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Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 29

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29: Capítulo 27 |Pasado| 29: Capítulo 27 |Pasado| Hace más de mil años…

—Reina Lumiel, Rey Lucien: los avances de los Nihils en el norte han cesado tras la muerte de uno de sus líderes.

Lady Ashara y su esposo, Alaric, murieron en batalla para detenerlos.

Una buena noticia…

si no fuera por el sacrificio de nuestros dos buenos amigos.

La amargura llenó a los dos reyes.

—Sus majestades —continuó el soldado—, antes de morir Lady Ashara dio a luz en el campo de batalla.

Su hija quedó a nuestro cuidado.

El soldado bajó la manta que cubría lo que sostenía.

Una bebé de tan solo unos meses yacía en sus brazos.

Lumiel dio un paso adelante, observándola con una mezcla de tristeza y ternura.

—Ashara era mi mejor amiga.

Sin su ayuda, Auredom no habría resistido tanto.

Cuidaremos de su hija como si fuera nuestra.

…

Nueve años después, en los pasillos del palacio dorado de Auredom.

—¡Vamos, Angela!

Nos perderemos el festival de luciérnagas.

Un pequeño Kaelen corría por los pasillos riendo.

La bebé de antaño, ahora ya una niña, corría junto a él.

—No podemos quedarnos mucho —le advertí—.

Mañana visitaremos el reino de las hadas, Kaelen.

—Oh, vamos.

Sunbeam no dirá nada si nos ve cansados.

Solo Fayeth podría llegar a quejarse, pero aun así no podrá encontrarnos si jugamos en serio.

Esa princesa elfa solo le gusta protestar.

Rodé los ojos y lo miré con una sonrisa.

—Ya, pero Lumiel y tu hermana Aeliana no estarán felices si llegamos tarde.

—¿No lo hace eso aún más divertido?

Me detuve un momento y lo miré con seriedad.

—Pero… ¿y si nos encontramos con algún Nihil?

¿No deberíamos llevar guardias?

—Oh, vamos, Angela.

No seas miedosa.

Hace años que no se ven.

Se supone que tus padres lograron detenerlos, ¿o no?

—Mmm… no lo sé.

Nadie parece querer hablar del tema con nosotros.

Llegamos rápidamente al claro de Aurea, donde se encontraban las famosas luciérnagas que daban lugar al nombre del lugar y al festival que se celebraba en Auredom todos los años.

Kaelen y yo habíamos comenzado la tradición de venir aquí cada año.

Había una zona en particular donde casi nadie iba, pero desde allí se tenía la mejor vista de ellas.

Solíamos escabullirnos entre los pasillos del palacio y los árboles del bosque en la oscuridad, disfrutando de la aventura de estar solos.

Aunque, por supuesto… si hubiéramos sabido lo que iba a pasar esa noche… —Wow… nunca me voy a cansar de esta vista, Kaelen.

Él me miró con una sonrisa enorme, como diciendo “¿ves?

Te dije que teníamos que venir.” Aquella noche no había luna.

Era uno de esos días especiales en los que la oscuridad del bosque dominaba por completo, y las luciérnagas que brillaban entre los árboles resaltaban aún más.

Pero quizá ese fue el problema.

Cuando lo sintieron —esa criatura devoradora de luz— todas se apagaron de golpe, dejando al bosque sumido en una oscuridad absoluta.

—Kaelen… ¿qué pasó?

No puedo ver nada.

—Parece que se fueron… —dijo, confundido.

Asustada, me acerqué e intenté tomar su mano.

—Creo que deberíamos irnos… Mi voz temblaba.

—No te preocupes.

Estoy aquí.

No pasará nada.

Pero justo cuando terminó de decir esas palabras, lo vimos.

Esos ojos brillantes… que a primera vista podrías confundir con los de un Lumen.

Hasta que notabas algo inquietante: no reflejaban la luz.

La devoraban.

—¡Angela, corre!

No importa que, no lo veas —dijo Kaelen con urgencia.

Pero mis pies parecían estar clavados en la tierra.

El terror era demasiado.

Kaelen me empujó, intentando sacarme de ese entumecimiento.

Al reaccionar, empezamos a correr mientras gritábamos pidiendo ayuda.

Entonces Kaelen tropezó.

La criatura estaba cada vez más cerca.

—¡Ah!

—gritó al caer.

Me acerqué a él y me puse delante antes de que la criatura llegara.

Intentó levantarse, pero tenía una herida en el tobillo.

Verla fue un golpe de realidad: teníamos que encontrar otra solución.

Correr ya no era una opción.

Cuando el Nihil estuvo tan cerca que mi piel se llenó de escalofríos, recordé algo.

No lo mires.

No lo mires.

Sabía que eso evitaría caer en su maldición… pero nada nos salvaría si decidía matarnos sin más.

La criatura empezó a extender un brazo.

—¡Angela!

—gritó Kaelen, desesperado.

—¡No mires!

—le grité.

Pero en ese momento una figura apareció, cubriendo su vista.

Aeliana.

Exteriorizó la luz de tal manera que el brazo de la criatura fue cortado de un solo golpe.

El Nihil chilló, furioso.

Abrió la boca y un rayo de luz oscura salió disparado hacia nosotros.

Aeliana nos tomó y esquivó como pudo.

Tras varios intercambios con la criatura, finalmente logró dejarnos en un lugar seguro y concentrarse en ella.

No tardó mucho en darle el golpe final.

—¡Aeliana!

—exclamamos, aliviados y preocupados al mismo tiempo.

Ella nos miró.

—No se preocupen.

Todo está bien ahora.

Como si esas palabras lo confirmaran, las luciérnagas volvieron a iluminar el claro.

Pero Aeliana no estaba bien.

Con una expresión seria, llamó: —Kaelen… ven aquí.

Él se acercó, temeroso y confundido.

—¿Qué pasa, hermana?

—Escucha, Kaelen.

Tu hermana te quiere mucho.

No importa lo que pase en el futuro, nunca debes dudar de eso.

Hizo una breve pausa, respirando con dificultad.

—Y hay algo que deben saber… A partir de ahora tendrán que ser más fuertes que nunca.

Las cenizas de la guerra que nunca terminó están resurgiendo… y sabes muy bien lo que eso significa.

Le tendió una daga a Kaelen.

—Escucha… aunque me duela que seas tú, no llegaremos a tiempo para que sea otra persona.

Sabes lo que significan estas marcas, ¿verdad?

Ya casi no tengo fuerzas ni para hablar.

Kaelen empezó a llorar.

Sus manos temblaban.

—No… no puede ser… no puedo.

—Kaelen, debes ser fuerte.

Algún día la gente de Auredom dependerá de ti.

Luego me miró.

—Y tú, Angela… cuídalo, por favor.

No dejes que se pierda en el odio.

Las palabras de Aeliana quedaron suspendidas en el aire mientras Kaelen lloraba frente a ella, con la daga temblando en sus manos.

Las luciérnagas brillaban alrededor… pero el mundo parecía haberse detenido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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