CADENAS - Capítulo 30
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Capítulo 30: Mediciones
El páramo se extendía como una herida abierta, despojado de vida.
El viento arrastraba nubes de polvo y ceniza que se pegaban a la piel mientras Khota avanzaba al frente. Caminaba con pasos firmes, una columna de autoridad que no necesitaba mirar atrás para saber que su guardia personal —su élite elegida— la seguía en formación perfecta. A su lado, Rogue mantenía el paso, con el rostro serio y los sentidos alerta. Khota sabía que, aunque llevaba escolta, su propia fuerza era más que suficiente para reclamar cualquier terreno.
Llegaron al campamento. O, al menos, a los restos de lo que pretendía ser uno.
Eran tiendas mal montadas, con telas desgarradas que aleteaban como alas rotas bajo el viento gris. La estructura entera del lugar parecía sostenerse por pura inercia. El suelo estaba sucio, surcado por pisadas desordenadas y salpicado de restos de vendajes, comida escasa y armas apoyadas sin el menor cuidado. Soldados exhaustos y heridos poblaban el lugar; algunos ni siquiera alzaban la vista para ver quién llegaba. Era un milagro que la vigilancia enemiga no hubiera barrido ese rincón del mundo todavía.
En la entrada, un soldado dormía de pie, aferrado a su lanza en un equilibrio precario. Su cabeza caía hacia adelante en espasmos rítmicos. Rogue frunció el ceño, apretando el agarre de su bastón.
— Esto es una falta de respeto. Voy a despertarlo.
Khota levantó una mano, deteniéndola en seco.
— No.
Avanzó ella misma, plantándose frente al centinela. Lo observó apenas un segundo, con una fijeza gélida, y luego, sin previo aviso, le arrebató la lanza. El peso desapareció y el soldado se despertó de golpe, con el corazón en la garganta.
— ¡¿Eh—?!
No pudo terminar. La punta de su propia lanza estaba presionando su cuello, el metal frío reclamando su piel. Sus ojos se dilataron por el terror puro.
— C-capitana Khota…
— Si vuelvo a verte dormir en guardia… no habrá segundo aviso.
Khota bajó el arma y se la devolvió, empujándola contra su pecho con desprecio. El soldado tragó saliva, temblando visiblemente.
— S-sí señora…
— Deja de temblar — añadió Khota —. Y trae a Sol.
El soldado asintió repetidas veces y salió corriendo, tropezando con sus propios pies en su prisa por desaparecer. Khota recorrió el lugar con la mirada, mientras Rogue no ocultaba su desagrado.
— Esto es peor de lo que imaginaba.
— Desorden… suciedad… disciplina inexistente — enumeró Khota mientras caminaba hacia el centro —. Esto no es un ejército. Es un resto.
— No sé cómo esperan atacar el castillo así.
— No lo esperan — respondió Khota —. Sobrevivieron. Es distinto.
Esperaron en la entrada hasta que Sol apareció. Llevaba vendajes rodeando su cuerpo, el torso cubierto y el rostro marcado por un cansancio profundo, pero sus pies seguían moviéndose con firmeza. Khota lo observó y una sonrisa leve, casi imperceptible, cruzó su rostro.
— Te ves asqueroso.
Sol soltó una risa corta, sin aliento.
— Tú también. ¿Has dormido bien?
Khota no respondió. Suspiró, dejando que el peso de la realidad se asentara entre ambos.
— Este campamento… ¿es todo lo que queda de tu división?.
— Sí. Esto es todo lo que tengo para apoyar el ataque al castillo.
Khota chasqueó la lengua, negando con la cabeza.
— Soldados cansados, heridos y traumados… No necesito esto en mis filas. Rogue, evalúalo.
Rogue asintió y se acercó a Sol. Tomó su bastón, un objeto casi tan grande como ella misma, y lo plantó frente al capitán.
— No te muevas.
Una luz morada, densa y vibrante, envolvió a Sol. Él hizo una mueca de incomodidad.
— Esto siempre se siente raro…
La luz se disipó y Rogue habló con una sequedad profesional.
— 15%.
Khota dejó escapar el aire de sus pulmones, decepcionada.
— Ni tú sirves… — lo miró de arriba abajo —. ¿Al menos Nox salió mejor librado?
Sol bajó la mirada. El tono de su voz se volvió más grave.
— Nox fue capturado.
El silencio que siguió fue denso, cargado de una frustración que nadie se atrevió a romper. Khota finalmente habló.
— Es un milagro que hayas llegado hasta aquí.
— En realidad… fueron tres milagros.
— ¿Qué?
— Bueno… no te pongas histérica… Pero llegaron tres extranjeros a ayudarnos.
Khota reaccionó al instante. Tomó a Sol de la ropa y lo levantó apenas del suelo.
— Te voy a matar.
— ¡Espera, espera, espera! — Sol alzó las manos —. Son confiables… de verdad.
Khota lo sostuvo un segundo más antes de soltarlo de golpe.
— Quiero conocerlos.
En ese preciso instante, un filo de acero tocó el cuello de Khota. Fue un movimiento silencioso y preciso que apareció de la nada. Khota sonrió sin inmutarse.
— Así que eres del estilo silencioso.
Detrás de ella, la voz de Zen sonó con una calma absoluta.
— No realmente… Suelo ser más escandaloso.
Retiró la espada y Khota se giró para evaluarlo.
— ¿Este es uno?
— Sí. Él es Zen — confirmó Sol.
— Khota. Segunda al mando. Ella es Rogue, tercera al mando. ¿Por qué te uniste a nuestra causa?
Zen respondió con su habitual tono plano, desprovisto de cualquier emoción heroica.
— Vagaba por el mundo. Llegué a esta ciudad. Pasé semanas analizando el conflicto. El ejército real es más fuerte. Por eso me uní al ejército de liberación.
— ¿Solo por eso?
— Quería sentir lo que es pelear con tipos fuertes.
— Zen se enfrentó hace poco con Kael — intervino Sol —. Y no se quedó atrás.
Khota asintió levemente, todavía estudiándolo.
— Gente como tú existe en todos lados. Pero si te mediste con Kael… debes ser fuerte. Rogue, hazlo con él también.
Zen se tensó cuando Rogue se acercó con el bastón, pero Sol le indicó que se relajara. La luz morada lo cubrió.
— 25%.
— Qué lástima… — gruñó Khota —. ¿Y los otros dos?
Sol les hizo un gesto y los guio entre el campamento hacia una tienda. Al entrar.
—Disculpen la interrup—
—Silencio.
Nezu ni siquiera los miró. El estaba concentrado frente a una torre de piezas de madera apiladas en un equilibrio imposible. Somi lo observaba desde el otro lado, aguantando la risa. Nezu retiró una pieza con un cuidado milimétrico, pero la estructura tembló y, en el último segundo, golpeó la pila con la palma, mandando todo a volar.
Somi soltó una carcajada.
— Qué mal perdedor.
Nezu levantó la mirada hacia los recién llegados, ignorando el desorden.
— ¿Qué pasó? ¿Quiénes son ellas?
— Son las líderes de la división Flor Azul. Khota y Rogue.
Khota avanzó, ignorando la mano extendida de Nezu para saludar. Se detuvo directamente frente a Somi, examinándola con curiosidad.
— A diferencia de los otros… tú te sientes mucho más limpia. Te ves joven. Y tienes un pupilo. Debes ser fuerte. Rogue puede tratar tu brazo roto.
Somi se puso nerviosa de inmediato.
— No, no— yo— ¡Él es mi maestro! — señaló a Nezu.
Khota giró la cabeza lentamente hacia el chico. Su expresión se transformó en una mezcla de incredulidad y burla.
— ¿Un niño? Eres más pequeño que Rogue.
Nezu miró de reojo a Rogue, quien le devolvió una sonrisa cargada de orgullo.
— ¿Cuánto mides, enano? — inquirió ella.
Nezu abrió la boca, pero las palabras se le quedaron atascadas. Sol intentó aliviar la tensión.
— Vamos, Khota, dale un respiro.
— Yo también quisiera saber cuánto mide… — murmuró Somi, antes de corregirse rápidamente al ver a Nezu congelado —. Como dije, soy Somi… y él es mi maestro, Nezu.
— ¿Por qué apoyan nuestra causa? — preguntó Khota, recuperando la seriedad.
— Compartimos el mismo objetivo — respondió Nezu, recobrando la compostura —. Queremos matar al rey. Es un simple contrato. Y nosotros los cumplimos.
— ¿Cazarrecompensas… o asesinos? Rogue, hazlo.
Rogue se acercó a Nezu, mirándolo con una superioridad que apenas le otorgaba el centímetro de altura que le llevaba. La luz morada lo envolvió.
— 68%.
— Este está más completo — asintió Khota.
Rogue se movió hacia Somi. La luz la cubrió de pies a cabeza.
— 60%. Pero es por la lesión.
Khota asintió, satisfecha con las cifras. Se dio la vuelta, lista para imponer su voluntad en aquel caos.
— Perfecto. Rogue, encárgate de curar su brazo. Yo me encargaré de organizar este sitio inmundo. Y nos llevaremos lo poco que sea útil.
Rogue inclinó la cabeza.
— Sí, señora.
Khota salió de la tienda con pasos imperiales, seguida de cerca por Sol.
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