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Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 25

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  3. Capítulo 25 - 25 Capítulo 23 Entre tatuajes y secretos
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25: Capítulo 23 |Entre tatuajes y secretos| 25: Capítulo 23 |Entre tatuajes y secretos| Nos quedamos dos días en Asyllenor.

Alegna no parecía despertar y las hadas estaban ocupadas preparando lo necesario para Apolo.

A decir verdad, no sé cómo se lo tomaría ella si despierta y sus dos amigos más preciados se encuentran muertos, así que realmente espero que esto sea una buena idea.

Si él no puede resistir…

Dejé de pensar en eso y vi a Apolo nervioso.

—Si sigues así no podrás llegar a nada —le dije, tratando de que se calme.

Él me miró, dejó de mover las manos inquieto y respiró profundo.

—¿Cómo le haces?

Puedo sentir que estás muy familiarizado con todo esto…

muerte y pérdida.

¿Cómo lo haces?

—No creas que lo llevo tan bien.

Incluso yo no soportaría la muerte de alguien tan cercano como si nada.

Si me ves bien ahora es porque las únicas personas que me importaban lo suficiente como para arriesgar mi vida murieron hace mil años.

—¿Quiénes eran ellos, si puedo saber?

—preguntó dubitativo.

—Mis padres murieron en las puertas de Auredom intentando evitar que los Nihils entraran y mataran civiles.

Tenía también una hermana…

murió a mi mano tras haber sido contaminada con la maldición.

Y también…

Mi semblante se oscurecía más a medida que hablaba.

—¡Está todo listo!

—exclamó de repente una de las hadas, haciéndonos ver que todo estaba preparado para el cambio de Apolo.

Porque es un cambio.

Ninguna persona que conozca y lo haya hecho fue la misma después de esto.

Apolo, decidido, se acercó a las hadas y se sentó en una silla luego de sacarse la camisa.

—Empezará una de nosotras de un lado y otra del otro.

Lo mejor es hacer esto lo más rápido posible.

Si sientes mucho dolor pararemos, pero no recomendamos que te tardes demasiado, porque por experiencia te decimos que si no aguantas eso, menos lo harás cuando esté completo.

Con esas palabras comenzaron a tallar su piel.

Pero aquello no era un tatuaje.

Un encantamiento exigía algo más cruel: la piel debía ser reemplazada por las runas mismas.

No se trataba de dibujarlas, sino de convertir la carne en el símbolo.

El primer corte arrancó un gruñido de su garganta, pero no se movió.

Las runas comenzaban a tomar forma, grabándose en su carne como si su propio cuerpo estuviera siendo reescrito.

El proceso completo tardó cuatro horas.

Podía notar que Apolo estaba a punto de desmayarse.

La preocupación llegó a mi mente: aún faltaba la activación y, si realmente se desmayaba ahora…

—Flyson no dudó —dije, intentando despertarlo—.

Él no dudó en lanzar esa flecha, en traicionar su confianza.

Si duermes ahora, yo tampoco dudaré.

Dijiste anteriormente que tienes una hermana y un padre en Varlezad.

Iré a buscarlos, y no querrás saber lo que haré si hoy mueres.

Terminé esperando que aquello lo motivara lo suficiente.

Me miró con una sed salvaje, como una bestia que no iba a ser liberada a menos que cumpliera con su propósito.

Las hadas terminaron de tallar y, en ese momento, una de las más experimentadas comenzó a cantar un conjuro.

Las runas en su piel empezaron a brillar y él gritó de dolor.

Era como si estas estuvieran quemando su piel…

y algo dentro de él también.

Los gritos resonaron por un largo rato.

No fue hasta media hora después que finalmente se calmó.

El brillo del encantamiento desapareció y el hada dejó de pronunciar palabras.

Estaba hecho.

Aunque ahora inconsciente, parecía haber resistido hasta el último segundo despierto.

Las hadas rápidamente lo llevaron a su habitación para que descansara.

—Será un largo trabajo para que se acostumbre a ellas…

Yo me dirigí a la sala del trono.

Había varias cosas que Sunbeam y yo debíamos discutir antes de que Alegna despertara y partiéramos de vuelta hacia Auredom.

…

No fue mucho después de eso que Alegna despertó.

Extrañada por el nuevo lugar, intentó ir a buscar a alguien que pudiera explicarle dónde estaba.

Quizás las hadas estaban ocupadas arreglando todo lo que los Nihils habían destruido, porque no pareció encontrarse con nadie hasta llegar a una puerta que resaltaba especialmente.

Se acercó, pero antes de entrar se dio cuenta de que había gente dentro.

Finalmente, pensó para sí misma.

Sin embargo, en lugar de dar el siguiente paso, escuchó lo que estaban diciendo las personas dentro.

Una de las voces la reconoció enseguida: Kaelen.

Era difícil no reconocerla, esa voz que parecía poseer el superpoder de volverla loca y hundirla en el más profundo deseo.

—Entonces, ¿qué se supone que haces con dos humanos aquí?

—preguntó una voz que no reconocía—.

Considerando la parte que ellos tuvieron hace mil años en su muerte…

—Sabes que no tengo nada en contra de su raza, Sunbeam.

Su muerte fue su decisión, no tuvo nada que ver con lo que otros puedan decir.

—Con lo mucho que amabas a Angela, me sorprendió verte con otra mujer en brazos cuando llegaste…

Aunque, con lo que me contaron, parece que es una chica de lo más especial.

—¿Vamos a hablar de mi vida amorosa ahora?

—preguntó molesto—.

¿No crees que hay cosas más importantes de qué hablar?

Empezaron a hablar de otra cosa, pero ya no podía escuchar bien, así que me acerqué un poco más.

Sin embargo, parece que hice algún ruido.

—¿Quién está ahí?

—dijo una voz con autoridad—.

¿Quién está escuchando?

Me quedé helada, atrapada en algo que sabía que estaba mal.

Y lo peor era que, en lugar de pensar en eso, no podía dejar de repetir en mi cabeza lo que había escuchado.

¿Quién era Angela?

¿Y él la amaba…

todavía?

Me pregunté si tenía derecho a sentir celos.

No era el momento.

Y entonces recordé algo que me golpeó como una piedra.

Elowen.

Ella ya no estaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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