Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Asheland: El Príncipe Dorado
  3. Capítulo 12 - 12 Capítulo 10 La Forja de los Titanes
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

12: Capítulo 10 |La Forja de los Titanes| 12: Capítulo 10 |La Forja de los Titanes| La mañana llegó rápidamente y los tres nos preparamos para partir hacia las montañas.

Muchos enanos trabajan allí, por lo que el transporte estaba bastante concurrido.

—No puedo creer que esta caja pueda moverse a tales velocidades —dijo Elowen, con los ojos pegados al cristal.

—Ciertamente; nunca había escuchado de un ingenio como este —respondió Apolo, asombrado.

Nos encontrábamos a bordo de un tren, un prodigio de Khazdur que va directamente hacia las minas en la Forja de los Titanes.

A partir de ahí, tendremos que avanzar a pie hasta el pico que resguarda el árbol.

Si lo que nos dijeron los residentes de Mossborn es verdad, tardaremos más de una semana; mucho más de lo que nos tomó ir de Varlezad a Oxshade.

El tren tardó dos horas en llegar.

Al descender, miramos a todos lados buscando alguna señal que nos indicara el camino a seguir; sin embargo, no fue nada fácil.

Al ser un centro de trabajo masivo, múltiples senderos se ramificaban hacia distintas partes de la montaña.

Vagones cargados de minerales llegaban a cada momento por vías incesantes, mientras los mineros enanos descargaban el material con una eficiencia asombrosa para trasladarlo a los ferrocarriles de carga.

El estrépito del metal y el hollín de las máquinas llenaban el aire de la estación minera.

«Realmente no encajamos aquí», me dije a mi misma mientras el estrépito de la maquinaria me aturdía.

—Disculpe, ¿sabe hacia dónde…?

—quise preguntar a un enano que pasaba cargando materiales pesados, pero me ignoró por completo y siguió con su labor sin siquiera mirarme.

Miré a Elowen y a Apolo sin saber muy bien cómo proceder.

Intentamos encontrar a alguien que estuviera lo suficientemente desocupado para ayudarnos y, aunque nos costó, un diligente nos señaló el camino a gritos apresurados.

Era el sendero más apartado de todos; no había ni una sola alma transitándolo, y se perdía en las sombras de los riscos superiores de la Forja.

Sin nada más que hacer, nos dirigimos hacia el sendero y, casi por instinto, comenzamos el largo viaje.

—Los enanos son realmente increíbles —dijo Apolo con genuina admiración, mientras observaba cómo las colosales estructuras quedaban atrás—.

Oxshade, Mossborn y todo lo que han logrado aquí en la Forja de los Titanes…

realmente son los mejores artesanos del mundo.

—Sin lugar a duda —respondió Elowen, con la vista perdida en el horizonte de metal y vapor—.

No puedo entender cómo a alguien se le pueden ocurrir tantas cosas que parecen sacadas de una fantasía.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire gélido mientras el estrépito de las minas se convertía en un eco lejano.

A medida que ascendíamos por el sendero apartado, la Forja de los Titanes dejaba de ser una proeza de la ingeniería para convertirse en un gigante de piedra silencioso y amenazante.

—A todo esto, Alegna…

—comenzó Elowen, deteniéndose para recuperar el aliento—, cuando lleguemos al árbol, ¿cómo sabremos realmente que habrá un portal esperándonos?

Los enanos han visitado este pico; no habría un sendero de no haber sido así.

Sin embargo, ninguno mencionó nada sobre un portal.

Me quedé en silencio, mirando hacia las cumbres donde la nieve empezaba a arremolinarse.

Ella tenía razón.

Caminamos con paso firme hacia un lugar desconocido, aferradas a la promesa de algo que ni siquiera sabemos si estará allí cuando lleguemos.

—Tiene que estarlo —respondí, más para convencerme a mí misma que a ellos—.

Si no es así, algo se nos ocurrirá.

No hemos llegado hasta las raíces de esta montaña para volver con las manos vacías.

…

El viaje continuó tranquilo durante varios días; el pico principal de la Forja de los Titanes había quedado atrás hacía mucho tiempo.

A decir verdad, ya estábamos extenuados de sortear cumbre tras cumbre en aquella cordillera infinita.

—Realmente parece que nadie pasa por aquí —exclamó Apolo, dejando escapar un suspiro cargado de fatiga.

Al observar lo descuidado que estaba el camino y la nula presencia de vida a nuestro alrededor, no pudimos más que afirmar su sentencia.

La naturaleza salvaje de la Forja de los Titanes estaba reclamando para sí aquel sendero, borrando las huellas de cualquier viajero que hubiera osado cruzarlo en el pasado.

De repente, un rugido ensordecedor desgarró el silencio.

—¡Ayuda!

¡Ayuda!

—se escuchó a un costado del sendero.

Un elfo, con sus ropas desgarradas y cubierto de sangre que manaba de sus heridas, emergió corriendo de la penumbra que nos rodeaba.

Al vernos, su rostro reflejó un alivio momentáneo, pero entonces el rugido resonó nuevamente, más cerca, más letal.

Una bestia que nunca habíamos visto apareció ante nuestros ojos.

El elfo, temblando de terror, gritó con desesperación: —¡Corran!

¡Corran!

¡Es un ogro de Primalis!

La criatura era inmensa en comparación con nuestra estatura; un coloso de músculos y furia.

Parecía poseer una chispa de inteligencia malévola porque, al vernos, se detuvo un segundo, sopesando si continuar con su presa original o si atacar a los tres nuevos intrusos que se interponían en su camino.

No sabíamos qué hacer.

Apolo sostenía su espada con firmeza, asombrado por una valentía que ni él mismo creía poseer; Elowen, en cambio, estaba pálida, con las piernas temblorosas y congelada en su lugar por el terror.

Por mi parte, el corazón me latía con violencia mientras intentaba descifrar cómo lidiaríamos con una amenaza de tal magnitud.

El ogro pareció tomar una decisión definitiva cuando, de pronto, comenzó a cargar hacia nosotros con una furia ciega.

—¡A las piernas, Apolo!

—grité a pleno pulmón, dándome cuenta de que, si intentábamos un ataque frontal para matarlo, estaríamos en una desventaja mortal frente a su inmensa fuerza y tamaño.

Apolo reaccionó al instante; sus nudillos se pusieron blancos al apretar la empuñadura de su sable de detalles dorados, y se agachó para interceptar la embestida de la bestia de Primalis.

De alguna manera, Apolo logró herir levemente la pierna derecha de la bestia; sin embargo, el tajo solo pareció enfurecerla más.

Cuando el ogro volvió a cargar con una violencia renovada, el grito de Elowen rasgó el aire: «¡Ten cuidado!».

Apolo reaccionó por instinto y esquivó la embestida como pudo, rodando sobre la tierra fría.

Al mismo tiempo, el elfo que había estado huyendo recuperó el aliento; con manos temblorosas pero precisas, extrajo un arco y una flecha de entre sus harapos y disparó un proyectil certero directamente hacia el ojo de nuestro atacante.

Apolo aprovechó la oportunidad para arremeter contra las piernas del ogro con una fuerza implacable.

La bestia se desplomó contra el suelo, lanzando un alarido de dolor que resonó en toda la montaña.

Sin vacilar, Apolo se acercó a la cabeza de la criatura y, con un movimiento firme y certero de su espada, puso fin a su agonía de un solo corte.

Apolo se quedó allí, recuperando el aliento mientras asimilaba lo que acababa de ocurrir; la adrenalina aún recorría sus venas.

Elowen, por su parte, se dejó caer al suelo, abrumada por el alivio de que el peligro inmediato hubiera pasado.

Fue entonces cuando el elfo interrumpió el silencio con una voz entrecortada: —Muchas gracias…

me han salvado la vida.

No comprendo cómo una de esas criaturas pudo llegar a las profundidades de las montañas de Khazdur, pero si ustedes no hubieran aparecido, lo más probable es que no habría sobrevivido a este encuentro.

—Soy Fylson Vahice, un elfo de la ciudad costera de Nhamashal, en Sylor —se presentó, haciendo un esfuerzo por incorporarse—.

He recorrido todo este camino persiguiendo una leyenda; jamás imaginé que terminaría encontrándome con la muerte de forma tan literal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo