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Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 27

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  3. Capítulo 27 - 27 Capítulo 25 Nuestros caminos
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27: Capítulo 25 |Nuestros caminos| 27: Capítulo 25 |Nuestros caminos| La despedida fue agridulce.

Las hadas habían tomado un gran cariño por Apolo, especialmente, y nosotros les estábamos profundamente agradecidos por habernos ayudado a dar nuestros primeros pasos controlando algo tan único como la magia.

Ellas lograron sacarle una de esas sonrisas que tanto extrañaba ver en él durante la despedida.

Kaelen, en cambio, se encontraba serio.

Últimamente siempre era así.

Michell cargaba ahora consigo algo que no teníamos cuando llegamos: un objeto cubierto, como si fuera de suma importancia.

Las dudas surgieron inmediatamente, así que apenas partimos lo primero que pregunté fue acerca de eso.

—Es una parte del Luminis.

Parece que la esperanza aún está viva —contestó Kaelen con cierta ilusión.

—¿Una parte?

—pregunté, confundida.

—Así es.

Las hadas lograron crear la mitad.

Aparentemente los elfos tienen la otra, así que, una vez que todo esté arreglado en Auredom, iré a Sylor.

—Iremos —dijo Apolo con seguridad mientras me miraba—.

Nosotros también tenemos algo que hacer allí.

—Apolo tiene razón, Kaelen.

Quizá tú irás por tu camino, pero nosotros también vamos hacia allá.

—La venganza no es un camino, ¿saben?

—respondió Kaelen con ironía—.

Ni siquiera saben dónde puede estar ese amigo suyo.

Sylor es un continente muy grande.

—Podemos empezar por su lugar de origen: Nhamashal.

De alguna manera nos las arreglaremos.

Kaelen me miraba con preocupación, como si esperara que con eso mis intenciones de ir se desvanecieran.

Finalmente suspiró, resignado.

—Entonces supongo que iremos por rutas separadas cuando lleguemos allí.

Michell irá con ustedes.

Quise protestar.

—Los dos podemos cuidarnos bien ahora.

Tú no puedes ir a salvar el mundo sin nadie que te acompañe.

—Créeme —respondió con calma—, será mejor que vaya solo.

Podré moverme más rápido.

La forma en que lo dijo dejaba claro lo que pensaba: que solo lo retrasaríamos.

Esa arrogancia realmente va a matarlo algún día, pensé para mis adentros.

…

Ya era de noche.

Michell se había ido con Apolo a recoger ramas para el fuego.

No podía retrasarlo más.

Teníamos que hablar.

Miré a Kaelen con decisión y pregunté: —¿Quién es Angela?

Ante la pregunta se quedó congelado, como si no esperara que fuera tan directa.

—¿Estás celosa, mi pequeña luz?

—respondió con una sonrisa juguetona.

Al ver que no iba a caer en eso, su expresión cambió.

Se puso serio.

—¿Qué escuchaste…

y recuerdas algo?

—preguntó con duda.

Incluso diría que con miedo.

—Solo escuché que solías amarla.

Y acerca de si recuerdo algo…

—dudé un momento—.

Últimamente he tenido sueños.

Aunque a veces son casi como visiones estando despierta.

Son de una mujer.

A veces es adulta, otras parece más joven, pero siempre es la misma.

¿A eso te refieres con recordar algo?

Porque no lo siento como recuerdos…

sino como una historia muy lejana.

Me observó en silencio, procesando lo que le había dicho.

—¿Y cómo es esa mujer?

—Pelo color fuego y ojos parecidos a los míos.

Muchas veces aparece como si fuera una diosa de la guerra.

Y en muchas de esas visiones…

tú estás con ella.

Tras mis palabras pareció perderse en sus pensamientos.

Sus ojos, brillantes como el sol, se atenuaron.

—Es Angela —dijo finalmente—.

La mujer que ves.

—¿Por qué tengo sueños con ella?

¿Por qué parece que la conexión que ella tuvo contigo me afecta a mí?

—pregunté, frustrada—.

Siento que todo lo que ha pasado hasta ahora gira alrededor de alguien que no debería tener nada que ver conmigo.

Dijiste que murió hace mil años.

Entonces ¿por qué ahora?

¿Por qué conmigo?

Kaelen guardó silencio unos segundos antes de responder.

—Angela era mitad Lumen y mitad Fénix, Alegna.

Eso ya era bastante para procesar.

Lumen, de acuerdo, eso podía creerlo.

Pero ¿Fénix?

Había escuchado historias sobre ellos, claro, pero todos creían que se habían extinguido hace miles de años.

Y ahora Kaelen me decía que la mujer que amó hace mil años era uno de ellos.

—Ella controlaba el fuego, igual que tú —continuó—.

Tenía una gran afinidad por esa magia.

Es particularmente eficaz contra los Nihils, incluso más que la luz que los Lumens suelen poseer.

—Los Fénix nacen con una gran cantidad de poder, aunque normalmente permanece dormido dentro de ellos.

Así fue para Angela, al menos al principio.

Cuando la guerra llegó, nadie estaba realmente preparado…

pero sin ella Auredom probablemente habría caído.

Saber que su antiguo amor había sido alguien tan extraordinaria solo aumentaba mi incomodidad.

—¿Y dónde entro yo en todo esto?

—pregunté finalmente.

—¿No es obvio?

—respondió con calma—.

Tú eres ella.

No parecía estar mintiendo, pero sus palabras simplemente no terminaban de encajar.

¿Yo?

¿Alegna, la huérfana de un pequeño pueblo como Varlezad?

¿La reencarnación de un Fénix legendario que, según él, salvó Aurelia de los Nihils hace mil años?

Claro.

Y ya que estamos, quizá mañana descubra que también soy la reina perdida de las hadas, heredera del trono élfico y la elegida para despertar al Luminis mientras tomo el desayuno.

—No soy un Fénix, Kaelen.

Creo que lo sabría si lo fuera.

Y mucho menos una Lumen.

Viví toda mi vida en un orfanato.

Me llamo Alegna, no Angela.

Y si ves a esa mujer en mí…

entonces te pido que no lo hagas.

Mi yo no podría estar más lejos de alguien como ella.

Era difícil aceptarlo, pero no podía mentirme a mí misma.

Soy Alegna.

Y aunque de alguna forma realmente fuera la persona que él dice…

ahora mismo eso no podría estar más lejos de ser verdad.

—¿Vas a ignorar que puedes controlar el fuego?

¿Que la ves en tus sueños?

—dijo Kaelen con calma, aunque su mirada era intensa—.

Y cada vez que me acerco…

Se detuvo un momento, dando un paso más hacia mí.

—Te congelas —continuó en voz baja—.

Tu piel se calienta, tu sangre empieza a correr más rápido con cada latido de tu corazón.

Ahora estaba tan cerca que podía sentir su respiración contra mi piel.

—Y ahora mismo —susurró—, te estremeces.

Y lo único que deseas es estar en mis brazos…

porque sabes que ahí perteneces.

Por alguna razón sus palabras me hicieron llorar.

Y odiaba admitirlo, pero todo lo que decía era cierto.

Mi cuerpo reaccionaba exactamente como él lo describía.

Quizá lo que decía fuera verdad.

Quizá yo era Angela.

¿Qué otra explicación habría para una conexión tan imposible?

Pero incluso si era así…

incluso si realmente había sido esa mujer alguna vez…

Eso no cambiaba algo que también era verdad.

Yo también era Alegna.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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