Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 88
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Capítulo 88: Capitulo 88
La reunión había terminado, pero Matilde no había abandonado el lugar. Su mirada estaba cargada de preocupación mientras Tolrik miraba el mapa.
—¿Crees que la Hegemonía se ha involucrado realmente a favor del demagogo? —preguntó Tolrik.
Aunque intentó ocultarlo, ese pensamiento le aterraba. ¿Cómo no estar aterrado? La Hegemonía era un monstruo de mil cabezas en la mente de todos los habitantes del continente. Ser parte de ella le daba un cierto respiro a sus habitantes, pero ser su enemiga…
Las palabras de Matilde habían provocado un alboroto al principio dentro de la tienda. Incluso Tolrik, junto a Alana, tuvieron que pararse a detener a cualquiera que tuviera pensamientos de ponerle una mano encima.
«Marcialistas». Ese era el nombre que recibían los practicantes de cierta disciplina conocida como artes marciales, las cuales nacieron en el continente del norte y que la Hegemonía usó para entrenar a su élite de guerreros.
Podría decirse que estaban al nivel de los Cazadores Elektryum, quienes eran la verdadera élite dentro del ejército de la Hegemonía, pero los marcialistas normalmente eran usados para una sola cosa: Asesinato.
—No —respondió finalmente Matilde mientras se ponía a su lado con una expresión frágil. A pesar de ser tan alta, era difícil no mirarla con ternura por su cabello blanco y su rostro pálido.
—Entonces, ¿cómo lo sabes? ¿Acaso…?
—Es un secreto dentro de mi familia, pero… —Dudó unos segundos, segundos en los cuales Tolrik guardó silencio—. Mi padre, el anterior rey, era bastante… carismático.
La historia comenzó hacía muchos años, antes de que ella naciera. Su padre era uno de los hijos menores del anterior rey gigante y no tenía interés en convertirse en monarca. Como nadie le prestaba demasiada atención, empezó su viaje.
Se fue de Ulstrost a Ulheim y de ahí por todo el continente del este. Viajó sin parar, y no solo eso: viajó posteriormente al continente del norte, al del sur, al del oeste, e incluso a las Cuatro Desolaciones.
En su viaje conoció a una noble de la raza Sacro. Ella no era una persona ordinaria; tenía antecedentes profundos dentro de la Hegemonía y lideraba parte de una organización dentro del continente del norte: Las Siete Banderas de Alma.
Y ese grupo es la organización de asesinato más despiadada dentro de los cuatro continentes. Su reclutamiento era extremadamente cruel; mataban familias y extinguían clanes enteros para luego secuestrar a los niños supervivientes, entrenándolos para convertirlos en despiadados asesinos al servicio de la Hegemonía.
—Esa mujer, con el tiempo, se enamoró de mi padre, y él de ella…
Tolrik guardó silencio durante toda la historia hasta que Matilde se detuvo.
—Puedes suponer la identidad de esa mujer —murmuró con tristeza Matilde.
—Era tu madre —dijo con sorpresa Tolrik, comprendiendo finalmente la razón de por qué ella había mencionado todo esto.
—Sí. Aunque ella abandonó la organización al retirarse a Ulstrost con mi padre, varios de sus subordinados la siguieron y se unieron a ella. Incluso muchos todavía le juran lealtad no solo a ella, sino a mi padre, que se ganó su respeto.
—Y esa lealtad se ha movido a su hijo —sentenció Tolrik.
—Probablemente mi hermano me esté cazando. Esta táctica es común de algunos de los abanderados: reclutar bandidos u obligarlos a servirles para sembrar caos y asesinar en las sombras.
Un escalofrío llenó el cuerpo de Tolrik mientras su mirada caía hacia la puerta de la tienda. La luz del día lentamente disminuía, ya que faltaba poco para que anocheciera.
—Como ahora.
Y con esas palabras, tanto Tolrik como Matilde se congelaron al sentir que la temperatura dentro de la tienda parecía disminuir considerablemente, mientras el campamento se volvía extrañamente silencioso.
Demasiado silencioso.
…..
Ducanor subestimaba la situación dentro de la ciudad, ya que pensaba que la jerarquía de poder era absoluta como en la mayoría de los condados, donde el clan era el rey y todos estaban debajo.
Pero aquí era diferente. Diferentes poderes, tanto locales como extranjeros, convivían y luchaban por la supremacía.
El clan Ilua, por ejemplo, era un clan local que a su vez estaba subordinado a las Siete Banderas de Alma. Mientras que el clan Vanadis era un clan externo que había subordinado a varias potencias locales marginadas dentro de Hodna.
Pero además estaba el clan Rias, el tercero en discordia entre toda esta tensión, que estaba subordinado al señor de la ciudad de Hodna, un Princeps que había sido designado por el Hegemón oriental.
Los tres, de facto, eran poderes subordinados a la Hegemonía, pero de diferentes ramas y lealtades. En la superficie, deberían ser tres cabezas del mismo monstruo. Pero eran cabezas que se mordían entre sí acaparando la comida para ellas mismas: sobornos, impuestos, deudas, préstamos, entre otras decenas de actividades económicas que manejaban en las sombras o en la superficie.
Desde la venta de esclavos hasta el comercio de comida y bestias, pasando finalmente por el lucrativo negocio de comprar deudas y cobrar intereses. Al mismo tiempo, organizaciones menores dentro de estos tres clanes pactaban alianzas con poderes subordinados a sus rivales, luchando entre sus propios afiliados.
El caos era tal que prácticamente era imposible saber dónde pisar dentro de estas diferentes facciones sin enemistarse con otra sin saberlo.
Ahora, ¿cómo encajaba Cevalier en todo este problema? Pues era bastante simple: ella era un miembro externo del clan Vanadis y curiosamente vivía, al parecer, en esta zona. Ahora estaban siendo guiados por nada menos que Surya hacia su hogar.
La residencia de Cevalier curiosamente era una especie de templo con una gran puerta de hierro y bronce, que decía en caracteres grandes: «Secta de los Cinco Venenos».
…..
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