Contrato de Sangre: Embarazada del Magnate - Capítulo 8
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8: El error que no debía existir 8: El error que no debía existir Emma no pudo dormir esa noche.
No por miedo.
No exactamente.
Era algo peor.
Era la sensación de que algo no encajaba.
El “Proyecto Heredero”.
Las transferencias.
El ataque.
Las palabras del hombre: “El bebé no llegará a nacer.” Demasiadas piezas.
Demasiado rápido.
Se giró en la cama.
Leonardo dormía a su lado, boca arriba, una mano aún descansando sobre su vientre.
Incluso dormido… parecía en control.
Emma lo observó.
En silencio.
—¿Qué estás ocultando…?
—susurró.
No esperó respuesta.
Se levantó con cuidado.
Esta vez, el brazo de Leonardo no la detuvo.
Eso ya era una diferencia.
Caminó descalza hacia la puerta.
La abrió lentamente.
Pasillo vacío.
Silencio.
Primera grieta.
Bajó las escaleras sin hacer ruido.
Sabía que había cámaras.
Pero también sabía algo nuevo: Leonardo no era perfecto y el sistema tampoco Entró a la oficina secundaria.
La computadora seguía encendida.
Error.
Emma se sentó.
Introdujo la contraseña que había visto horas antes.
Funcionó.
Segundo error.
—Demasiado seguro de sí mismo… —murmuró.
Buscó.
Rápido.
“Proyecto Heredero” Archivos.
Carpetas ocultas.
Registros cifrados.
Y entonces… lo encontró.
Un documento que no debía estar ahí.
ARCHIVO: PROTOCOLO HEREDERO – CLASIFICACIÓN ALFA Emma lo abrió.
Leyó.
Y el aire desapareció.
“No puede ser…” No era solo dinero.
No era solo protección.
Era un sistema.
Un plan.
Diseñado desde hace años.
El heredero no era solo un hijo.
Era un requisito.
Un disparador.
Una condición para activar algo mucho más grande.
Emma bajó la vista.
Línea final del documento: “En caso de que la portadora no cumpla los estándares, se procederá con sustitución.” Silencio.
Emma dejó de respirar.
—¿Sustitución…?
Desplazó más abajo.
Protocolos médicos.
Evaluación genética.
Cláusulas de riesgo.
Y entonces… Lo vio.
“En caso de pérdida del embarazo, activar alternativa viable inmediata.” Emma sintió un golpe en el pecho.
No.
No.
Esto no era solo control.
Esto era… Reemplazo.
Un ruido.
Detrás.
Emma se giró.
Leonardo estaba en la puerta.
Despierto.
Mirándola.
Y no estaba sorprendido.
Estaba serio.
Demasiado serio.
—Te dije que no salieras —dijo.
Emma se levantó lentamente.
—¿Qué es esto?
Silencio.
—Contéstame —exigió.
Leonardo entró.
Cerró la puerta.
—Eso no es algo que debías ver.
—¿“Sustitución”?
—Emma dio un paso hacia él—.
¿Planeas reemplazarme?
No respondió de inmediato.
Error.
—Respóndeme.
—Es un protocolo.
Emma sintió que algo dentro de ella se rompía.
—¿Un protocolo?
¿Soy un experimento para ti?
—No.
—Entonces explícame.
Silencio.
Leonardo la miró.
Y esta vez… no tenía control total.
—Es una medida de seguridad —dijo finalmente—.
No significa que vaya a pasar.
—Pero está contemplado.
No respondió.
—Si pierdo al bebé… me reemplazas.
Silencio.
Eso fue suficiente.
Emma retrocedió.
—No soy una incubadora reemplazable.
—Nunca dije que lo fueras.
—Pero lo pensaste.
El aire se volvió pesado.
Leonardo dio un paso.
—Emma— —No te acerques.
Su voz cambió.
Ya no era miedo.
Era algo más frío.
—Todo esto… —dijo señalando la pantalla— no es protección.
Pausa.
—Es un sistema donde yo no importo.
Silencio.
Leonardo apretó la mandíbula.
—El niño sí importa.
Error.
Emma lo miró.
Y lo entendió.
Por completo.
—Claro.
Risa sin humor.
—Ahí está la verdad.
Dio otro paso atrás.
—Para ti… yo solo soy el medio.
Leonardo no respondió.
Y eso fue lo peor.
Emma cerró la laptop de golpe.
—Esto cambia todo.
—No —respondió él—.
Todo sigue igual.
—No.
Lo miró directo.
—Ahora sé en qué juego estoy.
Silencio.
—Y no voy a perderlo.
Leonardo la observó.
Y por primera vez… no supo qué decir.
Emma caminó hacia la puerta.
Se detuvo.
Sin girarse.
—Si intentas reemplazarme… Pausa.
—te juro que no tendrás heredero.
Silencio.
La amenaza quedó en el aire.
Real.
Peligrosa.
Emma salió.
Y esta vez… no era una prisionera.
Era alguien que acababa de descubrir algo que podía destruirlo todo.
Y ahora… tenía poder.
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