Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 20
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20: Capítulo 18|Noticias de Nymowen| 20: Capítulo 18|Noticias de Nymowen| Se sentía la tensión por todos lados; lo que sea que hubiera pasado parecía pesar en los rostros de todos aquellos que estaban al tanto de la situación.
No fue sino hasta entrada la noche cuando alguien parecieron recordar nuestra existencia y nos condujeron a la sala de reuniones.
Kaelen se encontraba allí, con el semblante ensombrecido por la preocupación mientras examinaba los pergaminos distribuidos sobre la extensa mesa.
Nos quedamos allí, observando en silencio, sin saber muy bien cómo proceder; al menos, no mientras nadie se dignara a explicarnos lo que estaba ocurriendo.
—Eso no funcionará —sentenció una de las voces que parecía tener autoridad en la sala—.
No podemos abandonar Auredom en estas condiciones.
Si aprovechan nuestra ausencia para atacar, solo habremos empeorado la situación.
—El ministro Elgard tiene razón: esto jamás funcionará —agregó con severidad el capitán que nos había recibido a nuestra llegada.
—Tengo que ir —sentenció Kaelen, alzando la vista de los pergaminos—.
Lo que ha sugerido el Rey Hada podría ser la respuesta que hemos estado buscando durante eras.
—¡Pero ha dicho que están en guerra!
—interrumpió el ministro, visiblemente exaltado—.
Su reino claramente ha caído; ir allí no es valiente, es un suicidio.
Kaelen clavó su mirada dorada en el ministro, con una determinación tan gélida que dejaba claro que no aceptaría un “no” por respuesta.
En ese momento aproveché para decir: —¿Alguien puede explicarnos qué está sucediendo aquí?
Todo el mundo parece tan preocupado y hablando de una guerra, mientras nosotros no tenemos idea de nada.
Kaelen me mira con una expresión indescifrable; no puedo evitar recordar lo que había sucedido la noche anterior.
—Llegó un mensaje desde Nymowen —dijo por fin—.
Un grupo organizado de Nihils ha atacado su reino; al parecer están al borde del colapso y su Rey solicita apoyo urgente.
—Pero…
¿cómo?
Se supone que los Nihil deberían estar sellados en Asheland —dije con la voz temblorosa.
—Hace ya tiempo que el sello se ha estado debilitando —respondió Kaelen con amargura—.
Se han visto varios avistamientos en Auredom; no me extrañaría que una cantidad aún mayor se encuentre ya fuera de Asheland.
—¿Entonces te irás?
—pregunté, sintiendo un nudo de preocupación—.
Si su reino está al borde de una guerra contra los Nihil, ir allí solo no es la opción más prudente.
—Me acompañará uno de los comandantes de la guardia, no estaré solo —respondió él, con esa distancia noble que tanto me dolía.
—¿Y qué será de nosotros entonces?
—insistí, buscando un rastro del hombre que conocí en el Bosque Zul.
—Ustedes volverán a Varlezad por donde vinieron —sentenció con frialdad—.
Nada los ata a esta guerra de todas formas.
No dejaré que mueran por una causa que no les pertenece.
Lo miré lastimada, sintiendo cómo sus palabras me golpeaban con más fuerza que el frío de la Forja de los Titanes.
—Y qué hay de todo lo que me dijiste bajo la luna llena —le espeté con la voz quebrada—.
Dijiste que yo era tu destino, que debía despertarme…
y también lo de ayer por la noche.
Realmente no puedo comprender cómo puedes ser el mismo hombre que me hizo sentir que mi alma estaba tallada en la suya.
Kaelen guardó un silencio sepulcral, su mirada dorada ensombreciéndose bajo el peso de su corona.
Dio un paso hacia mí, y por un instante, la máscara de príncipe de Auredom pareció agrietarse.
—Lo que conociste en el Bosque Zul fue un fragmento de mi alma, Alegna; mi parte más vulnerable, la que aún conservaba la esperanza de un milenio atrás —respondió él con una voz que parecía un eco antiguo—.
Pero el hombre que tienes enfrente ahora tiene una guerra que librar contra los Nihil.
No puedo permitirme ser ese hombre…
no si quiero que sobrevivas.
—Entonces, ¿tu solución es enviarme de vuelta a las sábanas sucias del orfanato de Varlezad?
—le solté con amargura, sintiendo el vial arder contra mi pecho—.
Sabes que mi conexión con este reino es real.
No puedes despertarme solo para volver a enterrarme en el olvido.
—Mañana se preparará todo para su regreso —dijo él, evitando mi pregunta y fijando su vista en los ventanales de oro.
—No —dije con una seguridad que no creía poseer.
No vas a deshacerte de mí así.
He venido hasta aquí por respuestas y aún no he obtenido ni la mitad de ellas.
Iré contigo hasta Nymowen y no hay nada que puedas hacer para cambiar mi opinión.
Kaelen se tensó, sus ojos dorados centellearon con una mezcla de furia y admiración contenida.
—Y si no me llevas contigo —continué, dando un paso firme hacia él—, entonces buscaré la forma de ir sola.
Ya crucé medio continente y las montañas de Khazdur; un bosque de hadas no me detendrá.
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