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Asheland: El Príncipe Dorado - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 Capítulo 7 La primera noche y llegada a la ciudad
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9: Capítulo 7 |La primera noche y llegada a la ciudad| 9: Capítulo 7 |La primera noche y llegada a la ciudad| Caminamos durante todo el día hasta que la noche cayó sobre nosotros.

Improvisamos un campamento dividiendo las tareas para terminar lo antes posible; yo me encargué de la fogata y de recoger las ramas secas para asegurar que el frío de la noche no nos venciera y que pudiéramos preparar nuestra cena sin contratiempos.

Mientras recogía las ramas, escuché un crujido entre los arbustos.

El miedo me trepó por la espalda de golpe, pero al instante siguiente descubrí el origen de mi temor: una pequeña zarigüeya asomaba el hocico entre las hojas.

Suspiré aliviada.

A decir verdad, me alegraba profundamente de que Elowen y Apolo hubieran podido acompañarme; disfrutaba de su compañía y, aunque aparentara valentía al adentrarme en un viaje sin retorno asegurado, la realidad era otra.

Contar con las humildes pero presentes habilidades de Apolo con la espada, y los conocimientos médicos de Elowen, me brindaba una tranquilidad que no habría encontrado sola.

Nos encontrábamos todos sentados frente al pequeño fuego improvisado cuando Elowen, rompiendo el silencio de las llamas, mencionó: —Por cierto, Alegna, si no me equivoco…

con todo lo que pasó esa noche en la posada, no pudiste terminar de escuchar la historia del bardo, ¿verdad?

—Tomando en cuenta que nos dirigimos a Asheland, creo que no estaría mal que la supieras —continuó Elowen, atizando las brasas con una rama—.

Las historias no solo sirven para pasar el rato en la posada, Alegna; a veces son el único mapa que tenemos para no perdernos en la oscuridad.

—Según contó el bardo, tras las brumas que custodian el continente del sur, se encuentra el Reino Áureo; hasta aquí, nada que no supiéramos —continuó Elowen, bajando la voz—.

Pero lo que escuché después fue distinto: hace un par de centurias, o quién sabe si milenios, una guerra devastadora azotó ese reino, sumiendo a todo el continente en el caos.

Criaturas de la noche, seres capaces de consumirte en su oscuridad absoluta si no andas con tiento, atacaron Auredom, el reino de la luz y la vida.

Hizo una pausa para mirar las sombras que se proyectaban más allá de nuestra fogata antes de seguir: —Auredom fue el único capaz de plantarles cara.

La guerra se prolongó durante setenta y nueve años; de ahí, según él, el nombre de nuestra posada.

Al final, para detener a los Nihil, no tuvieron otra opción que sellarlos dentro de sus propios territorios, quedando los habitantes del reino atrapados junto a ellos en una penumbra eterna.

Cuando Elowen terminó de narrar, guardamos un silencio pesado.

No pude evitar que mi mente se perdiera en conjeturas: si aquello realmente sucedió, ¿significa que está por repetirse?

Kaelen fue tajante al decir que ya no quedaba tiempo, pero ¿a qué se refería exactamente?

Acaricié el vial sobre mi pecho, sintiendo su calor inusual.

Si los Nihil están despertando o si el sello de Asheland se está debilitando, mi viaje a las montañas de Khazdur ya no es solo una búsqueda de identidad; es una carrera contra la oscuridad que una vez mantuvo en vilo al mundo entero.

Finalmente, apagamos la fogata y nos dispusimos a dormir, con la esperanza de que el día siguiente no fuera tan agotador.

Sin embargo, mientras cerraba los ojos, el calor del vial contra mi pecho me recordaba que, aunque el fuego se hubiera extinguido, la carrera contra la sombra de los Nihil apenas acababa de comenzar.

…

Tres días transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos.

Por fortuna, no tuvimos mayor inconveniente, salvo por Elowen y su constante lucha contra cualquier bicho o animal que osara molestarla en el camino.

—¡Finalmente!

Una ciudad, una cama cómoda y poder dormir sin el temor de que alguna criatura salvaje decida presentarse a cenarnos —exclamó Elowen, con un suspiro de alivio, al divisar las murallas de Oxshade recortándose en el horizonte.

—Ciertamente, descansar un poco no nos vendría mal después de todos estos días —añadió Apolo, frotándose los hombros cansados por el peso de lo que llevaba.

—Vamos, chicos —intervine, tratando de mantener el enfoque—.

Aún no sabemos cuánto nos costará viajar desde Mossborn hasta el Celynnen.

Primero averiguaremos el precio de usar el portal; si nada sale mal, podremos descansar un día ya en la capital mientras reunimos información sobre la ruta que debemos seguir.

Después de todo, la biblioteca de Varlezad no poseía datos sobre los árboles antiguos que custodian la Forja de los Titanes.

Al acercarnos a la ciudad, divisamos una larga fila formada para ingresar.

—Dos taels de bronce por persona —exigía el guardia a cada viajero que intentaba cruzar el umbral de las murallas.

Pagamos la tarifa reglamentaria, pero antes de seguir, decidimos indagar: —¿Hacia dónde debemos dirigirnos para hallar el portal hacia Mossborn?

—pregunté, tratando de no mostrar mi impaciencia.

—El portal se encuentra en el distrito central de la ciudad —respondió el guardia, sin apartar la vista de los recién llegados—.

Sin embargo, ahora mismo está en mantenimiento.

Les recomendaría ir mañana por la tarde si pretenden usarlo.

Deberían saber que tienen suerte; debido a las demoras en las reparaciones, el alcalde ha decretado cobrar solo un tael por persona durante este mes, normalmente asciende hasta 1 tael de oro.

Agradecimos al guardia mientras decidíamos nuestro siguiente paso.

Apolo estaba ansioso por buscar una espada que reemplazara la suya, ya vieja y carcomida por el óxido, mientras que Elowen y yo solo podíamos pensar en hallar una posada donde quedarnos.

—¿No sería mejor adquirir una en Mossborn, Apolo?

—pregunté ante la duda—.

Las armas de la capital deben de ser legendarias.

—Ciertamente, las espadas que encuentre allí serán superiores a cualquiera de aquí —respondió él, encogiéndose de hombros con desinterés—, pero me temo que sus precios ascenderán a valores que no podré costear.

Realmente me da lo mismo; ya que estamos varados aquí por un día, no pierdo nada con intentarlo.

—Está bien.

Por ahora, busquemos una posada —sentencié—.

Mañana tendremos tiempo de comprar lo necesario; después de todo, el portal no abrirá hasta la tarde.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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