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Born Of An End - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 Capitulo 10 Comida
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10: Capitulo 10: Comida 10: Capitulo 10: Comida El Señor Sandor y yo llegamos hasta donde estaba Emma.

Jugaba con otros niños, todos vestidos con camisas y pantalones mucho más limpios que los suyos.

Aun así, ella no parecía notarlo.

Reía con una ligereza que hacía tiempo no veía.

— Hola Emma ¿No tienes hambre?

— dije para llamar su atención.

Emma se giro sobre sus talones, me agarró de la mano y con una sonrisa de oreja a oreja, me presento con sus nuevos amigos.

— ¡Miren!

Él es Neil — anunció orgullosa.— Di ‘hola’, Neil Me quedé unos segundos en silencio, observando a los niños, sus miradas confusas se posaron en mí.

—Mmm… hola, niños — saludé, alzando la mano.— Espero que la estén pasando bien.

Ahora me llevaré a Emma, tenemos que comer algo.

Emma sin rechistar me acompaño al lado de un Señor Sandor callado.

— Adiós amigos — Emma balanceo levemente su mano mientras les mostraba una sonrisa.

— Adiós Emma — dijeron todos los niños a la vez.

Avanzamos por un sendero de tierra mientras la ceniza volvía a caer suavemente sobre nosotros.

Emma balanceaba mi mano con felicidad, ajena al gris que cubría el mundo.

El señor Sandor se detuvo de pronto y se dio la vuelta.

— Ey Neil déjame preguntarle a una persona donde queda un sitio para comer — De acuerdo Señor Sandor lo esperamos El Señor Sandor se giró nuevamente y comenzó a acercarse a una persona no tan a lo lejos.

Mientras él se alejaba, miré a Emma sacudiéndose la ceniza del cabello con torpeza.

— ¿Estás feliz Emma?

— Si.

Ahora que estás al lado mío estoy mucho mejor ¿Por qué lo preguntas Neil?

— Por estar por fin afuera y ver ese hermoso atardecer — le señale con el dedo índice el sol crepuscular.

— Siii es muy lindo ¿verdad?

— Emma me mostró una gran sonrisa.

— No tienes idea cuánto — al igual que Emma también le enseñe una gran sonrisa.

Emma de repente frunció el ceño y extendió la mano, dejando que la ceniza se acumulara en su palma.

— Por cierto Neil ¿Que es toda esta cosa que nos está cayendo?

¿Acaso es nieve?

Solté una pequeña risa al escuchar su pregunta.

— ¿Nieve?

Claro que no Emma — Entonces ¿Qué es?

— Me sorprende que no lo conozcas Emma.

Es ceniza.

Y es muy mala para nosotros — Si es tan mala ¿Por qué nos cae encima?

— Porque el Rey aparentemente está haciendo algunas travesuras, que provocan todo este paisaje un poco grisáceo — Ojalá ya no las provoque, no me quiero enfermar Neil.

Yo odio enfermarme — la voz de Emma sonaba triste.

— Si, ojalá paré el Rey pronto de hacer todo este desastre — dije con suavidad, mientras agarraba su mano fuertemente, pero no demasiado cómo para lastimarla.

Mientras miraba el atardecer nuevamente y veía cómo el Señor Sandor se acercaba poco a poco.

— ¿Cómo le fue Señor Sandor?

— Bien Neil, ya sé adónde dirigirnos — Está bien andando, no aguanto para comer algo diferente — Emma empujaba mi mano para hacerme caminar.

El Señor Sandor nos guío y Emma y yo lo seguimos.

Dentro de unos minutos de pura caminata, llegamos a una gran cabaña de madera más refinada que otras, nos acercamos a la entrada y nos sacudimos la ceniza.

Tanto de la ropa como de los zapatos y luego entramos.

El interior de la cabaña era más grande de lo que se veía a simple vista por fuera.

Tenía muchas mesas y asientos de madera en el centro.

Habia mucha gente sentada, comiendo o algunas otras haciendo algo tan básico como jugar cartas.

La cabaña tenía mucho pilares los cuales tenían incrustado antorchas.

Que alumbraban lo suficiente todo dentro de la cabaña.

A la izquierda de la entrada, se encontraba un mostrador y detrás de el, señoras con delantales blancos, sirviendo comida a las personas que hacían una fila horizontal.

— Hagamos fila — sugerí.

El Señor Sandor asintió con la cabeza y se puso en la fila, yo lo seguí con Emma justo detrás de mío.

Al estar dentro de la fila, me di cuenta que las personas de adelante nuestro, cargaban en sus manos unos platos de madera.

— Voy a ver uno de esos platos, no me tardó — De acuerdo — respondió el Señor Sandor Me puse a buscar esos platos de madera, hasta que encontré una canasta llena de cuencos refinados y muy bien ordenados.

Agarre tres platos y de paso tres cucharas del mismo material.

Regrese a la fila y a lo lejos se podía escuchar murmullos sobre nosotros.

— ¿Son ellos?

— ¿Te refieres a los que estuvieron por años encerrados en la cueva de wilmer?

— Sisi estoy seguro que son, simplemente mira los trapos que llevan puesto como ropa Uno de ellos se rió.

— ¡Ja!

Tienes razón Sentí la rabia subir… pero al ver a Emma balanceándose feliz en la fila, todo se disipó.

Esperamos unos minutos y por fin llegó nuestro turno.

— ¿Que van a querer muchachos?

— preguntó una Señora amigablemente.

Yo acerque mi cuenco de madera.

— ¿Qué podemos comer?

La Señora hizo un gesto con los dedos — Cómo que ¿Qué podemos comer?

pueden comer todo esto queridos ¡Espera!

Ustedes son las personas que estaban en la cueva ¿verdad?

— Acertó Señora ¿Por qué la pregunta?

— Por nada, solo quería saber de dónde vienen nuestros nuevos reclutas “¿Reclutas?” Me pareció rara la pregunta pero no le tomé importancia.

— Entonces ¿Cómo se llama esta comida?

— le señale con el dedo una holla de aluminio dónde tenía trozos de carne con verduras variadas.

— Eso se llama ‘Estofado de Carne’ ¿Te sirvo?

— afirmó la Señora mientras sacaba un cucharón de estofado.

Saliva se me acumulaba dentro de mi boca.

— Oooooh si porfavor y a Emma también — le acerque el cuenco de Emma.

— ¡SI!

— exclamó Emma.

— Aaaaaa entonces está pequeñita tan linda se llama Emma — la Señora le sirvió un cucharón de estofado a Emma.

— Disculpe, y esa montaña blanca de granos ¿Qué es?

— ¿Cuál?

¿El arroz?

— la Señora señaló con su cucharón al arroz.

— Sisi, porfavor sírvame eso y a Emma también — los ojos se me iluminaron y pequeña baba se salía de mi boca.

Después de elegir qué comer, me fijé en la mano agitada del Señor Sandor.

Nos tenía una mesa mediana preparada.

Al llegar a la mesa, Emma y yo nos sentamos uno al lado del otro.

— Y bien ¿Qué tal sabe Señor Sandor?

— ¿Ke cossa?

— dijo el Señor Sandor con los cachetes llenos de comida.

Me reí al verlo así.

— Nada nada — ¿Qué tal está Emma?

— ¿Ke cossa Neil?

— me lleve la sorpresa que Emma tenía los mismo cachetes que el Señor Sandor.

Mientras que sus ojos avellanas resplandecían de felicidad.

— ¿Tú también?

— me volvió a reír.

— Son tan iguales ustedes dos Agarre la cuchara de madera y la sumergí en el estofado de carne, acto seguido me lo metí a la boca, unas grandes explosiones de sabores estallaron y revolotearon en mi lengua.

“¡¿QUÉ ES ESTO?!

¡ESTA DEMASIADO RICO!” Trague la cucharada de estafado y seguí por el arroz.

“Que blandito es” una gran sonrisa salía de mis labios.

Seguí comiendo sin parar, inflando mis cachetes cada vez más.

Hasta que una gran explosión se escuchó a lo lejos de la cabaña.

Una gran voz resonó por todo el lugar — ¡URGENTE URGENTE!

¡NOS ATACAN, SON SAQUEADORES Y TIENEN A CRECIENTES CON ELLOS!

Rápidamente todos dentro del comedor se prepararon para salir a defender la pequeña base que tenían afuera de la cueva de wilmer.

Hasta que una voz firmé calmo el fulgor dentro del comedor.

Era Lena.

— ¡MIS GUERREROS!

—Lena flotó sobre la multitud.— ¡DEFENDAMOS ESTE LUGAR!

— su voz se alzó por encima de todos.— ¡NO PODEMOS PERMITIR QUE TOMEN NADA DE NOSOTROS!

¡NO NOS DEJAREMOS PISOTEAR!

¡¿VERDAD?!

Todos dentro del comedor alzaron sus armas y gritaron un gran ‘SI’ para Lena.

Mientras salían por la entrada a combatir.

Emma se paró en nuestro mesa y comenzó a saltar mientras agitaba los brazos, para llamar la atención de Lena.

— Emma cuidado ¿Que hace…?

Lena se fijó en Emma y descendió levemente.

— Holaaa Lena ¿Me recuerdas?

Lena le ofreció una sonrisa.

— Por supuesto que si pequeña Emma — dijo Lena mientras le acariciaba la cabeza a Emma.

Lena al terminar de acariciarle el pelo a Emma, su atención se dirigió hacia mi.

— Veo que te reencontraste con ella y con otro amigo tuyo — Lena puso una mano sobre su cadera.

— Si.

El es el Señor Sandor es mi mentor El Señor Sandor le ofreció una reverencia a Lena — Un placer conocerla doncella.

Le agradezco por traerme de vuelta a este cabeza de chorlito y una disculpa si le ocasionó muchos problemas — ¡Oh!

Porfavor levanté la cabeza Señor Sandor y no fue nada, me cayó muy bien su cabeza de chorlito — Lena solto una pequeña risita mientras seguía viéndome.

— ¡CAPITANA LENA!

— ¡¿DONDE SE ENCUENTRA?!

Leno se giro, alzó y agito su mano.

— ¡JUSTO AQUI NESS Y STACK!

Detrás de Lena aparecieron dos chicos.

Uno de ellos tenía puesto una camiseta de lino tan blanca como la nieve, y por encima una armadura de cuero.

El chico muy desesperado dijo: — ¡Capitana Lena la necesitamos en el combate!

— Lo siento Ness tuve un reencuentro con amigos que hice hoy Ness nos lanzó una mirada de inspección y sus ojos verde hoja se cruzaron con los míos.

— Ellos son los que estuvieron en la cueva ¿Verdad?

— Si.

Dejen que me encargue de ellos y luego voy con ustedes Stack se acerco.

Su camisa negra y armadura de cuero fue lo primero que ví.

Mientras que sus ojos rojos mostraban frustración.

— Capitana Lena.

Ellos también tiene a Crecientes y están ganando terreno sobre nosotros.

¡La necesitas ahora!

Lena se quedó pensando unos instantes.

— ¡Está bien, voy enseguida!

Lena se acercó a mi.

— La situación es peligrosa.

Toma estás llaves Neil, sigue derecho y encontrarás unas habitaciones — Lena miró a Emma y luego a mi.— Neil protegela Yo agarre las llaves y asentí con firmeza.

Y Lena se dirigió a la entrada de la cabaña.

— Ness, Stak ¡Conmigo!

Lena salió por la puerta con velocidad mientras que por detrás de ella, los seguía Ness y Stak.

Hasta que los perdí de vista.

— Tenemos que irnos, no estábamos a salvo aquí El Señor Sandor asintió nervioso.

Me dirigí a Emma y me agache para estar casi a su altura.

— Escucha Emma, te voy a cargar, necesitamos ser rápidos y tú no eres tan veloz como un adulto ¿De acuerdo?

— me gire y espere que ella subiera.

— ¡De acuerdo!

— respondió Emma, mientras subía a mi espalda.

Al estar preparados nos dirigimos a la entrada de la cabaña.

Cuando salimos, el campo de batalla se abrió ante nosotros: gritos, sangre, ceniza y fuego mezclados bajo el sol.

— ¡TOMEN ESTO MALDITOS SAQUEADORES!

— rugió una voz, seguido del choque violento del metal.

— ¡NO NO!

¡ERIC LEVÁNTATE POR FAVOR!

— suplicó alguien entre sollozos.— ¡NO TE MUERAS!

Un grito desgarrador sonó a lo lejos — ¡NOOOOO!

¡NO ME DEJES EMILI TE LO IMPLORO!

Trague saliva con dificultad.

Se veían a ambos bandos, guerreros y saqueadores, defensores y atacantes, ambos bandos estaban llenos de sangre de los unos a los otros, mientras que el sol crepuscular y ceniza les cubría como un manto silencioso.

Cuerpos caían, otros eran arrastrados, algunos simplemente quedaban inmóviles, mirando al cielo gris sin parpadear.

A lo lejos, estallidos de energía iluminaban el campo de batalla con colores antinaturales: rojos, verdes, dorados y azules.

Con cada explosión, la ceniza danzaba en el aire como mariposas condenadas, bellas y erráticas.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

— T-tenemos que irnos sin llamar la atención — murmuré, apenas encontrando mi voz.

— Te sigo Neil — respondió el Señor Sandor, con el rostro pálido y la mandíbula tensa.

— Emma cierra tus ojitos por favor — ¿Por qué…?

— susurró.

— Confía en mí — le pedí.— Solo abrázame fuerte.

Sentí sus pequeños brazos rodear mi cuello.

— esta bien — Emma apretó su cara contra mi espalda Avancé paso a paso, conteniendo la respiración.

Cada grito me hacía estremecer, cada choque de armas me hacía pensar que alguien aparecería frente a nosotros en cualquier momento.

— ¡RETROCEDAN!

¡TIENEN A UN SAQUEADOR!

— gritó un guerrero a nuestra izquierda.

La sangre se me congeló y mis piernas amenazaron con fallar, pero apreté los dientes.

“No mires atrás.

No retrocedas.

No pienses ¡Solo avanza!” — Por favor — murmuré, sin darme cuenta.— Si existe algún Dios, cualquiera, no importa quien sea, que me dé la fuerza suficiente para protegerlos Di un paso, luego otro.

La muerte estaba a solo un error de distancia.

Sentí temblores de Emma en mi espalda mientras susurraba: — Tengo mucho miedo Al escucharla supe que no podía fallar.

Con el corazón golpeándome el pecho y la ceniza cubriéndonos como un sudario, nos internamos entre el caos, buscando las habitaciones… buscando sobrevivir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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