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Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 5

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  3. Capítulo 5 - 5 Capítulo 3 El día después de la noche
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5: Capítulo 3 |El día después de la noche| 5: Capítulo 3 |El día después de la noche| Me desperté sobresaltada por unos gritos.

El sol ya se encontraba en lo alto, filtrándose entre las copas de los árboles.

Al mirar a mi alrededor, no pude evitar notar que seguía en el Bosque Zul, pero algo no encajaba: mis prendas estaban intactas, perfectamente puestas, y no había ni una sola prueba de la noche apasionada que estaba segura de haber vivido.

Las voces de Apolo y Elowen se escuchaban cada vez más cerca, cargadas de una angustia evidente.

Finalmente los llamé y corrí a su encuentro; se les oía desesperados, y no era de extrañar, considerando que los había dejado abandonados durante toda la noche en la posada.

—¡Por Dios, Alegna!

¿Dónde has estado toda la noche?

Hemos estado buscándote como locos desde que nos dimos cuenta de que no regresabas y de que no estabas en el baño.

Madame Claudette nos matará cuando nos vea llegar a estas horas…

¡Espero que lo que sea que hayas estado haciendo haya valido la pena!

—Tranquila, Elowen…

Perdón por haberlos preocupado.

Anoche me ocurrió lo más extraño de toda mi vida; si me dijeran que fue un sueño, hasta yo misma lo creería.

Sin embargo, estoy segura: lo que sea que haya pasado, ocurrió de verdad.

No estoy loca, Elowen; sé que te parecerá increíble, pero tú siempre has creído en estas cosas.

He tenido la experiencia más fascinante y peculiar de mi existencia…

Y es que, Elowen, creo que he tenido una aventura con un hombre que parece sacado de las historias, y no sé cómo ni cuándo, pero ha desaparecido como si se tratara de la misma bruma de Asheland, envolviéndome en sus secretos para luego escupirme de vuelta a esta realidad de sábanas sucias y orfanatos.

—¡Alegna, lo que me estás contando es grave!

—exclamó Elowen, bajando la voz y mirando nerviosa hacia Apolo—.

Si realmente has pasado la noche con un extraño y encima ha desaparecido…

¿cómo pretendes casarte en el futuro?

Sabes bien lo que dicen de las mujeres que pierden su virtud antes del matrimonio.

En un pueblo como Varlezad, ese tipo de historias no se olvidan; te marcarían para siempre.

—No lo entiendes, Elowen…

Eso no importa.

Lo único que importa ahora es que sé que necesito verlo de nuevo.

Estoy segura de que él tiene que ver con quién soy yo realmente.

La atracción que sentí no fue algo natural; fue como si estuviéramos destinados a encontrarnos, como si yo hubiera nacido solo para estar con él.

—Al final, la que está alimentando fantasías eres tú, Alegna —replicó Elowen con un suspiro de frustración—.

No sé cómo pretendes verlo de nuevo si me dices que se ha esfumado como si se tratara de un fantasma.

—No lo sé…

pero creo que si vuelvo aquí mañana por la noche, lo veré.

—Eso será difícil —replicó Elowen con dureza—.

¿Cómo pretendes salir mañana, cuando sabes que después de hoy nos espera el castigo más severo por parte de Madame Claudette?

Ella no perdona las faltas, Alegna, y menos una desaparición de toda una noche.

—Tendré que escaparme entonces —sentencié, con una firmeza que incluso a mí me sorprendió—.

Tienen que ayudarme; saben lo mucho que he deseado descubrir la verdad sobre mi origen todo este tiempo.

No puedo dejar que esta pista se desvanezca como si nunca hubiera ocurrido.

—Alegna, todo lo que estás contando parece tan surrealista que casi no te reconozco —sentenció Apolo, con una mezcla de asombro y amargura en su voz—.

Pero si realmente necesitas mi ayuda, sabes que puedes contar conmigo.

No te dejaré sola en esta locura.

Apolo era, en verdad, un amigo excepcional.

Su cabello rojizo y sus ojos color miel siempre transmitían una calidez que lograba apaciguar mis tormentas internas.

—Apolo tiene razón, Alegna —concedió Elowen, suavizando finalmente su expresión—.

No podemos dejarte sola en esto.

Si vas a perseguir a un fantasma o a un rey en medio del bosque, lo haremos juntos.

—Gracias, hermanos…

Sabía que podía contar con ustedes —respondí, sintiendo un nudo de gratitud en la garganta—.

Al regresar a la Casa de las Luces, los gritos de Madame Claudette resonaban por todo el vestíbulo.

—¡¿Cómo es posible que esas dos aún no hayan regresado?!

—bramaba ante los demás huérfanos—.

Saben perfectamente que el permiso terminaba a medianoche.

¡Se atreven a desaparecer el resto de la madrugada y todavía no dan la cara!

En ese instante, el crujido de la puerta principal rompió el aire.

Elowen y Alegna aparecieron tras ella, aterradas; jamás habían visto a su cuidadora con semejante semblante de furia.

—¡Ah!

Así que por fin se dignan a aparecer, “señoritas” —escupió la mujer, acercándose con paso firme—.

¿Quién sabe qué habrán estado haciendo fuera toda la noche?

¿Acaso quieren que se hable de ustedes por todo Varlezad?

Si no tienen ningún decoro por su propia honra, entonces no esperen que yo tenga compasión.

¡Ni sueñen con volver a cruzar ese umbral en una larga temporada!

A partir de hoy, sus tareas se han duplicado.

¡A trabajar!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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