ARTHAS: "Historia de un Heroe Caido" - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 CAPÍTULO 17 La Forja de la Alianza y el Secreto de los Reyes
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17: CAPÍTULO 17: La Forja de la Alianza y el Secreto de los Reyes 17: CAPÍTULO 17: La Forja de la Alianza y el Secreto de los Reyes —¿Y bien?
No pensé que te encontraría por aquí, Muradin…
—dijo Arthas, envainando su espada mientras el vapor de su aliento se mezclaba con la bruma.
—La sorpresa es mutua, chico —respondió el enano, sacudiéndose la nieve de sus espesas cejas—.
Tampoco creía que terminarías por encontrarme en estas desoladas tierras.
Arthas enarcó una ceja, manteniendo esa mezcla de respeto y familiaridad que solo se tiene con un maestro.
—¿Qué hacías por estas llanuras heladas?
¿No se supone que deberías estar en Ironforge tomando la regencia del reino?
Muradin soltó una carcajada ronca que pareció calentar el aire.
—¡Jajaja!
No te preocupes, muchacho.
Ya tengo a alguien encargado de ese asuntillo, ¿de acuerdo?
—Como tú digas, Muradin.
Pero dime, viejo…
¿qué haces tan alejado de casa?
No me digas que…
—¡¿TE PELEASTE CON JAINA OTRA VEZ?!
—interrumpió Muradin con un brillo pícaro en los ojos—.
¡Cielos, chico!
Esa rubia es dinamita, ¡pero mira hasta dónde te ha mandado de un berrinche!
Ni las mujeres enanas son tan cascarrabias, por eso nunca me casaré.
—Muradin, créeme que los enfados de Jaina son la menor de mis preocupaciones ahora —respondió Arthas con un suspiro de frustración—.
Dime de una vez, ¿cuál es tu verdadera misión aquí?
El rostro del enano se tornó serio, una sombra de misticismo cruzó su mirada.
—Ya sabes, muchacho…
mi vida es una aventura.
Pero esta vez no busco un jarrón de cerveza infinita como cuando eras niño.
Busco algo que las leyendas llaman Frostmourne (Agonía de Escarcha).
Se dice que su filo no tiene igual, que su poder no mengua y que puede otorgar a su portador la fuerza de un dios.
Un poder capaz de destruir cualquier cosa.
Arthas sintió un escalofrío que no provenía del clima.
Un poder para salvar Lordaeron.
Un poder para humillar a Mal’Ganis.
—Pero eso no importa ahora —continuó Muradin—.
Esta expedición fue un desastre.
Los muertos no dejan de acosarnos y mis barcos fueron destruidos.
Tenemos que largarnos de aquí y regresar a la costa.
—Regresar no es una opción, Muradin —sentenció Arthas.
El tono de su voz se volvió frío y calculador—.
Te propongo un trato.
El interior de la carpa se tornó sofocante.
Arthas, con la astucia de un general, desplegó su plan: ayudaría a Muradin a encontrar la espada legendaria y le aseguraría un pasaje de vuelta a Azeroth usando la poderosa infraestructura que Lordaeron había construido en la costa.
A cambio, los enanos pondrían su conocimiento del terreno y su artillería al servicio de la Corona para localizar y destruir la Ciudadela de los Muertos.
—Me tienes atado, muchacho —gruñó Muradin, estrechando la mano del Príncipe—.
Acepto tus términos.
Mientras se preparaba la marcha, la magnitud de la expedición de Arthas se hacía evidente.
No era un grupo de asalto; era una nación en movimiento.
Para sostener a sus 300,000 hombres, Arthas había diseñado una línea de suministros perfecta: Punto de Desembarco: La garganta de la expedición.
Aquí los acorazados descargaban toneladas de víveres y hierro.
Cuenta con un hospital de campaña masivo y hornos crematorios para los caídos, cuyas cenizas son enviadas de vuelta a sus familias.
Puntos Clave (2 al 5): Fortalezas estratégicas cada ciertos kilómetros, protegidas por muros de hierro de 25 metros de altura y torres con balistas y cañones.
La Ruta Pavimentada: Por orden directa del Príncipe, los ingenieros habían pavimentado el camino entre los puntos para permitir el movimiento rápido de la artillería pesada y los suministros, creando una arteria de civilización en medio del salvajismo helado.
Actualmente, de los 300,000 hombres iniciales, se registraban 5,000 bajas totales y unos 2,500 heridos, una cifra asombrosamente baja gracias a la disciplina de hierro impuesta por el Príncipe y sus capitanes, Falric y Marwyn.
Mientras tanto, en Lordaeron, el Reino prosperaba bajo una economía de guerra.
El comercio con Ironforge se había quintuplicado para satisfacer la sed de hierro y pólvora.
Pero tras los muros del palacio, la verdadera estructura del poder residía en la Casta de los Hombres Mayores.
El Reino de Lordaeron se dividía en dos realidades biológicas: Linaje Menor: La población general, hombres cuya longevidad máxima alcanza los 170-190 años.
Linaje Mayor (Hombres Superiores): Las casas reales como Menethil, Wrynn y Proudmoore.
Estos seres poseen el don de la longevidad extrema debido a su pureza ancestral.
Un Menethil puede vivir hasta los 290 o 350 años si su conexión con la Luz es pura.
Tienen prohibido mezclarse con linajes menores para no “diluir” su esencia.
Incluso los lazos con los Altos Elfos de Quel’Thalas (dinastías Sunstrider y Windrunner) eran comunes.
Estas uniones entre Hombres Superiores y Elfos no solo buscaban estabilidad política, sino la creación de reyes con una capacidad mágica y estratégica casi divina.
Con el campamento base asegurado y Falric al mando de la retaguardia, Arthas formó una fuerza de élite de 1,000 hombres.
No llevaría a todo el ejército al paso de la espada; necesitaba velocidad y precisión.
Al lado de Muradin Bronzebeard, el Príncipe de Lordaeron se internó en los desfiladeros del este.
Su objetivo era claro: obtener el arma definitiva.
No sabía que, al buscar el poder de un dios para salvar a su pueblo, estaba caminando directamente hacia la trampa que el destino —y Mal’Ganis— habían preparado para él.
—En marcha —ordenó Arthas, mientras la nieve comenzaba a cubrir el rastro de sus botas—.
El tiempo de los demonios se acaba.
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