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ARTHAS: "Historia de un Heroe Caido" - Capítulo 75

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  3. Capítulo 75 - 75 CAPITULO 75 El Misterio de la Pradera y el Viejo Secreto
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75: CAPITULO 75: El Misterio de la Pradera y el Viejo Secreto 75: CAPITULO 75: El Misterio de la Pradera y el Viejo Secreto La partida de la comitiva de Elfos de la Noche de Mulgore no fue silenciosa, ni mentalmente.

La visión de los dos humanos, especialmente el joven rubio de porte noble y risa despreocupada, corroyó la mente de la Centinela y sus acompañantes mucho después de dejar atrás las vastas praderas.

Este encuentro, tan fuera de lo común, sembró semillas de duda y curiosidad que alterarían el milenario aislamiento de los Elfos de la Noche.

El Eco de los Humanos “Salvajes”: Cambios en las Rutas Élfiicas Al regresar a sus profundos y sombríos bosques, la Centinela y su grupo informaron a sus superiores sobre el inusual hallazgo.

Sus relatos sobre los humanos viviendo con los Tauren, adoptando sus costumbres, descalzos y con el torso desnudo, fueron recibidos con una mezcla de escepticismo y grave preocupación.

Para los Elfos de la Noche, los humanos eran una raza joven e impetuosa, a menudo destructiva, y su intromisión en Kalimdor era motivo de desconfianza.

Sin embargo, esta era una clase de humano que nunca antes habían encontrado.

La imagen del joven rubio, Arthas, con su sonrisa sincera y su aparente respeto por la Madre Tierra, chocaba con las frías descripciones de los exploradores lejanos sobre las vastas y bulliciosas ciudades humanas.

La presencia de estos individuos en Mulgore, tan cómodos en la naturaleza, desafiaba su comprensión del “otro”.

No eran conquistadores armados hasta los dientes, sino algo más…

orgánico.

La primera y más inmediata consecuencia de esta extraña interacción fue un cambio en las rutas comerciales de los Elfos de la Noche.

Anteriormente, sus caravanas y exploradores se movían con una predictibilidad arraigada en siglos de costumbres, evitando las zonas de conflicto conocidas y ciñéndose a senderos ancestrales.

Ahora, la presencia de estos humanos en Mulgore, un territorio que hasta hace poco consideraban relativamente seguro y conocido, obligó a una reevaluación.

Algunas rutas fueron alteradas para evitar encuentros “inesperados” con los humanos en Mulgore, mientras que otras, paradójicamente, fueron modificadas para permitir una mayor observación a distancia.

Los Elfos de la Noche querían entender qué significaba esta “integración” y si representaba una amenaza sutil.

Pero el impacto más significativo se manifestó en sus propias exploraciones.

La Centinela y sus druidas más jóvenes, intrigados por la aparente armonía de los humanos con los Tauren, comenzaron a realizar incursiones de reconocimiento más profundas y silenciosas en las zonas fronterizas entre los dominios élficos y las praderas de Mulgore.

No buscaban conflicto, sino información.

Se movían como sombras, observando desde la distancia los asentamientos Tauren, y con ello, a los humanos que vivían entre ellos.

Lo que vieron los dejó aún más perplejos.

Observaron al joven rubio, Arthas, riendo con los cachorros Tauren, aprendiendo a sanar heridas con hierbas, e incluso intentando hablar su lengua con un acento cómico.

Vieron a Anduin Lothar Jr.

quejarse en voz baja mientras intentaba seguir el ritmo de su amigo, pero aun así, permanecía a su lado.

Era una coexistencia que desafiaba sus prejuicios sobre la naturaleza destructiva de los humanos.

La semilla de la duda sobre el inminente avance del Imperio, del que aún no tenían conocimiento directo, comenzaba a germinar, disfrazada de una extraña curiosidad sobre esta faceta inesperada de la humanidad.

El Viejo Secreto de Mulgore: Un Vínculo con la Tierra Mientras tanto, en Colinas Centella, la sinceridad y la apertura del joven Arthas habían calado hondo en el corazón de los Tauren.

El tiempo que el Príncipe había pasado descalzo sobre su tierra, escuchando a los ancianos, y esforzándose por comprender sus costumbres, había forjado un vínculo de confianza que pocos forasteros habían logrado.

Una noche, bajo la inmensidad de un cielo estrellado que Arthas ya había aprendido a amar, el Gran Anciano Corazón de Piedra, líder espiritual de la tribu, se sentó junto al Príncipe.

El fuego crepitaba suavemente, y Anduin, a regañadientes, estaba cerca, envuelto en una manta, aún con su expresión de desaprobación.

“Pequeño Árbol,” comenzó el Gran Anciano, su voz profunda como el susurro del viento en la pradera.

“Has honrado nuestra tierra con tu presencia y nuestro pueblo con tu corazón abierto.

Has buscado entender, no dominar.

Por ello, te mostraremos algo que pocos forasteros han visto.

Un secreto que ha protegido a nuestra gente desde los tiempos antiguos.” Los ojos del Príncipe Arthas II se abrieron con una mezcla de emoción e intriga.

Anduin, a su lado, enderezó su postura, la vergüenza momentáneamente olvidada por la curiosidad.

A la mañana siguiente, guiados por el Gran Anciano y un pequeño grupo de chamanes, Arthas, Anduin y su escolta de caballeros más cercanos (que no ocultaban su nerviosismo por adentrarse en lo desconocido) emprendieron un viaje hacia un lugar oculto en las profundidades de Mulgore.

Se adentraron en un valle recóndito, oculto por formaciones rocosas que parecían catedrales naturales, y envuelto en una neblina mística que el sol apenas lograba perforar.

Finalmente, llegaron a un claro.

Allí, en el centro, se alzaba una serie de monumentales monolitos de piedra, algunos tan altos como edificios, cubiertos de intrincadas runas que brillaban con una luz etérea.

Pero lo más sorprendente era un gigantesco cristal prismático que pulsaba en el centro del círculo de monolitos, emitiendo una suave melodía vibratoria que parecía resonar en el propio tuétano de la tierra.

Este era el Corazón de la Tierra, un lugar sagrado de poder elemental.

“Este es el Corazón de la Tierra,” explicó el Gran Anciano, su voz cargada de reverencia.

“Fue puesto aquí por los propios Ancestros.

Es el punto donde la energía de Mulgore, y de gran parte de Kalimdor, converge.

Nos protege, nos nutre, y es el faro de nuestra conexión con la Madre Tierra.

Los chamanes lo usamos para sentir el pulso del mundo.” El Príncipe se acercó al cristal, sintiendo una energía vibrante y antigua.

Era una sensación profunda, calmante y a la vez poderosa.

Era la esencia misma de la vida en Mulgore, el secreto de la vitalidad y la resiliencia de los Tauren.

Comprendió que este no era un poder para conquistar, sino para honrar.

“Este lugar,” dijo el Gran Anciano, posando una mano masiva en el hombro del Príncipe, “podría cambiar tu perspectiva, Pequeño Árbol.

Es una fuente de vida.

Pero también es un punto de gran vulnerabilidad.

Si cayera en malas manos, la tierra misma se resentiría, y con ella, todo lo que vive en Mulgore.” Anduin, a su lado, estaba pálido.

La pura escala de la energía que emanaba del cristal era abrumadora, incluso para alguien más familiarizado con las artes marciales que con la magia elemental.

Los caballeros de la escolta, aunque incrédulos, sentían una extraña presión en el aire, una innegable sensación de poder.

Este conocimiento, el secreto del Corazón de la Tierra, no solo era una revelación para el Príncipe, sino también algo que potencialmente podría cambiar la perspectiva de los Elfos de la Noche si alguna vez lo conocieran.

Demostraría que los Tauren poseían una sabiduría y una conexión con la tierra mucho más allá de lo que los elfos creían, y que la tierra de Kalimdor guardaba secretos más profundos de lo que cualquiera de las dos razas, o incluso el propio Imperio, sospechaba.

El Príncipe Arthas II se quedó allí, absorto en la energía del cristal, una nueva pieza del rompecabezas de Kalimdor encajando en su mente.

Comprendió que la verdadera conquista no era solo tomar la tierra, sino entenderla y proteger sus secretos más sagrados.

Esta revelación marcó un punto de inflexión en su viaje, dándole una nueva y profunda comprensión del continente que su padre buscaba dominar, y una nueva pregunta: ¿cómo podría proteger esta tierra y a sus habitantes de las ambiciones ilimitadas del Imperio que un día heredaría?

La intriga flotaba en el aire como la niebla mística alrededor del Corazón de la Tierra, dejando al lector con la ansiedad de lo que el futuro le depararía a este joven príncipe y al continente de Kalimdor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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