Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 24

  1. Inicio
  2. Asheland: El Príncipe Dorado
  3. Capítulo 24 - 24 Capítulo 22 Ignición
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

24: Capítulo 22 |Ignición| 24: Capítulo 22 |Ignición| —¿Por…

por qué?

—mi voz temblaba mientras sostenía a Elowen en mis brazos—.

¿Por qué?

—pregunté nuevamente con ira a la persona que sostenía el arco.

Las lágrimas caían sin detenerse.

El bullicio del campo de batalla parecía haberse vuelto lejano, casi inexistente.

—No es nada en contra suya.

En verdad estaba apuntándote a ti, pero ella se puso en el medio.

Sir Michell se colocó delante de mí de forma protectora.

—¿Pero qué podría motivarte a esto?

No te hemos hecho nada.

—No lo entenderías.

Hace ya mucho que nada es lo mismo en Nhamashal…

ni en todo Sylor.

Si decides ir alguna vez allí, recuerda lo que te dije.

Mientras hablaba, noté cómo Kaelen y Apolo empezaban a darse cuenta de que algo estaba ocurriendo aquí.

Él se dio la vuelta y se perdió en el mar de criaturas, que parecían saber que no debían atacarlo.

—¡Cobarde!

—grité—.

Haces algo como esto y te vas como si nada.

La furia empezó a ganarle a la angustia.

Mi juicio se nubló.

Mi cabello comenzó a encenderse de un rojo fuego y mis ojos también cambiaron.

Llamas empezaron a rodearme.

Sir Michell se alejó, temiendo quemarse.

Kaelen me miraba con preocupación…

y a Apolo no quería verlo.

Temía descubrir qué podía haber en su mirada.

Las llamas se avivaron cada vez más y comenzaron a lanzarse contra los Nihil, arrasando con cada uno que se ponía en su camino.

Unas alas de fuego se formaron detrás de mí, y allí estaba yo, perdida en la ira, sin nada que pudiera aplacar el dolor de la pérdida.

Cuando no quedó ni uno de ellos, como si eso hubiera traído un poco de alivio…

o más bien al saber que ya no quedaba nada contra lo que descargar mi furia, mi fuerza empezó a desvanecerse.

Dejé a Elowen en el suelo y mi conciencia comenzó a nublarse, hasta desaparecer por completo.

—¡Alegna!

—escuché a Kaelen gritar, aterrorizado.

Lo último que vi fue a él corriendo hacia mí, desesperado.

…

Hace más de un milenio…

Parecía ser otro de esos sueños que he estado teniendo.

Veía a la misma mujer de la otra vez.

Ahora se encontraba corriendo dentro del palacio de Auredom.

Parecía estar dirigiéndose hacia algún lugar con apuro y determinación.

Finalmente llegó a un lugar que conocía muy bien: aquel patio lleno de Celynnens y de una historia sin contar.

Se acercó a uno de ellos, el más imponente y veterano de todos.

Sacó un objeto que me parecía de lo más conocido: era el mismo vial que ahora poseía.

Lo llenó con lo que emanaba del Celynnen más antiguo de allí y susurró unas palabras que, aunque ahora me resultaban más conocidas, aún no terminaba de comprender.

—Dejaré mi esencia en ella.

Si todo sale bien, podré regresar aquí.

Mi sangre tiene que ser lo suficientemente fuerte.

Podremos terminar con todo esto de una vez por todas.

Las hadas y los elfos lo prometieron…

mil años deberían ser suficientes.

…

Me desperté en un lugar desconocido.

Parecía ser una habitación de algún lugar ostentoso, al nivel de la de Auredom, pero con unas sutilezas diferentes.

El dorado no predominaba por todos lados, sino colores más suaves, aunque parecían no ponerse de acuerdo en cuál debía dominar, por lo que la habitación estaba llena de ellos.

No había nadie a mi lado.

Un dolor recorría todo mi cuerpo, como si uno de esos trenes de Mossborn hubiera pasado por encima de mí.

Me levanté de la cama y recorrí la habitación en busca de algo que pudiera ayudarme a descubrir dónde estaba, pero, más allá de un espejo y algunos artículos de tocador, no había nada …

Antes de que Alegna despertara…

Kaelen con Alegna, Sir Michell y Apolo —con Elowen en sus brazos y una expresión sombría— finalmente atravesaron la barrera y llegaron a Asyllenor.

Del otro lado apareció una ciudad mágica.

A diferencia de Mossborn, que utilizaba el ingenio y la maquinaria, esta parecía moverse únicamente por lo que caracteriza a las hadas: la magia.

Ya había hadas esperándolos allí para llevarlos a ver al Rey Hada, Sunbeam Merryplume.

—Largo tiempo sin verte —dijo Kaelen al reconocer a un viejo amigo.

—Kaelen…

es bueno ver que estás bien.

Temía que no pudieras llegar, pero, dada la importancia de esto, no podía dejar de pedir tu presencia —agregó.

Al ver a Elowen en los brazos de Apolo, su semblante cambió a uno de culpa.

Kaelen, mientras tanto, entregó a Alegna a una de las hadas criadas para que pudieran llevarla a algún lugar donde pudiera descansar.

Estas intentaron hacer algo parecido con Elowen, pero Apolo no parecía querer desprenderse de ella.

—Como te comenté en la carta que envié a Auredom, una parte del Luminis está completa.

Sé que han estado buscando esto desde hace mucho tiempo.

Ahora solo faltaría la otra mitad que los elfos estaban preparando, y deberíamos poder acabar con esto de una vez por todas.

—Sin embargo, hace ya unos doscientos años perdí contacto con ellos.

Al principio pensé que simplemente no querían divulgar demasiado acerca de esto, pero ahora, con lo que me contaste que les sucedió cuando venían…

me temo que es posible que todo nuestro esfuerzo se eche a perder.

—No digas eso, Sunbeam.

Iré yo mismo a Sylor y traeré la otra parte a Primalis junto con la suya —dijo Kaelen con seguridad.

—Yo también iré —intervino Apolo rápidamente—, aunque sea lo último que haga —añadió con una determinación impresionante.

—No.

Esta vez no dejaré que nadie me acompañe.

Ya han probado que no están listos para esto.

—Entonces entréname —respondió Apolo—.

Más fuerte que antes.

No importa a qué me sometas, necesito ser más fuerte.

Kaelen, que parecía verse a sí mismo en él, miró al rey y preguntó: —¿Crees que sea posible poner encantamientos en él, como solíamos hacer con los humanos que participaron en la Gran Guerra?

—Aún quedan hadas que saben hacerlo, así que debería ser posible —respondió—.

Pero sabes cómo era en esos tiempos: la mitad de ellos moría por no poder soportar tanto poder de repente.

Preguntarle si lo haría carecía de sentido en ese momento.

La determinación ya podía notarse en él.

El odio le ganaba a la razón y un solo pensamiento crecía en su mente: venganza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo