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Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 26

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26: Capítulo 24 |Nuevo Ánimo| 26: Capítulo 24 |Nuevo Ánimo| La puerta se abrió, dejándome ver a las personas en el interior.

Aunque avergonzada por haber estado escuchando a escondidas, pregunté: —¿Dónde está?

¿Dónde está Elowen?

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

Me negaba a aceptar que realmente hubiera pasado.

—Las hadas están preservando su cuerpo.

Te estábamos esperando para el funeral.

Sus palabras me dejaron helada.

Lo miré sin querer creerlo, pero sabía que lo que había pasado era real.

Flyson… parecía inofensivo.

Creí en él solo porque… Kaelen me abrazó mientras caía en la más profunda angustia.

—Es mi culpa —murmuré—.

Todo esto lo es.

Y lo peor de todo es que fui impotente.

Puede que ahora pueda controlar el fuego, pero no pude hacer nada en ese momento.

Sabía que los estaba arrastrando al peligro, y Elowen no era precisamente alguien que supiera defenderse… y aun así seguí arrastrándolos conmigo sin detenerlos.

—¿Y Apolo?

—pregunté después—.

No puedo evitar pensar cómo estará llevando esto.

Él la amaba.

Era tan obvio para mí que ellos eran perfectos juntos.

Kaelen bajó la mirada, como meditando si debía responder.

—Ciertamente ya no es el mismo.

Te sorprenderás cuando lo veas.

Creo que deberías intentar que la venganza no lo consuma.

En ese momento Apolo entró en la habitación.

Lucía demacrado, pero a la vez parecía más alto que antes.

Cuando pude ver sus ojos me di cuenta de que habían cambiado.

Ya no eran esos ojos miel que transmitían dulzura.

Ahora eran de un gris vacío, como si hubiera perdido su razón de vivir.

—Apolo… —dije—.

Lo siento tanto.

Es todo por mi imprudencia.

Debería haber sabido… Él me miró con seriedad.

—Ya no soy el mismo, Alegna.

Me he prometido que esto no pasará nuevamente.

Flyson lo pagará.

Los Nihils lo pagarán.

Cada uno que haya estado involucrado en su muerte… me aseguraré de que jamás vea un día más.

Un fuego se sentía en su voz, pura determinación.

No pude evitar notar cómo pequeñas chispas aparecían a su alrededor.

Ante ese suceso mágico no pude evitar preguntar: —¿Qué…?

¿Cómo es que estás haciendo eso?

Confundida, noté finalmente que debajo de su manga unos símbolos resaltaban.

—Apolo es ahora un humano que posee magia, Alegna —dijo Kaelen—.

Aunque aún no pueda controlarla, probablemente se convertirá en el guerrero más fuerte de su raza.

Ya se puede ver el cambio en su cuerpo: pasó de ser un joven normal a tener el físico de un adulto que ha pasado toda su vida entrenando.

Me sentía abatida, pero al mismo tiempo, al ver a Apolo con tanta determinación, me enojé conmigo misma.

Si él podía levantarse después de algo así… ¿por qué yo solo podía llorar y culparme?

Tenía que cambiar.

Ser más fuerte.

Lo suficiente para proteger a quienes amo.

El mundo estaba cambiando… y claramente no perdonaba a los inseguros.

…

El funeral de Elowen transcurrió al día siguiente.

La pesadez en el aire era evidente, pero aun así ella brillaba.

Me hubiera gustado que los chicos de Varlezar estuvieran aquí, aunque cuando pienso en cómo reaccionaría Madam Claudette, prefiero que sea así.

Las hadas tenían una forma particular de honrar a los muertos.

En vez de enterrarlos, los colocaban en claros sagrados donde la magia del bosque liberaba su esencia, permitiendo que su espíritu regresara a la luz que dio origen a toda vida.

Elowen yacía rodeada de flores blancas, como si el propio bosque hubiera decidido despedirse de ella.

En ese momento las hadas comenzaron a cantar, y Elowen pareció reaccionar a ello, iluminándose y desvaneciéndose a medida que la canción continuaba.

Cuando el canto terminó, ya no quedaba nada de ella… excepto las flores moviéndose suavemente con el viento.

…

Nos quedamos por dos semanas en Asyllenor.

Apolo estaba acostumbrándose a la magia y al uso de la espada con ella, y yo había empezado a comprender mejor cómo funcionaba el fuego.

A su vez, he estado teniendo más sueños extraños; parecen aumentar en intensidad a medida que el líquido de mi vial se acaba.

He querido hablar con Kaelen.

Siento que hay muchas cosas que tenemos que aclarar, pero la oportunidad no se ha presentado y tengo miedo de lo que pudiera llegar a descubrir.

Siempre sentí que había algo más allá, pero soy Alegna, una huérfana de Varlezar.

Mis mejores amigos son Apolo y Elowen.

Tengo miedo de que todo esto termine haciendo que olvide quién soy ahora.

…

—¿Se irán entonces mañana?

—preguntó Sunbeam con un semblante imponente a Kaelen.

—Así es.

Ya hemos molestado lo suficiente.

—Oh, por favor.

Sabes que tu presencia aquí es más que bienvenida.

Aún recuerdo cuando solíamos jugar en esta misma sala cuando éramos jóvenes.

—Cómo han cambiado las cosas…

Dejando a un lado los recuerdos del pasado, el rey se acercó con un objeto cubierto por una manta.

—Aquí te dejo aquello en lo que todo mi pueblo ha gastado tanto esfuerzo en conseguir.

Como mencioné en la carta, está completo.

Mil años fueron suficientes para que pudiéramos hacer la mitad de él.

Espero realmente que puedas conseguir la otra y terminar esto.

Sunbeam retiró lentamente la manta, dejando ver la mitad de lo que parecía ser un núcleo de luz pulsante, latiendo como un corazón antiguo.

—Supongo que es hora —contestó Kaelen—.

Ya no hay excusas.

—Angela lo dejó claro antes de morir, Kaelen.

Mil años… más que eso y sería nuestro fin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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