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ARTHAS: "Historia de un Heroe Caido" - Capítulo 73

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  3. Capítulo 73 - 73 CAPITULO 73 El Retrato de la Pradera
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73: CAPITULO 73: El Retrato de la Pradera 73: CAPITULO 73: El Retrato de la Pradera La tranquilidad de Mulgore y la peculiar adaptación del Príncipe Arthas II a las costumbres Tauren no iban a permanecer en secreto por mucho tiempo.

Movido por una mezcla de travesura y el deseo de compartir su nueva perspectiva, el propio Príncipe decidió que era hora de enviar un “retrato” de su vida actual a la corte imperial.

Un de él corriendo felizmente con Anduin Lothar Jr., ambos descalzos y con apenas un pantalón de cuero cubriendo lo esencial, fue cuidadosamente empaquetada y enviada por un veloz mensajero imperial de regreso a la Ciudad Capital.

La Llegada del “Salvaje” Príncipe: Reacciones en la Corte La llegada del paquete real a la corte imperial causó una considerable agitación.

Los sellos reales eran inconfundibles, pero el contenido…

eso era otra historia.

El retrato llegó primero a manos de la Emperatriz Sylvanas Windrunner.

La Emperatriz, con su habitual porte elegante, desenvolvió el pergamino con una curiosidad distante, esperando quizás un informe formal o un boceto de los avances en los asentamientos de Kalimdor.

Lo que encontró la dejó petrificada por un instante, antes de que una lenta y gélida furia comenzara a ascender en sus ojos.

La imagen del Príncipe, su hijo, corriendo por una pradera semidesnudo, con una sonrisa salvaje en el rostro, era una bofetada a todo lo que ella consideraba propio de la realeza.

Su reacción fue inicialmente de incredulidad, seguida de un siseo de pura indignación.

“¡Esto…

esto es una burla!” exclamó, arrugando el pergamino en sus manos enguantadas.

“¿Dónde está la dignidad?

¿Dónde está el respeto por su rango?

¡Parece un…

un campesino descarriado!

Y Anduin Lothar Jr…

¡con esa expresión de vergüenza!

¡Qué vergüenza para la Casa Menethil!

¡Qué humillación para el Imperio!” Sylvanas convocó inmediatamente a uno de sus confidentes, mostrándole la imagen con el rostro crispado.

“¡Que esto no se filtre a la plebe!

¡La imagen de nuestro futuro Emperador correteando como un salvaje es inadmisible!” Sin embargo, la noticia, como siempre en la corte, comenzó a extenderse como la pólvora.

Cuando el retrato llegó a manos de Jaina Proudmoore, su reacción fue muy diferente.

Inicialmente, sus ojos se abrieron con sorpresa al ver la informalidad de la escena.

Pero al observar la felicidad genuina en el rostro de Arthas y la divertida vergüenza de Anduin, una suave sonrisa se dibujó en sus labios.

Jaina recordó al joven Arthas que amaba la aventura y la libertad.

Esta imagen, aunque poco convencional, le ofrecía un atisbo de ese espíritu juvenil que la rígida formalidad de la corte había sofocado durante tanto tiempo.

“Parece que el Príncipe ha encontrado una forma muy…

directa de conectar con las tierras de Kalimdor,” comentó a uno de sus asistentes, con un brillo divertido en los ojos.

“Es…

inusual, ciertamente.

Pero quizás este contacto con la naturaleza y la sencillez le aporte una perspectiva valiosa.” En su corazón, Jaina sentía una punzada de alivio al ver al Príncipe liberado, aunque fuera temporalmente, de las presiones del Imperio.

La reacción en la Academia de Caballería Imperial fue de pura incredulidad, seguida de un torrente de chistes y burlas apenas disimuladas.

Los compañeros del Príncipe, aquellos que lo recordaban como un jinete impecable y un espadachín elegante, no podían conciliar esa imagen con la del joven semidesnudo corriendo por la pradera.

“¿Es ese realmente nuestro Príncipe?” se preguntaba un joven caballero, mostrando la copia clandestina del retrato a sus amigos.

“¿Dónde está su armadura?

¿Y qué le ha pasado a su sentido del decoro?” Las imitaciones de la pose del Príncipe y la expresión de Anduin se volvieron moneda corriente en los dormitorios de la academia.

Las apuestas sobre cuánto tiempo más tardaría el Príncipe en raparse la cabeza al estilo Tauren se dispararon.

La leyenda del “Príncipe de la Pradera” comenzó a circular, adornada con exageraciones y anécdotas inventadas, convirtiéndose en una fuente constante de humor para los jóvenes caballeros.

Los compañeros del Príncipe y Anduin Jr.

que se habían quedado en la capital tuvieron reacciones similares.

Los amigos de Arthas estaban a la vez divertidos y ligeramente preocupados por la reprimenda que seguramente le esperaría.

Los conocidos de Anduin, por otro lado, no podían evitar sentir una punzada de lástima por el generalmente impecable caballero, ahora retratado con una expresión de profundo sufrimiento cómico.

Los Tauren: Un Príncipe entre los Hijos de la Tierra Mientras la corte imperial se debatía entre la indignación y la diversión, los Tauren de Mulgore continuaban su vida junto al Príncipe y su atribulado escolta.

La presencia del joven heredero en sus tierras era vista con una mezcla de curiosidad, respeto y un creciente afecto.

Para los Tauren, el hecho de que el Príncipe se despojara de sus vestimentas imperiales y adoptara sus sencillas costumbres era interpretado como una señal de humildad y un genuino deseo de comprender su forma de vida.

Veían con buenos ojos su participación en las cacerías, su interés en sus tradiciones y su respeto por la Madre Tierra.

Le habían dado el nombre de “Pequeño Árbol”, un apodo cariñoso que reflejaba su juventud y su creciente conexión con la naturaleza.

“El Pequeño Árbol tiene el corazón abierto,” comentaba el anciano chamán de Colinas Centella.

“Aunque su sangre es de otro pueblo, su espíritu escucha la voz de la tierra.” Observaban con una divertida condescendencia los intentos torpes pero sinceros de Arthas por dominar sus habilidades, desde el lanzamiento de la lanza hasta el toque del tambor ceremonial.

Su entusiasmo y su falta de pretensiones los había ganado.

Anduin Lothar Jr.

era percibido de manera diferente.

Su constante incomodidad, su apego a las formas imperiales y su expresión perpetua de angustia eran motivo de sutil diversión para los Tauren.

Lo veían como un alma ligada al metal y a las reglas, incapaz de comprender la libertad que ofrecía la pradera.

Sin embargo, también reconocían su lealtad inquebrantable al Príncipe, y este sentido del deber era algo que respetaban profundamente.

Lo llamaban, en su propia lengua, algo parecido a “Caballero de Hierro Atormentado”, un apodo que circulaba entre ellos con sonrisas silenciosas.

A pesar de sus diferencias, los Tauren apreciaban la presencia de ambos jóvenes.

El Príncipe mostraba un respeto genuino por su cultura, y Anduin, a pesar de sus quejas, nunca dejaba de velar por la seguridad de su príncipe.

La armonía entre los humanos y los Tauren en Colinas Centella se había fortalecido, creando un pequeño oasis de entendimiento mutuo en medio de la vasta expansión imperial.

La imagen del Príncipe y Anduin corriendo por la pradera, aunque destinada a ser un mensaje personal, se había convertido en un símbolo inesperado: la representación de un joven heredero descubriendo un mundo más allá de las expectativas de su corona, y un leal caballero aprendiendo, a su pesar, que a veces, la verdadera libertad se encuentra descalzo sobre la tierra.

La corte imperial tardaría en comprender la verdadera profundidad de este “retrato”, pero en Mulgore, el Príncipe Descalzo ya estaba escribiendo un nuevo capítulo en su historia, uno que trascendía los títulos y los protocolos, y se arraigaba en la tierra misma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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