Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Contrato de Sangre: Embarazada del Magnate - Capítulo 20

  1. Inicio
  2. Contrato de Sangre: Embarazada del Magnate
  3. Capítulo 20 - 20 La Jaula de Hierro
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

20: La Jaula de Hierro 20: La Jaula de Hierro El helicóptero negro aterrizó en la plataforma privada de la isla a las 4:12 a.m.

Emma no tenía idea de su ubicación exacta.

Solo sabía que habían volado más de una hora hacia el sur, sobre el Atlántico, alejándose de las luces de Miami y de cualquier rastro de civilización.

Leonardo no le había dirigido la palabra en todo el trayecto.

Se había limitado a mantenerla anclada a su pecho, con un brazo rodeándole la cintura y la otra mano presionando su vientre con una firmeza posesiva, como si temiera que el bebé pudiera evaporarse si relajaba el agarre un solo segundo.

Cuando las hélices dejaron de azotar el aire, Leonardo la bajó en brazos.

No le preguntó si podía caminar; no le dio opción ni espacio para la protesta.

Ante ellos se alzaba una estructura minimalista de hormigón y vidrio blindado, incrustada directamente en un acantilado escarpado.

No había vecinos, ni caminos, ni rutas de escape.

Solo el rugido del mar contra la roca y un perímetro de seguridad que parecía impenetrable.

—Bienvenida a tu nueva jaula —murmuró Leonardo contra su oído, su aliento cálido contrastando con el frío de la madrugada—.

Esta vez, nadie va a sacarte de aquí.

Ni los Montenegro, ni la muerte.

Emma sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal.

Por dentro, la casa era un búnker de ultra lujo: sistemas de energía independientes, cámaras con reconocimiento facial en cada ángulo y un equipo de doce hombres armados que se movían con la precisión de autómatas.

Leonardo la llevó directamente a la suite principal y la depositó sobre la inmensa cama con una delicadeza desconcertante, casi reverente.

Luego, se arrodilló frente a ella y apoyó la frente contra su vientre, cerrando los ojos.

—No vuelvas a huir —susurró.

Su voz sonaba rota, con una vulnerabilidad que Emma nunca le había escuchado—.

No vuelvas a dejarme.

Casi te pierdo esta noche, Emma.

Casi pierdo lo único que me importa.

Emma permaneció rígida, sintiendo los latidos de Leonardo a través de su piel.

Pero también sentía algo más: una punzada aguda en el bajo vientre.

El bebé se agitaba inquieto, reaccionando al cóctel de adrenalina y terror de las últimas horas.

—Leonardo… me duele —logró decir en un hilo de voz.

Él levantó la cabeza al instante.

Sus ojos estaban inyectados en sangre, pero no por la rabia, sino por una fatiga obsesiva.

—Te dije que no iba a matarte —murmuró, su mirada clavada en la de ella—.

Pero si sigues jugando con fuego, voy a hacer que desees que lo hubiera hecho.

Se puso en pie y llamó al nuevo equipo médico que ya esperaba en la propiedad.

El doctor Rivera había desaparecido del mapa; su reemplazo era un hombre joven, de facciones afiladas y una lealtad que claramente le pertenecía solo a Alcázar.

—Revisa al niño.

Ahora —ordenó Leonardo, sin soltar la mano de Emma.

Mientras el médico deslizaba el transductor para la ecografía de emergencia, el silencio en la habitación se volvió asfixiante.

El monitor mostró la figura del bebé, pero el sonido del corazón era demasiado errático.

—El feto presenta distress leve —sentenció el médico con frialdad profesional—.

La frecuencia cardíaca está elevada debido al pico de cortisol de la madre.

Necesita reposo absoluto, sedación ligera y cero estímulos de estrés.

Leonardo apretó la mandíbula con tal fuerza que Emma creyó escuchar el crujido de sus dientes.

—Entonces asegúrate de que los tenga —respondió él—.

Porque si mi hijo sufre un solo rasguño por las decisiones que ella tomó… no seré yo quien pague las consecuencias.

Cuando el médico salió, Leonardo cerró la puerta con doble vuelta de llave y se sentó en el borde del colchón, observando a Emma como si fuera una pieza de arte valiosa y rota a la vez.

—Los Montenegro van a suplicar por clemencia —dijo en voz baja, con una calma aterradora—.

Ya congelé sus tres cuentas principales en Suiza.

Mañana al mediodía, habré hundido su fondo de inversión estrella.

Para el fin de semana, su apellido será sinónimo de basura en todos los mercados financieros del mundo.

Emma lo miró con auténtico pavor.

—¿Vas a destruirlos… así, públicamente?

—Voy a borrarlos del mapa —la corrigió—.

Y tú vas a ver cómo lo hago.

Desde esta habitación.

Desde esta cama.

Ya no confío en ti ni para que camines sola hasta el baño, Emma.

Tu libertad se terminó en el momento en que cruzaste esa puerta en Brickell.

Se inclinó y le besó la frente con una ternura que resultaba más violenta que un golpe.

—Te amo, Emma.

De la única forma que sé amar: poseyéndote hasta que no quede nada de ti que no me pertenezca.

No voy a permitir que vuelvas a destruirme.

Emma sintió que algo se quebraba definitivamente en su interior.

No era solo miedo; era la certeza de que esta nueva prisión era absoluta.

Leonardo ya no solo quería un heredero; quería que ella fuera testigo de cómo quemaba el mundo por su traición.

Fuera, el oleaje golpeaba el acantilado con una furia ciega.

Dentro, el bebé dio una patada vigorosa, un recordatorio de la vida atrapada en medio de una guerra de monstruos.

Emma cerró los ojos y entrelazó sus dedos sobre su vientre.

—Perdóname —susurró para sus adentros—.

Pero creo que acabo de condenarnos a los dos a una eternidad en el infierno.

Leonardo, desde el umbral de la puerta, la observaba con una sonrisa lenta, oscura y triunfante.

—Bienvenida a casa, mi amor.

De aquí solo saldrás cuando yo lo decida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo