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Como entrenar a tu dragon susurros de otro mundo - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 4- El diseño del cambio
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4: 4- El diseño del cambio 4: 4- El diseño del cambio El carbón crujía sobre el pergamino mientras Hipo trazaba las nuevas líneas.

Leo dictaba correcciones desde dentro de su cabeza, y aunque al principio la sensación era extraña-como tener un maestro invisible en tu cabeza-poco a poco se fue sintiendo…

natural.

“Ahí.

El ángulo de quince grados.

Ahora la cuerda va a tener un recorrido más limpio.” Hipo apartó el carbón y observó el resultado.

Sus ojos recorrieron cada trazo, cada medida, cada intersección.

—Es…

hermoso —susurró, sin saber como algo que no lograba terminar se hizo tan completo y estético.

“Es ingeniería.

Pero sí, también es hermoso cuando funciona.” —¿Crees que podríamos construirlo antes de la cacería?

“¿Cuándo es la cacería?” —Mañana al amanecer.

“…Hipo, son casi las dos de la mañana.” -¿Cómo sabes qué hora es?

No ves el sol.

“Llevo veinte años levantándome a las cinco para ir al laboratorio.

Mi cuerpo…

bueno, mi antiguo cuerpo…

tenía un reloj interno.

Eso parece haber viajado conmigo.” Hipo frunció el ceño.

pensando en algo complejo como medir el tiempo.

-¿Reloj?

¿Como los que miden el tiempo?

“Sí.

Pero más pequeños.

Y más precisos.

Olvídalo.

La cuestión es que construir una catapulta-ballesta desde cero en unas horas es…

ambicioso.” -Soy vikingo -dijo Hipo con una media sonrisa- La ambición es lo único que tenemos en abundancia.

Bueno aparte de los musculo bruto- aunque eso ultimo si nos hacia falta pensó con resignación.

“Eso y las cejas y barbas frondosas.

He visto las de tu padre.

Imponentes.” *sin comentar un olor que no se si es horrible o demasiado potente aunque me alegro solo oler y no sentir asco sin cuerpo* pensó interna, internamente Leo.

Hipo soltó una carcajada.

Fue breve, pero auténtica.

Hacía tanto tiempo que no reía así…

Un crujido en el techo.

Ambos se quedaron en silencio.

Hipo alzó la vista hacia las vigas de madera.

Afuera, el viento seguía aullando, pero esto había sido diferente.

Más cerca.

Más…

deliberado.

-¿Eso fue…?

—susurró Hipo.

“Algo en el tejado.

Algo que no es viento.” Comento leo esperando no ser devorado con hipo con un dragón en la noche.

-¿Puedes ver lo que veo?- pregunto extrañado Hipo “Sí.

Pero desde tu ángulo.

No tengo ojos propios, Hipo.

Solo los tuyos.” Hipo se levantó despacio.

Su mano buscó la daga sobre la mesa.

La hoja reflejó la luz del fuego mientras se acercaba a la puerta.

-Si es un dragón…

“¿Qué vas a hacer?

¿Matarlo?

mejor sal corriendo” -No.

Pero sí defenderme.- comento dandose claro falso valor en especial viendo la mini daga que no es mas que un palillo dental para dragones grandes o ni eso.

“Hipo…

escúchame con atención.

En la historia que yo conozco…

hay un dragón.

Un dragón especial.

Negro.

Con alas que se pliegan como las de un murciélago.” Hipo se detuvo.

-La Furia Nocturna -dijo en voz baja, y su mano tembló apenas-.

Nadie ha visto una y vivido para contarlo.- dijo con algo de miedo ya no disimulado.

“Eso es lo que la gente cree.

Pero no es del todo cierto.” -¿Cómo lo sabes?

“Porque en la historia…

tú eres el primero que no solo la ve, sino que la entiende.” Comento Leo soltando el primer fragmento de información importante.

Hipo tragó saliva.

Su mano seguía en la daga, pero ya no estaba seguro de querer usarla.

-¿Qué hago?

“Abre la puerta.

Despacio.”  -¿Estás loco?

“Probablemente.

Mi singularidad artificial explotó y terminé dentro de un vikingo adolescente.

Mi capacidad de tomar decisiones razonables está en duda la verdad.” Hipo cerró los ojos.

Respiró hondo.

Y abrió la puerta.

El frío lo golpeó en la cara como un mazo de hielo.

Afuera, la noche era una mancha negra salpicada de estrellas.

Las antorchas del pueblo parpadeaban con el viento, lanzando sombras danzantes sobre la nieve.

No había nada.

-No veo nada -susurró Hipo.

“Mira arriba.

En el tejado.

Tu izquierda.” Hipo levantó la vista.

Y lo vio.

Dos ojos.

blancos con un toque morado.

Brillando en la oscuridad como brasas.

Y una forma negra, más negra que la noche misma, recortada contra el techo de su propia casa.

La Furia Nocturna lo miraba.

No atacaba.

No rugía.

No escupía fuego.

Solo…

miraba.

Hipo sintió las piernas temblorosas.

Su corazón golpeaba tan fuerte que estaba seguro de que el dragón podía oírlo.

-Leo -susurró, casi sin mover los labios-.

¿Qué hago?- ahora si reinaba el pánico tanto dentro como fuera de la mente de Hipo.

“Nada.” Dijo leo esperando que ese dragón por mucho que conociera en películas no fuera tan distinto aunque no logra ver mas que sus ojos en la noche y la silueta de su cuerpo.

-¿Nada?

“Nada.

No te muevas.

No grites.

No cojas la daga.

Solo…

mírala.” -¿Por qué?

“Porque el también te está mirando a ti.

Y no ha atacado.

¿No te parece extraño?” Hipo se quedó inmóvil.

El viento helado le mordía las mejillas.

La nieve comenzaba a caer en copos pequeños, perezosos.

La Furia Nocturna inclinó la cabeza o al meno la silueta de lo que parece su cabeza.

Un gesto casi…

curioso en esos ojos morados.

Y entonces, sin hacer ruido, se deslizó del tejado y desapareció en la oscuridad.

Hipo exhaló cayendo al suelo con las piernas temblando por no saber si feliz de sobrevivir o que.

No sabía que había estado conteniendo la respiración.

-Se fue.- Dijo después de respirar un par de veces  “Por ahora.” -¿Qué significa “por ahora”?

“Significa que no fue un encuentro casual.

Significa que ese dragón quería verte.

O al menos analizar quien le parece curioso.” Hipo cerró la puerta.

Sus manos todavía temblaban.

Volvió a sentarse frente al fuego, pero esta vez agarró su daga y no la soltó.

-Leo…

¿Qué está pasando?-  “No lo sé.

Pero en tu historia original…

tú conoces a la Furia Nocturna mucho más tarde.

Después de derribarla con una catapulta.

Después de herirla.” comento Leo sin saber porque ese dragón vino a parar al techo de Hipo.

-¿Yo hiero a una Furia Nocturna?- Dijo hipo como si eso le pareciera mas acorde a una historia de bardos que a si mismo.

“Sí.

Después lo curas.

Después..

se convierte en algo más que un dragón para ti.” Hipo miró el pergamino.

El diseño de la catapulta-ballesta.

El arma que estaba construyendo.

-¿Y si no la derribo?

-preguntó en voz baja pensando en cada fracaso a lo largo de su vida-.

¿si lo conocí ahora que pasa?

“Entonces…

todo cambia.

Como te dije.” empezó a analizar que hacer ahora aunque lo mas seguro es seguir la historia pero al menos cambiar algunas cosas.*esa cola debe quedar intacta* Penso leo.

Hipo se quedó en silencio un largo rato.

Afuera, la nieve comenzaba a cubrir las huellas de unas patas que nunca debieron estar tan cerca de una casa humana.

Y en algún lugar, entre los árboles, dos ojos morados seguían observando la luz de esa vela sin saber si era curiosidad o un impulso del destino al cambio de la historia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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