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Como entrenar a tu dragon susurros de otro mundo - Capítulo 11

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  3. Capítulo 11 - 11 11-Conociendo en el bosque
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11: 11-Conociendo en el bosque.

11: 11-Conociendo en el bosque.

.

La noche cayó sobre Berk como un manto de plomo.

La flota de Estoico había zarpado al amanecer.

Doce barcos dragón, cada uno con seis u ocho guerreros.

Setenta y tantos hombres.

Los mejores.

Los que empuñaban un hacha sin temblar.

Se fueron hacia el oeste, remando con furia, buscando la isla de la Muerte Roja.

Bocon se quedó.

Con una docena de ancianos, heridos y mujeres que sabían pelear.

Y los jóvenes.

Sobre todo los jóvenes.

Hipo estaba en su casa, mirando el fuego, cuando Leo rompió el silencio.

“Tienes que ir.” —¿Adónde?

“Al bosque.

A buscar a Chimuelo.” Hipo levantó la vista.

—¿Estás loco?

Está oscuro.

Está lleno de dragones.

Y si mi padre se entera…

“Tu padre está a tres días de navegación.

Bocon está borracho en el Gran Salón.

Y los demás jóvenes están durmiendo.

Es ahora o nunca.” comento leo aprovechando la falta de gente.

-¿Por qué?

¿Por qué ahora?- pregunto Hipo con dudas “Porque en la historia original…

esperaste.

Y él resultó herido.

Perdió parte de su cola.

Sufrió.

No quiero que eso pase otra vez.” Hipo apretó la mandíbula.

La imagen de Chimuelo, sus ojos morados, el roce de su hocico en su mano…

todo volvió a su mente.

-¿Y si no está?

“Está.

Lo sé.” —¿Cómo?

“Porque.

Desde que llegué a tu cabeza…

puedo sentirlo.

Como un eco.

Está cerca.

Esperando.” Hipo se puso de pie.

Cogió su daga.

Una capa gruesa.

Un trozo de pescado seco del barril.

—Esto es una locura —murmuró.

“Las mejores cosas siempre lo son.” El bosque de Berk era un laberinto de pinos negros y rocas cubiertas de musgo.

La luna apenas se filtraba entre las copas de los árboles, y la nieve crujía bajo las botas de Hipo con cada paso.

El frío mordía sus mejillas, pero no tanto como el miedo que le roía las entrañas.

“Ve hacia el norte”, indicó Leo.

“Hacia el acantilado donde viste la cueva.” —¿Hay una cueva?

“En la historia original, sí.

Ahí se esconde cuando no ataca.” Hipo caminó durante lo que le pareció una hora.

Tal vez más.

El bosque se volvía más denso, los árboles más altos, las sombras más profundas.

Y entonces, lo vio.

Una grieta en la pared de roca.

Oscura.

Profunda.

Del tamaño suficiente para que un cuerpo grande pasara.

—Ahí —susurró Hipo.

“Ahí.” Se acercó despacio.

La mano en la daga, aunque sabía que no serviría de nada.

El corazón latiéndole tan fuerte que estaba seguro de que se oía desde la aldea.

—Chimuelo —llamó en voz baja—.

Soy yo.

Hipo.

Silencio.

“Sigue llamando.” —Chimuelo.

El que te tocó.

El que no quiso hacerte daño.

Un ruido.

Dentro de la cueva.

Algo se movió.

Hipo contuvo la respiración.

Y entonces, dos ojos morados brillaron en la oscuridad.

La Furia Nocturna salió de la cueva con una lentitud pausada.

Su cuerpo robusto bloqueaba la luz de la luna, proyectando una sombra que cubría por completo a Hipo.

Las alas plegadas, los músculos tensos bajo la piel negra.

No atacaba.

Solo miraba.

—Hola otra vez —dijo Hipo, con la voz temblorosa pero firme—.

Traje pescado.

Levantó el trozo de bacalao seco y lo lanzó suavemente hacia el dragón.

Chimuelo olfateó el aire.

Dio un paso adelante.

Bajó la cabeza y tomó el pescado con un movimiento rápido, casi tímido.

Y lo comió.

“Está comiendo de tu mano”, susurró Leo, con asombro.

“En la historia original…

eso tardó semanas.” —Quizá porque en la historia original intenté matarlo primero —respondió Hipo en voz baja—.

Esta vez…

solo quiero conocerlo.

Chimuelo levantó la vista.

Sus ojos morados se encontraron con los verdes de Hipo.

Y entonces, por segunda vez, el dragón ronroneó.

Hipo sonrió.

—Creo que le gusto —dijo.

“Creo que sí.” Se sentó en el suelo.

Apoyó la espalda contra una roca.

Y se quedó allí, mirando al dragón, mientras la noche seguía cayendo a su alrededor.

—Chimuelo —dijo, probando el nombre en voz alta otra vez—.

Voy a ser honesto contigo.

No sé lo que estoy haciendo.

No sé si esto está bien o mal.

Pero no quiero que te lastimen.

Y en mi cabeza…

hay alguien que dice que tú y yo estamos destinados a algo grande.

Chimuelo inclinó la cabeza.

El mismo gesto curioso.

—Así que…

¿qué dices?

¿Me dejas intentarlo?

El dragón dio un paso adelante.

Apoyó su enorme cabeza en el regazo de Hipo.

Y cerró los ojos.

Hipo se quedó inmóvil.

Sin respirar.

Sin creer lo que estaba pasando.

“Hipo…”, dijo Leo, y su voz sonaba extraña.

Como si estuviera llorando, aunque no tuviera lágrimas.

“Lo has logrado.

Sin herirlo.

Sin armas.

Solo con…

con ser tú.” Comento Leo impactado acerca de la absurda facilidad que paso algo que debia tardas semanas *ventajas de no herir antes de domar supongo o solo la suerte de protagonista, que envidia* penso para si mismo.

—¿Y ahora qué?

—susurró Hipo.

“Ahora…

lo cuidas.

Lo proteges.

Y cuando tu padre vuelva…

le demuestras que los dragones no son enemigos.

Aunque mejor encima de chimuelo y lejos de quien te derribe asi se vera obligado a dialogar si no seguro se lanza a matar a tan reconocida presa” Hipo acarició la cabeza del dragón.

Las escamas eran más suaves de lo que parecían.

Calientes.

Vibrantes.

—Vamos a necesitar mucha suerte —murmuró.

“No necesitas suerte.

Necesitas tiempo.

Y ahora…

tenemos tiempo.

el dragon ya lo tienes falta la confianza en ti y poder montarlo tambien.” La luna se ocultó tras las nubes.El bosque quedó a oscuras, pero Hipo no tuvo miedo, tenía un dragón dormido en su regazo.

Y tenía a Leo en su cabeza.

Por primera vez en su vida, no estaba solo.

Al menos en lo que respecta a personas que lo apoyen en sus locas ideas, pero con eso le bastaba y mas siendo el primer bikingo en berk en tocar o estar tan de cerca con un dragón sin morir.

——————————– bien vamos en buen camino, esto medio inspirado pero basándome mas que todo en la primera película 

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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