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Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 19

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19: Capítulo XVIII 19: Capítulo XVIII I Victor observa con atención, esperando el momento.

Los rayos de Alaluz disminuyeron.

Cambió la munición del rifle, y cargó la siguiente.

Al notar que emprendía el vuelo, esta vez despejado apuntó.

Romina corrió sobre el terreno, y Alaluz apuntó hacia ella, disparando un rayo.

Romina, lo observó, y apuntando con su báculo desplegó de él una especie de sombrilla extraña que usó como pararrayos.

La electricidad golpeó el bastón, y ella lo giró mientras avanzaba.

“El profesor Richard y la señorita Helena nos entregaron herramientas increíbles.” Habló, ella, con confianza mientras el bastón transformaba la electricidad.

Dentro de ella, el fuego se prendió expandiéndose por todo su cuerpo.

Todavía luchaba por no detenerse, pero ya estaba allí.

Apuntó con el bastón, y de él salió disparado un rayo condensado de energía.

El impacto golpeó una de las alas, y la atravesó por completo, fundiendo el metal y la carne por igual.

Alaluz chilló, y el sonido que emitió lanzó una onda de choque a su alrededor.

Romina salió disparada, y cayó al piso aturdida.

Richard salió de su escondite, y disparó con su energía Den.

Las balas, al golpear el cuerpo del monstruo explotaron con un gas tóxico.

El monstruo retrocedió.

Aturdido por el gas, descendió a tierra por la herida también.

Usó sus alas intentando despejarse de él.

Helena notó que la sangre del Alaluz era plateada “¿En qué te convertiste, pobre criatura?” Pensó para sí misma.

Helena corrió, y el Alaluz chilló, generando una onda que la golpeó.

Ella fue lanzada hacia atrás, y en el movimiento, pisó el suelo, e intentó usar la fuerza aumentada de AICA para rotar bajando su centro de gravedad deteniendo parte del movimiento de a poco.

El monstruo disparó rayos en todas direcciones, y Richard pudo notar que la herida que hizo Romina poco a poco se cerraba.

Él se lanzó hacia ella para intentar ayudarla a levantarse, y un rayo lo golpeó por la espalda lanzándolo contra un árbol.

Richard cayó, aturdido y adolorido.

Helena se volteó a verlo, y corrió hacia él.

“¡Richard!” “El bastardo creo que me fracturó una costilla.” Contestó intentando ponerse de pie.

Alaluz apuntó hacia Romina, quien estaba en el suelo.

Ella apenas se estaba levantando por el aturdimiento.

Una luz destelló de su pico, listo para lanzar un rayo.

El disparo de Victor golpeó al Covragón en la cabeza, y fue un impacto contundente.

La munición de Victor cambiaba la densidad del proyectil y la forma, en pleno vuelo, para aumentar la fuerza del impacto.

El Covragón disparó, y el rayo impactó contra los árboles tras perder postura.

Helena y Richard se cubrieron, intentando no ser golpeados por él.

Richard levantó su pistola y disparó dos veces más.

Los proyectiles golpearon al Covragón, liberando una pantalla de humo tóxico.

Victor aprovechó el momento, y lanzó una bomba de humo también.

Helena sabía lo que haría.

Lanzó una bomba de luz.

“¡Los ojos!” Gritó.

Todos se taparon.

Alaluz levantó la pantalla de humo con sus alas, y lo que vio después fue un fogonazo de luz que lo cegó.

Helena acortó distancia, corriendo hacia él y disparó.

El impacto golpeó el cuerpo, y le prendió fuego.

Estaba lo suficientemente cerca para usar una bomba incendiaria sin fallar.

Alaluz reaccionó, y la golpeó en pleno movimiento con el ala, azotándola contra el piso.

Helena sintió el aturdimiento, e intentó levantarse.

Sentía la sangre en su boca.

“Bastardo.” Musitó, apretando los dedos contra el suelo.

Alaluz intentó apagarse el fuego, y Romina se lanzó sobre él golpeándolo con fuerza en la cabeza.

Lo aturdió, y el Covragón se preparó para lanzar una onda de choque.

Richard se levantó como pudo.

Sentía el intenso dolor en su costado.

Erguido, disparó otra vez.

La pantalla venenosa volvía a levantarse.

Alaluz se veía afectado por el veneno.

Victor notó como el monstruo caía al piso, desvaneciéndose.

Inhaló por unos momentos, incrédulo de si por fin había acabado.

Romina le lanzó una red, atrapándolo.

Tras ello, ocupó una segunda, después ver que rompió la primera, pensó que no sería suficiente.

“Al fin, se acabó esta pesadilla.” Habló, caminando hacia Helena, y ayudándola a levantarse.

La tomó, y ella se puso de pie poco a poco.

Escupió la sangre en su boca, y se limpió.

Richard comenzó a reírse.

Victor se relajó, sentándose.

Todo parecía que había terminado.

Pronto, un susurro en el aire hizo sentir escalofríos en la piel a Victor.

Él alzó la mirada, y notó los espasmos musculares de Alaluz.

Tomó su arma y se reposicionó.

“¡Esto todavía no ha terminado!” Gritó, y tras ello hubo un silencio, y la expectación.

II Alaluz extendió sus alas poco a poco, y lo siguiente que vieron fue como estas parecían atravesar la red como si fuera un metal líquido.

Lo observaron, y no podían creer lo que veían.

Su cuerpo escapaba de la red, y tras ello, parecía que estaba rejurgitando.

El Archidemonio de las Estrellas botó, frente a sus ojos, una cantidad descomunal de sangre de sus entrañas.

No paró de vomitar.

El vómito escarlata venía acompañado de sus órganos que estaban escapando de su cuerpo.

Romina caminó hacia atrás, incapaz de procesar lo que veía.

Helena solo podía pensar en como la exposición directa al Material Extraordinario había transformado al Alaluz en algo completamente aberrante.

“¿Qué mierda es eso?” Se preguntó, Richard con la mano en el pecho y con una mueca de espanto.

Estaba completamente paralizado.

Victor no podía creerlo.

Sus ojos lo veían, pero no tenía sentido ¿Cómo era posible?

¿Eran cadáveres que había devorado?

No.

Vomitó su corazón, y este aún bombeaba.

El Alaluz dejó de vomitar sangre, y empezó a soltar un líquido plateado.

Lo mismo que salía de su herida.

Fue una escena que los desgarraba por dentro.

El Alaluz entonces soltó una llamarada de plata de su hocico, rodeándose.

Helena tomó a Romina retrocedieron hasta donde estaba Richard.

“Toma a Richard.

Tenemos que irnos de aquí.” Victor notó que se acercaba hacia ellos.

Levantó su arma, y disparó.

El disparo impactó su cabeza, tambaleándolo.

Los demás aprovecharon esta apertura y avanzaron hasta el edificio, para entrar.

“No podemos dejar a ese monstruo suelto.” Gritó Romina, desesperada.

“Se nos acaban las opciones, Helena.” “Ambos tienen razón.

Tenemos que pensar en algo.” Victor mantuvo su postura cubriéndose, y notó un rayo del Alaluz hacia él.

El golpe fue poderoso, y partió el concreto del muro donde estaba.

Él se levantó y comenzó a correr hacia otra cobertura.

No podía huir hacia el bosque, si llegaba a incendiarlo empezaría una catástrofe.

Alaluz levantó el vuelo, y soltó una llamarada desde el aire.

Victor lanzó una bomba de luz, y el destello iluminó todo a su alrededor.

Él no se detuvo de correr, no miró hacia atrás hasta que la luz desapareció.

Al voltear, vio al Alaluz inmune a la ceguera.

“¿Qué mierda?” Su corazón saltó del espanto al verlo.

Alaluz entonces, dejó el fuego y escupió un líquido plateado sobre Victor, aun así él respondió a tiempo y lo evadió rodando.

Observó el lugar donde había caído, y el líquido era corrosivo.

Era peligroso, el más mínimo error lo podría dejar muy herido.

Richard cambió su munición, usó el veneno más tóxico que tenía y disparó.

Los proyectiles golpearon a Alaluz.

El veneno se levantó en una cortina de humo densa, pero Alaluz no pareció afectarle.

“Es imposible, el veneno es tan poderoso que podría paralizar a un Le’Haviazar en cosa de segundos.” Richard apenas podía contener la sorpresa.

“Hay que escondernos.” Le dijo, acompañándolo hacia el interior del edificio.

Helena los dejó entrar.

A esta altura, Romina y Richard solo serían un estorbo.

Victor intentaba distraerlo y mantener posición.

Helena cargó su munición, apuntó y le disparó en el cuerpo.

Era difícil fallar por su tamaño.

El impacto golpeó al Alaluz.

El Archidemonio de las Estrellas sintió el fuego, pero este apenas duró contra él.

Helena lo vio, sorprendida.

Ya no lo podían cegar, ni quemar, ni envenenar, ni contener.

“Ahí se fueron todas mis ideas.

Mierda.” Pensó Helena, poniendo sus perdigones de alta densidad.

Al disparar, impactaron moviendo un poco al monstruo, pero luego lo atravesaron por completo, dejándolo sin heridas.

Helena abrió los ojos de sorpresa.

Victor miró esto, sorprendido.

“¿Pero qué mierda?

¿Cómo lo vamos a matar?

Es simplemente inmune a todas nuestras armas.” Se ocultó, mientras el Covragón disparó una llamarada contra Helena.

Ella la esquivó, rodando y corriendo.

Alaluz se detuvo, y escupió el líquido sobre ella.

Golpeó la pared del edificio, y un poco salpicó sobre su antebrazo.

Derritió el traje AICA y le produjo quemaduras en la piel.

Se llevó la mano allí, sintió el intenso dolor.

“AICA ha sufrido daños graves.” Habló la IA.

Helena no se detuvo.

“Lo sé AICA.” Victor vio que Helena ya no tenía más formas de escapar.

Se levantó y se acercó usando la pistola.

Disparó balas normales.

“Solo quiero llamar tu atención.” Pensó.

Helena miró en todas direcciones.

“Ugh.

De verdad no quería hacer esto.

Quería terminar esta cacería sin ocupar mi último recurso.” Pensó para sí misma.

La bestia lanzó un rayo, y Helena rodó para esquivarlo.

Comenzó a correr y cambió la munición de su arma.

Apuntó, y vio que Victor se acercaba.

“¡Victor!

¡Aléjate!” Victor escuchó esto.

Frenó en seco, y saltó hacia atrás corriendo.

Helena disparó, y un azote rompió el aire.

La munición imbuida en energía Den causó una explosión, y soltó una cortina de humo debido al impacto.

Helena apenas respiraba, y cayó al suelo del agotamiento.

“No quería usar mi munición explosiva porque es peligrosa.” Susurró, soltando los últimos cartuchos vacíos que tenía.

No le quedaban más.

El cuerpo del Covragón cayó.

Alaluz tenía la mitad del cuerpo completamente destruido por la explosión.

Victor miró la escena.

Sudaba, mientras veía como todo había acabado.

Cayó al suelo, de rodillas agotado.

Apenas respiraba.

“Por fin, se acabó.

Espero que ese desgraciado no siga moviéndose.” Habló, y vio como su cuerpo comenzaba a retorcese.

Helena abrió los ojos de sorpresa.

Victor quedó con la boca abierta.

“No.

No puede ser ¿No has tenido suficiente todavía?” Habló, apenas.

“Mierda, me quedé sin nada.

Ojalá hubiera tenido más de esa munición explosiva.” Contestó Helena, arrastrándose hacia atrás.

Sentía el dolor de la quemadura en su brazo, y el golpe contra el piso aún la tenía resentida.

Ahora, solo podían ver como el Alaluz parecía volver a levantarse, regenerando sus heridas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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