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Codex morte el arte de la gula - Capítulo 32

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Capítulo 32: La traición llegó desde dentro

La lluvia era testigo de aquel momento esperado por tantos años. Marcus lo había imaginado tantas veces que incluso dudó que fuera real. Señaló con su espada a Lucian y preguntó:

—Tú, el famoso hombre de teatro, dime cómo no te diste cuenta de que estabas frente a una mujer que es de tu medio. Pero en fin, sea o no real, es mejor iniciar este combate.

Marcus se abalanzó contra Lucian e inició con el golpe de anulación de aura: una luz celeste que iluminó el lugar mientras la lluvia caía sin cesar. Lucian lo vio y, con un movimiento elegante, lo esquivó. Contratacó con la técnica de Silente Doble Estocada, un movimiento rápido y letal que parecía como si dos espadas estuvieran en la mano del atacante. Marcus se burló de este movimiento y simplemente lo contrarrestó con Luder, un arte antiguo que repelía ataques directos.

El choque era brutal, golpes de espada contra espada, mientras la lluvia los acompañaba en la batalla; era un espectáculo increíble. Pero Lia, quien no perdió detalle de cada movimiento, se percató de algo: Lucian no estaba luchando con intención de herir, parecía más defensivo. En cambio, Marcus estaba con intención de matar y no parecía concentrado; estaba llevado por la ira, el odio y el rencor, lo que lo hacía ineficaz.

Lia le gritó:

—¡Marcus, deja de llevar esto a algo personal! Enfócate en la orden dada. Te entiendo, pero reacciona.

En ese punto, Lucian se dio cuenta de esto y usó el famoso Riokun Ra, una técnica antigua que consiste en manipular la mente del rival con un golpe atrás de la cabeza. Lucian logró encajar el golpe y Marcus logró también herirlo. Marcus empezó a mover la cabeza y parecía mareado. Lucian intentó escapar, pero Lia no se lo permitió, cerró el paso y dijo:

—No escaparás. Hemos llegado tan lejos, y si crees que será fácil, yo misma te derrotaré.

—¡Lia, no te interpongas! —gritó Marcus—. Esto es entre él y yo. ¡Lucian, ven aquí, no me subestimes!

Cuando el combate continuó, espadas tensas, sudor en la frente, la tensión en el aire y, de repente, Marcus tomó su espada y la colocó en punta de estocada, y dijo:

—Prepárate a morir: Castigo de Dios, Juicio Final.

La energía de Marcus estaba tan fuerte que parecía cortar la lluvia misma. Su mirada fija en Lucian y, de pronto, una mujer de capa negra y máscara blanca se interpuso y esta usó la primera postura: Den Go Tu Sen.

Lia estaba perpleja: ¿cómo es posible? Pero Marcus la conocía muy bien y la esquivó, desviando el golpe hacia una estatua y cortándola en dos. Lia desenvainó su espada e intervino, pero Marcus le pidió no intervenir.

—Sea quien sea, igual será juzgada con él.

Marcus se reincorporó, puso la espada hacia atrás y dijo:

—Ataque frontal: La Daga del Mártir.

Era un movimiento nuevo que nadie conocía. La mujer misteriosa se colocó de frente, pero Lucian la sostuvo y la retiró del camino de la espada de Marcus. Este movimiento destrozó parte del suelo y del muro de una casa. Lia se molestó y dijo:

—Marcus, ¿estás consciente? ¡Perdiste el control! Así que yo tomaré la batuta de esta captura. Lucian, quedas arrestado. Entrégate y serás juzgado por un tribunal de fe; si eres inocente serás liberado y si eres culpable serás castigado.

Lucian trataba de ver a la mujer que lo ayudó, pero la capa cubría muy bien su rostro. Marcus, furioso, tomó la espada y pronunció:

—¡La Marca de la Orden, movimiento prohibido: Daga del Cierre, Condena de la Deidad!

—¡No, Marcus, detente! —gritó Lia—. ¡Está prohibido!

Pero no escuchaba. Lia no podía permitir que usara ese ataque, así que tuvo que detenerlo usando la tercera postura Wei Dan Yan, que logró detener a Marcus antes de que lograra completar el golpe.

—¿Qué te ocurre, Lia? ¿Acaso te revelas? —preguntó Marcus.

Lia le dijo:

—No. ¿No eras tú quien me retaba con la cordura y el uso del pensamiento? Mírate, no estás pensando. Satoru no estaría contento si lo matas. Deja de estar solo, déjame luchar a tu lado, juntos como hace tanto tiempo.

Marcus se mordió la mano a tal punto que se lastimó.

—Sí, perdona. Esta vez será diferente.

La lluvia no tenía tregua, era más fuerte incluso; la visión era difícil. Pero algo pasó, algo que ni Marcus ni Lucian esperarían: la mujer de la capa negra tomó a Lucian y lo dejó inconsciente de un golpe. Cuando cayó, la mujer misteriosa lanzó un polvo negro y lo encendió con el golpe de la espada contra el suelo. Esto causó una gran explosión y el humo cubrió todo.

Marcus ingresó en el humo, pero no veía bien. Lia también entró y, en las sombras, se vio unas siluetas combatiendo y una de ellas cayó. Cuando el humo se disipó, estaba herida Lia en el suelo y Marcus tenía su espada manchada de sangre, pero ya no estaban ni Lucian ni la mujer.

Marcus golpeó el suelo con su espada y se arrodilló gritando al viento:

—¡No, otra vez no! ¡Lo tenía en mis manos!

Los miembros de la fe se acercaron y pidieron a Marcus que ayudara a Lia. Marcus reaccionó y se preocupó por ella, la tomó en sus brazos y, cuando se dirigían a la orden, apareció Lucía para ayudarlos. Mientras ayudaba a llevar a Lia, Marcus le preguntó:

—Y tú, Lucía, ¿dónde estabas?

Ella dijo que estaba mirando y que intentó detener a la mujer mientras escapaba, y resultó herida. Y en verdad, Lucía estaba herida en un costado.

“¿Qué sucedió en ese instante que dejé pasar por alto?”, se decía Marcus mientras llevaba a Lia herida.

Marcus se apresuró a llevar a Lia a la sala de medicina de la orden; también Lucía estaba herida. La lluvia estaba amainando ya. Al llegar, Satoru salió y recibió a los tres. Cuando Marcus dejó a Lia en la camilla, un corrientazo le cruzó por la frente y cayó desplomado. Lucía trató de sostenerlo, pero su herida no le permitió reaccionar y ella también fue atendida.

Mientras esto pasaba, Lucian estaba inconsciente y siendo tratado por un médico curandero que aplicaba infusiones herbales en la herida e intentaba restablecerlo. A lado de Lucian estaba Kerion; el joven estaba preocupado, miraba a su maestro inconsciente y parecía muerto, pero aún respiraba.

Tanto en la orden como en la casa del curandero estaban heridos, y no solo en su orgullo, sino en su mente. Nadie entendía qué pasó. Cuando Lucian reaccionó, no comprendió qué había sucedido, ni quién lo ayudó. Sobre todo, la técnica que usaron era algo nuevo, algo que no conocía, y se preguntó quién terminó lastimado en ese combate, o si nadie salió ileso.

Lucian le preguntó a Kerion si vio a la mujer que lo trajo y Kerion respondió:

—No, Lucian, no la vi bien, pero era muy hábil; tanto que después de dejarte, desapareció.

En la Orden de la Toga la cosa estaba tensa: Lia herida de gravedad y Lucía también herida, Marcus aún inconsciente. Satoru envió un mensaje a su hermano Orcan, pues era urgente. Satoru estaba preocupado, sentía que las cosas se estaban saliendo de las manos, pero tenían un as bajo la manga y era hora de usarlo.

Satoru se acercó a Lucía y le preguntó si podía darle detalles de lo ocurrido, pero Lucía respondió que ella no vio nada más que una mujer escapando con Lucian y que era tanta la confusión que hasta ella perdió el rastro.

Satoru la miró con duda y limpió su rostro.

—No te preocupes, te creo —dijo, y se alejó lentamente. Al salir, indicó a los integrantes de la Orden de la Fe que la vigilaran.

Lucía escuchó esa voz otra vez y esta vez susurró algo diferente:

—Lucia, excelente. Lucian sigue libre, pero cometiste un error y eso será grave… corrígelo ahora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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