitaron que esta se extendiera, absorbiéndola.
“Bastardo.
Me asustaste.” Musitó Helena.
Victor sonrió, un poco relajado.
La bestia parecía haber detenido su movimiento.
Aun así, algo no estaba bien ¿De verdad era tan fácil?
Romina levantó la vista, y observó las nubes.
No habían cambiado.
“¿Alaluz es capaz de hacer eso?” Preguntó en voz alta, sin querer.
“No lo sé, pero lo mataremos antes de averiguarlo.
Es demasiado peligroso.” Respondió Richard.
La sensación todavía se pegaba a la tierra.
Victor podía sentirla.
Era una sensación como la del laboratorio, en el subterráneo.
Un pitido, y detrás, el sonido de ¿Un corazón?
Algo debajo de la tierra, pero otro diferente descendía del aire.
Alaluz entonces emitió un sonido, más profundo que un graznido.
Había cambiado, se sentía diferente.
El monstruo se arrastró, y con sus garras desgarró la red.
“¿Cómo es posible?” Pensó Richard, mirando la escena.
El monstruo los observó, y abrió el ojo que había destruido Richard.
Su ojo mutado se había transformado, y en él tenía tres iris deformados.
Extendió las alas, con una agresividad imperial.
La presión de viento que generó hizo retroceder a Helena, y Romina tuvo que sostenerse del piso para no salir disparada.
El vendaval apagó las llamas que lo envolvían, y lo dejó completamente libre del fuego.
Helena disparó otra vez, y Victor le siguió.
Ambos disparos impactaron en el plumaje de Alaluz y se prendieron en fuego.
Alaluz extendió otra vez las alas, y apagó el fuego que lo envolvía con tal fuerza.
Richard no lo creía.
“Aprendió a resistir y apagar el fuego…” El Covragón levantó su cabeza, y chilló.
El graznido solo fue el aviso, pues después le siguió una oleada de rayos que se extendieron desde las plumas de su cabeza como una tormenta.
Helena y Romina retrocedieron.
Richard lanzó otra esfera, y Helena también lo hizo.
Estas absorbieron la electricidad hasta el punto de fundirse, pero fueron incapaces de detener la oleada.
Los rayos siguieron después, extendiéndose alrededor del Covragón, y mostrando como sus plumas destellaban con una luz desvastadora de horror.
La bestia entonces, con el pico apuntó Victor y descargó un rayo sobre él.
Victor lo vio, y se lanzó hacia un lado.
Comenzó a correr entonces, para reposicionarse después de eso.
“¿No se descargó?
¿Cómo es capar de contener tanta electricidad?” Preguntó eufórico Victor.
“No lo sé.
Es hipotéticamente inviable.
Su cuerpo no debería ser capaz de sostener tanta electricidad.” Contestó Richard.
“Se los dije, no lo traten como si fuera un animal.
Él lo único que es, es un monstruo.
Nosotros lo único que tenemos que hacer es exterminarlo.” Les reprochó Helena, levantando su escopeta.
El monstruo se levantó, alzando el vuelo y una lluvia de plumas y rayos vino con ello.
Los tres corrieron de la zona despejada.
Victor se puso tras un pequeño muro, intentando cubrirse.
Alaluz estaba descontrolado, y esperaba el más mínimo error de ellos para matarlos.
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