Como entrenar a tu dragon susurros de otro mundo - Capítulo 7
- Inicio
- Como entrenar a tu dragon susurros de otro mundo
- Capítulo 7 - 7 7- El rugido que no llego
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
7: 7- El rugido que no llego.
7: 7- El rugido que no llego.
El caos estalló como una tormenta.
Los dragones descendieron sobre Berk con la furia de un maremoto.
Sus cuerpos robustos bloqueaban el sol cuando pasaban, proyectando sombras que corrían por el suelo como bestias negras.
Las alas golpeaban el aire con un sonido profundo, como tambores de guerra.
—¡A las murallas!
—gritó Estoico, blandiendo su hacha con una mano mientras señalaba con la otra—.
¡Proteged las ovejas!
Los vikingos obedecieron.
No por miedo.
Por costumbre.
Llevaban generaciones haciendo esto.
Pero Hipo, desde lo alto de la torre, veía algo que los demás no.
“Mira cómo vuelan”, dijo Leo.
Su voz dentro de la cabeza de Hipo era rápida, analítica, como si estuviera tomando notas mentales.
“No son aleatorios.
Tienen formación.” -¿Formación?
-susurró Hipo, mientras sus dedos seguían temblando sobre la cuerda de la catapulta.
“Sí.
No son un desorden.
Alguien los está dirigiendo.” Hipo observó.
Y entonces lo vio.
Los dragones no atacaban al azar.
Algunos iban a por las ovejas, otros a por los almacenes de pescado, otros simplemente sobrevolaban las murallas para que los vikingos gastaran sus proyectiles.
Era una estrategia.
“La muerte roja” Dijo Leo “Un alfa del tamaño de una montaña que controla todo un nido de dragones, pero aun no es ora de saber donde o como llegar” -Entonces…
¿todos estos dragones trabajan para ella?- pregunto Hipo asombrado de la informacion que Leo le decia “Todos excepto…” Leo no terminó la frase.
No hacía falta.
Ambos sabían de quién hablaban.
La Furia Nocturna no estaba entre los atacantes.
Hipo recorrió el cielo con la mirada, buscando esa silueta negra, esas alas que no hacían ruido, esos ojos morados que lo habían mirado como si lo estuvieran evaluando.
solo ese sonido característico que hacia antes de atacar Nada.
-Se fue?-dijo Hipo, y no supo si era alivio o decepción.
“No.
No se fue.
Está esperando.” -¿Esperando qué?
“La noche.
Es un dragón de sigilo.
Atacar de día sería una idiotez.
Él es listo.
Más listo que los demás.
Esperara que se valla la luz de dia que queda.” Hipo apretó la mandíbula.
-¿Y nosotros?
¿Qué hacemos?- Pregunto Hipo sin saber que hacer en la apartada torre.
“Tú observas.
Yo analizo.
Y cuando llegue la noche…
actuamos.” Abajo, la batalla era feroz.
Un Gronckle escupió una bola de lava que derritió parte de la muralla norte.
Tres vikingos saltaron justo a tiempo, rodando sobre la nieve para apagar sus capas en llamas.
—¡Apuntad a las alas!
—rugió Estoico, partiendo el cuerno de un Cremallerus espantosus de un hachazo—.
¡Que no puedan volver a volar!
Los arqueros dispararon.
Algunas flechas dieron en el blanco.
Otras se perdieron en el cielo.
Hipo veía todo desde arriba.
Su mano seguía en la cuerda de la catapulta, pero no disparaba.
“¿Ese de ahí?
¿El que escupe fuego en anillo?” preguntó Leo.
-Pesadilla monstruosa.
Su aliento puede derretir piedra.
“¿Y ese otro?
El que parece tener dos cabezas que se odian?” —Cremallerus espantosus.
Las dos cabezas se turnan.
Una produce gas, la otra lo enciende.
“Fascinante.
En mi mundo, los dragones son mitos.
Verlos así, en vivo…
es aterrador y maravilloso al mismo tiempo.
Claro los que vi en historias son algo distintos a los de verdad.” —¿Maravilloso?
—Hipo casi se ríe—.
Están quemando mi pueblo.
“Lo sé.
Y lo siento.
Pero también son criaturas.
Animales.
No maldad pura.
Alguien los obliga a hacer esto.” Hipo pensó en la Muerte Roja.
En el volcán.
En todo lo que escucho de Leo.
-¿Y si no los obligaran?
-preguntó en voz baja-.
¿Y si pudieran elegir?
“Buena pregunta.
Tal vez algunos ya eligen.” Hipo supo que Leo pensaba en la Furia Nocturna.
El ataque duró menos de una hora.
Para cuando el sol comenzó a teñir el horizonte de naranja y rojo, los dragones se retiraron.
Se fueron como llegaron: en formación, en silencio, llevándose consigo lo que pudieron cargar.
Berk había sobrevivido.
Otra vez.
Pero las pérdidas eran graves.
Tres almacenes quemados.
Una torre derrumbada.
Y demasiadas ovejas menos.
Estoico caminaba entre los escombros, dando órdenes, levantando vigas caídas como si fueran ramas secas.
—¡Hipo!
—gritó, alzando la vista hacia la torre—.
¡Baja de ahí!
¿Disparaste siquiera?
Hipo tragó saliva.
-No, padre.
No tuve un tiro claro.
La mentira le supo amarga.
Pero no podía decirle la verdad.
“No disparé porque un dragón me miró a los ojos y sentí que no debía hacerlo”.
Estoico resopló.
-Mañana la reparas.
Y la pruebas.
Con blancos de verdad.
Se dio la vuelta y se fue a seguir dando órdenes.
“No estuvo tan mal”, dijo Leo.
-No me gritó.
Eso es un triunfo.
“si hubiera sido en la historia original despues de derribar al furia nocturna te seguiria un pesadilla monstruosa quemando un pilar y destruyendo muchas casas, te habrían gritado entre las miradas de todos para que no te maten por ira” Comento leo mostrando imagenes de lo que paso en otro universo.
-mierda- Dijo Hipo inconsciente y adaptándose a tales palabras- No entiendo como sobreviví en esa situacion- Dijo con miedos persistentes por algo que no paso.
“Entonces hoy fue un buen día.
Alegrate” Hipo bajó de la torre con las piernas temblando.
No por el esfuerzo.
Por la tensión.
Por haber tenido el dedo en el gatillo y no haberlo apretado.
Por haber elegido no herir.
La noche llegó rápido.
Berk se preparó para el descanso con las hogueras encendidas y los centinelas en las murallas.
Los dragones rara vez atacaban dos veces el mismo día, pero la precaución nunca estaba de más.
Hipo estaba en su casa, frente al fuego, mirando el pergamino con el diseño corregido.
La catapulta-ballesta estaba lista.
Funcionaba.
Leo lo había ayudado a perfeccionarla.
Pero ahora no sabía si quería usarla.
“Estás pensando demasiado”, dijo Leo.
-Es lo único que sé hacer.
“No es malo.
Pero a veces…
a veces hay que actuar sin pensar.” -¿Como tú?
¿Cuándo hiciste funcionar ese…
distorsionador?
Leo guardó silencio un momento.
“Toqué algo que no debía tocar.
Forcé una reacción que no entendía del todo.
Y ahora estoy aquí.
No sé si llamarle valentía o estupidez.” -Quizá las dos.
“Quizá.” Un crujido en el techo.
Ambos se quedaron en silencio.
Hipo no necesitó preguntar.
Sabía lo que era.
-Otra vez -susurró con un sudor frio brotando de su espalda.
“Otra vez.” Hipo se levantó despacio.
Esta vez no cogió la daga.
Caminó hacia la puerta.
La abrió.
Salió al frío.
Y allí estaba.
La Furia Nocturna, posado sobre el tejado de su casa, con el cuerpo robusto recortado contra la luna llena.
Las alas plegadas a los costados, mostrando cada músculo bajo la piel negra.
Los ojos morados brillando en la oscuridad como dos faros.
No atacaba.
No rugía.
No escupía fuego.
Solo miraba.
Hipo levantó la mano vacía.
Un gesto.
Una oferta.
-No te haré daño -dijo, con la voz temblorosa pero firme-.
No quiero.
El dragón inclinó la cabeza.
El mismo gesto curioso de la noche anterior.
Y entonces, sin hacer ruido, saltó del tejado.
Pero no para atacar.
Para acercarse.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com