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Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 5

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5: Capítulo IV 5: Capítulo IV I Richard entró al salón, mientras ve a los demás cuchicheando.

Se acerca, escuchando con atención lo que hablaban.

“Entonces ¿Tendremos vacaciones este fin de semana?

Es la Semana de la Sal, el viernes es feriado, perfecto para desparramarse en el nido de amor…” El paso se escuchó, y el rostro de Geto se paralizó mientras una gota de sudor comenzó a correr por su frente sin voltearse.

Romina y Victor miraron hacia atrás, al profesor Richard quien los veía con sus ojos impávidos, inmóviles.

“¿Ya están pensando en descansar, jóvenes?” “N…

no, profesor.” Contestó Geto, con voz temblorosa.

“Póngase de pie, señor Geto.” Su voz sonó señorial y grave.

“S…

sí, profesor Richard.” Contestó, poniéndose de pie.

Sonreía nerviosamente.

“Un Cazador nunca tiene descanso…” Su palabra se dirigió hacia ellos, como un cuchillo perforando sus pechos.

“Pero, ustedes no son Cazadores todavía, así que tendrán ese fin de semana libre de mis garras ¿No es demasiado pronto para que estén pensando ya en el Viernes Blanco?

Los caminos de Sal no irán a ninguna parte, señores.” Richard se sentó frente a ellos en una silla, estirando su espalda.

“Ay Profesor, ¿cree usted en la Bestia Celestial, profesor?

¿Celebrará su Ascenso a la Luna por el Camino de la Sal?” Richard observó a sus alumnos, y se llevó la mano a la boca.

“No somos la Orden Eclesiástica, para celebrarlo, pero es un feriado.

Tengo respeto por la fe y el dogma, después de todo la Orden es la religión con más seguidores a nivel…” Richard se detuvo unos momentos, se levantó y los miró con sus ojos acusadores.

“No me distraerán de la clase ¿Cómo va el entrenamiento?” Romina se rascó la cabeza, mostrando que no pudo salirse con la suya.

“Aún no logro hacer más que puntos rojos.

La superficie sigue siendo casi por completo negra.

Me tomará bastante tiempo lograr algo.” Extendió la esfera, y Richard la tomó.

“Es natural, tanto la Bestialidad como la Den requieren mucho tiempo de práctica.

Es como las artes marciales, toman tiempo para dominarlas.” La esfera mostró un gran círculo rojo en su superficie mientras Richard la sostenía, pero no alcanzaba a cubrir la mitad de la esfera.

“Tras años de práctica, esto es lo que he alcanzado hasta ahora.

Intento ser lo más eficiente posible con la energía.” Victor lo notó, su profesor apenas y había cambiado la respiración.

Richard le devolvió la esfera y lo intentó otra vez.

Inhaló aire, y lo exhaló con rapidez.

Tomó una enorme bocanada, y luego lo volvió a soltar.

No había diferencia, los cuatro pequeños círculos no habían cambiado apenas.

Richard se puso de pie, y caminó hacia el Licáricus.

“Quiero que me muestren sus capacidades de combate, en bruto.

Enfrentarán a un Licáricus, usado para entrenar a los deportistas del Oldyrion.

Los Licáricus reales cazan en manadas, son inteligentes y bastante capaces de mimetizarse con el ambiente por su pelaje.

En este caso, tendrán la ventaja que solo será uno, y no podrá ocultarse de ustedes.” Todos lo miraron, Richard lo activó y este se levantó, mostrándose afable.

Richard se conectó por red hacia su central de comandos, hizo una revisión de los parámetros de la máquina.

Todo estaba en orden.

“Síganme.” Les comentó, caminando mientras el Licáricus lo seguía.

Se aproximaron a un lugar grande y espacioso.

Un campo de entrenamiento, a un costado habían gradas para observar y armas, además de equipamiento.

“Quiero que se pongan los trajes de entrenamiento y utilicen alguna arma que les parezca cómoda.

Es solo entrenamiento, pero tengan cuidado.

No quiero lesionados.” Su voz fue profunda, y casi similar a una amenaza.

Los tres se pusieron el traje de entrenamiento.

Geto escogió un fusil.

Era ligero, pero algo incómodo maniobrar con él, aunque le permitía mantener la distancia.

“Me gusta esto, probaré con ello.” “Será útil si usas tu bestialidad para sopesar lo incómodo del movimiento que tiene el rifle.” Richard se sentó al lado, y revisó al Licáricus.

Lo tocó, la textura de su pelaje sintético se sentía agradable al tacto, pero sus ojos se notaban diferentes a los de un animal.

Su actitud también lo era.

Romina tomó un báculo, intentó girarlo a gran velocidad pero lo soltó y cayó al suelo.

“En las películas son más fáciles de mover, también en la realidad virtual.” “Natural.

Requiere práctica, normalmente esos programas de asistencia son útiles para los jugadores y cazadores, pero a veces pueden ser poco prácticos cuando AICA se avería.” Comentó a Romina.

“¿Qué es AICA, profesor?” Preguntó ella, curiosa.

“AICA son los trajes que usan los Cazadores.

Armadura Inteligente de Combate Adaptativa.

Las AICAs tienen una IA integrada para asistir a los Cazadores junto a herramientas varias.

Ya llegará su momento para que las utilicen, pero es muy pronto para eso.” Richard se levantó, y observó a Victor escoger una espada.

“¿Te gustaría aprender a usar una espada?” Richard levantó una ceja, sorprendido.

“Ya que no puedo pelear con mis propias manos, me gustaría usar una espada.” Su mano apretó la empuñadura.

“Puedes intentarlo, pero te recomiendo después empezar por una pistola.

Son más fáciles para aprender a controlar la energía Den.

Una espada consume mucha energía lo que te desgastará más rápido en tu condición actual.” “Entiendo profesor.

Aún tengo mucho que mejorar entonces.” Victor miró a Richard, sus ojos mostraban su decisión.

Richard se rascó la cabeza y miró el lugar, suspirando.

“Bien, si están listos, empezaremos el entrenamiento.” II Geto habló.

“Yo quiero ser el primero.” Sonó firme, y Richard respondió esa decisión invitándolo a que continuara.

Geto vio al Licáricus, inhaló y contuvo la respiración por unos momentos.

Recordó los últimos dos años, desde que huyó de casa.

Había pasado todo este tiempo trabajado y estudiando para obtener una beca.

“Romperé el ciclo.” Musitó con suavidad, girando el rifle y conteniendo su postura desde la distancia.

Sus ojos danzaron entre los límites de la zona, y el Licáricus.

Richard dio la señal, y el rostro de Geto cambió.

La sonrisa que poseía se desvaneció mientras cambiaba su posición.

Victor y Romina observaron esta mirada, y por detrás casi pudieron escuchar un susurro de tristeza que emanaba de él.

El Licáricus comenzó a correr, y Geto levantó el rostro, mirando hacia abajo.

Sus ojos seguían a la criatura.

Unos pocos segundos habían pasado.

Ya lo tenía encima.

Él levantó su arma, golpeó la cabeza de la máquina y aprovechó la inercia de su cuerpo.

Su altura lo acompañaba para aumentar el jalón.

Deslizó el pie por el piso, luego hizo presión.

Empujó hacia adelante, haciendo retroceder el Licáricus.

Richard lo observó, sorprendido por su concentración.

Geto golpeó la culata del fusil con el pie, girándolo y reposicionándolo.

Sus dedos se deslizaron, sintió el metal.

Su dedo se acercó al gatillo, y la bestia lo rodeó.

Vio entonces un zigzag cuando apuntó, saliendo del foco.

Por un solo instante se sorprendió.

Lo vio venir por el costado, y se lanzó hacia atrás.

Intentó girar el torso en el aire, pero era imposible.

Pisó, rotó su cuerpo y apuntó.

El Licáricus estaba demasiado cerca, no podría detener su movimiento.

Sintió el aire corriendo por su cuello, el movimiento.

“Apunta, solo unos momentos, uno más.” Deslizó los dedos, sintiendo el metal frío.

El aire se arremolinaba en su boca, y sus labios se secaron.

Una pisada firme, y de forma bruta giró su cuerpo.

Usó el cañón como si fuera un pedazo de acero, y golpeó al Licáricus.

Lo lanzó hacia atrás, pero sintió la resistencia.

Sus manos se entumecieron.

Levantó el cañón tras el golpe, pero todos los músculos de sus brazos se resintieron ante el impacto.

La tensión, no podía apretar bien el gatillo.

El Licáricus saltó sobre él, empujándolo contra el piso y derribándolo.

Al caer, intentó quitárselo de encima.

El Licáricus dejó de atacar, y se bajó.

La pelea había terminado.

Se levantó, miró a Victor y Romina y sonrió.

“Eso fue destructivo.

Hay que volverlo a hacer.” Empezó a reírse.

Richard lo miró con atención.

Miró los datos, y sonrió.

III Victor puso las manos sobre el asiento, apoyándose para ponerse de pie, cuando Romina le ganó el turno.

“¡Yo quiero ser la siguiente!” Habló, con euforia.

“Muy bien señorita Romina, adelante.

Muéstrenos de lo que es capaz.” Romina se puso en posición, preparándose.

Abrió los ojos y vio al Licáricus correr hacia ella, y su sonrisa se mantuvo firme.

“Debo evitar los movimientos extravagantes ¿Pero cómo podría importar más la eficiencia que la elegancia?” La bestia se abalanzó sobre ella.

Romina se lanzó hacia un lado, rotó su cuerpo y golpeó con la punta de su báculo al Licáricus, haciéndolo retroceder.

Dio dos pasos hacia atrás.

Miró con atención.

Adelantó el pie, y junto a él su báculo para intentar acosar al Licáricus.

Ejercía presión.

La bestia saltó, apoyando sus patas sobre el báculo.

Se lanzó encima de Romina.

Ella sintiendo el peso, empujó el báculo hacia un lado, intentando desestabilizar a la criatura.

Sus ojos se cruzaron con los de la bestia.

Un solo momento, donde Romina dirigió su mirada hacia su hocico.

Imaginó su aliento, y algo tembló dentro de ella.

Quiso echarse hacia atrás.

Dio tres pasos más hacia atrás.

La presión la estaba aplastando, pero no dejaba de sonreír.

Golpeó el hocico del Licáricus cuando intentó morderla, usando el pie.

Tomó distancia, sintió el rebote en sus piernas.

La criatura giró a su alrededor, intentando buscar sus puntos ciegos.

Corría rápido, y ella intentó atacarlo a esa velocidad.

Golpeó el piso y su arma se quedó atascada.

La bestia se volvió a lanzar encima de ella, iba a tumbarla.

Miró hacia atrás, sintió su final.

Se lanzó al piso antes de ser alcanzada.

Sus manos tocaron antes el suelo, y se empujó hacia un lado.

La bestia cayó, pero ella rodó hacia un costado.

Se apoyó, intentando levantarse.

Sus ojos daban vuelta, y todo a su alrededor.

Al ponerse de pie, se fue de espaldas y cayó.

El Licáricus se abalanzó sobre ella, y el combate se dio por finalizado.

“Ay, no ¡No esperé que ese movimiento me mareara!” Gritó, eufórica para ponerse de pie.

Se limpió la ropa, sintió el dolor en la espalda baja, donde recepcionó su caída.

“Eso me dolió más de lo que pensé.

Las películas no son nada realistas ¿Quién podría pararse de algo como eso?” “Tienes carácter, pero te falta entrenamiento.

Con el tiempo aprenderás a caer, señorita.

Aun así, ha sido una demostración increíble.” Hizo algunas anotaciones respecto a los datos recopilados.

Romina se levantó, caminó hasta su asiento y les habló a Victor y Geto.

“Bueno, ahora tendré que volver a pintarme las uñas.” Richard la observó con sorpresa, se mostró agradado frente a la demostración.

IV Victor se levantó, moviéndose hasta la zona de entrenamiento.

Vio al Licáricus frente a él.

Movió un poco la espada, sintiendo su peso y forma.

Deslizó sus dedos por el acero.

“¿Cómo lo habrá afrontado mi padre?” El Licáricus comenzó a correr hacia él, y Victor exhaló.

Lo vio venir, extendió una pierna hacia el costado, y giró su cuerpo moviéndose.

El Licáricus pasó de largo.

“Olvídate de la energía Den y la bestialidad.

Olvida lo innecesario.

Concéntrate.” El Licáricus lo rodeó raudo, y Victor exhaló.

La bestia se abalanzó.

No podría detenerlo en seco sin resentir el impacto.

Por lógica si Geto no pudo, él tampoco.

Se echó unos pasos hacia atrás, y usó la espada como si fuera un bate para golpear directamente el cráneo con el filo más cercano a sus manos.

Sintió el impacto, sólido.

Desvió su movimiento con ese golpe, y para empujar más pisó firme y giró su torso.

Lo lanzó hacia un costado, y parecía estar aturdido.

Avanzó, dando unos pasos.

Hizo el movimiento con la espada.

Acortó el peso y el ángulo, si fallaba no quedaría tan expuesto.

La bestia saltó sobre él.

“No fue suficiente fuerza.” Suspiró, apretando los dientes.

Sus ojos miraron fijo al objetivo.

Vertió todas sus emociones en el aire que escapó de sí, y sostuvo firme su arma y lo evadió moviéndose.

El Licáricus volvió a saltar hacia él, y se protegió con su espada, pero desvió el cuerpo y el movimiento de la bestia.

Evitó recepcionar el impacto de lleno, y lo empujó con el pie.

“Como Romina.

Usa todo tu cuerpo para combatir, no solo tu arma.” La criatura comenzó a zigzaguear, y los ojos de Victor predijeron el movimiento.

“Ya te vi hacer ese movimiento antes.” Cortó con la espada el aire, pero la bestia saltó.

Lo vio elevarse, con sus patas.

Se acercaba, y agachándose un poco se impulsó hacia un costado, usando sus piernas como resorte.

“No hagas movimientos complicados.

Mi cuerpo no está entrenado para hacer movimientos extravagantes.” Una vez al costado, lo vio pasar.

Aprovechó que caería al suelo, pero el Licaricus se adelantó a su movimiento y embistió, evadiendo el golpe de la espada antes de tiempo.

En ese momento se dio cuenta, el Licáricus era de hecho vulnerable cuando estaba en el aire.

¿Por qué lo había notado?

“Estoy proyectándome hacia él, no puedo detener la inercia de mi cuerpo…

y él tampoco puede, y menos en el aire.” Pensó mirando como era embestido por el Licáricus, y derribado.

El combate terminó, y se levantó.

“Aprendí algo de ese cuentro, fue mejor de lo que pensé.” “Excelente combate, Victor.

Aprendiste de tus compañeros solo viéndolos una vez.

Eso es un talento increíble, pero todavía tienes que aprender de la experiencia.” Richard sonrió observándolo.

“Sí profesor.

Aprendí algo nuevo gracias a esto.” Se mostró sorprendido.

“Me alegra, Victor.” Romina se acercó a Victor.

“Eso fue un combate bastante corto, pero intenso.” “Tranquilos muchachos, sus combates fueron increíbles.

Aun así, no se olviden que el mío fue mejor, obviamente.” Extendió las manos hacia Romina y Victor.

“Ay ya quisieras.” “Fue gracias a ustedes que pude llegar tan lejos.” Contestó Victor, sonriendo.

Richard terminó de anotar sus datos.

“Parece que tenemos unos candidatos con potencial.

Podrían volverse unos grandes Cazadores.” Musitó, mirándolos con calidez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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