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Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 22

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  3. Capítulo 22 - 22 Capítulo 20 La Tierra Sombría
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22: Capítulo 20 |La Tierra Sombría| 22: Capítulo 20 |La Tierra Sombría| El beso no duró demasiado.

Él se separó y, con una sonrisa descarada, dijo: —Supongo que eso será suficiente como pago inicial.

Lo miré con duda.

Sus ojos dorados me observaban con una intensidad inquietante, y una pregunta surgió de pronto en mi mente.

—¿Qué son ustedes?

Conozco algo sobre las otras razas, pero nunca he escuchado de la suya —pregunté con curiosidad.

—Somos Lumens —respondió con seguridad—.

Seres de la luz.

Mientras esta exista en el mundo, nuestras vidas se extienden por largos siglos, y también podemos exteriorizarla para protegernos…

como lo que viste el otro día contra el Nihil.

Me removí incómoda ante la mención de aquel día.

—También tenemos una conexión con los Celynnen —continuó—, aunque de eso ya has escuchado.

Podemos dejar parte de quienes somos en ellos.

Entonces todos ustedes tienen pelo dorado y ojos de un tono similar?

pregunte nuevamente.

—No exactamente, aunque supongo que esta respuesta debe sorprenderte, porque hasta ahora no has visto uno diferente.

—Pero la realidad es que, si un Lumen se une con otra raza, puede nacer un mestizo que no posea exactamente nuestras características.

Ha sucedido en el pasado, pero es tan raro que probablemente nunca conozcas uno.

Sus palabras me dejaron pensando.

Volví a mirarlo y otra pregunta que quería hacerle comenzó a surgir, deteniéndose allí, como si tuviera miedo de salir.

—¿Eso soy yo?

¿Una mestiza?

—pregunté con duda—.

¿O por qué el tú del Celynnen diría que tengo una relación con ustedes?

—No creo que debas saber la respuesta aún.

Fruncí el ceño, molesta por lo que dijo.

—¿Y cuándo se supone que lo haré, si ustedes no me lo dicen?

Él no parecía querer contestar.

Enfadada, dejé la habitación sin mirar atrás.

…

La mañana siguiente llegó.

Nos encontrábamos todos en la sala del trono, esperando nerviosos.

Las puertas se abrieron y entraron Kaelen y uno de los guardias que conocíamos.

Me sentí un poco culpable de que aún no supiéramos su nombre, especialmente ahora que parecía que nos acompañaría en este viaje.

Kaelen recorrió a todos con la mirada y finalmente dijo: —Todo está listo.

Síganme.

Lo seguimos y llegamos a una sala que se me hacía conocida.

Era el jardín en el que me lo había encontrado aquella noche paseando por el palacio.

Ahora que era de día podía notar los imponentes árboles y las hermosas flores, que desprendían una belleza alucinante.

Se dirigió a uno de ellos, se dio la vuelta y dijo: —Una vez que lleguemos allí, no toleraré ningún tipo de desobediencia.

Ya es suficiente tener que llevar a un montón de niños que no conocen en qué se están metiendo.

Su tono fue duro, demasiado duro, a decir verdad.

Todos asentimos y él, como si estuviera midiendo qué tan sinceros éramos, nos miró por un rato.

Cuando pareció que tuvo suficiente, continuó: —Sir Michell nos acompañará.

Él irá detrás de nosotros en todo momento.

Yo iré al frente y ustedes en el medio.

Miró a Apolo y a Flyson.

—Serán los encargados de ocuparse de cualquier cosa que se nos escape y se acerque demasiado.

Aunque tú, Flyson, también puedes dar soporte —añadió, mirando su arco.

Sus palabras, cargadas de seriedad y su semblante frío, de a poco nos hicieron darnos cuenta de que esto no era una aventura.

No era un juego del que podíamos salir ilesos solo porque quisiéramos.

Se dio la vuelta y se acercó al Celynnen.

Sacó un frasco con un líquido dorado, parecido al que yo poseía, pero distinto a la vez.

Lo vertió en el árbol y aquel fenómeno que habíamos experimentado una vez ocurrió de nuevo.

El portal se abrió y nosotros entramos en él.

Una vez que llegamos del otro lado, lo que vimos nos dejó paralizados: una tierra quemada, árida, que parecía haber pasado por algo atroz hacía poco tiempo se presentaba ante nuestros ojos.

Miramos el Celynnen que nos había traído hasta aquí.

El mismo se encontraba en llamas, consumiendo su propia vida.

—¿Estamos —pregunté con duda— en Nymowen o hemos llegado a otro lugar?

Kaelen respondió: —Parece que la situación es más seria de lo que creí.

Y si este Celynnen muere, no tendremos cómo volver.

Sus palabras nos llenaron de desconcierto y preocupación.

Él se quedó pensando, como si estuviera buscando una solución.

Luego de un rato finalmente me miró y dijo: —Puedes intentar aplacar el fuego en el árbol, Alegna.

Lo miré con duda.

—¿Me preguntas a mí?

—Sí, a ti —aclaró.

—¿Pero cómo podría yo hacer eso?

—respondí nerviosa.

—Solo tienes que intentarlo.

Yo creo que puedes —dijo con una seguridad imposible.

Sin saber qué hacer, me acerqué al árbol.

Elowen me miraba con duda, Apolo como si no terminara de entender, y Flyson con una mirada incomprensible.

Finalmente me quedé mirando el árbol.

Apágate, dije en mi mente, avergonzada.

No hay manera de que esto funcione.

Entonces empecé a imaginar que el fuego se aplacaba y se detenía.

Intenté concentrarme en ese poder que estaba despertando y, como si este respondiera a mi pedido, el fuego del árbol empezó a apagarse, hasta desaparecer por completo, dejando el árbol como si nunca hubiera estado en llamas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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