Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 89

  1. Inicio
  2. Ciclo de fresno y hierro
  3. Capítulo 89 - Capítulo 89: Capitulo 89
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 89: Capitulo 89

El viento mecía las tiendas mientras la luz del día moría para ser reemplazada por la oscuridad nocturna.

El ejército no ocupaba antorchas en las tiendas, sino piedras luminiscentes derivadas de piedras espirituales inferiores. Estas emitían una luz azul cálida que permitía ver incluso en la oscuridad, desprendiendo un ligero calor que era insuficiente para reemplazar el fuego de una fogata o un horno.

—No sé por qué todos le temen tanto a esos bastardos de los marcialistas. Son solo rumores. Además, ¿por qué confiamos en la información que da una puta gigante? —dijo con molestia Sandro, mientras afilaba su espada.

Como un Señor Mortal, la confianza en su destreza era absoluta. ¿Cómo no tenerla? Todo Feysir en su nivel tendría aquella confianza.

Davin y Michel asintieron ligeramente. El dúo de hermanos también tenía una destreza considerable y, aunque no eran Señores Mortales, entre los dos tenían la reputación de poder asesinar a uno a pesar de ser solo nobles.

Pero no estaban solos. La tienda en la que estaban se ubicaba cerca del cuartel principal, donde residía Tolrik, por lo cual la cercanía al comandante mostraba su posición.

—No deberíamos hablar tan mal de ella —dijo Botice con un tono suave. Sus ojos pequeños y sus profundas ojeras le daban un aspecto sombrío.

—¿Por qué? ¿Porque es la amante del jefe? —murmuró Michel con desdén.

—No. Porque su sirvienta está detrás de ti.

Todos se giraron repentinamente hacia la entrada de la tienda, donde Leona ahora estaba de pie, seguida a su vez de otra persona: Alana, la hija de la maestra de la Secta de la Rama Sombría.

El dúo de hermanos se levantó y se inclinó en señal de disculpa, pero Sandro no lo hizo. Había arrogancia en su mirada, una arrogancia que solo los Señores Mortales eran capaces de mostrar.

—¿Por qué razón este humilde mercenario tiene el gusto de conocer a estas dos distinguidas invitadas? —Sandro sonrió. Sus ojos cayeron sobre Alana, ignorando completamente a Leona. Sus pupilas brillaban con un deseo de gloria y reputación.

Aquello era algo que podía obtener de Alana incluso más que de Ducanor o cualquier otra persona en este campamento. Si Alana hubiera hablado, ella como guardia tenía suficiente autoridad para liderar este ejército, pero no tenía la intención de hacerlo. Sin embargo, si se congraciaba con ella, tal vez podría usar su autoridad para liderarlo si fuera necesario…

Aun así, esos eran pensamientos ilusorios que él mismo no tenía demasiada fe de que se cumplieran a corto plazo.

—Vengo a hablar con ustedes —respondió Alana, indiferente—. He enviado mensajeros a todos los decuriones y centuriones dentro del ejército para que estén alerta. Sospechamos que probablemente el enemigo ataque en la noche.

Las palabras de Alana hicieron fruncir el ceño a Sandro.

—Están bromeando. Una cosa es decir que esos bandidos puedan soportar un asedio de una tropa de cinco mil hombres, pero otra muy diferente es decir que van a atacarla directamente. Incluso de noche, aquello sería un suicidio.

—Tal vez así sería si su objetivo fuera aniquilarnos en una batalla campal —dijo indiferente Alana—, pero estamos hablando de marcialistas. Sus tácticas son diferentes a las nuestras.

—¿Qué tienen de especial los marcialistas que todos hablan de ellos? Si fueran tan aterradores, el continente del norte no hubiera sido conquistado —gruñó con molestia en este punto Michel.

Leona lanzó un suspiro y miró a todos los presentes con una expresión ilegible. —Si no comprenden las habilidades de los marcialistas, incluso si son más fuertes que ellos, simplemente morirán por subestimarlos.

—¡Basta! —exclamó Davin—. Tal vez pueda soportar las palabras arrogantes de ella, pero de una perra de la raza gigante yo no…

Antes de que pudiese terminar de hablar, una lanza se disparó en dirección al lado de la cabeza de Davin. La lanza parecía estar a punto de empalarlo, y la fuerza bruta detrás de ella hacía parecer imposible detener o cambiar su movimiento.

—¡Cuidado! —gruñó furioso Sandro, a punto de hacer su movimiento.

Pero, como si fuera una serpiente deslizándose en el aire, la lanza esquivó la cabeza de Davin de forma antinatural y se dirigió al suelo. No lo atravesó con fuerza bruta, sino que simplemente levantó una fina nube de polvo.

Para cuando esta se hubo dispersado, Leona seguía en la misma posición de antes, como si nada hubiera pasado.

—Tú… maldita… —Davin, furioso, intentó desenvainar su espada, pero fue detenido por Sandro.

—¿Qué significa esto, señora? Si no recibo una respuesta satisfactoria, tendré que ir hacia el comandante para…

—¿Acaso eres tan ciego que no fuiste capaz de ver lo que te mostró Leona? —dijo Alana, liberando una sed de sangre que le provocó un escalofrío a Sandro.

Sorprendido, el Señor Mortal se dio cuenta de que en el lugar del suelo donde había golpeado la lanza, ahora había algo dibujado.

Eran palabras. Decían: «Nubes blancas que emergen del valle».

—¿Cómo puede ser? —dijo sorprendido Botice, quien miró los caracteres atónito—. ¿Cómo puede escribir en la tierra usando una lanza gigante a esa velocidad?

—Esas son las artes marciales que usan los marcialistas —dijo indiferente Leona—. Técnica sobre fuerza bruta. Aunque esta era una técnica de espada, pude replicar parte de ella usando mi lanza. Los marcialistas se apoyan en el uso milimétrico de sus armas y en técnicas sutiles para derrotar a sus enemigos. Aprovechar tu propia fuerza bruta en tu contra es su verdadera función.

Apretando los dientes, Davin parecía irritado, pero no se movió.

—La diferencia más importante entre los marcialistas y nosotros es que ellos tienen un refinamiento mucho más grande de su fuerza y control —agregó Alana.

—¿Pero por qué? —dijo repentinamente Botice—. ¿Por qué buscar tanto refinamiento cuando la simplicidad y la fuerza a veces son mejores? A pesar de que es una técnica aterradora, puede ser contrarrestada. ¿Por qué se obsesionaron con mejorarla?

—Porque tenían la necesidad de hacerlo —explicó Leona—. A diferencia de nosotros, los habitantes del continente del norte tienen sus dos dantian superiores sellados. Solo tienen acceso a su dantian inferior. Para poder enfrentarse a existencias con diez veces o cien veces más energía espiritual que ellos, tuvieron que recorrer este arduo camino.

»El camino marcial».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo