Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Asheland: El Príncipe Dorado
  3. Capítulo 16 - 16 Capítulo 14 Ambiguo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: Capítulo 14 |Ambiguo| 16: Capítulo 14 |Ambiguo| Un silencio absoluto reinó en la estancia durante unos segundos; la señora mayor fue la primera en romperlo.

—Escolten a los invitados a sus aposentos —ordenó con una autoridad que hizo eco en la habitación—.

Retomaremos esta conversación más tarde, cuando los ánimos se hayan serenado.

Sentí una rabia punzante, como si todo nuestro sacrificio hubiera sido en vano.

Y no crean que no lo entiendo: nadie en su sano juicio caería de forma tan estrepitosa ante un extraño, pero es como si él estuviera tallado en mi propia alma; como si mi cuerpo recordara cada centímetro de su piel y mi mente lo supiera todo de él.

Por eso, la decepción era lo último que sentía; estaba furiosa, traicionada.

Sin embargo, sabía que aquel no era el instante para estallar.

La señora tenía razón: sería mejor permitir que los ánimos se serenaran; era demasiado para digerir en tan solo unos instantes.

Los mismos guardias que nos habían conducido hasta el trono, nos escoltaron ahora hacia un ala del castillo donde pudieramos descansar.

—Estos son los aposentos para huéspedes; pueden elegir el que deseen —indicó uno de ellos, antes de añadir en un susurro apenas audible—: No es como si alguno estuviera ocupado desde hace una eternidad.

…

Mientras tanto, en la estancia que acababan de abandonar, una conversación solemne tenía lugar bajo los techos de oro.

—Lo que ha dicho esa mujer es imposible…

¿Por qué una proyección de mi propia alma la guiaría hasta Auredom, Sabia Elessar?

—preguntó Kaelen, con la voz cargada de una duda punzante.

—No estoy del todo segura —respondió ella, con una calma ancestral—.

Pero es verdad que esparciste fragmentos de tu esencia en algunos Celynnen en el pasado; aunque ha transcurrido tanto tiempo que casi lo había olvidado.

—¿Quieres decir que una parte de mi alma…

tuvo un encuentro con una desconocida y decidió que debía traérmela?

—inquirió él, con un matiz de incredulidad en sus ojos dorados.

—.

Pero eso solo lo vuelve más extraño.

Tengo un presentimiento punzante sobre todo esto, aunque no podré estar segura hasta que logre comprobarlo por mí misma.

—Un presentimiento…

—murmuró él, con una voz que parecía quebrarse bajo el peso del oro—.

Espero que puedas despejar mis dudas, Elessar, porque desde el instante en que esa mujer cruzó el umbral, no he podido apartar una idea de mi mente.

Ruego para que no sea así, porque la sola idea de perderla nuevamente —aunque se trate únicamente de una esperanza mía— ya me rompe el alma en mil pedazos.

…

El día transcurrió con una rapidez asombrosa y, pronto, la noche se cernió sobre el castillo.

A excepción de la cena que nos fue servida, nadie parecía darnos mayor importancia; nos sentíamos como fantasmas de otro tiempo vagando por aquellos pasillos de oro.

Sin nada que pudiera hacer, decidí deambular por los pasillos un rato antes de retirarme a descansar; además, había algo, una especie de susurro invisible, que sentía que me llamaba entre tantas estancias y corredores.

No supe en qué momento ocurrió, pero llegué a un jardín que parecía florecer en el corazón mismo del castillo; era una estampa hermosa, incluso bajo la tenue iluminación de la noche.

—¿Qué haces aquí?

—preguntó alguien, con una voz cargada de duda y un matiz de irritación.

Me di la vuelta y lo vi.

Era Kaelen.

Vestía ropas de cama livianas, pero su semblante delataba que dormir era lo último que podría hacer en una noche como esta.

—Salí a caminar antes de acostarme —respondí, tratando de mantener la voz firme a pesar del nudo en mi garganta—.

Ingenuamente, pensé que podíamos sentirnos bienvenidos en este lugar.

Su semblante se atenuó ante mis palabras y se me quedó mirando fijamente, como si estuviera tratando de descifrar un enigma oculto en mis ojos.

Antes de que él pudiera articular palabra, me adelanté: —Así que no eras tú…

Eres idéntico a él, pero como pareces no reconocerme, supongo que estaré equivocada —sentencié con una amargura que no pude ocultar.

—No es tan así…

—murmuró, rompiendo finalmente su silencio—.

Te creo.

Lo que viste ese día fue una parte de mí.

Antes de que nos selláramos, dejé fragmentos de mi alma en algunos de esos árboles con la esperanza de que encontraran algo que pudiera ayudarnos; jamás imaginé que lo que traerían de vuelta sería a una mujer.

—Entonces, ¿estás decepcionado?

—le espeté, con un hilo de voz que delataba mi dolor.

—No sé cómo me siento…

tú no lo entiendes —respondió, dando un paso hacia la penumbra—.

Conociste mi parte más vulnerable, y aún me cuesta creer que yo haya compartido algo mucho más íntimo que simples palabras contigo.

—Vives en un palacio de oro; ¿por qué te resulta tan difícil de creer algo tan mundano?

—le espeté, señalando con amargura la opulencia que nos rodeaba.

Ante mis palabras, él reaccionó como si mis palabras hubieran abierto uno de sus recuerdos mas dolorosos; apartó la mirada bruscamente, y por un instante, la máscara de frialdad del príncipe se resquebrajó por completo.

Luego de eso, pareció que logró recomponerse; ahora, mirándome con más suavidad, dijo: «Seguiremos hablando mañana, deberías descansar».

En cuanto terminó, como si estuviera huyendo de algo, se perdió en la oscuridad de los pasillos con una rapidez preocupante.

…

Al regresar a la estancia en la que iba a descansar aquella noche, encontré a Elowen esperándome con una expresión cargada de preocupación.

—¿Estás bien?

—me preguntó de inmediato—.

Desde que pusimos un pie aquí, todo ha sido tan extraño…

Siento que siempre falta una pieza y que, por eso mismo, no terminamos de encajar en este lugar.

—Gracias por preocuparte, Elowen —respondí, dándole un abrazo fuerte—.

Aunque tengo mil dudas rondando en mi cabeza, quiero creer que obtendré mis respuestas muy pronto.

—Está bien, descansa —asintió ella con ternura—.

Nos vemos mañana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo