Born Of An End - Capítulo 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: Capitulo 4: Sacrificio 4: Capitulo 4: Sacrificio POV DE ALICE: Es una noche tranquila, podía oír a los grillos grillar gracias a sus alas.
Me levanté de mi cama y me alisté para salir está noche.
Agarre mi bolso, hecho de tela desgastada.
Por el precio tan barato que estaba.
Subí a la tercera planta, dónde seguía acostada la Señora Rosario.
Aparentemente dormida.
Me acerqué con suma delicadeza de no hacer ruido a la cama de la Señora Rosario.
Me agaché debajo de su cama para sacar una caja de cartón.
La arrastre muy despacio para que no crujiera.
Al sacar la caja, comencé a rebuscar en su interior.
Finalmente agarré un frasco grande de cristal, casi llena de monedas, algunas de cobre y muy pocas de hierro.
Este frasco contenía todos los ahorros que hemos hecho por todos estos años Neil Edgar y yo.
Me puse el frasco en el pecho y lo apreté con fuerza.
“Se que Neil y Edgar me prohibieron hacer trueques no legales, pero, ninguna tienda de esta Cuidadela tiene la medicina de mi mamá Rosario e ir a un pueblo saldría más caro, no tengo de otra que confíar, ellos me darán la razón cuando obtenga la medicina, no pasa nada Alice” Coloque el frasco a mi costado y puse la caja de cartón con sumo cuidado en su lugar.
Solte levemente un suspiro, agarre nuevamente el frasco de monedas y lo guarde en mi bolso desgastado.
Me pare y baje de la tercera planta, a llegar a la segunda, fui directamente a la puerta.
Gire la chapa con cuidado, pero las bisagras oxidadas no ayudaron mucho.
Inmediatamente miré para todos lados y comprobar qué no allá nadie despierto por el fuerte ruido que ocasione.
“Siguen dormidos ¡Rayos casi te descubren Alice, ten más cuidado!” me reprendí internamente.
Salí del edificio abandonado.
Mi hogar.
Con prisa me dirijo a la panadería del Señor Grin, mientras paso por el sendero que he pasado por años con mis hermanos.
“Perdónenme, se los pagaré ¡Lo juro!
Se que es el esfuerzo de todos estos años y que acordamos comprar una linda casa para todos ¡Pero ella no puedo esperar!
¡Mi mamá Rosario no puede morir!
Ellos no lo notan pero yo si.
Ya no se despierta todos los días, Neil y Edgar quieren seguir avanzando porque se que ella se los pidió, pero yo no…
¡No sin ella!
¡Y todo es culpa de esa plaga que la carcome por dentro!” Mis ojos comenzaron a votar pequeñas lágrimas, pero me las limpié al instante.
“¡Tranquilízate Alice tranquilízate!
Ellos seguro que entenderán el porque agarre todos nuestros ahorros, simplemente les diré la verdad cuando tenga la medicina ¡Si!
¡Ellos lo entenderán!
Necesito apresurarme” Al convencerme de mi decisión me apresuré para llegar más rápido a mi destino.
Dentro de unos minutos, llegué a la panadería – ¿Dónde está?
– mire para todos lados.
A lo lejos se ve a una persona completamente encapuchada acercandose poco a poco, pestañee un segundo y el encapuchado desapareció por completo.
Al instante escuché una voz bufona a mi costado decir: — Hola querida La piel se me erizó pero no deje que me intimidara.
– Si hola.
Ahora dame lo que acordamos – declaré, mientras estiraba el brazo y abría la mano.
– Vamos querida ¿No quieres pasar y tomar un té?
– No gracias – conteste cortante y con una sonrisa falsa.
– Vamos, dime la verdad ¿Cómo te sientes después de traicionar a tus queridísimos amigos?
– pregunto entre risas.
Las palabras salieron como cuchillos a través de mi garganta por oir ‘traicionar a tus queridisimos amigos’ – ¡No los traicione!
Se los devolveré y les diré la verdad, pero primero es esto, no puedo aguantar y seguir esperando mientras que mi mamá sigue en esa cama muriéndose Al oír mi respuesta el encapuchado comenzó a reírse, mientras con su mano derecha, se tapaba la boca no completamente.
La sangre me hirvio por su risa.
Pero lo ignore.
El simplemente continuo riendose, era como si le divirtiera está situación.
“Que irritante” apreté el puño con fuerza.
– Bueno, si solo vienes para reírte mejor me voy – expresé enojana.
Me gire al costado para regresar, de repente noté como algo me agarro del brazo con fuerza.
Era él…
Forcejee para que me soltará, pero fue inútil, no logré nada.
El encapuchado con una voz fría dijo: — No querida, no te puedes ir todavía.
De hecho, me servirás para otra cosa y que es más grande que tú o que yo El encapuchado me dió un golpe directamente a mi cabeza.
Todo se oscureció y lo último que escuche fue su risa bufona levemente.
POV DE NEIL: Nos adentramos en el misterioso bosque, los habitantes de la Ciudadela lo llaman ‘Bosque de Yelblick’ por un cuento que años atrás rondaba.
Los grandes árboles de gruesos troncos nos obstruian el camino, si es que teníamos un camino que seguir.
– Neil vamos a separarnos para encontrarla más rápido – Está bien Edgar iré a la izquierda – De acuerdo, entonces yo iré a la otra dirección Fui a mi izquierda pasando por un montón de arbustos con bayas, dudosamente comestibles.
“¡Debo apresurarme y encontrar a Alice!” Al mencionarla mi mente se lleno de recuerdos de ella, recuerdos donde sonreía, dónde era fuerte a pesar de las adversidades y a veces, recuerdos donde se la notaba con una tristeza que no compartía.
La seguí buscando por un buen rato, hasta que se escucharon varias ramas crujir, aproximandose a mi posición.
Rápidamente corrí hacia unos arbustos y me escondí.
Una voz conocida dijo: – Rayos ¿Dónde estás?
Me asomé por el pequeño espacio que dejaban las hojas del arbusto, ví a un muchacho de cabello blanco como la nieve.
Con eso, salí de mi escondite.
– ¡EDGAAR!
¡¿Encontraste a Alic…?!
Edgar me puso una mano en mi boca para callarme mientras susurraba un ‘shhh’.
– silencio neil – musitó Edgar y me saco su mano de mi boca.
– ¿¡sabes algo!?
– si, los ví pero creo que ellos a mí también, rayos no sé si me siguieron neil estoy preocupado – ¿entonces sabes dónde están?
– si, sígueme te lo mostraré – de acuerdo – susurré y mientras esbozaba una pequeña sonrisa de alivió pero se borró al instante por oir una voz en las sombras.
– Hyo hyo hyo, ooooh queridos, no pensé que nos veríamos tan pronto Sentí como mi cara se deformaba poco a poco dando solo enojo y rencor para el hombre.
– ¿¡DÓNDE TIENES A ALICE BASTARDO!?
El hombre salió de su escondite y levantó su mano izquierda dónde tenía colgando del brazo a mi hermana.
Con su otra mano, el encapuchado levantó su capucha como un telón y con una sonrisa dijo: – Aquí la tengo Mis ojos se abrieron como platos al verle la cara al secuestrador de mi hermana.
Era él Señor Grin.
“¿Por qué…?
¿Por qué el Señor Grin tiene a Alice?
¡¿En qué te has metido Alice?!” Pensé con frustración hasta que un grito me sacó de mis pensamientos.
– ¡SUÉLTALA MALDITO!
– rugió Edgar con enojo mientras se acercaba poco a poco al Señor Grin – ¡PORQUE RAPTASTE A ALICE!
El Señor Grin le respondió con una carcajada a Edgar.
– Hay queridos, de hecho les estoy haciendo un favor, no querrán vivir con una sucia rata mentirosa ¿no?
– comentó mientras agitaba a Alice.
Edgar paró y agachó la cabeza, con un susurro temeroso dijo: – ¿qué quieres decir?
– Hyo hyo hyo – aplaudió el Señor Grin – Veo que no lo saben, está bien, les diré – el Señor Grin tiro un frasco grande con puras monedas de cobre y una que otra de plata.
Era un frasco que reconocía bien – Su queridísima amiga Alice los traicionó, siii, les mintió y les apuñaló la espalda, solo para sus deseos egoístas – explico entre risas.
El frasco de monedas seguía rodando hasta que llegó a mis pies.
Lo mire y enseguida apreté el puño.
– Mientes, Alice es nuestra hermana, no haría tal cosa, ella no…
– trague con pesadez, quería seguir defendiendola, quería darle una respuesta lógica para tener la razón yo y no él, quería hacerle saber que Alice no haría algo así a pesar de todo lo que hemos pasado juntos, sin embargo, cada palabra que salía de mi paladar era como vidrios que me atravesaban con furia, porque lo que quería decir, no era lo que pensaba realmente en ese instante…
Apreté mis puños con mucha fuerza, por la impotencia que tenía en ese momento.
De la espalda del Señor Grin aparecieron dos grandes y corpulentos soldados.
Tenían armaduras desgastadas por los años en combate, impregnada por todo sus cuerpos.
Los soldados llevaban puesto un casco con un símbolo de cuatro direcciones (arriba, abajo, izquierda y derecha).
– Nos cansamos de esperar Grin, Morlo se quiere ir pronto a casa – dijo el soldado que tenía una grieta por el ojo del casco.
– De acuerdo, acaben con esto, me divertí lo suficiente – ¡Por fin!
Andando Oscar – expreso entusiasmado Morlo arrastrando una lanza afilada en los dos extremos.
Oscar asintió y coloco su lanza en el hombro, aproximandose a Edgar y a mí.
Edgar se puso rápidamente a mi lado – Neil escucha, yo tomo a Alice te la doy y corres ¿de acuerdo?
– musitó Edgar.
Un gota fría de sudor me recorrió el costado de la cara y mi respiración comenzó a agitarse al oir el plan de Edgar.
– ¿Y-Y tú?
– No tenemos tiempo Neil, confía en mí, solo has lo que te dije Quería reprocharle su plan pero antes que lo hiciera, Edgar con rapidez se aproximo al Señor Grin mientras sacaba su Daga desgastada.
Oscar y Morlo sin muchos problemas le lanzaron un ataque a Edgar.
Preparado para el ataque, Edgar se puso en guardia, esquivando por instinto el primer golpe que le envío Morlo y deslizándose debajo del segundo golpe que era de Oscar, dejándolos atrás.
Oscar y Morlo se quedaron impactados por la rapidez y destreza de Edgar, casi pensándolo al mismo tiempo dijeron: “Es talentoso” Mientras que Edgar los dejaba atrás solo había una persona que se interponía entre Alice y él, ese obstáculo era su anterior Jefe, el Señor Grin.
Con rapidez, Edgar se preparó para apuñalar al Señor Grin sin embargo, el Señor Grin sin inmutarse le dió una cachetada tan fuerte a Edgar que lo mando volando a su izquierda, chocando contra el suelo, provocando que Edgar soltará su Daga por el impacto.
Edgar se paró con dificultad y volvió atacar al Señor Grin, está vez, con una patada que el Señor Grin fácilmente contrarresto, Edgar rápidamente lanzó un golpe que él Señor Grin paro con una mano.
Cómo si se estuviera divirtiendo el Señor Grin mostró una sonrisa de satisfacción y luego le dobló la mano a Edgar.
Edgar inmediatamente cayó al suelo retorciéndose del dolor con lágrimas en los ojos.
– ¡AGH!
¡AAAAAAAAAAAAH!
– ¡Haya vamos Grin!
– dijo Oscar a lo lejos.
– ¡Yo me encargo!
El Señor Grin se acercó a Edgar estando cara a cara.
– Querido debiste tener mucha más que solo valentía si querías enfrentarte a mi.
Edgar miró directamente los ojos turquesas del Señor Grin y aún con dolor le lanzo una sonrisa.
– Bueno…
creo que también soy astuto – inmediatamente Edgar le lanzó un puñado de tierra al Señor Grin, que fueron directamente a sus ojos.
El Señor Grin solto a Alice y por instinto humano, puso sus manos sobre sus ojos para sacarse la tierra.
– ¡Aaaaaaaah mierda mis ojos!
Al ver la oportunidad salí de un arbusto, agarre rápidamente a Alice cargándola en mi espalda.
– ¡VÁMONOS RÁPIDO EDGAR HAY QUE PEDIR AYUDA!
Edgar con las pocas fuerzas que le quedaban agarró su daga y corrimos detrás del Señor Grin.
– ¿Estás bien Grin?
– pregunto Morlo mientras se aguantaba la risa al ver al hombre agonizar por sus ojos.
– ¡Cállate!
Está vez no sere gentil con ustedes pequeños niños – expreso con furia y ardor en sus ojos.
****** Corrimos sin parar, tratando de encontrar la salida del bosque sin embargo me di cuenta que estábamos perdidos y paramos para reponer fuerzas.
– ¿Estás bien Edgar?
– pregunté por su evidente mano hinchada y morada.
– Si, solo tenemos que salir de aquí y pedir ayuda lo más rápido posible – Está bien, pero ¿Qué haremos con Alice?
No se despierta no importa cuanto la mueva o gritemos, nada parece funcionar ¡Algo le hicieron Edgar!
– Con más razón tenemos que encontrar la salida de este bosque Neil – declaró Edgar con dolor mientras que las gotas de su cara caían como una cascada.
Después de unos segundos una voz nos sacó de nuestro pequeño descanso.
– ¡OOOOOOH SALGAN NIÑOS, TERMINEMOS CON ESTO RÁPIDO Y SERÁ MEJOR PARA AMBOS!
– gritó el Señor Grin.
– Mierda, vámonos Edgar – Edgar asintió y comenzamos nuevamente a correr, pero no tan sigilosos como desearía por los diversos arbusto del bosque y una que otra rama que crujía.
– ¡LOS ESCUCHÉ NIÑOS!
LOS ATRAPARE, YA VERAN, LOS ATRAPAREEE – expreso con locura el Señor Grin.
Ignoramos sus gritos pero el miedo que sentía en ese instante era palpable, tenía tanto miedo de que algo hiciera ese Señor a mi o a mis hermanos, me daba tanto asco que la piel se me erizaba cada vez más.
De pronto ví luz detrás de unos árboles y la esperanza me regreso “¡Sii maldita sea, la salida!” Pase rápidamente esos últimos árboles y solo pude ver la más pura luna llena, a la altura de mis ojos.
“¿cómo?” Al instante Edgar tiro de Alice por ende a mi también, haciendome caer sobre mi trasero.
– ¡TEN MÁS CUIDADO NEIL, CASI TE CAES!
– ¿Caer?
¿Cómo que caer?
– dije atónito y mis ojos se dirigieron al barranco que tenía en frente de mí.
Extendí mis ojos al saber lo que eso significaba.
“Mierda” Rápidamente me puse de pie y con mi mano izquierda agarré la mano de Edgar para movernos ya que estar en un lugar como este era prácticamente…
– Jaque Mate – escuché decir al Señor Grin como si me robara las palabras de la boca.
Me toque la cara incrédulo de nuestra suerte, después de todo lo pasamos, lo que hizo Edgar, ¿Así iba a terminar todo?
¿¡ENSERIO?!.
El Señor Grin se estaba acercando poco a poco con una mirada fulminante y sonrisa maniática, mientras que Oscar y Morlo hablaban de cosas que no podía escuchar, ya que el shock por la situación me gano, permitiendo que escuche o piense, nada.
Una cachetada me saco de mi trance.
Era Edgar, sus ojos lazulis me miraron desesperansados.
– Neil… tengo un plan — dijo Edgar.
Su voz sonaba firme, pero su mano derecha temblaba.
Lo vi.
Lo vi demasiado bien.
– Escucha – continuó.- no tenemos mucho tiempo.
La única forma de que no todos muramos aquí es que tú y Alice salten por el barranco.
Yo distraeré al señor Grin.
Tranquilo… esos árboles son enormes.
Sus hojas amortiguarán gran parte de la caída.
Mi voz se quebró antes incluso de terminar de salir.
– ¡¿ESTÁS LOCO, EDGAR?!
– grité.- ¡¿Y TÚ QUÉ?!
¡¿QUÉ PASARÁ CONTIGO?!
Edgar tampoco lo soporto y su voz se rompió con cada palabra que salía de su boca, a la vez que sus dientes chocaban repetitivamente entre si ya que estaba temblando.
– ¡NO LO SE NEIL!
– respondió, con lágrimas acumulándose en sus ojos.- Simplemente no se me ocurre algo más, solo…
Solo tengo tanto miedo Antes de que pudiera responder, una voz áspera y burlona cortó el aire.
– Que conmovedor niños, simplemente tan conmovedor, bueno, aquí acaba todo – el Señor Grin corrió con rapidez para atraparnos en sus garras.
– ¡ES AHORA O NUNCA NEIL!
– Edgar corrió hacia el Señor Grin y detenerlo.
Con el reloj en contra tenía que pensar en un plan y tomar una decisión rápida, mi cabeza se llenó de tantas dudas, tantas posibilidades, tantos fracasos y solo tome un camino…
Oscar y Morlon se apresuraron para detener a Edgar, con una rapidez que parecía imposible por la gran armadura que llevaban.
Edgar estaba apunto de sacar su Daga hasta que agarre su camisa, tirandolo para atrás, lamentándome de mi decisión y a mi falta de fuerza por no hacer otra cosa más, le di a Alice y sin dejarle reaccionar empuje a mis hermanos por el barranco.
Edgar me miró mientras caía.
Incrédulo.
Desesperado.
Impotente.
Yo le sonreí.
Una sonrisa cálida.
Falsa.
Temblorosa.
– Encuéntrame, hermano… – le dije, ocultando el miedo que me estaba devorando.
Entonces, un golpe seco impactó contra mi nuca.
La luz desapareció.
Mi conciencia se deshizo en una oscuridad borrosa, indefinida.
El tiempo dejó de tener sentido.
Segundos que parecían horas.
Horas que se evaporaban.
A veces abría los ojos.
Y un vidrio me recibía.
Con mi cabeza apoyada contra la pared transparente de una carroza.
Y entonces, escuché débilmente: – Esto no es lo que acordamos Grin – dijo alguien con un claro enojo en su voz.
– Lo se caballeros, pero sigue siendo un niño y es muy fuerte y sano, se los aseguro – explico nervioso el que parecía ser el Señor Grin.
– Bueno, eso esperábamos Grin ¡Porque como sea otro de esos niños que nos das y se muere en un par de semanas el próximo al que llevaremos será a tí!
¡¿Entendiste?!
– S-Si p-por supuesto Señor – respondió alterado el Señor Grin.
Mi mente no pudo más y la oscuridad volvió a tragarse todo.
****** – Ey…
muchacho…
¿Cómo te llamas?
– Escuche mientras abría mis ojos con un poco de dificultad y la voz volvió a repetir – Ey chico – insistió la voz.
– ¿Puedes escucharme?
De pronto sentí como mi alma regresaba a mi cuerpo y lanzando un grito ahogado dije: – ¡ALICE!
Mi cuerpo se desplomó contra la roca.
Voces se acercaron, pasos, murmullos… pero ya no escuché nada más.
Solo su nombre ‘Alice’ Entonces, me enteré que estaba en una cueva.
Sin saber que ese lugar sería mi prisión durante años.
Luego, parpadeé.
La mina volvió a existir.
El techo con rocas puntiagudas que parecían colmillos, las antorchas temblorosas, el polvo flotando en el aire.
El eco lejano de los picos golpeando la roca.
El olor a humedad y metal.
– Neil…
– la voz de Emma fue lo primero en escuchar, apagada, como si atravesara agua espesa.— Neil… ¿estás bien?
Mi pecho seguía ardiendo.
Sentí una presión en la mano.
Miré hacia abajo.
Era Emma.
Sus dedos pequeños rodeaban los míos con fuerza, como si temiera que desapareciera si me soltaba.
Sus ojos avellana me observaban con preocupación genuina, sin entender del todo qué me había pasado, pero sabiendo que algo no estaba bien.
– Te quedaste callado… – dijo ella en voz baja.- Pensé que… – tragó saliva – pensé que te habías ido Yo sí me fui.
Apreté los labios.
El nombre seguía ahí, clavado en mi garganta.
Alice.
Respiré hondo.
Una vez.
Dos.
El aire raspó por dentro, pero no dolió tanto como el recuerdo.
– Estoy aquí – dije al fin, forzando una sonrisa.- Perdón… solo me distraje un poco Emma frunció el ceño, como si no me creyera del todo, pero no insistió.
En lugar de eso, dio un paso más cerca y apoyó su frente contra mi brazo.
– No me gusta cuando te pones así – murmuró.- Te ves… triste.
Mi mano tembló.
La cerré con cuidado alrededor de la suya, consciente de mi fuerza, consciente de su fragilidad.
– No pasa nada – continúe.- Prometo que no me iré No sabía a quién se lo estaba prometiendo.
A ella, o a los fantasmas que seguían llamándome desde el fondo de mi memoria.
– ¿Seguimos?
– preguntó Emma, intentando sonar animada.- Dijiste que hoy tal vez no eran galletas.
Asentí.
– Sí… sigamos Dimos el primer paso.
El sonido del pico volvió a golpear la roca, seco, constante.
El mundo siguió girando como si nada hubiera pasado.
Pero yo lo sentía.
El peso de una decisión tomada hace años.
El eco de una caída que nunca terminé de escuchar.
Y la certeza de que, aunque hubiera enterrado esos recuerdos, nunca me habían soltado.
No del todo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com