Archidemonio de las Estrellas - Capítulo 6
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6: Capítulo V 6: Capítulo V I Victor caminaba por la calle, mirando la gente festejar.
Observó con atención los cuencos con sal que portaban.
Siempre se maravillaba con los cantos, los bailes y la alegría que emanaban las personas.
Las ropas extravagates de coloridas de faldas largas se sacudían entre los trajes vislumbrantes de calor y calidez.
Se sentó unos momentos, sintiendo su alrededor.
Miró a la gente caminar, y quedó embelesado unos momentos.
“Tanto que soñé por tener la misma fuerza que mi padre.
No heredé la bestialidad de él, no soy capaz de transformarme.
Quería honrar su memoria, no denigrarla.” Sus manos se deslizaron por la madera del asiento.
El sonido abombado golpeaba las paredes de las casas y se concentraba.
Grandes figuras se movían, con vestidos extravagantes.
Era una oportunidad de hacer comunión con la Protectora de la Luna.
Victor se levantó y continuó caminando, observando con atención.
La gente se veía alegre a su alrededor.
Pronto, de tanto caminar notó las puertas de una Iglesia de la Orden Eclesiástica.
Su pecho se sentía pesado, y notaba la angustia.
Entró y vio al Padre conversando con dos personas.
“Las túnicas, esos atuendos…
Un Caballero Cazador y un Clérigo.” La túna negra, larga y el símbolo en la ropa era notorio.
El aura ominosa de la iglesia, espaciosa y de reverberación acompañaba la presencia de ambos.
Los pilares de piedra maciza se veían infranqueables e inclusive, intimidantes.
Las figuras de la Bestia Celestial y sus acólitos en los vitrales y las estatuas parecían observar a Victor con atención.
La bestia, posada imponente detrás del cubículo donde el Padre daba sus sermones casi parecía observar con una atención acosadora.
Victor estaba familiarizado con la iglesia, aunque rara vez se adentraba en ella.
Esta vez notó, de mala gana, que se sentía un tanto acosado por las figuras monolítocas.
Victor, inquieto mantuvo su firmeza.
“Seré un Cazador” se dijo a sí mismo.
No podía encogerse de miedo, y menos frente al Dios de los Cazadores ¿Sería esto, una prueba de la Bestia Celestial?
No lo sabía.
Quizá dentro de él se sentía culpable por creer que nunca estaría a la altura, o quizá solo estaba sobreanalizando las cosas.
El Caballero Cazador se dio vuelta, observando el lugar y notó a Victor, solo.
El Clérigo y el Padre conversaban, mientras el Caballero Cazador caminó hacia Victor.
Sus pasos resonaban, ecuánimes.
La cacofonía de sus pisadas resonaba entre los pilares, el vidrio, y los monolitos divinos.
“¿Qué le ocurre, joven?” Preguntó, su voz era señorial y profunda.
“¿Es un Caballero Cazador, no es así?” La voz se mostró nerviosa.
“Así es ¿Qué puedo hacer por ti?” “¿Puedo conversar un poco con usted?” “Por supuesto.” Contestó, sentándose en una banca de madera.
“Soy Janos, Caballero Cazador de rango Obispo.” “¿Obispo?
Es un rango bastante alto, creo.
No estoy seguro como funcionan los rangos en la Orden.” Contestó Victor, sentándose a su lado.
“Están el rango Discípulo, Predicador, Obispo, Arzobispo y Santo.
Si conoces de la Asociación podrías pensar en Aprendiz, Cazador, Veterano, Capitán, Capitán Mayor y Taroth.” “Esos los conozco bien.
Soy Aprendiz en la Asociación.” Janos se mostró afable, y lo observó con atención.
“Noto cierta duda.
Puede que pertenezcamos a organizaciones diferentes pero, un Cazador debe estar en Comunión consigo mismo para dar lo máximo cuando afronta la noche, y las bestias que acechan.
Nuestro señor, la Bestia Celestial siempre guía los ojos, y las manos de un Cazador para equilibrar el mundo.” Su voz resonó en Victor.
“No sé si estaré a la altura de lo que quieren para mí, de lo que quiero para mí como Cazador ¿Cómo lidian ustedes, con la expectativa de Dios mirándolos?” Janos sonrió.
“Dios no nos juzga, la Bestia Celestial nos abraza cuando enfrentamos el miedo y el peligro.
Se dice que Artema, la Primera Cazadora fue bendecida por una revelación de la Bestia Celestial y se transformó en la Protectora de la Luna.
Cuando eso ocurrió, la Bestia Celestial no le otorgó ningún don sobrenatural, sino la voluntad para afrontar el miedo a la muerte sin dudar.
Cada uno debe aprender a estar en paz con uno mismo, y algunos sienten la mano de Dios en ello, otros sienten que su voluntad no duda cuando debe, y otros…
otros solo lo hacen.
No afrontes la expectativa, toma la Virtud y muestra lo que vales con lo que tienes.
Con la práctica y la constancia, cualquiera puede volverse una leyenda.” “¿Eso crees?
¿Aspiras a transformarte en un Santo?” “¿Aspiras tú a volverte un Taroth?” “Sí, me gustaría.” La voz de Victor sonaba nerviosa.
“No aspires a un puesto vacío.
La gloria no siempre te traerá recompensa.
Aprende lo que llena tu alma, y podrías descubrir que lograr la expectativa a veces puede dejarte con el pecho vacío ¿Lo haces porque tú quieres?
¿O es porque alguien más plantó la semilla que no te pertenece?” El Clérigo llamó a Janos, y él se levantó.
“Piénsalo, Aprendiz de Cazador.
Y espero que nos volvamos a ver, cuando te vuelvas un Cazador hecho y derecho.” “Gracias, de verdad.” Contestó, dejando ir a Janos.
Victor se levantó y caminó hacia afuera.
“¿Qué es lo que quiero yo de verdad?” Se preguntó para sí mismo, dejando la iglesia.
II Geto caminaba por las calles, escuchando los cánticos.
La gente se veía alegre y él se alegraba de haber salido de casa para ver el casi festival que tenía la gente.
“Siempre me ha parecido fascinante como la sal representa el camino que dejó la Bestia Celestial a Artema para que encontrara su regazo eterno.
Ahora, la tumba de la Bestia que yace en una de las Lunas, y es venerada.
Dios se formó más que como el guardián, es un guerrero legendario.” Marisol miró los vestidos, miró las enormes muñecas que representaban a las vírgenes que rendían culto a la palabra santa, que no podía ser entendida ni transcrita.
“La Bestia Celestial, el Dios de la Cacería, el Asesino de Dragones.
Antes de que la humanidad existiera mató al Dragón Maldito y su Trinidad.
Los catapultó a la tierra desde el espacio, y pronto, los selló y durmió.
Es una de las historias de fantasía más antiguas de la humanidad, muy interesante.
Si bien se han descubierto templos más antiguos que la humanidad en las lunas, se creen que pertenecen a razas extraterrestres que viajaban por el espacio, no porque la misma Bestia los creara.” Geto tomó un poco de su jugo, el ácido lo hizo estremecer.
“No lo sé, no soy demasiado de esas creencias.
Pero tener un viernes santo es agradable para relajarse, además las festividades son lindas.
Se vendrán meses largos, y trabajar los fines de semana también es pesado.
Me alegra que podamos confiar el uno al otro, Marisol.” “A mí también me alegra.
Además, haces que mi vida mejore, eso es increíble.
He estado leyendo algunos libros de filosofía, a veces son agotadores y leer con la realidad aumentada cansa más, prefiero los libros físicos.
Es relajante descansar de eso compartiendo tiempo contigo ¿Quieres un helado?” “¿Filosofía?
Antes estuviste leyendo sobre sintaxis.” Sonó sorprendido Geto.
“Sí, sí.
Eso ya lo terminé ¿Qué tal vas tú con tus estudios?” Marisol se levantó, extendiéndole la mano a Geto.
“Mis compañeros son increíbles, y el profesor también.
Creo que llegaremos lejos.
Tengo fe en que romperemos el ciclo Marisol.
No quiero volver jamás a enfrentar a mis padres, y sus miserables abusos.
No más, nunca más.” Tomó la mano de Marisol, y se levantó.
“Me encanta escucharte decir eso, Geto.
No dudes que estos tiempos son difíciles, pero eso no durará para siempre.” Ambos comenzaron a caminar, y Geto sonrió.
“¡Ah!
como siempre, soy el mejor ¿Lo sabes?
Podría patearle el culo a cualquiera, donde quieras, por ti nena, sería un Taroth.” Marisol se echó a reír, y lo tomó del brazo.
“No tienes que ser nadie más que tú, tonto.
Eso es suficiente para mí.” “Eso solo me pone más fácil el trabajo, y la mejor parte, es que me aceptas siendo un imbécil con ganas.” Marisol observó a su alrededor, mirando el lugar cuando un tipo agarró su celular y comenzó a correr.
Geto lo vio sorprendido.
“¡Voy a buscarlo!” Gritó Geto, corriendo.
El sujeto era rápido, pero notó que la determinación de Geto se sostenía.
Viendo que Geto también era bastante rápido, se metió por un callejón.
Geto entró tambien, corriendo.
“¡Hijo de perra!
¡No te vas a escapar!” Gritó, eufórico, cuando algo resonó.
Pronto, se acercó y vio al tipo en el piso, derribado.
A su lado vio un hombre vestido con un uniforme, pertenecía a los Expedientes Arqueológicos S.
El hombre intentó levantarse del piso, sacando un cuchillo.
Geto lo miró, echándose hacia atrás.
“¿A quién crees que vienes a atacar?” El tipo movió la navaja, intentando cortar al hombre de los Expedientes.
Él contestó, tomando su muñeca y golpeándolo en el mentón.
Lo aturdió, y tras ello, lo derribó doblando su brazo.
Apretó con fuerza la muñeca, obligándolo a soltar el cuchillo.
“Deberías tener cuidado con quien usas esas cosas.
Y por sobre todo, por los lugares que te mueves.
Acabas de hacer que se escape por tu culpa, maldito imbécil.” Geto no sabía que decir, ni como actuar.
Estaba helado.
“¿Los Arqueólogos saben moverse así?
¿Por qué?” Pensó, paralizado.
El hombre lo golpeó contra la pared, y dejó caer el celular robado al suelo.
Tras ello, lo soltó.
“Lárgate de aquí, si no quieres que te trate peor, basura de mierda.” Contestó el Arqueólogo, dejando ir al hombre quien corrió asustado.
“Señor ¿Puedo recoger el celular?
Me lo acababa de robar…” El hombre suspiró, llevándose la mano a la cabeza.
Se agachó y lo recogió para pasárselo a Geto.
“Está bien, niño.
Pero no le cuentes a nadie lo que viste aquí.
Ahora lárgate, estoy ocupado.” Geto retrocedió, saliendo del callejón.
Intentó mirar disimuladamente lo que había más allá, y notó unas huellas en el piso con sangre.
“Es mejor olvidarme de lo que acabo de ver.” Se dijo a sí mismo en su mente, saliendo y volviendo con Marisol.
Ella lo observó, preocupada.
Notó el rostro de Geto.
“¿Estás bien?
¿Qué pasó?” Geto le devolvió el celular.
“Sí, estoy bien.
No es nada, al tipo…
se le cayó el celular.” Su voz sonaba nerviosa, y se veía algo perdido.
“¿Qué pasa Geto?” Pensó en la sangre, en el hombre.
“Nada, está bien.
Solo olvídalo y sigamos disfrutando del festival ¿Sí?” Marisol lo tomó de la mano y caminaron.
“Está bien, Geto.
Pero si te ocurre algo, por favor, cuéntamelo ¿Ya?” “Sí, Marisol.” Contestó.
“No tentaré a la suerte.
No he llegado tan lejos para que algo estúpido me lo quite todo.” Se dijo a sí mismo, mirando el rostro de Marisol.
III Romina caminaba entre la gente, mirando con atención como con los cuencos en manos, los levantaban haciendo un camino de sal.
Las figuras de las Vírgenes caminaban entre la gente, y detrás de todas venía una mujer vestida de Artema con una larga capa turquesa, con colores negros.
Ella, se dirigía hacia la enorme figura que habían hecho, la Bestia Celestial.
La Bestia honró a la humanidad, y a otras razas extraterrestres con la bendición de la Cacería.
Ahora, los Zilurios, los Abatan y la Humanidad recibieron el don de la Voluntad para afrontar a los Dragones, y su distorsionada forma maquiavélica para mantener el equilibrio.
“Así que no hemos sido la única raza bendecida por Dios.
Algunas razas de galaxias cercanas también lo fueron.
Pero, los Dragones no existen, son solo un mito.
Si alguna vez existieron, se extinguieron hace mucho tiempo.
Aun así, la gente adoptó la cacería para mantener el equilibrio del medioambiente.” Susurró, para sí misma.
Miró su celular.
Vio la hora.
“No creo que si quiera existiera la Bestia Celestial, pero siempre me he sentido fascinada por la forma en la que retratan su modo de cazar.
Era hermoso, preciso y magnífico.
Como si una diosa tocando tierra bailara con lo salvaje y el caos.
Me gusta eso, me gustaría alguna vez algo así…” A medida que avanzaba Romina, observaba a unos policías arrestando a un hombre.
Escuchó sus palabras.
“¡Yo no fui!
Había un hombre ahí.
Él me derribó.
Yo no maté a esa persona.” “Has estado robando.
Te quedarás en silencio.
Eres el principal sospechoso.” Romina siguió caminando.
El callejón parecía custodiado por policías y cercado.
Ella decidió continuar.
No hizo demasiado caso del asunto.
Tras voltear un par de minutos de caminata, se alejó del callejón principal por donde pasaba la gente.
Sin notarlo, embelesada por sus pensamientos llegó hasta un lugar un tanto solitario.
Levantó la vista, los edificios metálicos de cuatro pisos eran recurrentes en esa zona.
Planos, y estructurados, con ventanales indistinguibles de la arquitectura.
No se veía hacia adentro, parecían enormes espejos abrasadores.
Escuchó algo, viniendo desde algún lugar.
Tocó sus oídos, y de manera extraña se sintió incómoda, pero fue picada por la curiosidad.
Se acercó de donde creía que provenía el sonido, y vio a un hombre alto, y otros dos acompañándolo.
Se ocultó, por alguna razón la hacían sentir incómoda.
“Se nos reportó que apareció por esta zona.
No somos los únicos que lo están buscando.
Necesitamos encontrarlo rápido.
Las víctimas podrían ascender a números estratosféricos si lo dejamos suelto.” Habló, el hombre más alto.
Algo le contestaron, y él pareció molesto.
“No, no van a llamar a Helena.
La Inquisición Nocturna puede encargarse sola.
No necesitamos ni Taroths, ni Exoreth, ni tampoco al Sector Exilio de la Orden ¿Me escucharon?
La Inquisición hará su trabajo, aunque tengamos que llamar al Inquisidor.” Romina no entendía que hablaban.
“¿El Inquisidor?
¿La Inquisición Noctura?
¿Qué es eso?
Nunca los había escuchado.
Están hablando de Taroths, la Orden ¿Qué está pasando?” Ella se echó para atrás, confundida y golpeó algo, que hizo ruido.
Asustada, comenzó a correr.
Los hombres la escucharon, y se acercaron para ver como ella corría.
Uno de los tipos iba a perseguirla, pero el hombre alto lo detuvo.
“Es solo una niña.
Déjala, no creo que haya escuchado nada importante.
Por otra parte, tenemos trabajo que hacer.
Esa cosa es más importante, y representa un verdadero peligro.” “Sí, señor.
Así sean sus órdenes Comandante.” Contestó, ante la voz firme.
Romina corrió con todas sus fuerzas hasta volver a la calle principal.
Su corazón latía con fuerza, y se mezcló entre la gente.
“¿Por qué me siento tan asustada?” Estaba temblando, mirando hacia atrás para ver que no la siguieran.
“No hay nadie ¿Qué fue eso?
¿Por qué tengo la sensación de que algo malo estaba pasando?” Romina decidió entonces adentrarse más en el festival, por lo menos, hasta sentirse más segura.
IV Richard se sentó en el escritorio tras abrir su bebida.
Miró los informes, y escuchó la puerta.
“Fernando, no necesitas golpear para entrar.
Trabajamos en la misma oficina.” Contestó Richard, disgustado.
“Me temo que te equivocaste de género, mi alegre Cazador.” Se escuchó, la voz de una mujer sonaba relajada pero Richard sintió los músculos de su espalda tensarse.
Reconoció la voz.
“¡Ah!
Adelante, por favor, pasa.
Estás en tu zona de trabajo también, Helena.” Helena abrió, y entró.
Su cabello abisal danzó sobre sus hombros, y su mirada afable evocaba una sensación palpable de presión que Richard sintió sobre su rostro.
“Richard.
Me alegra que me recuerdes.
Tenemos que hablar.” “¿Qué quiere la mejor Cazadora del mundo?” “Solo soy una Taroth, Richard.
No hagas caso a esas payasadas.
Además, estoy seguro que hay Santos tan hábiles o más que yo.” “Mira, es posible, pero las leyendas dicen que si tocas un arma eres capaz de sacarle el máximo partido posible, aunque jamás la hayas usado antes.” La voz de Richard se mostró inquieta.
Helena sonrió.
“Las leyendas dicen que Elián, el Santo perdió un brazo tras enfrentar a sabuesos infernales.
No creas todo lo que la gente dice.
Son estupideces.” “Eso no lo dudo, pero si no fuera porque has enfrentado a Angloros tú sola, no lo creería.
Ningún cazador está tan loco como para enfrentarse a un animal así solo.” “Estaba herido, y débil porque no había comido.” “Es un animal capaz de enfermar a un bosque entero si sus patógenos se salen de control.
Inclusive un escuadrón de Capitanes no querría enfrentarlo.” “Deja de chuparme el pene por favor.
Solo soy una humana, nada menos, nada más.” “¡Ni siquiera tienes uno!” “Lo sé, ya te gustaría.” “Ugh ¿Qué mierda quieres, Helena?” Richard no paraba de temblar.
“Como eres el que está a cargo, me interesa avisarte.
Ten cuidado con los alrededores.
Algo se escapó de un laboratorio.
No sabemos de quien es, pero el Aquelarre fue el primero en detectarlo, darle seguimiento.
Una Archibruja está moviendo a las demás Brujas para darle caza a esa cosa.
No sé que es, me mandaron a investigarlo también pero es difícil.
Están los Expedientes con sus Exoreth, la Orden Eclesiástica llamó al maldito Sector Exilio, y apareció hasta la Inqusición Nocturna.
De verdad no sé que mierda es, pero sé que debe ser bastante importante para que hasta la Inquisición apareciera.” Ella se mostró inquieta, y hasta incómoda.
Tomó un papel, y anotó algo, pasándolo por encima de la mesa.
“Mierda, debe ser un desastre importante.” “No lo leas en voz alta.” Le susurró.
Richard miró el papel.
“Diría que movió hasta el Coro.” “Imposible, ellos son un mito.” Contestó Richard a lo que decía el papel.
“Estoy segura que están involucrados.
De hecho, es más, estoy segura que eso que anda suelto es culpa de ellos.” “No existen.” Insistió, con un rostro disgustado.
“Deja de jugar conmigo.” “Claro que existen.
La idea es que es se crea que no.
Son la puta organización más peligrosa del mundo ¿Supiste lo que pasó con la movilización del ejército de Eia en el Viejo Mundo?
¿Lo de los Mini Titanes, y el posible golpe de estado?” “No me digas esas bromas…” El rostro de Richard se volvió blanco.
“He hecho mi trabajo.
Solo venía a decirte que te cuidaras, y que dieras el aviso a la organización para que tuvieran cuidado durante la siguiente semana.
Lo más probable es que me quede en la ciudad para seguirle el rastro a esa cosa.” Helena suspiró, poniéndose de pie.
“¿Es verdad?” “Por ahora, te dejo.
Tengo cosas que hacer.
Ten cuidado y quema esa mierda.” Comentó, señalando el papel.
Helena salió de la habitación, y Richard se quedó paralizado.
Era incapaz de procesar lo que Helena le había contado.
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