Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 17
- Inicio
- Asheland: El Príncipe Dorado
- Capítulo 17 - 17 Capítulo 15 Conociendo Auredom
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Capítulo 15 |Conociendo Auredom| 17: Capítulo 15 |Conociendo Auredom| La mañana llegó y, junto a Apolo, nos dirigimos a un comedor para desayunar.
Elowen y Fylson ya se encontraban allí, engullendo cualquier lo que sea que se les presentara con un hambre voraz.
Otra persona se encontraba también en la estancia: Kaelen.
Sentado en un extremo de la mesa, desayunaba con una parsimonia absoluta, como si todo a su alrededor careciera de importancia, incluido lo que comia.
Él se percató de que lo estaba observando y levantó la vista, clavando sus ojos dorados en los míos.
—Buenos días —balbuceé con un nerviosismo que no pude ocultar.
—¡Alegna!
—me llamó Elowen rebosante de emoción—.
Ven a probar esto, ¡es una auténtica delicia!
—exclamó mientras señalaba un pequeño pastel que desprendía un aroma dulce y desconocido.
Me senté en una silla cerca de ella, sintiéndome tensa, pero a la vez aliviada por la oportuna interrupción de Elowen.
—Disculpe —habló Fylson de repente, rompiendo el silencio del comedor—.
No quisiera importunar, pero realmente me encantaría conocer la ciudad —agregó, con los ojos brillando de entusiasmo.
—Puedo disponer que unos guardias los escolten en su recorrido —sentenció Kaelen con voz grave—, pero solo hasta el atardecer.
Después, deberán regresar al castillo; rondar por las calles al caer la noche no es una idea prudente en estos tiempos.
—¿Estos tiempos?
—preguntó Apolo, dejando el cubierto sobre la mesa con un eco metálico—.
Disculpe la pregunta, pero creo que hablo por todos al decir que hemos permanecido en el lado de la ignorancia por demasiado tiempo.
Considero que ya es hora de que obtengamos algunas respuestas.
—Es una demanda razonable —asintió Kaelen, su mirada ensombreciéndose—.
Con «estos tiempos» me refería a los Nihil.
No sé cuánto habrán escuchado sobre ellos.
—Sabemos un poco; que ustedes estuvieron en guerra con ellos hace muchísimos años —respondió Elowen, rompiendo el silencio del comedor.
—Así es.
Estamos envueltos en esta burbuja por su causa.
Fue un sello ancestral lo que logró poner fin al conflicto; tras siglos de lucha, las pérdidas no hacían más que apilarse, por lo que, con un costo mayor del que me hubiera gustado, llegamos a este aislamiento.
Fue pacífico por un largo tiempo; sin embargo, no hace mucho, los avistamientos de nuestros enemigos han comenzado a surgir de nuevo.
Era algo que ya preveíamos: al fin y al cabo, un sello es solo eso; no elimina el problema de raíz, solo nos otorga tiempo para prepararnos.
Una tensión palpable se alzó en el ambiente, una que me atreví a interrumpir con una sola pregunta: —¿Y lo están?
Preparados, digo —inquirí, buscando su mirada.
Él me lanzó una mirada indescifrable, como si pretendiera desnudarme el alma para estudiar cada uno de sus secretos más recónditos.
—Hemos estado buscando distintas soluciones —respondió Kaelen, con una gravedad que pesaba en el aire—.
Preferentemente una que no implique una guerra de nuevo, ni un sello con un costo tan devastador.
—Encontramos algunas opciones —continuó él, con un tono que denotaba una profunda frustración—, pero ninguna lo suficientemente factible como para tomar una decisión concluyente.
—Pero…
alguna habrá que ya piensen llevar a cabo, ¿no?
—preguntó Elowen, con un temor cargado de una frágil esperanza.
—No estoy seguro —admitió con voz sombría—, pero según Elyssen, en el lugar más recóndito de Primalis se extiende un vacío sin fondo que llega hasta el mismísimo corazón del mundo.
Se dice que de allí emergen los Nihil.
Si lográramos llevar una fuente de luz lo suficientemente pura hasta ese abismo y arrojarla pronunciando los conjuros adecuados, sería suficiente para erradicarlos.
Pero, por supuesto, el mismo obstáculo surgió en el pasado: no poseemos un Luminis con tal potencia, y ahora ni siquiera podemos navegar hasta las costas de Primalis…
aunque, para esto último, siempre se nos puede ocurrir algo.
—¡Esperen!
¿Quieren decir que en miles de años no han podido encontrar ni un rastro de lo que necesitan para derrotarlos?
—exclamó Fylson, estupefacto.
La mirada de Kaelen se ensombreció; sin decir nada, como si lo que ya había relatado fuera una carga demasiado pesada, se levantó de su asiento.
Nos recorrió con la mirada nuevamente y sentenció: —Nos veremos en una hora si recorrer la ciudad es lo que desean.
En cuanto a cualquier otra actividad o duda que tengan, si me disculpan, se discutirán más tarde.
Dejando aquellas palabras en el aire, se retiró del comedor con paso firme, sin mirar atrás ni una sola vez.
…
Empezamos por visitar los lugares más emblemáticos de Auredom; aunque no lo pareciera, cuando se despoja de ese aura de príncipe intocable, Kaelen resulta ser, de hecho, un guía excepcional.
—Y, finalmente, este es el Museo Histórico de la ciudad —anunció Kaelen, deteniéndose ante los grandes portales—.
Toda la historia de Auredom se encuentra retratada aquí, ya sea a través del arte, las crónicas o los vestigios de lo que alguna vez fuimos.
Continuamos avanzando hasta que, de pronto, el grito aterrado de una mujer desgarró el aire.
Kaelen, con semblante sombrío, hizo una seña inmediata a los guardias, quienes cargaron hacia adelante con una celeridad letal.
Lo que hallamos al alcanzarlos fue una escena que habría preferido no presenciar: los cuerpos de una mujer y dos niños tendidos en el suelo, pálidos y marcados por vetas negras que parecían consumir su vida.
Más adelante, yacía lo que asemejaba ser una humareda oscura, dotada de unos ojos fulgurantes que buscaban devorar toda la luz a su alrededor.
Kaelen, como si hubiera realizado este ritual mil veces, decapitó los restos de la mujer y los niños con una frialdad estremecedora.
Luego, se dirigió hacia la criatura con una seguridad inquietante.
La bestia, reconociendo en él a su mayor adversario, le sostuvo la mirada y rugió; un rayo sibilante brotó de su fauce provocando destrozos a su paso.
Kaelen balanceó su espada y respondió al ataque: una luz blanca y pura emergió del acero, cortando a la entidad por la mitad y provocando que se desvaneciera en la nada.
—Los Nihil están cada vez más audaces —mencionó él, envainando su espada con una calma que resultaba aterradora.
Yo lo miraba con un nuevo y sombrío entendimiento: no conocía a esta persona.
El hombre que acababa de ejecutar a los suyos sin un ápice de duda no era el joven que habitaba mis sueños.
En el trayecto de vuelta al palacio nadie pronunció una palabra; lo ocurrido nos había dejado a todos demasiado conmocionados como para romper el silencio.
…
—Sabia Elessar —preguntó él con una solemnidad que cortaba el aire—, ¿tienes una respuesta acerca de lo que hablamos el otro día?
—Es ella, Kaelen.
No sé qué clase de magia ha obrado para poder aparecer aquí mil años después y con una apariencia diferente, pero no me cabe la menor duda.
Al terminar su sentencia, los ojos de Kaelen comenzaron a oscurecerse, perdiendo su brillo dorado para envolverse en una obsesión que no ha hecho más que fortalecerse tras siglos de espera.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com