condenado al final - Capítulo 15
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15: CAPÍTULO 15: LA ANTESALA DEL ERROR 15: CAPÍTULO 15: LA ANTESALA DEL ERROR El patio no sonaba igual.
Ya no era el eco hueco de espadas de madera ni órdenes repetidas hasta el cansancio.
Era más pesado.
Más… definitivo.
Metal real.
Armaduras.
Caballos inquietos.
Soldados alineados con una tensión que no se entrenaba… se sentía.
Kallen ajustó el agarre de su espada.
Peso correcto.
Equilibrio perfecto.
Nada había cambiado para él.
Excepto… —¿Ese no es…?
—Sí… el otro príncipe.
—¿El inútil?
Las voces no se ocultaban.
Ni lo intentaban.
Kallen no giró de inmediato.
Pero ya sabía.
Kail.
A unos metros, entre filas que no le pertenecían, caminaba como si no notara nada.
Sin armadura completa.
Sin postura militar.
Sin intención de encajar.
Solo caminaba.
Como si estuviera… pasando el rato.
—Qué vergüenza —murmuró un soldado—.
Nos mandan a la guerra con eso.
Kail pasó a su lado.
Sonrió.
—Buenos días.
El soldado no respondió.
—Kail.
La voz de Kallen lo detuvo.
Kail giró la cabeza.
La misma sonrisa de siempre.
—Ey.
Como si no hubiera tensión.
Como si no estuvieran a punto de marchar a una guerra real.
Kallen lo observó en silencio unos segundos.
—¿Por qué estás aquí?
No era una pregunta.
Era casi un reproche.
Kail se encogió de hombros.
—Me obligaron.
Pausa.
—Supongo que no querían dejar al “error” en casa.
Lo dijo riendo.
Sin rastro de molestia.
Eso… molestaba más.
Un cuerno sonó a lo lejos.
Grave.
Largo.
La marcha comenzaba.
Las filas se ajustaron.
El movimiento fue inmediato.
Kallen avanzó con los demás.
Kail también.
Pero no al mismo ritmo.
Nunca al mismo ritmo.
El camino hacia el frente estaba cubierto de barro seco y ruedas marcadas.
Restos de marchas anteriores.
Restos de guerras anteriores.
El viento arrastraba polvo… y algo más.
Silencio incómodo.
Los soldados hablaban bajo.
Miradas de reojo.
Kail caminaba detrás.
Manos sueltas.
Paso tranquilo.
Como si no fuera con ellos.
—Oye —susurró uno—.
¿Ese siquiera sabe usar una espada?
—Dicen que no.
—Entonces va a morir primero.
—Ojalá.
Risas bajas.
Cortas.
Sucias.
Kallen las escuchó todas.
No dijo nada.
Horas después— El terreno cambió.
Los árboles se abrieron.
La tierra se volvió más firme.
El campo de batalla aún no era visible… pero ya se sentía.
Kail se detuvo.
No por cansancio.
Miró al frente.
Luego a los lados.
Luego al cielo.
Frunció ligeramente el ceño.
Algo mínimo.
Casi invisible.
—¿Qué haces?
—dijo Kallen, sin detenerse del todo.
Kail no respondió de inmediato.
Observó un segundo más.
Luego sonrió otra vez.
—Nada.
Reanudó el paso.
Pero ahora caminaba al lado de Kallen.
—Nos están guiando —dijo, como si hablara del clima.
Kallen giró apenas la mirada.
—¿Qué?
—Eso.
Señaló al frente con el mentón.
—El camino… es muy limpio.
Pausa.
—Muy fácil.
Kallen frunció el ceño.
—Es una ruta de avance.
—Mmm… Kail asintió… pero sin convicción.
—Sí… supongo.
Silencio.
Unos pasos más.
—Es un buen lugar para morir.
Lo dijo tranquilo.
Sin peso.
Sin drama.
Kallen se detuvo un segundo.
Lo suficiente para mirarlo.
Kail no lo miraba.
Seguía caminando.
Sonriendo.
—Si tienes algo que decir, dilo bien.
La voz de Kallen salió más tensa de lo que quería.
Kail se encogió de hombros.
—Nada importante.
Pausa.
—Solo… me dio esa sensación.
Desde el frente, un capitán gritó órdenes.
Las filas se reorganizaron.
El ritmo aumentó.
La batalla estaba cerca.
Kallen volvió a mirar al frente.
Apretó la espada.
“Está diciendo tonterías”, pensó.
“Tiene que ser eso.” Pero algo… No encajaba.
Detrás de él, Kail seguía caminando.
Sonriendo.
Como siempre.
Como si nada importara.
Y aun así… Por primera vez desde que llegó a este mundo— Kallen no estaba completamente seguro de que todo estuviera bajo control.
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