Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

CADENAS - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. CADENAS
  3. Capítulo 29 - Capítulo 29: Lince
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 29: Lince

El cementerio había dejado de ser un cementerio hacía tiempo.

Lo que alguna vez fue un terreno cuidado, con senderos de piedra y lápidas ordenadas, ahora era solo un páramo irregular bajo un cielo indiferente. La tierra estaba removida en muchos lugares; algunas tumbas permanecían abiertas, mientras otras habían sido cubiertas con una prisa que rozaba el desprecio. El viento movía la hierba seca entre montículos de tierra que marcaban la posición de cuerpos enterrados sin nombre, sin flores y sin llanto.

Allí estaba Khota.

Era una mujer alta, de una presencia severa que parecía enfriar el aire a su alrededor. Su cabello rubio caía largo por su espalda, oscureciéndose en las puntas hasta alcanzar un azul profundo, como el color del oceano. Ella era la segunda al mando de todo el Ejército de Liberación, solo por detrás de Sol.

El acuerdo de las divisiones era una estructura de poder rígida: Cuando las divisiones se unieron, el acuerdo había sido claro, cuando el reino cayera, el líder de la Primera División sería el gobernador. Y el líder de la división Rosa Azul ocuparía el segundo lugar de poder.

Pero había una cláusula más.

Si el líder de la Primera División no podía gobernar por heridas, encarcelamiento o muere entonces el poder total pasaría al líder de la división Flor Azul.

Khota estaba frente a una tumba anónima. En su mano sostenía una botella de Lince.

Era un licor barato, un alcohol áspero y castigador que solo compraban los ganaderos o los mineros para entumecer el cuerpo tras la jornada. En algunas temporadas, aquella ponzoña era incluso más barata que el agua potable. Khota inclinó la botella con desdén. El líquido cayó sobre la tierra seca de la tumba.

— No entiendo cómo te gustaba tanto esta basura.

El olor penetrante y agrio del licor se mezcló con el polvo.

— Un montón de sobrantes puestos a la venta para denigrar más a las clases bajas.

Terminó de verter casi todo el contenido, dejando apenas un fondo en el cristal. Levantó la botella hacia el cielo gris en un brindis solitario.

— Salud.

Bebió. El sabor la golpeó como un puñetazo en la garganta. Khota tosió, frunciendo el rostro en una mueca de asco genuino.

— Maldita sea…

Se limpió la boca con el dorso de la mano, con los ojos empañados por el ardor del alcohol.

— Me hubiera gustado ver tu tonta cara cuando te venciera. Demostrar que soy más fuerte que tú.

Dejó la botella sobre la lápida improvisada y su voz bajó de volumen, perdiendo su filo.

— Pero bueno… Yo estoy viva y tú…

Se encogió de hombros con una indiferencia que no terminaba de cuajar.

— Supongo que gané.

Se quedó callada un segundo, observando el vidrio barato. Luego, con un leve toque del dedo, empujó la botella. El envase cayó al suelo con un golpe seco y rodó por la tierra hasta detenerse.

— Qué victoria tan mediocre.

— Khota.

La voz llegó desde atrás. Khota se giró para encontrar a Rogue. La vicecapitana era mucho más baja, obligando a Khota a inclinar la mirada para encontrar sus ojos.

— ¿Qué quieres?

Rogue se veía nerviosa, jugueteando con sus manos.

— Lo siento, Khota… es que… ya nos pusimos en contacto con la división de Sol.

Khota cruzó los brazos, recuperando su armadura de frialdad.

— ¿Ah, sí? Al fin aparece ese sinvergüenza. ¿Cuándo llegarán al campamento?

Rogue dudó un instante, buscando las palabras.

— Ese es el problema. Parece que no tienen suministros para moverse. Y varios soldados están heridos.

Sacó un papel arrugado, manchado de tinta y trazos torcidos que apenas lograban formar conceptos legibles. Khota estudió los garabatos: Ubicación. Heridos. Moverse imposible.

Khota suspiró. Chasqueó los dedos y la botella que yacía en el suelo se rompió de golpe, aplastada por una presión invisible. Los fragmentos de vidrio se hundieron en la tierra.

— Organiza un grupo pequeño. Habla de esto con los viejos de las divisiones pequeñas.

— Sí, señora.

— Y prepárate para darles una visita.

Rogue hizo una pequeña reverencia y se marchó. Khota se quedó sola una vez más, mientras el viento arrastraba el olor del licor barato sobre las tumbas sin nombre.

Zen despertó con la sensación de que su cuerpo había sido reemplazado por piedra. No era un dolor agudo, sino una pesadez constante que le recordaba cada golpe y corte recibido. Las vendas envolvían sus brazos, su torso y parte de su cuello como una segunda piel de tela blanca.

Miró alrededor de la tienda. Estaba solo.

Zen se sentó, esperando que sus músculos protestaran, pero su cuerpo respondió con una obediencia sorda. Se vistió con la ropa doblada cerca de la camilla, ajustó su cinturón y caminó hacia la salida. Al apartar la lona, chocó de frente con una soldado encargada de su vigilancia. El impacto la envió al suelo.

Zen la observó desde su altura y le tendió la mano. La chica la tomó, levantándose de un salto, alarmada.

— ¡No deberías estar moviéndote! ¡Debes volver a la cama!

Zen la ignoró por completo.

— ¿Dónde está Nezu? Debo preguntarle algo.

— No. Hablarán después.

Zen comenzó a caminar ignorandola pero. Ella se puso delante de él extendiendo sus brazos.

—Por favor, vuelve a la cam—

Zen simplemente la rodeó y siguió caminando. La chica apretó los labios, frustrada.

— ¡Espera!

Viendo que no se detendría, la soldado soltó una pregunta desesperada:

— ¿Cuál es la pregunta? Quizá tenga la respuesta.

Zen se detuvo en seco. Pensó un segundo y habló con su habitual calma plana.

— ¿Por qué cuando lo di todo… no sentí nada al perder? ¿Qué se supone que debo sentir cuando pierdo?

Miró hacia el suelo, hacia sus propias manos.

— Ahora mismo solo me siento vacío.

La chica se quedó en silencio, rascándose la cabeza con torpeza ante una pregunta que no sabía cómo procesar. Finalmente, señaló una tienda a lo lejos.

—La… la de Nezu es esa.

Zen asintió y retomó su camino.

Al entrar en la tienda de Nezu, Zen levantó la lona con un murmullo.

— Disculpen…

Se detuvo. Nezu y Somi estaban enfrascados en una lucha de fuerzas sobre una mesa improvisada. Tenían las manos apretadas y los rostros tensos por el esfuerzo de la vencida. Nezu se distrajo al ver la entrada y Somi aprovechó el instante para empujar con todo su peso. La mano de Nezu golpeó la madera.

— ¡Gane!

Somi saltó de su asiento con los brazos en alto, rebosante de felicidad.

— ¡Sí!

— Tramposa… — murmuró Nezu, recostándose en la silla. Miró a Zen

Zen avanzó un poco dentro de la tienda.

—Perdón por interrumpir.

—No interrumpes nada. Claramente estaba perdiendo. ¿Qué necesitas?

Zen se plantó frente a ellos, con una sombra de duda cruzándole el rostro.

— Tengo una duda.

Nezu miró a Somi un momento. Luego volvió a Zen.

—Adelante.

Zen habló despacio.

—En estas últimas semanas he notado lo fuerte que puedo ser si escucho más a mi cabeza. Si intento lograr todo lo que imagino en combate. Si me obligo a evolucionar constantemente. Eso es lo que hice en Brumael. Y eso es lo que hice en la muralla.

Somi escuchaba con una atención casi religiosa.

— Se sintió… muy bien — continuó Zen —. Pero ahora que lo volví a hacer, más que nunca antes, no fue suficiente. Llegué a mi tope. Y esta vez no se sintió bien. Solo siento vacío.

Somi estaba boquiabierta; jamás había escuchado a Zen articular tantos pensamientos juntos. Nezu, sin embargo, mantenía una expresión analítica.

— ¿Por qué me haces esa pregunta a mí?

— Porque siempre dices cosas geniales.

Nezu parpadeó, descolocado. Somi asintió con entusiasmo.

— Es verdad. Eres muy bueno dando consejos. Por eso eres mi maestro.

— No soy tu maestro — replicó Nezu, con las orejas ligeramente rojas

Zen inclinó la cabeza.

—¿Puedes responderme, maestro?

Nezu suspiró.

—Zen, no le sigas el juego. No tengo una respuesta que te satisfaga.

Zen lo miró.

—¿De verdad nada?

Nezu negó con la cabeza.

—Es algo que debes buscar por ti mismo —Dice cruzandose de brasos— Sabes por qué sigues luchando. Pero tal vez deberías pensar hasta cuándo debes hacerlo.

— ¿Crees que existe un resultado final que te satisfaga por toda tu vida?

Añadió Nezu. Zen se sumergió en sus pensamientos durante un rato largo. Finalmente, se dio la vuelta hacia la salida.

— Tienes razón. Esa respuesta no me hizo sentir satisfecho.

— Zen.

El chico miró de reojo desde la entrada.

— La evolución no tiene tope.

Zen no respondió y se perdió tras la lona. Somi lo vio alejarse y se giró hacia Nezu.

— Estaba mintiendo… ¿no?

Nezu levantó una ceja.

—¿Lo notaste?

Somi se encogió de hombros.

—Es solo una suposición.

Nezu negó suavemente.

—No creo que mintiera con intención. Simplemente no sabe lo que siente.

— ¿Frustración? — sugirió Somi.

— Exacto. Darlo todo, traspasar tus límites y aun así perder… es realmente doloroso. Él ya no siente el vacío del que habla. Siente dolor.

Somi lo miró impresionada por la profundidad de la observación, pero decidió cambiar el aire de la tienda. Apoyó su brazo izquierdo sobre la mesa con determinación.

— ¿Otra ronda?

— No — respondió Nezu, levantándose —. Quiero jugar otras cosas.

— Bueno… Sol me dio una caja con un montón de juegos.

Se inclinó hacia una caja cerca de la cama.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo