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ARTHAS: "Historia de un Heroe Caido" - Capítulo 74

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  3. Capítulo 74 - 74 CAPITULO 74 Ecos del Bosque Un Encuentro Inesperado en la Pradera
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74: CAPITULO 74: Ecos del Bosque: Un Encuentro Inesperado en la Pradera 74: CAPITULO 74: Ecos del Bosque: Un Encuentro Inesperado en la Pradera Mientras el Imperio de Lordaeron se expandía y consolidaba su control sobre Kalimdor, las viejas potencias del continente, ajenas a las intenciones secretas del Emperador Arthas I, continuaban con sus propios asuntos.

Fue así como la tranquila existencia del Príncipe Arthas II y Anduin Lothar Jr.

en Mulgore se vio interrumpida por la llegada de visitantes inesperados: una comitiva de Elfos de la Noche.

La Llegada de los Centinelas: Curiosidad y Preocupación Los Tauren de Colinas Centella fueron los primeros en sentir la presencia inusual.

Sus chamanes, profundamente conectados con la tierra, percibieron una perturbación en los bosques del este, un indicio de viajeros que se acercaban.

Pronto, la confirmación llegó en la forma de un pequeño grupo de Elfos de la Noche, liderados por una Centinela de ojos agudos y porte orgulloso.

No venían con intenciones hostiles, sino con la clara intención de comerciar, una práctica que los Elfos de la Noche habían mantenido con algunas de las tribus más pacíficas de Kalimdor, incluidos los Tauren, durante siglos.

La comitiva estaba compuesta por unos cuantos guerreros, una sacerdotisa de Elune y varios druidas, todos ellos moviéndose con la gracia y el sigilo característicos de su raza.

Se acercaron a Colinas Centella con cautela, sus arcos preparados, aunque no tensos.

La visión de las grandes tipis Tauren y el humo de sus hogueras les era familiar, pero lo que encontraron en el corazón del asentamiento los dejó congelados en sus pasos.

Allí, entre los Tauren, estaban dos figuras humanas.

Una de ellas, con cabello rubio largo y un aire de nobleza a pesar de su vestimenta sencilla, se reía a carcajadas mientras intentaba levantar una enorme pila de madera con la ayuda de unos jóvenes Tauren.

El otro, con cabello castaño largo y una expresión de vergüenza permanente, intentaba discretamente limpiar el barro de sus pies con una hoja de hierba.

La reacción de los Elfos de la Noche ante la estancia de los dos humanos fue una mezcla de asombro y profunda inquietud.

Los humanos eran una rareza en Mulgore, y ver a dos tan cómodamente integrados, e incluso uno de ellos, un joven con porte claramente distinguido, adoptando las costumbres Tauren, era algo inaudito.

Sus ojos, acostumbrados a la discreción y el misterio de los bosques, observaban con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

Reconocieron al instante la vestimenta, o la falta de ella, de los humanos como la de los Tauren, y la risa despreocupada del joven rubio era algo que nunca habrían asociado con los rígidos nobles de los Reinos del Este.

La Centinela líder, con su arco aún en mano, dio un paso adelante.

“¿Qué significa esto, Hijos de la Tierra?” preguntó, su voz resonando con la autoridad del bosque.

“¿Por qué hay humanos en vuestro campamento, vestidos como vosotros?” Los Humanos y los Elfos de la Noche: Una Sorpresa Mutua La llegada de los Elfos de la Noche no pasó desapercibida para el joven rubio.

Su aguda audición, afinada por semanas de vida al aire libre, captó los pasos silenciosos antes de que la Centinela hablara.

Su reacción a la llegada de los Elfos de la Noche fue una de genuina sorpresa y, en cierto modo, de emoción.

Había oído hablar de los misteriosos Guardianes de Kalimdor, pero nunca había tenido la oportunidad de conocerlos de cerca.

Con su torso desnudo y el cabello rubio alborotado por el viento, el joven rubio se acercó a la comitiva élfica con una sonrisa abierta, sin rastro de la formalidad que se esperaría de un príncipe heredero.

Anduin Lothar Jr., al ver a los Elfos de la Noche, sintió cómo el pánico le invadía el rostro, intentando inútilmente cubrir su falta de vestimenta adecuada con las manos.

“¡Mi señor!

¡Modales!

¡Vuestro atuendo!

¡Los Elfos de la Noche no son como los Tauren!

¡Son…

son muy formales!” susurró Anduin desesperado.

El joven rubio ignoró a Anduin.

“¡Saludos, forasteros!” exclamó con voz clara y amigable, utilizando el lenguaje común.

“Soy Arthas, y este es mi amigo Anduin.

Hemos estado viviendo con nuestros amigos Tauren.” Señaló a los ancianos Tauren, que observaban la escena con una calma imperturbable.

La Centinela, sin embargo, entrecerró los ojos esmeralda.

Reconocía la lengua común, pero la familiaridad del joven, su falta de protocolo, y sobre todo, su atuendo, era desorientadora.

“¿Arthas?

¿Y Anduin?” Su voz denotaba una mezcla de desconfianza y asombro.

Los rumores de la expansión de los Reinos del Este eran solo eso, rumores vagos y distantes, y la idea de humanos viviendo como Tauren era casi inconcebible.

“No esperábamos encontraros aquí, y mucho menos en estas…

circunstancias.” Su mirada se deslizó por el torso desnudo del joven rubio y la vergüenza de Anduin, una expresión de confusión cruzando su rostro.

El joven rubio, ajeno a la formalidad élfica, continuó con su habitual candor.

“Sí.

He aprendido mucho aquí con los Tauren.

Son un pueblo sabio, conectado con la Madre Tierra de una manera que nosotros, los humanos, hemos olvidado.” Hizo un gesto hacia la pradera.

“Correr descalzo, sentir el suelo bajo tus pies, cazar con honor…

es una libertad que el palacio no puede darte.” Anduin, mientras tanto, se había escondido parcialmente detrás de un Tauren especialmente grande, su rostro enrojecido de vergüenza.

“Es…

es una experiencia de inmersión cultural, milady,” balbuceó, intentando sonar digno a pesar de su evidente incomodidad.

Los Elfos de la Noche intercambiaron miradas.

La Centinela, con una ligera inclinación de cabeza, intentó recuperar la compostura.

“Entiendo.

Sin embargo, nuestra misión aquí era comerciar con los Tauren, como hemos hecho durante generaciones.

No esperábamos una…

presencia humana tan…

íntima.” Había una punzada de suspicacia en su voz.

La presencia de estos humanos, tan diferentes a las historias de los pocos exploradores que se habían atrevido a ir al este, era un misterio.

El joven rubio, sin embargo, vio la oportunidad de construir puentes.

“¡Por supuesto!

Mis amigos Tauren son excelentes comerciantes.

Y si podemos facilitar ese comercio, sería beneficioso para todos.

Los Tauren son amigos de mi pueblo, y creemos en la cooperación.” Su sonrisa era contagiosa, y por un momento, la Centinela dudó.

La ingenuidad y la franqueza del joven eran sorprendentes.

Los Elfos de la Noche finalmente accedieron a comerciar, aunque sus ojos permanecieron fijos en los dos humanos.

La sacerdotisa de Elune y los druidas observaban al joven rubio con una curiosidad más profunda, casi estudiando su aura.

La energía de la tierra se había adherido a él de una manera inusual para un humano, un testimonio de su tiempo entre los Tauren.

Este encuentro fue un choque cultural fascinante.

Para los Elfos de la Noche, acostumbrados a la solemnidad y a la distancia con otras razas, ver a estos humanos en tal estado de “libertad natural” era una visión desconcertante.

Para el joven rubio, era una oportunidad de extender la mano de una manera que nunca hubiera imaginado, no con la fuerza, sino con la amistad forjada en la sencillez de la vida Tauren.

La intriga se cernía sobre el significado de este encuentro: ¿sería el preludio de una nueva alianza, o simplemente un momento de tregua antes de que la ambición de los Reinos del Este, aún desconocida, alcanzara las ancestrales fronteras de los Elfos de la Noche?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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