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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 33

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  3. Capítulo 33 - Capítulo 33: Capítulo XXXIII: Afrenta.
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Capítulo 33: Capítulo XXXIII: Afrenta.

Capítulo 33.

Comenzamos a caminar en cuanto estuvimos listos… Aquel lugar que alguna vez fueron las tierras virzuk, ahora solo era un páramo desquebrajado. Le pregunté a Grand:

—¿Grand, en qué dirección?— Él dijo:

—Pues… No estoy muy seguro de exactamente donde, salimos de la cueva, pero… A juzgar por la brújula de Penny, debería de ser al norte con algunos grados hacia el oeste.— Le dije: —¡Pfff! No entendí nada…— Grand sonrió y dijo:

—¿Penny, me entendiste?

—Sí. ¿Cuántos grados?— Grand dijo:

—Muy ligero… Digamos… Cinco grados al oeste.— Ella dijo:

—¡Bien, yo los guiaré!— Tallé mis ojos… Vaya que hacia frío en ese lugar. Les dije: —Esperen un segundo, ya me dio frío…— Abrí mi portal y saqué mi abrigo. Le pregunté a Ray:

—¿Necesitas algo de ropa, Ray?— Él dijo:

—No, estoy bien.— Aún así saqué su abrigo y corrí a ponérselo… Le dije:

—Nada de eso. Hace frío, no quiero que te resfríes…— Agregué, mientras me alistaba para seguir en marcha:

—¿Oigan…? ¿Qué es una batería?— Lianne dijo:

—Es un receptáculo que conserva su carga, renacuajo.— «…» Le dije:

—Me dejaste igual… ¿Qué es un receptáculo?— Camille dijo pacientemente:

—Arlinne… Es un objeto que recibe energía de alguna especie. Pero en el caso de la batería, además de recibirla, puede guardarla.

—¡Ooh! Tiene sentido… Lo pregunto, porque Varenna mencionó que el orbe funciona como una batería…— Lianne dijo:

—Sí, algo así me supuse hace mucho tiempo…— Le dije:

—¡Ah, sí…? ¿Y eso qué implica en nuestros planes?— Ella dijo:

—Nada, renacuajo… Solo que puede estallar, sí lo destruimos, pero da lo mismo. ¿No esperabas que un artefacto tan poderoso como ese, batería o no, no estallara al ser destruido, verdad?— Le dije:

—Pues…— De pronto, me interrumpió una luz que iluminó las oscuras nubes, delante de nosotros… Como si un haz de luz, subiera de la tierra al cielo y de pronto… Un estruendo lejano, como sí fuera a caer una tormenta. Continué:

—¡Ah! ¡Qué fue eso? ¿Un relámpago? ¿Va a llover…?— Lianne dijo:

—Lo dudo, renacuajo. Eso no fue algo natural. Creo que es, exactamente lo que estamos buscando…— Nuevamente un resplandor subió del suelo al aire, a la lejanía y retumbó el ambiente… Ella dijo:

—Lo ves, ahí está otra vez y parece ser que Varenna tiene razón… No creo que eso sea algo que normalmente haga ese artefacto, mejor darnos prisa.— Asentí y seguimos adelante, apresurando el paso…

Seguimos adelante por un largo rato… «No sé sí sea mi imaginación, pero… Cada vez veo a menor distancia». Les dije:

—¿Oigan…? ¿Es mi imaginación o nuestros conjuros de luz están perdiendo su fuerza? ¿Es cosa del artefacto? ¿Alguna maldición o algo…?— Lianne dijo:

—No, renacuajo. No son nuestros conjuros… En realidad, cada vez está más oscuro…— Les dije:

—¡Bien! Entonces, es el momento de ponerles un poquito más de potencia. No quiero ir caminando por ahí y casualmente caer en un barranco o algo así…— Camille tapó su nariz y dijo:

—Chicos… ¿Solo soy yo o aquí apesta?— Olisqué a mi alrededor y le dije, mientras terminaba de volver a lanzar mi conjuro de luz:

—Pues… Sí huele feíto, como a carne podrida…— Volteamos a ver a Penny y ella dijo:

—Lo siento, no puedo oler nada…— «¿Qué raro…?» Le dije:

—¿Te resfriaste por zambullirte con la señora serpiente?— Ella dijo:

—No… Estoy bien, ¡mira! No tengo la nariz tapada, ni nada…— Resolló y resopló a mi lado… Grand, Lianne y Ray, tampoco podían oler nada raro… Les dije:

—Mmmh… Qué raro… Mejor ir con cuidado.

Seguimos caminando en la dirección que Penny nos guiaba… El hedor se había vuelto insoportable. Les dije:

—No puedo creerlo, ¿de verdad, no huelen eso?— Camille trastabilló y se tuvo que detener un instante… Penny corrió a sujetarla, porque por un segundo parecía que se iba a desmayar. Camille dijo, sonriendo:

—Estoy bien, no pasa nada… Pero esto es nauseabundo…— Le dije:

—¿Camille, no será que ya nos cayó alguna peste mágica o algo…?— Ella dijo:

—No, Arlinne. Recién revisé… No tenemos nada de eso.— Grand dijo, alertándonos:

—¡Hey! ¡Miren de ese lado! ¿Qué es eso en el piso? ¿Huesos…?— Penny ayudó a que Camille recuperara su equilibrio y dijo:

—Denme un momento, iré a revisar…— La alcancé a sujetar y le dije:

—No, Penny, discúlpame… Pero hoy no se trata de eso. Nuestro objetivo no incluye explorar, solo estamos aquí por una causa… Volamos esa cosa en mil pedazos y nos esfumamos de vuelta por donde vinimos.— Penny dijo:

—Pero… Podría ser algo peligroso… ¿Prefieres seguir así, sin saber siquiera?— El gruñido de un animal, interrumpió nuestro pequeño argumento y el lobo comenzó a gruñirle de vuelta a lo que quiera que nos acechara desde la oscuridad… Les dije, soltando a Penny del brazo:

—¡Todos alertas, viene de donde Grand nos acaba de señalar!— Lianne alzó su conjuro de luz, un poco más alto y lo movió por encima del lugar…

Ante nuestros ojos, un lobo de color negro, del mismo tamaño que lobito, nos gruñía, parado encima de una gran pila de huesos. Algo raro había con él, sus ojos verdes brillaban con luz propia… De pronto, para hacer más descabellada aquella escena… Escuchamos el berrido de una cabra y el rechinar de sus dientes… Llevamos nuestra mirada hasta la base de la pila ósea. Una cabra con los mismos ojos verdes, devoraba los restos de otro animal, imposible de identificar por su alto grado de descomposición…

Camille dijo, haciendo un esfuerzo por no volver el estómago:

—¡Eso es lo qué apesta! ¡Se están devorando unos a otros…?— Continuamos observando…

Decenas de animales, muertos vivientes, se alimentaban de los restos aún móviles de los demás, sin importar en lo más mínimo, su especie o la cadena alimenticia… El lobo de lo alto de la pila, se lanzó sin previo aviso sobre nosotros… Sin darle oportunidad, canalicé mi conjuro de pilar de llamas y lo pesqué de lleno en el aire, antes de que estuviera demasiado cerca. Ni siquiera gimió del dolor, como sí no sintiera nada, pero… En lugar de convertirse en cenizas… ¡Estalló! Como sí lanzaran un melón de la torre más alta de un castillo al contacto con el piso. La explosión fue muy grande para el tamaño del animal, sus vísceras y restos de huesos volaron en llamas, como sí estuviera lleno de una solución inflamable… Les grité:

—¡Cuidado! ¡Cúbranse!— Alcanzamos a tirarnos al piso y cubrir nuestras cabezas… Escuché un gemido de dolor… ¡Fue Lianne! La había alcanzado la explosión. Todos nos incorporamos y Grand, ya estaba levantando a Lianne del piso en sus brazos. Camille dijo, gritando:

—¡No los golpeen, explotarán! Me desharé de ellos… En un segundo estoy contigo, Lianne.— Lianne respondió, calmada:

—Tranquila, no pasa nada. Apenas me rasguñó…— La explosión, llamó la atención del resto de los animales, que ya venían por nosotros…

Camille con su báculo en sus manos, se concentró, parada frente al resto de nosotros… Un haz de luz envolvió a las bestias, las cuales se convertían en cenizas antes de poder caer al piso, pero… El remedio fue peor que la enfermedad. En un segundo, ya se veían innumerables pares de ojos verdosos, brillando en la oscuridad, acompañados de una cacofonía infernal, creada por los sonidos conjugados de toda la fauna de aquel lugar…

Todos voltearon a verme… Sin pensarlo dos veces, les dije:

—¡Oops! Creo que eso no ayudó mucho, Camille… Ya tendremos tiempo después para pensar las cosas con calma, ahora lo mejor que podemos hacer, es correr…— Sonreí graciosamente y les señalé hacia adelante… Le silbé al lobo y ayudé a Grand, a que depositara a Lianne sobre él. Le dije:

—Lianne, sujétate…— Les dije a los demás:

—¡Y bien, qué esperamos?

Salimos volando hacia el frente, hacia nuestro destino… De vez en vez, volteábamos a ver a nuestros perseguidores, quienes se acercaban peligrosamente por la retaguardia. Como pude me concentré y canalicé mi conjuro de aceleración, lo que nos ayudó a sacarles nuevamente la ventaja, pero no podríamos seguir así por mucho tiempo, tarde o temprano nos cansaríamos y sería el final… Cuando la distancia fue la adecuada, les dije:

—¡Pfff! Pronto nos vamos a cansar… ¡Hay que ponerle remedio a esto, ahora que tenemos la oportunidad!— Me detuve en mis pasos y saqué mi arco…

«¡Jijiji! Esta vez, sí traje flechitas conmigo». Canalicé el conjuro de luz más poderoso que pude en ese momento y comencé a disparar mi arco, priorizando los objetivos más cercanos… Una flecha, el arco silbó con su peculiar melodía y mi primer blanco estalló. Segunda flecha, un jabalí que parecía que se iba a enrollar su propio intestino entre sus patas y caer al piso… El arco volvió a silbar y explotó en mil pedazos. Tercera flecha, un alce cuya cabeza pendía de su torso como sí no tuviera más los huesos de su cuello, solo carne podrida en su interior… El arco silbó nuevamente, volándolo en una nube de llamas carmesí. Camille se acercó a mí y dijo:

—¡Te ayudaré, Arlinne!— Y nuevamente, canalizó su conjuro… Una pared de luz chocó contra las martirizadas bestias, volviéndolas cenizas al contacto… Tardamos un par de minutos, pero había funcionado. Nos habíamos deshecho, sí no de todos, por los menos de los que nos perseguían…

Caminamos un rato más para asegurarnos, que ya no venían tras nosotros y paramos, para que Camille atendiera las heridas de Lianne… Lianne se recostó sobre una frazada con la ayuda de Grand. La parte de su túnica que cubría su muslo derecho, estaba húmeda de sangre… Me asusté, la abracé y le dije:

—¡Hermanita, te duele? ¡Cómo te sientes?— Ella dijo:

—No pasa nada, renacuajo… Ya me tocaba, tranquila. Por un momento, pensé que saldría ilesa de tu loca aventura, pero parece ser que me equivoque… ¡Jajaja!— Le dije:

—Lo siento… Fue mi culpa… Yo no sabía que el señor lobo muerto viviente, iba a estallar…— Camille descubrió su pierna para poder atenderla… Sí se veía mal. Lianne dijo: —No es culpa de nadie, renacuajo. No sigas o me vas a hacer enojar…— Le dije a Camille: —¿Te ayudo, Camille?— Ella dijo:

—Todo bien, Arlinne. Se ve aparatosa, pero fue superficial. Limpia y cierra su herida en lo que yo quito cualquier enfermedad, que pudieran transmitir esas pobres bestias.— Asentí y comencé a sanar su herida… Todo bien. Cuando Camille terminó, me ayudó a terminar de quitar cualquier rastro de la herida de su piel. Le dije:

—¡Pfff! ¡Listo, hermanita! ¿Oye…? Ya viéndote de cerca, sí que estás muy carnosa… ¿Cómo le haces? ¡Qué caderas!— Ella rio y dijo:

—¡Jajaja! Renacuajo, no hago nada especial… Además, que fijadita, ¿no? Tú también tienes buen tambor, de donde careces es de arriba… ¡Jajaja!— Le dije:

—¡Pfff! Y que lo digas… Bueno, sí no les molesta, descansaré mis ojitos un par de minutos. Hidrátense, coman algo o reposen, en seguida vuelvo con ustedes…— Saqué mi mantita de mi portal, la abotagué en mi bolsa y la usé para recargarme un momento en el piso…

Después de un momento, Ray se acercó a mí y me dijo:

—Debemos continuar, Arlinne. No te quedes dormida.— Le dije:

—No, no… Ya voy…— Partió una galleta de las provisiones y me dijo:

—Abre la boca…— Yo la recibí y le dije, aún con ella entre los dientes, mientras me ponía de pie:

—¿Qué tanto, crees que falte?— Él se encogió de hombros y dijo:

—La verdad… Apenas y podemos ver más allá de nuestras narices. No tengo idea, pongámonos en marcha.— Asentí con mi rostro, pero cuando él me iba a devolver la mirada, nos interrumpió nuevamente un resplandor a la distancia… La luz subió del piso al cielo y esta vez escuchamos el estruendo mucho más rápido y más cerca. Iba a hacer un comentario, pero antes que siquiera pudiera apartar la mirada, el fenómeno se repitió una vez más y luego otra… Por fin, el ambiente se quedó en silencio… Les dije:

—¡Se dieron cuenta?— Todos se quedaron sin saber que responder con excepción de Lianne, quien dijo:

—¡Sí! Debemos darnos prisa…— Penny dijo:

—¿Cuenta…? ¿De qué? ¿Qué pasa?— Le dije:

—Esta vez fueron tres… Tal vez, no signifique nada, pero me preocupa. Vamos, en marcha.— Lianne se puso de pie y no pude ignorar que hizo una mueca de malestar al apoyar su pierna derecha en el piso… Le dije:

—¿Hermana…? ¿Estás bien?— Ella dijo:

—¡Qué sí! No pasa nada, solo me duele un poco ahora que ya se enfrió, es todo. Caminando me sentiré mejor, vamos…— Camille dijo:

—Supongo que la ocasión lo amerita…— Y canalizó un conjuro para aliviar el dolor de su pierna. Lianne le agradeció y nos pusimos en marcha…

Seguimos largo rato sin muchas novedades con excepción del cansancio, que por fin nos empezaba a hacer mella… No sabía, sí era el ambiente, algún efecto mágico de aquel lugar o simplemente, el esfuerzo que ya habíamos hecho, pero ya me sentía muy cansada y mis compañeros, se veían exactamente igual o peor que yo… Grand y Lianne, sudando profusamente, tan solo por la caminata, incluso Camille, cada que parábamos, resoplaba con la boca abierta… Le pregunté:

—¿Camille, estaremos bien…? Todos nos vemos muy cansados…— Ella dijo:

—Eso espero, Arlinne. Lamento decir esto, pero no hay más que pueda hacer, tenemos las guardas necesarias, discúlpenme…— Penny corrió, haciendo círculos alrededor de nosotras y dijo:

—No pasa nada, yo no estoy cansada.— Le sonreí a la cara, cuando noté las oscuras ojeras que se habían formado alrededor de sus ojos… Le dije:

—Con calma, Penny. No tienes que aparentar nada, guarda esa fuerza. No sabemos que tan lejos estemos aún de nuestro objetivo…— Nuevamente al terminar de decir eso, los resplandores iluminaron el cielo a la distancia… Nos quedamos en silencio, solo observando y escuchando, el rugido que hacían al volar por los aires… «Uno, dos, tres… ¡Cuatro!» Lianne me volteó a ver y dijo:

—Es demasiada coincidencia, renacuajo… Algo está en marcha, sigamos adelante.— Le dije:

—Sí, solo tomaré un poco de agua, sacaré la que hay dentro y continuamos… Aprovechen, sí alguien más tiene que sacar algo de su sistema.

Me alejé unos pasos, apenas para que me cubriera la oscuridad y me puse a hacer mi asunto… Por unos instantes, sentía como sí me fuera de lado y me recordó, como cuando bebía demasiado y tengo que sujetarme de algo, mientras saco el agua… «¡Qué raro? ¿Tan cansada estoy?» Nuevamente, sentí el movimiento… «No… Espera un momento…» Sacudí apresuradamente mi asunto y regresé con ellos… Les dije:

—¿Alguien más, sintió eso…?— Se vieron los unos a los otros y Ray dijo:

—No, peque… ¿Qué cosa?— Lianne dijo:

—¿Te lavaste las manos, renacuajo?— Les dije:

—Ese movimiento de la tierra… Como si temblara y obvio, no me he lavado las manos… No pasa nada, ya lo hago en este momento…— Saqué la bota donde cargaba el agua para mi higiene personal y enjuagué mis manos. Penny regresó volando, también de la oscuridad y dijo:

—Está temblando, ¿lo sienten? Casi me voy de boca…— Grand y Ray, se quedaron de pie, sin moverse, ni hablar, para poder sentir aquello que describíamos… Y efectivamente, volvió a temblar, esta vez mucho más fuerte que las veces anteriores. Ray dijo:

—¡Vaya! Lo que nos faltaba, este lugar es un cataclismo…— Me quedé pensando en sus palabras tan solo por un momento, que se alargó en mi mente… «¡Mmmh! ¡Qué raro! Siento que esta sensación la he vivido antes en algún lugar… ¡No!» Les dije, gritando para llamar su atención:

—¡Eso es…!— Grand dijo:

—¿Qué pasa, Arlinne?

—Esto no es un temblor, tengan cuidado… Es un monstruo… Uno como con el que peleamos en Montloarc, ¿lo recuerdan? ¡La sierpe!

El temblor aumentó en magnitud y Penny dijo:

—¡Cuál sierpe? Yo no estuve ahí, ¿verdad?— Le dije:

—No, Penny, ten cuidado… Es un enorme gusano que ataca por debajo del piso…— Nos juntamos unos con otros, para no quedar descubiertos de ningún flanco… Les dije:

—Sí sale por debajo de nosotros, no se distraigan, nos moveremos todos juntos a la izquierda, ¿entendido?— Apenas me iban a responder, cuando la tierra se comenzó a cuartear por debajo de nuestros pies… Les dije apresuradamente:

—¡Ahora, vamos, vamos!— Grand jaló a Lianne, Ray alcanzó a tomar del brazo a Camille y nos arrojamos a un lado…

El monstruo emergió por debajo de nuestra antigua posición… Lo observamos a detalle, mientras nos incorporábamos de nueva cuenta. Era exactamente el mismo tipo de monstruo, con la única diferencia, que este ya no estaba vivo… Al igual que el resto de las criaturas de aquel lugar, era un muerto viviente… Como sí solo quedaran sus huesos y cascara seca alrededor de los mismos… Les dije:

—¡Y ahora qué…? Sí fue difícil, la pasada vez que estaba vivo, ahora que ya no siente dolor, no tengo ni idea de que vamos a hacer…— Camille dijo:

—Todo lo contrario, Arlinne. En este caso, estoy segura de que es más débil ahora, que sí estuviera vivo.— La criatura lanzó hacia el frente sus fauces, para tratar de devorarnos de un solo bocado… Nos arrojamos a los lados para esquivarlo. Ray y Grand, lo encararon apenas y recuperaron su balance… Camille me dijo, mientras recuperaba su aliento:

—Antes, la magia no tenía casi ningún efecto sobre su cuerpo… Ahora, la maldición que carga su existencia, lo hace débil a la luz divina de nuestra diosa.— Ella agregó, mientras los chicos hacían escaramuzas cuerpo a cuerpo contra la bestia:

—¿Me puedes ayudar con tu conjuro de llamas, Arlinne? Ese que se abre una luz en el cielo y luego desciende un chorro de fuego.— Le dije:

—Sí, pero… No tuvo mucho efecto la vez anterior, solo hacía que le diera calor… ¡Jijiji!— Ella dijo:

—Confía en mí, esta vez lo hará… A mi señal, ¿está bien?— Asentí y comencé a concentrarme, mientras Camille hacia lo mismo… Los chicos hacían un gran esfuerzo por mantenerla ocupada, pero desafortunadamente, sus ataques físicos apenas y la mantenían a raya, haciéndole un mínimo de daño.

Camille alzó sus brazos… Una luz amarilla y brillante, iluminó por completo la silueta de la criatura… Al contacto con ella, sus escamas y huesos, comenzaron a desprender vapor. La criatura rugió en agonía, a la par que pequeñas esferas de luz revoloteaban a su alrededor. Camille dijo:

—¡Arlinne, ahora!— Desaté mi conjuro…

En lo alto de los aires, donde comenzaba el conjuro de Camille, una luz desquebrajó la oscuridad, como sí se tratara de una ventana que se rompe en uno de sus extremos, haciendo la luz que ya rodeaba a la criatura aún más fuerte y fulgurante… Después un silbido y el pilar de llamas descendió sobre la criatura. Esta se retorcía de dolor, a diferencia de la vez en Montloarc… Esta vez, efectivamente, la estaba haciendo arder en cenizas… Trozos de la criatura en llamas se desprendían de su cuerpo y se volvían motas brillantes que volaban por los aires rumbo a la luz de mi conjuro… Unos segundos y todo había terminado…

Camille desfalleció y Penny, apenas alcanzó a recibirla en sus brazos… Yo me fui de espaldas al piso, tratando de no lastimarme en la caída. Ray vino en seguida y me dijo:

—¡Estás bien?

—Sí, sí… No pasa nada. Creo que después de todo, sí tendremos que pensar en algo para descansar, aunque sea por un par de horas…— Camille se reincorporó al escuchar mis palabras, como sí tuviera un resorte y dijo:

—Estoy bien… Denme unos minutos y podremos continuar…— Lianne que llegó a darle un poco de agua a Camille, dijo:

—No lo entiendo… ¿No se supone que sus escamas son resistentes a cualquier tipo de magia? Tu conjuro lo entiendo… Es magia de fe o como los menos estudiados dirían, magia divina, pero… ¿El conjuro de fuego de renacuajo?— Camille sonrió y cuando terminó de beber el agua, dijo:

—Lo sospeché hace mucho y parece que tenía razón… Al principio pensaba lo mismo que tú, Lianne, pero cuando vi como ese conjuro destruyó a la sombra en las criptas de Tsun y sí a eso le agregamos que Arlinne puede sanar… Estaba segura por completo que esta pobre bestia no lo resistiría… Menos, sí le daba una pequeña encaminada.— Lianne se quedó como sí no entendiera una palabra y obvio, yo estaba peor… Camille agregó al ver nuestra ignorancia:

—¿Qué no se dan cuenta? ¡Jajaja! Ese conjuro de Arlinne, tiene componentes arcanos y divinos o como dirían los incrédulos, de fe…— «¡Nah…?» Lianne sonrió, incrédula y sin poder resistir por mucho, estalló en carcajadas…

—¡Jajajajaja! Camille, ¡jajaja! ¡Ajá! ¿A ver, renacuajo, reza una oración? ¡Jajajaja! No es que te quiera poner en evidencia frente a Camille, pero… ¡Jajaja!— Me encogí de hombros y reí nerviosa…

—¡Qué fea personita…! Jejeje… Pero tiene razón, lo siento, Camille… No sé nada de nada… Jejeje…— Lianne dijo:

—¿Lo ves, Camille? ¡Jajaja! ¡Santa renacuajo…? ¡Jajajaja!— Camille dijo:

—Lo sé… Sé que parece increíble, pero así es… De una u otra manera, Arlinne puede hacerlo…— Yo estaba muy confundida y les dije:

—Mmmh… Ya deja de reírte de mí… Y no creo que eso sea importante en este momento… Que les parece sí se olvidan un poquito de eso por ahora y planeamos lo siguiente… Estamos cansados, la verdad… Y esa cosa, quien sabe que tan lejos esté… Descansemos un par de horas y sigamos adelante, ¿les parece bien?— Lianne me dijo en tono burlón:

—Está bien, su santidad… ¡Jajaja!— Le dije, molesta:

—Bueno… ¡Qué pesadita, eh! ¡Pfff! Yo no se nada de nada…— Ella dijo:

—Eso ya lo sé, por eso se me hace más increíble lo que dice Camille… Tendré que investigarlo a fondo, una vez hayamos terminado esta loca aventura. Dijiste que descansaríamos un tiempo por ahí, solo viendo como se daban las cosas en Kharsten, ¿no? Bien, pues llegaré al fondo del asunto, del porqué los muertos vivientes van a primero por ti, porque puedes canalizar de esa manera, sin gestos, ni señas, ni letanías y sin tener nada preparado y también esto… ¡Tu susodicha ascensión! ¡Jajajaja!— Le dije:

—¡Nah! ¡No soy sujeto de pruebas!— Y le saqué la lengua… Ella dijo molesta:

—¿Renacuajo…?

—No lo sé… Tal vez, sí me lo pides, por favor, lo haré… Solamente no quiero estar agobiada con eso, ¿está bien?— Ella dijo:

—Está bien. ¿Por favor, renacuajo linda y hermosa? Solo haremos pruebas de vez en cuando para que no estés incómoda, ¿te parece bien?— Le dije:

—Está bien… Ya lo veremos… También a mí me da curiosidad, saber un poquito más de eso y muchas otras cosas…

Descansamos un rato… Me recosté y me quedé pensando lo que habían dicho Camille y Lianne… «Entiendo perfectamente lo que es la magia de fe, pero no tengo ni idea, de por que podría hacerla… Yo solo me concentro y conjuro lo que me sale de mi torcida cabecita… No cabe duda, hay tantas cosas que ni siquiera comprendo… ¿Cómo puedo ser hechicera, sin siquiera saber este tipo de cosas…? ¿El maestro? ¿Él sabrá…? ¿Por qué nuestro entrenamiento fue distinto? ¿Fue por esa causa? Pfff… Trataré de dormir una siesta, tengo cosas más importantes por las cuales preocuparme en este momento… Zzz…»

Me despertó el jaloneo en mi hombro… Escuché la voz de Penny, quien dijo:

—Ya, Arlinne, despierta. Comamos algo antes de seguir en marcha.— Me puse de pie y fui junto con los demás. Les dije:

—Al menos, ya se quitó un poco el frío…— Penny que comía sus raciones, dijo:

—No entiendo siquiera, como puedes dormir en este lugar… A mí me da escalofríos.— Le dije:

—Pues… Estaba muy cansada. ¡Jijiji!— Comí muy poquito y nos pusimos en marcha…

Una vez más, vimos los resplandores subir al cielo junto con los estruendos… Esta vez fueron cinco… Les dije:

—Ya se oye muy cerca…— Me quedé viendo hacia el frente y agregué:

—¡Miren! Pueden ver eso… A ver, quitemos la luz.— Cancelamos el efecto de nuestros conjuros de luz y efectivamente… A lo lejos se podía ver una tenue luz, que bajaba entre las nubes. Grand dijo:

—Es como sí en ese lugar, el cielo estuviera despejado, ¿ya lo notaron?— Camille respondió:

—Sí, como si las nubes formaran una corona, por encima…— Lianne dijo:

—Probablemente es por el efecto de la magia que sube y choca constantemente contra ellas, revolviéndolas…— Les dije:

—¡Ese debe de ser nuestro destino! No alcanzo a ver el edificio, pero seguro es abajo de ese hueco en el cielo.— Todos asintieron y seguimos en marcha… Esta vez, nos volvieron a sorprender el resplandor y los estruendos, pero no por su aparición, sino por su frecuencia. Les dije:

—¡Tan pronto? ¡Ahora fueron seis!— Lianne dijo:

—Sí y cada vez son más frecuentes…

Volvimos a canalizar nuestros conjuros de luz, esta vez, ya más confiados de nuestro destino… Aún así, se veía bastante lejos y con todo y el descanso, me comenzaba a sentir fatal, como sonámbula… Seguimos por algunas horas más, tratando de mantener el paso… En el transcurso de ese tiempo, los resplandores se habían hecho mucho más frecuentes y aumentaban en número. Por fin, pudimos ver el lugar al que nos dirigíamos, muy a la distancia… Era una especie de construcción, parecida a un anfiteatro y efectivamente, los resplandores ascendían de su interior. Les dije:

—Ahí debe de ser… Que lugar tan raro, no me parece una construcción que pudieran hacer los virzuk…— Se veía apenas, muy pequeña a la distancia, pero no había duda, ese era el lugar. Penny me detuvo del hombro y dijo:

—Esperen, algo no está bien… Más adelante hay algo o alguien…— El lobo comenzó a ladrar desesperadamente… Camille dijo:

—¡Si! ¿No lo hueles Arlinne? ¡Otra vez ese mismo hedor!— Les dije, mientras hacia un esfuerzo por oler… Un tenue hedor acre, me llegaba al olfato…

—Sí, pero poquito…— Alzamos nuestra iluminación y nos llevamos una sorpresa… Innumerables legiones de esqueletos y zombis, muertos vivientes, permanecían formados frente a nosotros, como sí formaran una barrera. Les dije:

—¿El comité de bienvenida? Bien, bien… Aunque, vaya que son bastantes…— Las criaturas no se inmutaban, ni se movían, solo estaban paradas ahí, como estatuas… Les dije:

—¿Qué pasa? ¿No, nos van a atacar?— Camille dijo:

—Que raro, es solo… ¿Cómo sí quisieran cortarnos el paso?— Penny se movió un paso al frente y los defensores se movieron de la misma manera, dio un paso atrás, ellos regresaron. Penny regresó corriendo y dijo:

—¡Lo vieron…?— Los destellos inundaron nuevamente el cielo y dije:

—Mmmh… Solamente nos quieren hacer perder el tiempo…— Lianne dijo:

—¡Sí! ¡Eso mismo!— Dije:

—Entonces… ¡Varenna, tenía razón! Algo va a pasar y estos adefesios, solo están aquí para hacernos perder el tiempo…— Nos quedamos viendo y pensando… Hasta que les dije:

—Bien, pues hagámoslos cenizas y démonos prisa… Aunque la verdad, son demasiados, no sé cuanto tiempo nos podría llevar…— Nuevamente nos quedamos en silencio y seguimos pensando… Hasta que Camille se paró frente a nosotros y dijo:

—¡Yo me haré cargo! Sí es urgente, no tiene caso que todos perdamos el tiempo aquí… ¡Para la gracia de mi diosa, estos cascarones vacíos, no son más que una burla! Haré un espacio entre ellos para que todos ustedes puedan pasar.— Le dije al instante:

—¡Qué estás loca? ¡No! Lo siento, Camille, pero eso es imposible. Todos estamos juntos en esto, nadie se queda atrás.— Penny dijo:

—Estará bien, yo me quedaré con ella… En cuanto sean los menos o ya no representen un peligro, los alcanzaremos. No te preocupes, Arlinne. No dejaré que nada malo le pase, en seguida estaremos con ustedes.— Les dije:

—¡Pero qué no lo entienden? ¡Jamás podría estar tranquila, sabiendo que ustedes están en peligro, atrás de nosotros! Todos llegamos aquí juntos y todos seguiremos juntos hasta el final…— Nuevamente los haces de luz y los estruendos, me volvieron a interrumpir… Camille dijo serenamente:

—¿Arlinne, qué no confías en nosotras? ¿No crees que podamos hacer las cosas, sí no estamos contigo?— Mis ojos se comenzaron a humedecer y dije, ya casi llorando:

—No es eso… Es todo lo contrario, es que yo… ¡Yo las necesito a mi lado! Sé que suena egoísta, pero…— No pude contenerme y reventé en llanto…

—¡Todos ustedes, son los que me hacen tan fuerte! Además, no quiero que nada malo les pase…— Camille me abrazó y secó mis lágrimas, para decir:

—Lo sé, Arlinne. Nada malo nos pasará, confía en nosotras. En seguida estaremos de vuelta…— Volteé a ver al resto, todos asintieron y Lianne dijo:

—Sabes que bajo ninguna otra circunstancia, dejaríamos a nadie atrás, renacuajo. Camille y Penny, estarán bien.— No podía parar mi llanto… Ray me tomó de la mano y dijo: —Tranquila, peque. Es su voluntad. Tú eres la líder, pero debes de respetar el deseo de todos…— Le dije, gritando y haciendo berrinche:

—¡Sí, sí y lo hago! ¡Pfff! Está bien… ¡Por favor, prometan que nos veremos allá! ¡Sí?— Penny y Camille, asintieron, me abrazaron y Camille dijo:

—En cuanto estén listos…— Negué con la cabeza, sequé mis lágrimas y desenfundé mis espadas… Esperé a que todos estuvieran listos y dije:

—¡Ahora…!

Camille lanzó una barrera de luz, frente a los muertos vivientes, que ya se arremolinaban para alcanzarnos, al momento que nos acercábamos corriendo… Estos quedaron convertidos en cenizas. Corrimos y todos ayudamos a quitarnos los más que pudimos en nuestro camino… Cuando estuvimos del otro lado, intentaron darnos caza, pero una barrera idéntica a la primera, tomó forma e impidió su avance, convirtiendo en polvo a cualquier espantajo que intentaba atravesarla… Corrimos y corrimos… Me dolía mi corazón, pero no por el esfuerzo… «¡Por favor! ¡Camille, Penny, cuídense…! ¡Las quiero mucho!»

Me detuve sin avisar y todos se detuvieron conmigo… Atrás solo había quedado la muralla de luz de Camille y el estruendo de la batalla… Les dije:

—¿Oigan…? ¿Y sí regresamos y las ayudamos…?— Lianne agachó su mirada y me dijo: —Renacuajo… Van a estar bien, tranquila. Confía en ellas. En un instante nos alcanzarán, debemos darnos prisa… Te imaginas que hayamos llegado hasta aquí y en verdad, algo muy malo vaya a pasar de un momento a otro. ¿De qué habrá servido todo nuestro esfuerzo?— Me costaba tanto asimilarlo… Sabía que era lo correcto, pero… Simplemente no podía estar tranquila con la idea, de dejar atrás a ninguno de mis compañeros. Ray dijo:

—Vamos, Arlinne. Sigamos… Ya se ve un poco más cerca.— Fruncí mi ceño, pateé una pequeña piedra que estaba en el piso y asentí…

Seguimos un rato más… Yo volteaba constantemente a donde habíamos dejado a Camille y a Penny, hasta que por fin, perdí de vista el lugar… No me sentía a gusto… «¿Por qué tenía que ser de esta manera…?» La luz emergió del edificio que ya se veía mucho más cerca y ascendió por los aires, recordándome la premura de la situación. Por fin, habíamos llegado a la única zona del lugar, donde la luz del sol atravesaba las negras nubes, no iba poniendo atención a muchas cosas, hasta que Ray me jaló del hombro y me regresó en mis pasos… Él dijo:

—¡Espera, Arlinne, mira…!— Mis compañeros se habían detenido, volteé hacia el frente… Una horda de hombres armados, nos esperaba, cortándonos el paso… Les dije:

—¡Virzuks?— Grand dijo, tomando su hacha de la espalda:

—Así parece ser…— Todos estaban en armadura de placas y equipo completo, algunos incluso tenían escudos… Eran tantos, casi como las legiones de muertos vivientes que habíamos dejado atrás… Les dije:

—¡Pero cómo…?— Grand dijo:

—Parece ser que lo que Thorak y Graretos, dijeron es verdad. Aún hay muchos de ellos, que les interesa pelear por sus intereses personales…— Lianne agregó:

—Eso… O están controlados… O un poco de ambos.— Les dije, absorta:

—Pero… ¿Qué no se dan cuenta? Ya no hay nada más, por que pelear aquí… Todo está desolado. ¿Cómo pueden llegar tan lejos…? Cuando hace mucho, todo perdió razón de ser…— Lianne dijo:

—Muy buena pregunta, renacuajo. Por eso mismo, no me extrañaría en lo más mínimo, que su propia ambición, los haya hecho blancos fáciles del poder del orbe.— Saqué mis espadas y dije:

—Bien… Entonces, no hay otra solución.— Lianne me tomó del hombro y dijo, negando: —No, renacuajo… Estos son para nosotros, ustedes deben de darse prisa…— Le dije con la boca abierta:

—¡Qué? ¡Es en serio…? Primero, Camille y Penny, ¿ahora ustedes también? ¡No, nada de eso! ¡Me niego, me quedaré aquí hasta que acabemos con todos y cada uno de ellos!— Lianne dijo, sin prestarme atención:

—Ranerd, cuida de ella, por favor…— Me enfurecí y con lágrimas en los ojos, dije:

—¡Qué…! ¡No te hagas pendeja! ¡Qué no me estás escuchando? ¡No los voy a dejar aquí!— Lianne dijo:

—Renacuajo, en un momento estaremos con ustedes… Además, no podemos dejar a estos idiotas aquí, cuando Penny y Camille, vienen en camino…— Y sonrió… Cándidamente, como intentando emular mi sonrisa de tonta…

Ray me tomó del brazo y a la señal de Lianne, la tierra se comenzó a abrir en medio de las hordas de virzuks… Los esqueletos de Lianne, emergieron de la tierra, tomando y arrastrando a los desprevenidos a que ocuparan su lugar, bajo suelo, mientras ellos ascendían, apoyándose en sus víctimas hacia la superficie. Después de eso… Un destello, pero no el del orbe a kilómetros al frente de nosotros, sino de la magia de Lianne, que del mismo punto, creaba una ola de fuego que se abría en dos partes en el campo de batalla… Comenzamos a correr entre el espacio que se había creado… El lobo, Ray y yo… Que solo los seguía sin prestar atención a nada… «¿Por qué, Lianne…?» Mis ojos bañados en lágrimas, apenas y podía distinguir el piso a mi alrededor…

Cuando por fin habíamos atravesado, los esqueletos se reagruparon y formaron una barrera para que nadie pudiera seguirnos… Corrimos y corrimos… Aunque yo, ni siquiera miraba hacia el frente. Mi vista estaba perdida en la batalla que se había desatado tras de nosotros… Una vez más cuando por fin, los perdí de vista, me solté de un jalón de la mano de Ray y me detuve a tratar de recuperar mi aliento, lo cual se había vuelto una tarea muy difícil, mientras lloraba y gritaba. Ray dijo:

—Arlinne, cálmate un poco, ¿sí? ¡Por favor! Necesitas tranquilizarte y recuperar tu aliento, ellos van a estar bien— Le dije en un mar de sentimientos:

—¡Cómo lo sabes?— Él dijo:

—Porque debes de confiar en ellos, solo por eso… Respira profundo y vamos a continuar… Cof, cof…— Respiré profundamente, tratando de tranquilizarme, pero era muy difícil… Sentía que cada vez, que uno de ellos se quedaba atrás, mi confianza, mi fuerza, se iba aminorando… Comencé a sentir miedo, inseguridad… Como cuando solo era un niño, confundido y desamparado…

Ray comenzó a toser… Salí de mí misma y le dije, aún llorando:

—¡Lo ves…? Te vas a resfriar por el agua helada y después haber salido al frío, sin querer abrigarte…— Él dijo:

—Estaré bien… Anda, sigamos caminando. Ya estamos muy cerca.— Suspiré varias veces, tratando de encontrar nuevamente mi entereza, pensando en sus promesas… «Seguro van a estar bien. No puedo ser tan egoísta… Debo tranquilizarme». Traté de sonreír como siempre lo hacía y le dije:

—Van a estar bien, ¿verdad?— Él dijo:

—Por supuesto, peque. Ya lo verás, en un rato más estaremos de vuelta y cuando regresemos, comeremos carne y pollo asado, mientras brindamos.— Asentí sonriendo y nos pusimos en marcha…

Por fin, lo teníamos a la vista, tal vez un par de kilómetros… Era un edificio muy grande, como un coliseo o un anfiteatro. Indudablemente un vestigio de una civilización anterior a ellos… Debió haberles parecido un lugar muy hermoso en su momento y decidieron adueñarse de él, para sus ceremonias más solemnes y comulgar con los espíritus. Ray se detuvo de repente y comenzó a toser… Esta vez, de una forma mucho más estruendosa. Le dije, preocupada:

—¿Amor…? ¿Estás bien? ¿Te sientes bien?— Él dijo, recuperando su aliento:

—Sí, no pasa nada… Solo estoy un poco mareado.— Los destellos nuevamente emergieron de aquel lugar, que carecía de un techo, retumbaron en el cielo, pero esta vez las nubes brillaron en respuesta… Un mal presentimiento me invadió y solo reaccioné… Le dije a Ray: —¡Cuidado!— Y me paré frente a él y el lobo, canalizando mi conjuro de barrera…

Un haz de luz, parecido a un trueno, descendió sobre nosotros y chocó con toda su fuerza contra la barrera… Ray de la impresión, perdió el equilibrio y cayó al piso, pero estábamos a salvo y la barrera intacta… Le dije:

—¡Amor! ¡Vienen más, cúbrete…! ¡No sé sí mi barrera resista…!— Efectivamente, en una fracción de segundo, después de mis palabras, otro más azotó contra la barrera… La barrera estaba resistiendo, pero había algo más, que poco a poco se iba desmoronando. Ray se puso de pie y dijo:

—¡Arlinne, mira!— Me señaló a nuestro alrededor… El piso se había desquebrajado por completo alrededor de la barrera, dando paso a un abismo, que poco a poco sumergía el lugar donde estábamos parados…

«¡Sí esto sigue así, vamos a caer quien sabe a donde…!» Un tercer impacto se estrelló con la barrera y esta vez fue el final… Salimos ilesos, pero el piso, por fin había cedido y se deslavaba al interior del socavón… Dejé de canalizar mi conjuro y Ray, instintivamente me sujetó para ponerme a salvo durante la caída, con él de espaldas… En un arrebato, le grité:

—¡No! ¡Amor! ¡Sí haces eso, te vas a lastimar! ¡Suéltame y prepárate para reaccionar al impacto!— Él se aferró aún más a mí y le dije:

—¡Qué no! ¡Qué no entiendes…! ¡Haz todo lo posible por ponerte a salvo!— Me zafé como pude de entre sus brazos y canalicé mi conjuro de salto… Íbamos en caída libre, ya solo alcancé a decirle:

—¡Todo lo posible! ¡Entendiste? En un momento nos encontraremos abajo, no te preocupes por mí, tú eres la prioridad…— El lobo sin poder hacer más, alcanzó a saltar sobre una roca al vuelo para regresar a la salida, mientras… Una enorme roca me separó de Ray en su trayecto hacia el fondo… «¡Esto se ve mal! Pero… De peores he salido».

Las rocas me cubrieron y pensé… «¡Sí no hago algo ahora, voy a quedar enterrada!» Me traté de impulsar con toda la fuerza de mis piernas entre roca y roca, para no quedar hasta abajo… Parecía que lo lograría, pero unas más, venían por encima de las primeras. Cuando me di cuenta de eso, ya era demasiado tarde… Había llegado al fondo. Golpeé contra las primeras rocas, con el peso de las últimas encima de mí… Lo último que pude hacer, fue reaccionar y girarme a un costado, donde por el impulso, salí volando hacia un lado de ellas, estrellándome contra el piso… Piedras mucho más pequeñas, caían sobre de mí y mis extremidades… Intenté regresar de pie de un salto, pero estaba lastimada… No pude más y perdí el conocimiento…

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Penny me dijo:

—Camille… Esto se ve mal. De verdad, creo que se nos pasó la mano… ¡Son muchísimos!— Mientras saltaba entre aberración y aberración, rebanándolos y empalándolos con sus dagas de jade. Le dije con confianza:

—Penélope, no pasa nada. La gracia de nuestra diosa es infinita y estoy segura de que después de todo lo que hemos vivido, no nos abandonará en este momento.— Busqué en mi alma y corazón por la respuesta… Nuevamente conjuré una barrera de luz para purificar las almas y los espíritus de aquellas aberraciones…

Nos dio la ventaja y cayeron en llamas al piso, dándonos un respiro… Recordé por un momento, la mañana antes de esa reunión en el consejo, donde Sendius se quejó amargamente, de que alguien había atacado las caravanas donde llevaba a sus esclavos… «Esa mañana, como cualquier otra de mi monótona vida hasta ese momento, recuerdo haber despertado y pensar profundamente en lo precario de mi situación… De la jaula hecha de oro y joyas, en la que yo misma me había encerrado y tirado la llave. Recuerdo llorar en silencio, de impotencia y amargura, sumergida en un océano de fraudes, fachadas y conveniencias… Como anhelaba, al menos por un momento en hacer el bien, pero no detrás de un altar, no detrás de un escritorio, sino en hacer justicia de la mano de mi diosa, donde se requiriera… ¡De la mano del hambriento a quien le arranca el glotón una hogaza de pan, de la mano del inculpado a quien le arranca su esperanza el despiadado, de la mano del pobre a quien le arranca el ambicioso sus últimas monedas…!» Una sonrisa llegó a mi rostro… «Cuantas veces he tenido pesadillas, donde sigo encerrada en esa jaula, en ese mundo, pero… Ahora al despertar, suspiro profundamente sabiendo que todo eso quedó atrás…»

«Y todo eso… Se lo debo a Arlinne. Ella llegó a sacarme de esa jaula, que por años intenté destruir sin avance alguno… Con esa sonrisa sincera, despreocupada, simple y ese enorme corazón, que no anhela nada más, que ver a los demás contentos como lo está ella… Por un momento, pensé en su ingenuidad, que tarde o temprano se sumergiría en su ego o en su deseo, que la ambición, tarde o temprano, le daría alcance o peor aún… Que cuando topáramos con un muro, su frustración la sumiría en el hartazgo y se dedicaría a emular aquello que no pudo vencer…»

«Yo sé que Arlinne no es perfecta… ¿Quién lo es…? Tiene sus detalles y sus pecados, pero… Siempre trata de anteponer lo que es correcto, antes de sus deseos y nunca satisfacerlos a costa de los demás… Me pregunto sinceramente… ¿Qué no es ese, el propósito de toda persona que aspira a convivir con el concepto de la divinidad…? Reconocer sus pecados y virtudes, luchando constantemente con sus demonios, en una batalla interminable que solo puede ser justificada por nuestra propia mortalidad».

«También sé, que no he podido acercarla a mi diosa… Arlinne, simplemente no tiene cabeza para eso. En un principio intenté ser sugerente, darle la bienvenida, pero ella por respeto, solo me daba vueltas… ¡Jajaja! No importa… ¿Qué no es ese, al final del día, el objetivo de las religiones con patronos benevolentes…? Que las personas sean buenas y se acerquen al lado de la luz. Pues… En ese sentido, Arlinne, está cumpliendo. No creo que necesite nada más que eso».

«En fin… Debemos apresurarnos, pueden necesitarnos. Es momento de ponerle fin a esto». Le dije a Penny:

—¡Penny, cúbreme! Dame un par de minutos, por favor, ¿puedes hacerlo?— Ella alzó su mano y dijo, alegre:

—¡Sip!— Le dije:

—Muy bien, Penny. Lo dejo en tus manos…

Con toda mi fuerza, clavé mi báculo en el piso y comencé a orar de rodillas, despreocupada por completo de todo lo que me rodeaba… «¡Debo acercarme a mi diosa, lo suficiente! Estar en su luz, infinita y cálida… De amable sonrisa». Por algunos segundos, la vi en mi mente, brillando, extendiendo sus brazos hacia mí… «¡Oh, mi diosa! ¡El culpable está impune hace mucho tiempo! ¡Insufrible y carente de empatía por el resultado de sus acciones, rebozando alegría…! ¡Mientras tus hijos aquí…! ¡Están en un infierno! Arrancados de su vida, sin poder encontrar el descanso en la muerte… ¡Por favor, te lo ruego! ¡Llevalos a la luz, que descansen y perdonen, que podamos continuar para darle caza al culpable, que no conoce el arrepentimiento…!»

El lugar se empezó a iluminar, como sí millares de luciérnagas emergieran de la tierra y la luz, comenzó a iluminar desde el piso hacia el cielo, cubriendo a todas y cada una de las aberraciones en aquel lugar. ¡Un destello, la última palabra de mi oración…! Todas cayeron en cenizas al mismo tiempo… Cenizas que empezó a arrastrar el viento. Penny volteó sorprendida y dijo:

—¡Guau! ¡Así nada más…? ¡Increíble, Camille!— Penny corrió hasta mí para abrazarme, pero antes de llegar, comenzó a toser muy fuerte y se desplomó en el piso… Grité:

—¡Penny…!— Corrí hasta ella… Me dijo:

—Lo siento, por un momento, me mareé…— Sin decir nada, comencé a revisar su estado de salud con un conjuro… «¡Eh? ¡No! ¡Cómo es posible? ¡Penny está…! ¡Maldita? Y por la misma maldición que ha matado a todos… ¡Entonces! Eso significa…» Me apresuré y canalicé mi conjuro de remover maldición… La volví a revisar… Se había ido. Hice lo mismo conmigo y le dije:

—¿Cómo te sientes?— Penny dijo:

—¡Eh! Pues casi igual… Solo ya no me siento tan mareada, ¿tenía algo malo? Creí que era, porque hace rato no comíamos…— Le dije seriamente:

—¡Penny, es urgente que alcancemos a los demás…! ¡Es cosa de vida o muerte! Debemos apresurarnos.— Se puso de pie y dijo:

—¡Pues entonces vamos, démonos prisa!

*************************

Me dolía todo… Mi espalda, como sí una llama la recorriera de la base de mi nuca, rumbo a mis caderas. Mis brazos y piernas… Adormecidos y al intentar moverlos, acalambrados. Abrí mis ojos… «¿Qué paso? Ah… ¡Sí! Lo recuerdo… ¡Ray! ¡Debo de ir a buscarlo!» Traté de moverme para reincorporarme, pero me fue imposible… El dolor era demasiado. «¿Tendré algo roto…?» Alcé mi cuello… Las rocas que habían caído junto conmigo, estaban a un lado, apiladas una sobre la otra… «¡Pfff! Podría ser peor… Podría estar así como estoy y enterrada allí abajo…» Hice un esfuerzo por tratar de ver mis piernas… Se veían magulladas, con una que otra raspadura y uno que otro moretón. Había sangre, pero eran solo heridas superficiales… Respire profundamente. «¡Entonces es peor! ¡Por favor! ¡Qué no sea mi columna!»

Hice un esfuerzo, tratando de que los músculos de mi espalda me obedecieran y efectivamente se movían, pero el dolor era insoportable… «Menos mal, es buena señal…» Volví a respirar profundamente e intenté ponerme de pie… Casi, casi, apoyé un pie en el piso, doblé mi cintura, pero al momento de apoyarme en mi espalda para erguirme por completo… El cansancio y dolor, me arrojaron de nueva cuenta al piso. «Bien… Pues creo que es el final…» Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos… «Mi última esperanza es que Ray me encuentre y Camille me sane… Yo no me alcanzo la espalda…» Suspiré con miedo… «¿Y sí, Ray está mucho peor que yo y necesita de mi ayuda…?»

Canalicé mi conjuro de luz, para tratar de buscarlo a mi alrededor, pero no se veía rastro de él… El socavón era muy profundo y muy extenso… «Tal vez, esté bajo unas rocas…» El dolor se hizo insoportable y tuve que volver a tenderme… «Bien… Pues creo que después de todo, este es el final, al menos para mí… Espero que Ray esté a salvo… Eso es lo único que deseo en este momento.

Parece ser, que por fin, se acabó mi suerte… Tantas situaciones tan peligrosas como una hoguera, tarde o temprano, me iba a quemar…»

Lloraba a chorros, por el desamparo… Pensé por un momento en solo cerrar los ojos y descansar… «¿Qué más puedo hacer…? Después de todo, parece ser, que sola no valgo nada… Siempre es lo mismo. Siempre necesito de la ayuda de los demás…» Una voz muy familiar, me sacó de mis pensamientos… Una voz que hacía mucho tiempo no escuchaba…

—¿Te vas a rendir solo así, Arlinne? ¿Después de haber llegado tan lejos…?— Era la voz de mis pesadillas, la voz de mis sueños, la voz que me instó a perseverar en las ruinas de Tsun… Le dije, grosera y haciéndole frente:

—¡Se acabó la diversión! ¡No puedo más…! ¡Por fin, la buena suerte se terminó!— La voz guardó silencio por unos momentos… Volví a mis pensamientos, pero cuando estaba lista a seguir torturándome en mi cabeza, una figura humanoide cubierta de niebla, salió de detrás de las rocas, diciendo:

—¿Suerte…? ¿Se acabó tu suerte…? ¡Jajaja!— Me quedé sorprendida de ver aquella silueta, que solo creía parte de mis pesadillas… Dijo:

—Buenas tardes, Arlinne. Permíteme presentarme… Mi nombre es Vrynal Desquios, aunque los que me conocen, solo me llaman Vryn.— Le dije:

—¿Entonces nunca fue un sueño…? Siempre fuiste real. Ya nos conocíamos, tú… ¡Tú fuiste quién me transformó en esto que soy ahora?— Él dijo socarronamente:

—Mmmh… Lo recordaría. Seguro es la primera vez que nos vemos, Arlinne. Ahora, que sí te refieres a que yo ayude a Arel ese día hace más de once años… Sí, así es.— Le dije, grosera y enfadada:

—¡Y bien, qué es lo que quieres? ¿Seguir burlándote de mí, nuevamente en mis últimos momentos? ¿O me vas a prestar nuevamente una ayuda que me quite todo lo que soy?— Él dijo, negando:

—No, Arlinne… Lo siento. Ninguna de las dos. Ni me burlaré, ni te ayudaré, solo quería hablar contigo en persona…— Le dije:

—Al menos, respóndeme una cosa… ¿Por qué? ¿Por qué me transformaste en una mujer?— Él dijo nuevamente, negando:

—Lo siento, Arlinne… Eso no lo puedo responder aún, pero hagamos una cosa… Te doy mi palabra, de que sí sales de esta, te lo diré… Solo te adelanto un poco… No hay una razón muy especial para ello. Sé que fui muy dramático en su momento, pero no implica más de lo que tú sabes…— Le dije, molesta y comenzando a llorar nuevamente:

—¡No hay una razón muy especial? ¡Sabes todo lo que tuve que pasar para poder estar tranquila, conmigo misma? Y por otra parte… A menos que me vayas a ayudar de una forma muy especial, no saldré de esta. No puedo más, mi cuerpo está roto y mi suerte se acabó…— Él dijo:

—Arlinne, tienes razón… Ni siquiera me lo puedo imaginar y me disculpo por eso… Pero realmente fue una casualidad, que haya sido de esa manera. Por otra parte… ¿Tu suerte se acabó…? ¿Cómo puedes decir siquiera eso…? Después de que caíste veinte metros con tres toneladas de rocas a tu alrededor y sigues con vida…— Me quedé perpleja y él agregó: —Arlinne… Las personas suelen decir que la suerte no existe, que uno es el herrero de su propio destino, pero… No podría haber nada más alejado de la realidad. La casualidad y la causalidad van de la mano, una con la otra… Todo el tiempo, para bien o para mal. Sí bien, nosotros somos responsables de las decisiones que tomamos, la casualidad siempre está ahí… Presente. El preparado, el inteligente y el industrioso, la toman de la mano, la desposan y la convierten en oportunidad, mientras el necio, el ignorante y el holgazán, son arrollados por ella y la convierten en infortunio.— «¡Eh…?» Le dije:

—Pero…— Él me interrumpió y dijo:

—Así como hay personas con una salud envidiable, personas más inteligentes que el resto, personas más fuertes físicamente que los demás, también hay personas que encuentran con mayor facilidad el hilo intangible de la casualidad y lo convierten en oportunidad… ¡Arlinne, tu suerte jamás podría acabarse! ¡Cómo podría ser…? ¡Sí cada vez que te llega, la compartes con todos los demás! Tomas el hilo, lo transformas y lo entregas a quien lo necesita… ¡No! ¡Arlinne, tu suerte apenas comienza…!— Le dije:

—¿Pero…? Ya no puedo ni ponerme de pie… ¿Podrías ayudarme un poco, aunque sea solo esta vez, si?— Él dijo seriamente:

—Ya lo he hecho, Arlinne. ¡Por favor, date prisa! Muchas personas dependen de ti, ya hablaremos después…— Sin decir una sola palabra más, caminó detrás de las rocas y se fue, así como vino…

Me quedé pensando solo un instante, en lo que aquel extraño me había dicho… «¿El culpable… De mi infortunio? ¿Infortunio…? ¿Fue en realidad un infortunio, el haberme convertido en una chica?» Incontables situaciones pasaron por mi cabeza y solo pude decir a mí misma… «¡No! ¡No lo fue! ¡Fue una gran oportunidad para poder, por fin sacar todo lo que había dentro de mi corazón!» Sin querer, comencé a reír como una tonta, preocupada por mis compañeros, especialmente por Ray… Me giré boca abajo, resoplé con fuerza para tratar de disimular el dolor e hice un esfuerzo sobrehumano por ponerme de pie… Mis brazos temblaron, mis piernas se resbalaron y mi espalda se desgarraba del dolor… No lo conseguí. Caí boca abajo al piso, suspirando, tratando de encontrar fuerza para volverlo a intentar… Mi cerebro, emborrachado por la sensación del dolor, comenzó a vagar, buscando fuerza en cualquier lugar donde pudiera encontrarla y por fin… Comencé a soñar despierta, en mis amados héroes y heroínas, de mi infancia y juventud. Esos hombres y mujeres, que partían rocas con sus puños desnudos, saltaban y hacían acrobacias para esquivar los ataques de sus enemigos, que siempre luchaban por lo que era correcto, sin importar la desgracia en su vida personal… «¿Y sí de verdad hubiesen existido y de alguna manera, su leyenda llegó hasta esos libros viejos y empolvados en la biblioteca del maestro…? Me gustaría tanto que así fuera… Me gustaría tanto, poder ser como ellos…» Me recargué en mis brazos nuevamente, dispuesta a volverlo a intentar… Alineé mis rodillas y forcé mi espalda, mientras una idea inundaba mi cabeza… «Espera un momento… ¡Y sí, sí son reales? Todas esas historias me ayudaron tanto cuando estaba tan sumida en mi depresión, entonces… ¿Tal vez, en algún lugar de este universo, en un mundo, en un rincón, en un librero…? ¡Tal vez, ahí está esta historia! ¡Y tal vez, hay una persona, solo una…! ¡Qué la está leyendo! ¡Qué está pasando por un mal momento! ¡Qué necesita olvidar la desgracia al menos por un rato! ¡Qué necesita un poco de alegría o un tanto más de esperanza…! ¡Cómo yo lo hice alguna vez…! ¡Entonces…! ¡Solo por eso, no puedo rendirme ahora y debo de hacerlo! ¡Qué clase de heroína sería, sí no lo hiciera?» Los huesos de mi rodilla sonaron, mis manos temblaban, pero… Por fin, pude reincorporarme. Dije en voz alta:

—¡Solo por eso, no puedo rendirme! Debo darme prisa y encontrar a Ray…

Comencé a andar lentamente… Mis piernas estaban bien, pero mi espalda me estaba matando. Pensaba tranquilamente para aminorar el dolor… «Es cosa de que entre en calor, una vez mis músculos se acostumbren de nueva cuenta a la tensión, el dolor disminuirá…» Traté de pensar en otra cosa y de pronto… Escuche una voz en mis pensamientos… Era Ana…

—¿Arlinne, amor, cómo estás? ¿Me escuchas…?— Le dije, mientras sonreía para mí misma: —Sí, hola.— Ella dijo:

—¡Qué alivio! Disculpa por comunicarme contigo, pero… Un mal presentimiento no me dejaba en paz, ¿están bien?— Le dije, tranquila para no preocuparla:

—Si, todo bien… Solo que estamos en medio de algo importante. ¿Te puedo hablar más tarde?— Ella dijo, apenada:

—Sí, lo siento. Cuídate mucho, por favor. ¡Ah…! ¡Oye! También te quería decir que… Ahora sí estoy completamente segura, seremos padres…— Le dije:

—Bien. Cuida mucho tu salud, por favor. Te lo encargo.— Ella dijo:

—Sí, no te preocupes. Cuando haya nacido, esperaré un poquito de tiempo e iré a verte, ¿estarán en Kharsten?— Le dije:

—Sí… Pensamos, estar aquí por un buen tiempo.— Ella dijo:

—¡Bien! No te interrumpo más, hablamos más tarde, ¿está bien?—

—Sip.— Ella dijo:

—Cuídate mucho.— Y cortó la comunicación…

«¡Pfff! Vaya… Después de todo, sí tenía muchas razones para ponerme de pie… No tengo idea, sí siquiera pueda dar la cara a ese chico cuando crezca, pero… Debo por lo menos de asegurarme que nunca le falte nada. Lo que me recuerda… Ni siquiera le he dicho a Ray… Me va a desgreñar, ¿qué voy a hacer…? Espero que lo tome bien y no me mande a la fuerza al lado de Ana o algo similar… ¿Cómo se lo digo? Ya lo he dejado pasar bastante… Ni modo, lo que será, será… Ahora debo apresurarme y encontrarlo».

Caminé de vuelta al lugar por donde mi sentido de la dirección me decía que habíamos caído… Lo comencé a buscar con ayuda de mi conjuro de luz. No me costó mucho trabajo, lo vi recargado en la pared… Hacia un esfuerzo por quitarse una pesada roca de sus piernas. Sin pensarlo siquiera, corrí hacia él, gritando:

—¡Ray, Ray, estás bien?— Él se dio cuenta de mi luz y volteó sonriendo… Llegué hasta él y le dije, preocupada:

—¡Cómo estás? ¡Tus piernas, cómo están?— Él se veía bien, al menos de la cintura para arriba… Él dijo, tosiendo:

—¡Cof, cof! No te preocupes, solo estoy atrapado. Creo que no tengo ninguna fractura, ni nada… Es solo que me faltan las fuerzas para mover esta roca… ¡Cof, cof, cof!— La roca que atrapaba sus piernas, sí bien era grande y pesada, no debía de ser un obstáculo para alguien como él… Pensé por un momento… «Es normal, debe de estar exhausto o a lo mejor está herido o lastimado…» Le dije:

—¡Bien! Lo primero es sacarte de aquí…— Comencé a pensar… «¿Cómo puedo mover esta piedra…? Sí, él no puede… Yo, cuanti menos…» Pero una idea llegó a mi mente y le dije:

—¡Ya sé! Espera un momento… Enseguida te saco de ahí. Desafortunadamente con este cuerpo de mujer, mis brazos y espalda, no son tan fuertes, pero… Conozco otra parte de mi cuerpo que sí lo es… ¡Jijiji!— Respiré profundo, aún aguantando el dolor de mi espalda y canalicé mi conjuro de salto…

Me acomodé a hurtadillas contra la roca, recargada con mi espalda baja e hice un esfuerzo para moverla con la fuerza de mis piernas y mi cadera… «¡Uy! ¡Aargh! ¡Pfff! ¡Vamos espaldita, tú puedes…!» Hice el mayor esfuerzo que pude con mis piernas, como sí fuera a saltar un muro y empujé la roca con mis caderas… El dolor era insoportable, pero debía hacerlo. Poco a poco, la roca se comenzó a mover, hasta que sentí como sí una llama recorriera los músculos de mis extremidades inferiores y por fin, liberé toda la fuerza, como sí fuera un resorte, listo a salir disparado… La roca cedió y se giró a un lado, liberando a Ray.

Me quedé unos segundo así, a hurtadillas… Doliéndome en silencio. Me reincorporé, sonreí y le dije, mientras examinaba sus piernas con la mirada:

—¡Listo! ¿Cómo te sientes? ¿Puedes caminar?— A él, lo invadió un ataque de tos… Pareciera que se iba a ahogar. Me asusté y acercándome, le dije:

—¡Amor, qué te pasa? ¡Estás enfermo? ¿Dime algo? ¿Qué sientes?— Él sonrió y dijo, aguantando la tos:

—Arlinne… ¿Recuerdas la promesa que me hiciste, cuando estuvimos en las ruinas de Lando?— «¡Eh? ¿Qué promesa? ¿De qué habla…?» Un hilo de sangre se dejó entrever en sus labios… «¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No, por favor! ¡No puede ser! ¡No, Ray! ¡Por qué…?» Le dije, gritando:

—¡No, Amor! ¡Por favor! ¡Resiste…! ¡En seguida te sacaré de aquí y buscaremos a Camille, por favor! ¡No te rindas, por favor…! ¡Por favor…!— Mi llanto ahogó mis palabras… Él dijo, haciendo un esfuerzo magnánimo por no toser y sonreír normalmente:

—Arlinne, lo prometiste… Por favor… No quiero que te derrumbes, recuerda nuestra promesa. ¡Te amo!

«¡No, no puede ser! ¡Mi amado Ray, por qué…? ¡Ese maldito orbe! ¡Grrr…! ¡No! ¡No! ¡No dejaré que me arranques, una vez más a lo que más amo…! ¡No! ¡No lo permitiré!»

*************************

Los esqueletos habían hecho un buen trabajo en crear el caos y la confusión para que Ray y Arlinne, pudieran seguir, pero… Era solo el principio… Le dije a Grand:

—¿Grand, estás listo, mi amor?— Él volteó a verme sonriendo y asintiendo… Chasqueé los dedos y Canciller se materializó ante mí… Dijo:

—Su eminencia, a sus órdenes…— Le dije:

—Canciller, esta es una batalla muy importante… La más importante, tal vez hasta ahora, ¿están listos?— Él dijo sonriendo, mientras los esqueletos se reagrupaban alrededor de nosotros:

—Como siempre, su eminencia, la hechicera azul.— Le dije:

—¡Muy bien! Lo primero que quiero decirles, es… ¡Gracias! Gracias por acompañarnos hasta aquí, jamás les podría pagar todo su esfuerzo y valentía.— Él dijo:

—Es un placer. Nos complace en verdad, ser parte de su grupo.— Le dije:

—Bien… ¡Entonces, yo! ¡Lianne Sylverlin, la hechicera azul…! Me complazco en anunciarles, que no serán más, los caballeros de la muralla… ¡Ahora serán conocidos en reconocimiento a sus acciones, como los héroes de la muralla!— Por un momento, todos los esqueletos alzaron su rostro hacia el oscuro cielo… Estaba segura de que sí hubieran tenido carne en sus rostros, los podría ver llenos de alegría, arrojo y valentía… Canciller dijo: —¡Gracias su eminencia! Para nosotros es un honor, recibir una condecoración como esa, especialmente viniendo de su parte.— Le dije:

—Entonces… Canciller, comencemos.— Canciller dijo a sus tropas:

—¡Héroes de la muralla, todos a sus posiciones!— Volteó a verme por un segundo e hice un gesto de aprobación… Él agregó:

—¡Héroes…! ¡Sin sobrevivientes! ¡Es una orden de su eminencia!— Y alzó su mano para poner en marcha de nueva cuenta la batalla…

El combate comenzó de nueva cuenta… Cada esqueleto contaba como veinte contra uno. Enervados por una furia justiciera y sin temor a la muerte, se abrían paso entre esos pobres diablos… A los cuales de nada les servían sus armaduras o sus escudos. Me había asegurado que cada espada, de cada uno de mis héroes, fuera como un filo de luz, mientras tanto Grand… El amor de mi vida. Grand Mosier era como un titán, sus puños, su fuerza descomunal, su afilada hacha… Él bien valía cientos o más, de esos pobres… «Es más, estoy segura de que con el tiempo y la situación a nuestro favor, Él mismo hubiera podido retorcer entre sus enormes manos, todos y cada uno de los cuellos de esos pobres infelices…» Por fin, había terminado mi concentración, mientras estaba perdida en mis pensamientos… Canalicé mi conjuro y un viento ardiente comenzó a arrasar con todos y cada uno de ellos, pero… Eso era solo el principio… «¡Arlinne, no me quedaré atrás! No tengo idea de donde saques esos conjuros, pero… ¡En esta aventura, la hechicera soy yo!» Al fuego del aire se agregaron enormes lajas de hielo, que chocaron contra los virzuk al tiempo que se derretían y el vapor ascendía por los aires formando pequeñas nubes que recorrían el campo de batalla de lado a lado, escupiendo estruendosos relámpagos…

«Arlinne… Renacuajito. Gracias… Todo esto te lo debo a ti… ¿Qué hubiera sido de mí, sí ese niño lloroso y rarito, nunca hubiera llegado a mi vida…? Tal vez, me hubiera quedado sentada detrás de un escritorio, el resto de mi vida… Investigando y conjurando, poderes ocultos que hubiera creído entender. Aumentando mi ego hasta que reventara en una catástrofe. A ti, te debo el darme cuenta, que el poder y el conocimiento, solo son bien habidos sí se usan con un buen propósito… A ti te debo, entender por completo que el poder corrompe. No importa sí es mucho o es poco, lo único que basta, es que sea mayor al del resto de las personas que nos rodean… ¡Qué gente tan estúpida y miserable…! ¡Atrapada dentro de su propio e insignificante poder, haciendo un infierno de la existencia de los demás!»

«Arlinne… Ya quiero ver tu siguiente conjuro… Quiero seguir investigando y aprendiendo… Y en especial… Seguir a lado de todos mis amigos. Conociéndote, no faltarán las oportunidades de usar para bien todo este poder… ¡Tan solo pensar en que tan lejos podríamos llegar, hace que se me enchine la piel! ¡Tal vez, incluso algún día seamos como el maestro o…! ¡Incluso mucho más fuertes que él! ¡No puedo esperar…!»

Por fin, mi conjuro estaba por terminar… La lluvia de relámpagos, llamas y hielo, había bajado su intensidad y una esfera oscura se comenzó a materializar en el centro de aquel lugar, atrayendo a los virzuks hacia ella… El sonido que articulaba el aire al ser absorbido hacia ella, era ensordecedor… Después de algunos segundos, la esfera estalló en una luz cegadora, generando una cataclismica explosión. Mi cabello volaba haciendo ondas en el aire, al tiempo que los cuerpos de nuestros atacantes, ardían, explotaban o se despedazaban, dependiendo de su cercanía con la esfera… Todo había terminado para ellos.

Una sonrisa sincera se dibujó en mi rostro y les dije a Grand y Canciller:

—Terminemos con los que hayan sobrevivido y démonos prisa. Arlinne puede necesitar de nosotros.— Ambos asintieron, al momento que escuchábamos una voz detrás de nosotros… Era la pequeña y escandalosa, Penélope, que gritaba, mientras corría hacia nosotros… —¡Lianne, ya estamos aquí! ¡Esperen por nosotros, Camille quiere hablar con ustedes!— Esperamos por ellas en lo que nos daban alcance, Penny por delante y Camille corriendo a todo lo que podía tras de ella…

Fin del capítulo 33.

Capítulo 34.

El odio y la furia, comenzaron a invadir todo mi ser… Ese maldito orbe, con esa estúpida maldición, me iba a arrancar nuevamente lo que más amaba. Mis pensamientos se nublaban, solo quería salir de ahí y destruir ese maldito artefacto, sin importar nada, ni nadie, con mis propias manos sí fuese necesario y la persona que lo estaba usando, a ella… A ella la haría sufrir una y mil torturas, todas más horribles, una de la anterior.

Ya no podía ver claramente… Trataba de enfocar mi vista en el rostro de Ray y su agitada respiración, pero las lágrimas habían hecho un océano de mis ojos. «Debo de hacer algo… Debo de tranquilizarme… ¡Piensa…! ¡Piensa…!» Ray tosió nuevamente… Él cubrió su boca con su mano, pero quedó empapada por un chorro de su propia sangre…

Me veía con unos ojos condescendientes, como sí quisiera que ante todo, no llorara su perdida… No lo soportaba más… «¡Tengo que tranquilizarme y pensar…!» Respiré profundamente y le dije, muy seria:

—¡Está bien…! Cumpliré mi promesa, pero… Solo sí tú me prometes una cosa más… ¿Estás de acuerdo?— Él sonrió a pesar de su estado y asintió… Volví a respirar profundo y le dije decididamente:

—Dame cinco minutos… Prométeme que aguantarás con todas tus fuerzas por cinco minutos, que no te dejarás vencer, ¿si? Solo cinco minutos…— Él se quedó pesando un par de segundos y asintió cabizbajo, apretando sus dientes por el dolor.

«Muy bien, respira… Respira… ¿Qué puedo hacer? Buscar a Camille, está fuera de mi alcance… Nunca llegaría Ray con vida. Piensa… Piensa… ¿Podría, tal vez…? Tratar de emular la magia de Camille, he visto como hace sus conjuros… Podría intentar hacer algo desesperado, pero… Nunca he visto siquiera como hace un conjuro para disipar las maldiciones… No tengo confianza y lo más importante para mí está en juego, sí fallo… Ray morirá. Pero… De todas formas, sí no hago nada, va a morir. Piensa… Piensa… ¡Ah! ¡Podría ser…?» Las palabras que me dijo el maestro hace mucho tiempo, llegaron a mi mente… “Arlinne, por si las llegas a utilizar. Guárdalas en tu equipo, una es una poción para sanar heridas, la otra sirve para anular maldiciones”. Me emocioné… «¡Sí! ¡Eso es…!»

Busqué en mi bolsa con mi corazón en la mano… «La poción del líquido transparente ha estado conmigo durante toda mi aventura… Sé que está por aquí, apenas la vi hace poco, pero… Pero… ¿Después de esa caída…? ¡Por favor! ¡Botellita! ¡Te lo ruego! ¡Dime que no estás rota…!» Al fin… Envuelta entre mi mantita, encontré el abombado recipiente… ¡Intacto! «¡Gracias! ¡Gracias, botellita! ¡Gracias, mi querida mantita!» La saqué, la destapé y le dije a Ray, sonriendo nerviosamente:

—Abre bien la boca… Supongo que no te importará el mal sabor en el estado que estás…— Él dijo, revolviendo su sangre con su saliva:

—¿Qué es eso…?— Le dije, molesta:

—¡Solo tómatelo, cabrón! ¡Sí? ¡Por favor!— Abrió su boca y le empiné el recipiente hasta la última gota… Él hizo una mueca de malestar y yo me lancé a sus brazos, mientras pensaba…

«¡Por favor! ¡Funciona! ¡Te lo ruego!» El tiempo pasaba como un martirio, yo con mi oído pegado a su pecho, hasta que por fin… Su respiración se comenzó a normalizar y me abrazó de vuelta con fuerza. Llorando, lo volteé a ver a la cara y le dije:

—Abre la boca…— Él así lo hizo…

No había más sangre en su interior, solo trazas alrededor de sus labios. Solté la botella… Apenas la dejé caer de mis manos y cuando tocó el piso, como sí hubiera pasado hace mucho el momento de su existencia, se reventó en mil pedazos…

Permanecimos abrazados un rato… Hasta que él dijo, completamente repuesto:

—Peque… No sé como lo hiciste, pero lo hiciste. Te lo agradezco.— Lo vi aún llorando y le dije, molesta:

—¡Qué te crees, pendejo…? ¡Qué me vas a dejar viuda, recién casada…? ¡Ni madres! ¡Te echaste un compromiso encima y ahora cumples! ¡Querías casarte con un niño, no? ¡Pues ahora no hay escape!— Y lo volví a abrazar, mientras lloraba… Fuerte, muy fuerte, acercándolo a mi corazón. Él me distanció apenas un poco y secó mis lágrimas con sus manos, mientras sonreía… Dijo dulcemente:

—Mi pequeño niño llorón…— Lo abracé de vuelta, con mi rostro pegado a su pecho y canalicé mi conjuro de sanación… «No es muy poderoso, pero de algo servirá…» Me concentré para que ambos, sanáramos un poco… Me quedé ahí, unida con él, en un abrazo cálido y reconfortante…

Cuando el conjuro había surtido efecto, nos separamos y nos pusimos en marcha… Él dijo:

—¿Cómo te sientes, peque?— Le dije, sonriendo:

—Mucho mejor, ahora que tú estás bien. Me duele un poco mi espalda por la caída, pero estaré bien… Ahora debemos salir de aquí.— Él asintió y caminamos al lado opuesto por el que habíamos caído, en busca de una salida… En el trayecto, él dijo:

—Arlinne, esta es la segunda vez que salvas nuestras vidas de una situación muy difícil…— Me quedé pensando y le dije:

—¿Segunda…? ¿A qué te refieres? ¿Cuál fue la primera…?— Él dijo:

—¡Ah…! ¿Pues qué ya no lo recuerdas? Cuando peleamos con ese esqueleto en Tsun, con ese conjuro de llamas sobre mi espada, lograste que le diera vuelta al combate…— Le dije, extrañada:

—¿Peleamos…? Tú peleaste, yo solo iba en calidad de bulto, además… ¿Cuáles llamas? ¿Las de tu espada? Esas no las conjuré yo, ¿qué no son parte de tu técnica?— Él se detuvo y dijo: —¡Qué? ¿No las conjuraste, tú…?— Le dije, sin prestarle mucha atención, mientras buscaba a mi alrededor por un lugar donde pudiéramos escalar de vuelta a la superficie:

—No, yo no fui…— Él se quedó en silencio y volteé a verlo… Le dije, sonriendo:

—¡Uy…! ¡Ray, el espadachín hechicero!— Él sonrió incrédulo y agregué:

—¡Más competencia…! ¡Pfff…! Después hasta Penny va a hacer magia… ¡Jajaja!— Él se quedó muy contento y pensativo, mientras ambos escuchamos un ladrido desde la superficie…

Era el lobito, que ladraba, gruñía y gemía, parado encima de un borde, que se veía que podríamos escalar con facilidad. Tomé de la mano a Ray y le dije:

—¡Mira, por ahí!— Él asintió y fuimos hasta aquel lugar…

Comenzamos a escalarlo, yo por delante y él detrás mío… Le dije, cambiando la conversación:

—Amor… Aprovechando que estás de muy buen humor… ¿Te puedo decir algo, qué puede que no te guste mucho…?— Él dijo:

—¿De qué se trata, peque?— Le dije, mientras buscaba y me apoyaba para seguir ascendiendo:

—Verás… Este… Mmmh… ¡Ana está embarazada! Lo siento…— Él se comenzó a reír como nunca lo había escuchado antes…

—¡Jajajajaja! Peque… ¡Jajaja! ¡Felicidades!— Me detuve en mi escalada y le dije:

—¡Qué…! ¡No estás molesto? Lo siento de veras… De alguna forma me convenció, yo no quería, pero…— Él dijo:

—¡Jajaja! ¿Por qué habría de molestarme por eso? ¿Piensas vivir con ella?— Le dije al instante:

—¡Por supuesto qué no! Ella tiene a Miranda, eso no está a discusión.— Él dijo:

—Después de todo, ese niño o niña, necesitará un padre… Dos mamás está bien, pero… Seguramente, también necesitará de ti.— Le dije, reanudando mi escalada:

—Lo siento… Eso es lo más difícil de todo. ¿Qué cara le podría poner a un hijo mío con este cuerpo…? Además, seguro será un niño, ¡ya lo verás!— Él dijo:

—Pues… Piénsatelo bien… No creo que sea algo que debas de tomar a la ligera.— Le dije: —Y lo he hecho… Por eso, te quería pedir, que… Por favor, me ayudarás, siendo como una figura paterna para él…— Ahora él fue el que se detuvo y dijo:

—Arlinne… Dirás, figura masculina, porque padre solo hay uno.— Le dije:

—Sí, lo sé, pero… Eso mismo es a lo que me refiero, ¿podrías?— Él dijo:

—Está bien, pero… ¿Y tú? Yo no me puedo hacer pasar por su padre…— Le dije:

—Lo sé, también he pensado eso… Seremos el tío Ray y la tía Arlinne, ¿qué te parece?— Él se echó a reír nuevamente y dijo:

—¡Jajajaja! Está bien… ¡Cómo quieras! Pero te repito, deberás pensarte muy bien las cosas.— Le dije:

—Tienes razón… Pero… Por el momento no está en mis planes… Tal vez, en un futuro le diga toda la verdad y mis razones… Por ahora, solo seremos sus tíos y me encargaré de que nada le haga falta. Además… No olvides que sí seremos mamá y papá, de Linna.— Él dijo: —Está bien… Solo espero que todo esto no cause un embrollo en el futuro…— Le dije: —Estarán bien… Como te digo, me encargaré de que nada le falte a mi hijo y lo tendré siempre cerca, aunque no pueda decirle quien soy en realidad…— Él dijo:

—Muy bien, peque. Está bien, como tú quieras. Ya hablaremos con calma los detalles después.— Le dije, mientras pisaba de nueva cuenta el suelo fuera del socavón:

—Sip. Ya lo haremos.

Llegamos hasta el frente del edificio… Había una pesada y gruesa puerta de madera, que desentonaba con el resto de la estructura… «Seguramente, esta puerta sí fue colocada por los virzuks a diferencia del resto del edificio. Mmmh… No creo que vaya a estar abierta…» Analicé la estructura… Había arcos en todo el rededor por encima del nivel del piso. «Sí pudiera saltar con mi conjuro, hasta uno de esos, seguro me podría colar por ahí y abrirle la puerta a Ray…» Le dije:

—Ray, me colaré por ahí y te abriré. Dame un momento…— Él dijo, interrumpiendo:

—No creo que haya tiempo para eso, peque… ¡Mira!— «¡Uh?» Volteé en la dirección que me señalaba… Un grupo de guardias, equipados en armadura completa de placas, armados con hachas y mazos, que emanaban magia de sus filos y puntas, se dirigía hacia nosotros… Le dije:

—¿Más…? ¡Qué perdida de tiempo…! Vamos a derrotarlos rápido y luego me colaré…— Él dijo:

—No, peque… Esta vez, me toca divertirme un poco a mí. Entra a ese lugar y detén lo que sea que esté pasando, en seguida estaré contigo.— Le dije:

—¡No! ¿Tú también? ¿Pues ahora qué les pasa?— Ray dijo:

—Arlinne… Piensa por un momento, ¿dónde estaríamos ahora? Si no lo hubiéramos hecho de esa manera. Debes de tener confianza en todos nosotros, pero primero que nada… Debes de tener confianza en ti.— Torcí mi boca y él agregó:

—Anda, se hace tarde… Acabaré con estos estorbos y en seguida estaré contigo.— Le dije: —¿Me lo prometes?— Él dijo:

—Por supuesto. Después de lo que pasó hace un rato, no creo que esto sea la gran cosa… Vamos, solo deja algo para nosotros, cuando estemos de vuelta.— Suspiré profundamente, sonreí y le dije:

—Cuídate mucho… ¡Hay algo que debo de hacer!— Le di un beso en su mejilla, canalice mi conjuro de salto y salté hasta uno de los arcos, mientras el lobo me seguía con facilidad…

*************************

Respiré profundamente y llegó a mi mente una pregunta… «¿Cuánto tiempo pasará antes de que pueda combatir nuevamente…? Tal vez, solo un tiempo… Arlinne es muy inquieta y seguramente encontrará la forma de ir y buscar aventura nuevamente, en cuanto esté de ociosa. ¡Me viene bien! Después de todo, no me arrepiento de haber dejado atrás mi vida en el gremio».

«En un principio, me tomó por sorpresa… Debo de ser sincero. Esperaba que Arlinne se refugiara tras de Grand y de mí, en la mayoría de los combates, desde que salimos de la torre. Pero… Nunca hizo falta realmente, siempre estuvo lista a empuñar su espada y estar a un lado de nosotros. En un principio, un poco torpe, pero con el paso del tiempo y algunos de nuestros consejos, se volvió una experta».

Desenfundé mi espada y me concentré por un par de segundos, como cuando lo practicaba en la torre… De la hoja encendió una llamarada. Sonreí para mis adentros… «¡Así que era verdad…!» Les dije en voz alta a los últimos guardianes virzuk, que se interponían en nuestro camino:

—¡Sé qué pueden entenderme! ¡Es su última oportunidad para largarse de aquí y desaparecer en lo que las cosas vuelven a la normalidad! ¡Sí realmente no aprecian su vida, entonces, vengan!— Por un momento dudaron y se vieron los unos a los otros, en desconcierto…

«Arlinne, desde un principio he sabido que esta es tu aventura. Sabía que la protagonista eras tú. Me he conformado con tomar un papel secundario y no me arrepiento de ello. Desde que entendí cuál era tu problema, cuál era la piedra que estaba encadenada a tu tobillo, no he hecho nada más, que tratar de que ganes confianza y seguridad en ti misma. Me he dado cuenta, que cuando estás segura y tranquila, emanas confianza y alegría a todos los que te rodean, por eso desde un principio, sabía que serías una buena líder. Cuando estás tranquila, eres lista, vivaz y sagaz, desafortunadamente, aún hay mucho por hacer, pero me alegra ayudarte en todo lo que puedo, simplemente me hace feliz… Es un cambio tan drástico a como acostumbraba vivir mi vida, antes de conocerte».

«¡Jajaja! En un principio, solo me hiciste gracia… ¡Jajaja! Eras una niña muy chistosa y con un lindo trasero… O eso pensé, antes de conocer tu secreto. No puedo mentir… Me atrajo hacia ti, tu comportamiento infantil, tu gracia y tu alegría… ¡Jajaja! Eres linda, definitivamente lo eres, pero con el paso del tiempo, me he hecho dependiente a tu estado de ánimo y tus sentimientos, tanto… ¡Qué solo quiero verte sonreír! Ahora estoy seguro también, que no me arrepiento de haber tomado esta decisión… Fue más difícil, pensar en decidirme, que dejarme llevar… Y ahora puedo decir con tranquilidad en mi corazón, que nada ha cambiado en mi interior. No he perdido mi hombría, no siento que me atraigan los hombres en lo más mínimo… Solo eres una linda excepción a la regla, que la justifica… ¡Jajaja! ¿Quién lo iba a pensar? ¿Qué llegaría el momento en qué ya no puedo esperar más para tenerte en mis brazos y hacer que te estremezcas de placer? ¡Jajaja!»

Mis oponentes, por fin se decidieron y se lanzaron al unísono sobre mí… Tal vez, dos docenas de ellos… «Los guerreros de élite virzuk, quiero pensar… Siempre me ha gustado ser modesto… Tal vez, incluso en exceso, pero solo por este momento, haré una excepción. Después de todo… ¿Qué pueden tener estos pobres diablos para poder hacerme frente? Tengo algo maravilloso por que pelear, una causa noble y justa, está contra mi espalda y por último y lo más importante… ¡Yo soy Ranerd Forthand, maestro de la espada!»

Sin siquiera moverme un paso de mi lugar, abrí el arco de mis pies y levanté mi espada en posición defensiva, a la espera de sus movimientos tan torpes y lentos, llenos de sed de sangre, agolpándose unos contra otros por tratar de alcanzarme primero y obtener la victoria… Como iban acercándose a un par de metros y sin darles ni un solo respiro, lanzaba tajo tras tajo, a las coyunturas de sus armaduras, que se desdoblaban con su propio movimiento. Su cuello, bajo sus brazos, sus ingles… De sus heridas brotaban chorros de sangre que al contacto con el calor de mi espada se volvía vapor, apenas y alcanzaban a gemir y bufar de dolor, cayendo un par de pasos adelante. Todo pasaba tan lento a mi alrededor que ni siquiera tuve la necesidad de bloquear sus ataques…

Por fin, un puñado de ellos se detuvo amedrentado, volteando a lado opuesto, listos para salir despavoridos… Les dije:

—Demasiado tarde, el momento para escapar, pasó hace rato…— Utilicé mi técnica y uno a uno, reflejos de mí cobraban vida alrededor de ellos… Sin más, puse fin a la batalla… «Yo no soy nadie para juzgar a las personas… Lamento que hayan tomado malas decisiones que los hayan traído hasta aquí… Lo siento, todo terminó».

Las llamas de mi espada cedieron y comencé a limpiar la hoja con un trapo que saqué de mi equipo, mientras fumaba un cigarrillo y me recargaba en la pesada puerta de madera… «Arlinne… En un momento, estaré contigo… Haz tu mejor esfuerzo, confío en ti».

*************************

Me colé por la planta alta… «En efecto, este lugar parece un viejo coliseo. Los arcos en el exterior, quiero pensar, que servían de ventilación para los días calurosos, en los que el estadio estaba lleno…» En el centro del lugar, una arena, y por dentro, gradas de roca tallada a forma de escalera a todo lo alto, hasta donde llegaba el edificio… Por fin, podía verlo… El orbe, estaba en el centro de aquella arena, emanando pulsaciones de oscuros tonos, como sí fuera un faro oscuro llamando a la muerte. «¡Muy bien, es el momento!» Volteé a ver al lobo y le dije, muy seriamente:

—Lobito… De aquí en adelante, será peligroso. Por favor, quédate por aquí en silencio y apóyame o ayuda a los demás sí se requiere. Por favor, no te expongas.— El lobo gimió, entendiendo cada palabra que le decía y se echó por debajo de una de las bancas de piedra… Le dije:

—Gracias, buen chico. Te prometo que comeremos pollo asado lo antes posible.— Sonreí, mientras lo acariciaba, respiré profundo y salté hacia el centro de la arena…

Recuperé mi equilibrio después del salto, desenfundé mis espadas y una voz femenina, retumbó en aquel lugar…

—¡Bienvenida, Arlinne! ¡He estado esperando por ti, hace ya mucho tiempo…! El gran espíritu me informó que vendrías sin falta. Llegas a tiempo para presenciar un nuevo comienzo en este mundo…— Suspiré para tranquilizarme y le contesté, gritando: —¡Muéstrate!— Un adefesio de mujer en sucias togas, salió de detrás de una columna… Demacrada y envejecida, seguramente por la influencia del artefacto, mantenía sus manos entrelazadas, como si estuviera realizando una conjuración… «¡Ya veo!» Le dije:

—Dudo mucho que eso vaya a pasar… Sí sigues canalizando, lo que sea que estés haciendo con el orbe, no podrás defenderlo, ni defenderte a ti misma.— Ella dijo:

—¡Qué importa, chiquilla! No tienes la fuerza para poner en riesgo mi plan… No necesito meter las manos, todo pasará como el gran espíritu lo auguró…

Sin hacer caso a sus últimas palabras, me lancé contra el orbe vuelta una furia, tratando de impactar mis cuchillas en toda su superficie… Una y otra vez, lo golpeaba, mientras la mujer veía complaciente. Me parecía que mis golpes, solo chocaban contra su superficie sin efecto, pero… Imprimí más fuerza en ellos, apretando mis dientes, hasta que un destello me cegó y una fuerza me impulsó al lado contrario, volándome, como sí fuera una hoja al viento…

Me ponía de pie, mientras escuchaba su risa a carcajadas… Con mi vista perdida en el piso del lugar, el cual estaba cubierto de una muy fina arena. Ella dijo:

—¡Jajaja! ¡Chiquilla, así piensas destruirlo? ¡A golpes? ¡Jajajaja!— Levanté mi rostro, sonriendo y dije:

—¡Sip!— El artefacto hizo un sonido, como de cristal estrellándose y una pequeña cuarteadura asomó sobre su superficie… El rostro de la anciana se desencajó y cambio de semblante por completo… Dijo, gritando:

—¡Qué? ¡Cómo es posible? ¡Quién te has creído para destruir la propiedad divina!— Esta vez, la que rio fui yo y le dije:

—¡Jajaja! ¡Propiedad divina? ¡Vives una pesadilla! ¡Eso solo es un pedazo de cristal, maldito por un ocioso! ¡Jajajaja!

Ella dio un paso frente al orbe y dijo:

—¡Muy bien! Si así lo quieres… Entonces, terminaré lo que comencé hace once años, por fin te arrancaré tu alma y el ojo de dios, la transformará en la más maravillosa energía para iniciar este nuevo mundo…— Le dije, tranquila y hablando pausadamente:

—¿Sabes…? En un principio, pensé en la venganza, pensé en el odio, a causa de todo lo que me arrancaste junto a esta porquería, pero… Ahora que por fin estoy aquí, frente a ti… Ahora, solo puedo sentir lástima…— Ella dijo, gritando:

—¡Chiquilla engreída! ¡Cállate y muere de una vez!— Una bruma oscura empezó a emanar del cristal…

Se arremolinó como un pequeño torbellino para después golpearme de lleno… La bruma me envolvía, pero no sentía nada de dolor, solo sentía una profunda tristeza por lo que estaba presenciado… Tapé mis ojos para evitar que la arena del piso se metiera en ellos, mientras la anciana gritaba, desquiciada:

—¡Púdrete! ¡Jajaja! ¡Púdrete y muere! ¡Muere! ¡Jajajaja!

El viento se disipó de mi alrededor y le dije, tranquilamente:

—¿Eso es todo…?— Ella estaba boquiabierta, incrédula de lo que veían sus ojos… Dijo:

—¡Pero… Cómo? ¡Cómo es posible? ¡Deberías estar muerta con tus entrañas colgando de los restos de tus huesos…! ¡Cómo puede ser posible…?— Le dije:

—Todo esto no es más que un horrible desperdicio… No lo entiendo… ¡Por qué? Los villanos contra los que me he enfrentado, por lo menos tenía sentido su existencia… Un sentido retorcido y trastornado, por su propio ego, pero lo tenían… Por lo menos, ellos querían poseer, dominar, acaparar… ¡Pero tú? ¡Tú solo quieres destruir! ¡Es un tremendo desperdicio! ¡Por qué lo haces? ¿Qué no te das cuenta, qué nada ganas destruyéndolo todo?— Ella seguía boquiabierta y agregué, mientras las lágrimas se formaban alrededor de mis ojos:

—¡Hacerle esto a nuestro mundo, sin razón alguna, qué estupidez! ¿Sabes? También he peleado contra muchos monstruos, pero… Incluso ellos, son mejores que tú. Tal vez, sean de naturaleza retorcida y maliciosa y después de todo, tal vez su inteligencia no les dé para más, que para comportarse como les dice su instinto… ¡Pero de algo estoy segura, ni siquiera los más horribles monstruos, demolerían su propio hogar en llamas!—Yo, ya lloraba a cántaros, mientras ella me veía confundida y decía:

—Esa es exactamente la diferencia entre nosotras dos, Arlinne. ¡Tú no puedes verlo! ¡No puedes entender la gloria del ojo de dios!— A mi llanto se agregó una carcajada…

—¡Jajaja! No hay nada que entender… ¡Ya te dije que eso solo es un trozo de cristal y te lo voy a demostrar en este mismo momento!

«¡Muy bien! Es el momento, no voy a dejar nada al azar… ¡Por fin estoy aquí, dónde quería estar hace mucho tiempo! ¡Voy a volver cenizas esa porquería y nadie más se convertirá en una víctima por su causa!» Ella dijo, recuperando la compostura:

—Ya veo… Eres como una cucaracha que ha sobrevivido a la devastación y de alguna manera, te has hecho resistente al poder del ojo de dios… Eso es lo de menos, al fin y al cabo solo eres una cucaracha que se puede aplastar por otros medios…— Dio un paso más, para cubrir por completo el orbe tras de ella y comenzó a canalizar… Una lluvia de relámpagos se desató en todo el lugar… «Debo de ingeniármelas para destruir el cristal, sí me desgasto con ella, solo estaré gastando mi fuerza en vano…»

Un relámpago me alcanzó, mientras pensaba y salí volando de nueva cuenta al piso… «¡Urgh! Ese sí me dolió, ¿qué hago…? Sí conjuro mi barrera, no ayudará en nada, solo me estaré defendiendo…» Apenas y canalicé mi conjuro de aceleración y como sí supiera de antemano, di un paso lo más rápido que pude hacia mi izquierda, para esquivar otro relámpago. Inicié la carrera y salí disparada, rumbo al orbe con mis armas en la mano, pero la anciana se interpuso en mi camino y me lanzó una llamarada color violeta, directamente a la cara… Apenas y la logré esquivar, me colé por uno de sus flancos, pero… Cuando iba a golpear el orbe, mi espada chocó contra algo invisible delante de él… «¡Una barrera…?» Otro rayo me golpeó y tuve que retroceder de un salto hacia atrás… La anciana reía, diciéndome:

—¡Crees qué sería tan tonta, como para volver a dejar que te acercaras a él? Antes tendrás que derrotarme, pero ten en cuenta que será una lucha a muerte… ¡Jamás dejaré que nada le pase a la divina obra que se me ha encomendado!— Mientras hablaba, canalicé mi conjuro de pilar de llamas y lo precipité sobre el orbe…

El fuego envolvió a ambos y me quedé a la expectativa… Cuando las mágicas llamas se disiparon, la anciana reía, visiblemente lastimada y el orbe, estaba intacto… Dijo:

—¡Jajaja! ¡Gracias, me empezaba a dar frío! ¡Creíste que eso dañaría el ojo? Pues estás muy equivocada… ¡Qué puedes hacer tú, una simple cucaracha contra la magia que me ha entregado el gran espíritu y el ojo de dios?— «¡Pfff! ¡Debo de hacer algo…! ¿Podré disipar la barrera…? No lo sé, pero podría probar… No me importa que tan fuerte sea esta porquería de artefacto, tengo al menos que intentarlo…»

Otro relámpago me impactó de lleno, pero esta vez, ni siquiera me inmuté… Me había dolido, pero había cosas más importantes en ese momento. Comencé mi concentración… Me concentré en aquella templada noche en la sabana, en la oscuridad. Donde todos los animales dormían uno al lado del otro en la profunda tranquilidad que brinda la noche, en el hermoso lago sobre el cual se reflejaba la luna… Sentí otro impacto en mi piel… «No puedo perder mi concentración…» Veía el lago, como sí volara sobre él, pero mi mente, comenzó a alejarse de aquel lugar… Lo veía cada vez más lejos, como sí me alejara volando de él, cada vez más rápido… De pronto, ya no podía distinguir el lago, solamente veía nuestro mundo… Color azul, como sí estuviera en frente de él, pero… Seguía alejándome y alejándome, cada vez más, pronto ya no podría ver ni siquiera nuestro sol. Seguía alejándome y veía líneas de colores, que se dibujaban en el oscuro espacio entre las estrellas, más y más lejos… Hasta que de pronto, mi viaje llegó a su final… A mi izquierda, un cuerpo celestial de proporciones titánicas, giraba dentro de sí mismo… Era como… Como… Sí solo fuera un hueco, un inmenso vació, con líneas de luz brillante, orbitando a su rededor. Sentía una sensación extraña… Sentía como sí el tiempo comenzara a transcurrir más rápidamente, mientras observaba a ese gigante. Primero, apenas perceptible… Me daba la impresión que se hacía más pequeño, para después confirmarlo… Efectivamente, se estaba encogiendo, cada vez más y más, hasta que por alguna causa que simplemente estaba fuera de mi entendimiento, el inmenso agujero oscuro, colapsaba sobre sí mismo, encogiéndose más y más, hasta que solo parecía un punto en la distancia, después… ¡Una explosión! El titán devolvía de nueva cuenta todo lo que había tomado del universo a su alrededor… Era un espectáculo increíble, partículas encendidas volaban de regreso hacia todas las partes del universo… Polvo… Que poco a poco, se acumularía y volvería a formar estrellas, renovando el ciclo… Como un saco de semillas, que explota dejando que el viento se las lleve…

Abrí mis ojos, poseída por la sensación… Un relámpago me volvió a azotar, pero apenas y parpadeé. Lancé mi conjuro y un pequeño punto imperceptible al principio, se dibujó frente a la barrera a un lado de la anciana… Ella estaba ensimismada, dirigiendo los relámpagos, pensando que pronto me derrotaría… El punto comenzó a crecer, oscuro por completo, como sí solo se tratara del vacío. El punto, que ya era como un orificio en la realidad, comenzó a absorber todo a su alrededor y entonces la anciana, sí que lo notó… Una fuerza la empujaba hacia él y ella, hacía todo lo posible por salir del rango del conjuro, mientras su blanco cabello, volaba hacia su espalda y gritaba desesperada…

—¡Maldita, qué has hecho…?— Creció un poco más, absorbiendo incluso la barrera mágica frente al orbe, hasta que de pronto, se comenzó a encoger… Después de un instante, explotó en un silbido, como el de un fuego artificial, expulsando llamas y partículas en todas direcciones. La anciana salió disparada contra una de las columnas y el orbe recibió el impacto de lleno…

Estaba agotada… Respiraba agitadamente, apenas y podía mantener los ojos abiertos. Observé la superficie del cristal… No había sido suficiente, la cuarteadura se había hecho mucho más prominente y las líneas, ya se dibujaban en su superficie de lado a lado, pero aún brillaba y pulsaba… «¿Qué puedo hacer? No me queda fuerza… ¡No! ¡No debo rendirme!» Tomé mis espadas y comencé a caminar hacia él, con el firme propósito de terminar mi obra, pero… Una ráfaga de rocas y fuego, me golpeó de lleno y salí volando contra la pared de la arena… Perdí la noción de las cosas por un par de segundos y después, escuché la voz de la mujer:

—¡Arlinne! ¡Jajaja! ¡Sorprendente! ¡Posees un poder mágico sin igual! Ahora yo te haré una pregunta…— Decía la vieja, mientras caminaba hacia mí, dispuesta a ultimarme…

—¿Qué no te das cuenta? En el fondo, somos exactamente iguales… Ambas estamos locas… ¿Quién podría venir en su sano juicio hasta este lugar desolado…? A arriesgar todo lo que tiene por salvar algo que ya está muerto… ¡Jajaja! Peor aún… A sabiendas de que tiene un poder como el tuyo, con el cual podría sobrevivir hasta que todo haya pasado. ¿Por qué arriesgarse por el resto, que no vale nada? ¡Eh?— «¡Eh? ¡Jajaja…!» Sonreí sin querer, un extraño presentimiento me invadió y ella continuó:

—¡Qué no te das cuenta? ¡Ambas somos mujeres, ambas estamos solas y ambas, haremos lo que sea necesario para lograr lo que creemos correcto!— Comencé a reír y le dije, mientras trataba de incorporarme:

—¡Sí, verdad? ¡Jajaja! Solo que… Te equivocas en dos cosas…— Ella se quedó sorprendida por mi reacción y dijo cortantemente:

—¡Cuáles?— Le dije, viéndola a los ojos, ya de pie frente a ella:

—¡La primera es…! ¡Qué…! ¡Yo no soy realmente una mujer y la segunda…!

*************************

Nos apresurábamos para encontrarnos con Ray y Arlinne… A mi mente vino aquella soleada tarde de primavera, cuando el maestro me enseñaría por primera vez, uno de sus conjuros…

—¿Maestro…? Disculpe mi atrevimiento, pero… Realmente, no le veo ningún uso práctico a este conjuro… ¿De qué me podría servir un conjuro, qué me hace perder todos los demás, cuando lo uso…?— El maestro me veía, sentado, desde aquella pesada piedra frente a la torre… Él dijo:

—Lianne… Este es un conjuro muy poderoso. Seguramente, el conjuro más poderoso que aprenderás de mí.— Fruncí el ceño y le dije, desanimada:

—¿El más poderoso…? Pues… No le veo lo poderoso a quedarme sin un solo conjuro, con tal de contrarrestar un solo hechizo de un oponente…— El maestro me vio enérgico por un instante, para después reír a pierna suelta…

—¡Jajajaja! Lianne… Este conjuro es mucho más poderoso que eso… Ya te dije, que no solo contrarresta un conjuro rival, además anula cualquier tipo de magia posterior hasta por treinta minutos. ¿Lo entendiste? Cualquier tipo de magia…— Incrédula, le dije:

—¿Y eso de qué me sirve? Sí yo tampoco podré hacer magia después de realizarlo… ¡No le veo el caso! No es como que pueda empuñar una espada o algo… Y si voy a salir corriendo, ¿no sería mejor un conjuro de movimiento?— El maestro dijo, negando mis objeciones:

—Bueno… ¡Jajaja! Tú no, Lianne… Tú, tal vez no tengas una espada. Tú, tal vez no tengas más conjuros… Pero… A lo mejor, alguien más los tendrá… ¡Jajajaja!

—¡Maestro! ¡Qué desperdicio de mi tiempo! Por fin, me iba a enseñar algo único y especial… ¡Y esto es lo que me enseñará? ¡No es justo!— El maestro se levantó de la roca y comenzó a caminar de vuelta a la torre… Aún tirando risotadas…

—¡Jajaja! Lianne… ¡Basta de quejas! ¡Aprenderás este conjuro y después, podré enseñarte otros! Ahora, pasemos por Arlinne y vayamos a almorzar, se hace tarde…

«Es un gran riesgo… Pero algo me dice, que el día de hoy será de utilidad… La verdad, preferiría ni siquiera tener que usarlo de ser posible…» Le pregunté a Camille, aún sin entender del todo…

—¿Camille, entonces? ¿Cómo es eso? ¿Dices que la maldición que ha matado a tantas personas, cayó sobre nosotros?— Camille apenas dijo, resoplando por el esfuerzo de la carrera:

—¡Sí! ¡Pfff! ¡Pfff! Lo siento… Fue un descuido de mi parte. Las guardas debían durar mucho más tiempo, pero… Nunca tomé en cuenta, que estando en este lugar, tan cerca de la fuente, su efectividad se vería disminuida tan dramáticamente. Las debí de renovar antes siquiera de separarnos o por lo menos, cuando nos detuvimos a descansar… ¡Pfff! ¡Pfff! ¡Por favor, mi diosa, qué no haya cometido una barbaridad…! ¡Nunca podría perdonármelo!— Le dije, tratando de ser empática:

—Calma, Camille. Todo va a estar bien, ya lo verás… Démonos prisa.

Llegamos casi frente a la edificación que era nuestro destino, pero a lo largo del camino, había un socavón con el piso cuarteado y desquebrajado hacia el interior… Grand me detuvo del brazo y dijo:

—¡Cuidado, cariño!— Me paré en seco y traté de iluminar el interior… Camille apenas y podía respirar y yo también estaba muy cansada… «Siempre creí, que incluso Camille tenía mejor condición física que yo, pero… Tanto esfuerzo por mantenernos protegidos ya le está causando mella…» Le dije:

—Camille, descansa un momento. Vamos a revisar este lugar…— Grand me dijo, preocupado:

—¿Corazón, crees qué…?— Le dije:

—¡No! O espero que no…— Penny se adelantó a los demás y dijo:

—¡Déjenme a mí! Enseguida, revisaré este lugar por Arlinne y Ray…— Le dije:

—No, Penélope, lo siento…— La detuve del brazo y chasqueé los dedos con la otra mano… Canciller apareció frente a nosotros y le dije a Penny:

—Deja que Canciller baje, puede volar, ver en la oscuridad y además es incorpóreo. No quiero que te pongas en riesgo en vano.— Volteé a ver a Canciller y le dije:

—¿Canciller, podrías revisar por renacuajo y Ray, ahí debajo? Nos separamos y nos tienen preocupados, venían en esta dirección…— Él dijo:

—A sus órdenes, su eminencia.— Y descendió a las profundidades de aquel precipicio… Le dije a Penny:

—Sí es que están ahí, te ocuparemos para que los subas con bien de regreso. Descansa un poco, por favor.— «Espero que estén bien… Renacuajo es ágil y sagaz, dudo que pudiera caer en una trampa como esta… Pero… ¿Y si están lastimados?» Grand sonrió de repente y dijo:

—Mmmh… ¡Ya veo! ¡Jajaja! Estoy seguro de que ambos están bien…— Volteamos a verlo y le dije, murmurando:

—¿Cómo lo sabes…?— Él dijo:

—Pues… ¿No se han dado cuenta? Los resplandores se han detenido…— Le dije:

—¡Es cierto!— Canciller regresó en un par de minutos y dijo:

—Su eminencia, no están ahí debajo, pero lo estuvieron…— Le dije, tratando de convencerme a mí misma:

—¿Revisaste bien? ¿Debajo de cada roca y de cada rincón?— Él dijo:

—Así es, su eminencia, de cada una de ellas… Hay restos de sangre y algunos objetos rotos, pero ellos ya no están ahí debajo, ni vivos, ni muertos.— Suspiré aliviada y le dije:

—Gracias, Reon. ¿Podrías adelantarte y ver qué es lo que pasa? Nos pondremos nuevamente en marcha…

Rodeamos el socavón a una distancia que fuera segura y por fin, llegamos hasta la estructura… Me parecía como un anfiteatro antiguo, de compleja arquitectura para ser de origen virzuk. Recargado contra una puerta de madera, estaba Ranerd Forthand… Corrimos hacia él y Penny se adelantó, gritando:

—¡Ray! ¡Ray! ¡Estamos aquí! ¡Dónde está Arlinne?— Ray nos volteó a ver con su semblante indiferente de siempre y dijo:

—¡Ya era hora! Se tomaron su tiempo…— Camille llegó directamente a revisar su estado de salud… Le dije:

—¿Ray, dónde está renacuajo?— Él dijo:

—Arlinne está bien, no te preocupes… Aunque ya va siendo hora de que nos hagamos presentes.— Le dije, preocupada:

—¡No entraste con ella a hacer frente a la bruja virzuk?— Él dijo, igual de tranquilo, mientras nos señalaba una pila de cuerpos a unos metros en el piso:

—No… Tuve que encargarme de que estos muchachos tomaran una siesta.— Camille dijo, aliviada e interrumpiendo:

—No… No tienes absolutamente nada, además de algunos raspones y contusiones… ¡Qué extraño!— Él sonrió y encendió un cigarrillo, para decir después de aspirar el humo:

—No te preocupes, de alguna forma, Arlinne se hizo cargo.— Camille dijo, sorprendida: —¡Arlinne?— Él dijo:

—Sí, parece ser que por alguna causa, tenía justo la pócima adecuada, para el momento indicado…— Se paró frente a nosotros y dijo:

—Adelante… Creo que ya es la hora. Arlinne ha tenido suficiente tiempo para ganar confianza y divertirse un poco… ¿Están listos?— Camille dijo, aún preocupada:

—Pero… ¿Arlinne, no está mal? ¿No le viste síntomas de la maldición?— Él sonrió y dijo: —¿Arlinne…? No tienes que preocuparte por ella, al menos no por las maldiciones. Su maestro el hechicero azul, me dijo alguna vez, que Arlinne es completamente inmune a ellas…— Camille se quedó sorprendida, mientras yo pensaba… «¿Renacuajo es inmune a las maldiciones…? ¿Y ni ella lo sabe?» Ray dijo en un tono autoritario, que le salía muy natural: —Bien. Pues no hay más, ¿están todos listos?— Penny dijo, al instante:

—¡Lista!— Ray agregó:

—Esto será peligroso… Quiero decirles antes, que ha sido un placer compartir esta aventura con todos ustedes.— Penny contestó:

—¡Sí! Llegué hace poco, pero en verdad, ha sido muy divertido… ¡Los quiero mucho a todos y por Arlinne…! ¡Por Arlinne, podría hacer cualquier cosa que ella me pidiera! ¡Jijiji!— Todos reímos y uno a uno, comenzamos a asentir. Ray dijo:

—Me alegra que todos pensemos de la misma manera… En verdad, además de pasarla bien, nos ha ayudado mucho a todos.— Volvimos a asentir casi al mismo tiempo… La curiosidad picó mi interés, debía preguntar algunas cosas, solo algunas… Antes de seguir adelante. Dije apresuradamente:

—¡Esperen! Hay algunas cosas que quiero preguntar. Disculpen que lo haga en este momento… Son dos preguntas para ti, Forthand y una para Penny…— Ray me vio extrañado, pero dijo, complaciente:

—Pregunta, Sylverlin…— Respiré profundo y dije:

—Lo siento, Ranerd. Pero la curiosidad simplemente ya no me deja en paz… La primera es… ¿Por qué Arlinne, Ray? ¿Por qué ella, de todas las mujeres con las que seguramente has compartido tu vida? Discúlpame que te pregunte esto, pero… Lo quería hacer desde que te conocí en la torre. Perdóname, pero te ves como el tipo de hombre que las mujeres siguen gustosas para complacer hasta su más mínimo capricho.— Grand me jaló del brazo, sonriendo y pidiendo mi discreción, mientras decía, murmurando:

—¡Lianne…!— Ray sonrió y dijo:

—Me alegro de que lo preguntes, Lianne. Y me extraña que siendo como una hermana para Arlinne, no lo hayas hecho antes. La respuesta es simple, porque me harté de ese tipo de mujeres, donde todo se trataba de mí… La relación que tengo con Arlinne, me da algo mucho más que eso, me da a alguien que de verdad, necesita de mí.— Respiré aliviada, sonreí y le dije:

—¡Gracias, por cuidar de ella como lo haces! ¡Te lo agradezco!— Él asintió sonriendo y le dije:

—Ahora, la segunda… ¿Por qué dejar que Arlinne fuera la líder desde un principio…? Desde que lo planeamos todo en la torre del maestro. Tienes don de mando y buen sentido común, sin dudarlo dos veces, Arlinne haría feliz, todo lo que tú le pidieras… ¿Por qué dejar así nada más, qué ella tomará siempre todas las decisiones?— Él se paró frente a nosotros y dijo: —Precisamente por eso, Lianne. No voy a mentir, desde un principio, también pensé por algunos momentos que Arlinne era un poco ingenua, un poco torpe y carecía de confianza en sí misma… Que todo esto, era algo como un sueño sacado de su infancia, pero como fue pasando el tiempo y la fui conociendo cada vez mejor, me iba sorprendiendo más y más. Ella tiene un gran potencial… Arlinne es como una fuente, que solo necesita una gotita de comprensión y una más de confianza, para que sus aguas comiencen a fluir. Al final, esta es su historia y estoy muy contento de estar aquí apoyándola.— Todos sonrieron y asintieron al escuchar sus palabras, nuevamente dije:

—¡Gracias, Ray! La has ayudado mucho… Yo conviví con ella casi por siete años y estaba tan atrapada en mí misma, que nunca me di cuenta de eso… ¡Te lo agradezco!— Agregué: —Bien… La última pregunta, porque se hace tarde… ¿Penny…?— Ella volteó sorprendida y dijo, nerviosa por la cuestión que le iba a describir:

—¡Sí…?— Sonreí y le pregunté:

—¿Cuántos pinches años tienes…? ¡Jajaja! ¿Por qué nunca nos dices?— Ella suspiró aliviada, torció la boca y dijo, entre dientes:

—Diecinueve…— Todos nos quedamos sorprendidos y yo le dije a Camille:

—¡Ves? ¡Lo sabía! ¡Esta no es una chiquilla! ¡Jajaja!— Camille dijo:

—¡Pero sí se ve tan pequeña…! ¡Creí que tenías como dieciséis, Penny!— Grand dijo: —¡Jajaja! ¡Yo también! ¡Jajaja!— Ray dijo:

—¡Bah! ¡Yo le calculaba dieciocho!— Ella dijo:

—¡Ya ven…? ¡Por eso no digo las cosas! ¡Cómo dieciséis? ¡Soy bajita, nada más! ¡Pero aún así, le saco como dos centímetros a Arlinne!— Todos reímos desparpajadamente… Me calmé un poco y le dije:

—Bien y ahora… Dinos cuándo es tu cumpleaños…— Ella se quedó pensando y agregué: —¡No salgas con que no te acuerdas, ni nada de eso! ¡No funciona! Ya lo intentaste una vez, pero ni quien te lo crea…— Ella dijo, apenas perceptiblemente:

—Vigésimo octavo solar de otoño…— «¡Eh…?» Le dije:

—¿Cómo? No te alcancé a escuchar…— Ella gritó:

—¡Vigésimo octavo solar de otoño! ¡Qué eres sorda?— Todos nos quedamos sorprendidos por aquella casualidad… Repetí tontamente:

—¿Vigésimo octavo solar de otoño? Pero… ¡Ese! ¡Es el mismo día que renacuajo, cumple años!— Ella dijo, cabizbaja:

—Lo sé… Me enteré por Camille. Por eso ya no quise decirles cuando era… No soy tan importante como para que se distraigan de Arlinne por mi causa y no quiero que se moleste conmigo por eso…— Comencé a reír…

—¡Jajaja! ¡Penny! Al contrario… Arlinne, no es así. Se alegrará y dirá una barbaridad, como… ¡Qué bueno, así comeremos doble pastel…! O algo por el estilo… ¡Jajajaja!— Ella dijo:

—¿Ustedes creen…?— Le dije:

—Por supuesto, hagamos una apuesta… Cuando todo esto termine… ¡Dile y ya verás! ¡Jajaja!— Ella sonrió y asintió con su cabeza. Ray dijo:

—Se hace tarde, ¿todo listo?— Le dije:

—Sí, perdón. Gracias por contestar. Todo listo.— Él dijo:

—Entonces, vamos… Arlinne nos está esperando.

*************************

—La segunda… La segunda es… ¡Qué yo no estoy sola!— El lobo saltó de entre las gradas y se le echó encima, mordiéndola por el cuello…

La anciana comenzó a gritar de la impresión y forcejeó por sacárselo de encima… «¡Es mi oportunidad…!» Me encarreré rumbo al cristal, debía destruirlo cuanto antes, pero… Esta vez al primer golpe con mi espada, el cristal me repelió, arrojándome con un destello de vuelta por donde vine, como sí estuviera consciente de sí mismo y supiera que corría peligro…

Estaba muy cansada… Apenas y podía mantener mis ojos abiertos. La anciana, por fin se zafó del lobo y este, regresó frente a mí, encarándola, mientras gruñía y ladraba… Ella dijo, mientras sangraba de su cuello:

—¡Basta! ¡Debí de haber sacrificado a esta bestia desde el primer día que abandonamos nuestras creencias primitivas! ¡Esto no se lo perdonaré a ninguno de los dos!

«¡Debo de ponerme de pie, debo hacerlo…! ¡No dejaré que lastimes a mi lobito!» Apenas y me pude incorporar… Ella, ya canalizaba un conjuro… Alisté mi barrera, pero no hizo falta. Antes de que pudiera siquiera lanzarlo… La puerta estalló hacia el interior y Grand, se abrió paso por ella, como un toro enfurecido, que chocó contra la vieja y la mandó a volar al otro lado de la arena…

¡Todos estaban ahí, sanos y salvos…! «¡Qué alegría!» Lianne dijo:

—¡Renacuajo, Aún no acabas con este vejestorio? ¡Creí que eras más poderosa que eso!— Comencé a llorar y le dije:

—¡Sí! ¡Lo siento! ¡Qué bueno que todos se encuentren bien! ¿Me ayudan un poquito…?— La anciana rio, mientras se incorporaba…

—¡Jajaja! No importa cuantos de ustedes sean, ¡vengan! ¡Los mataré a todos, serán el máximo sacrificio para el ojo de dios! ¡Jajaja!— Todos me voltearon a ver, dudando… Les hice una seña con mi dedo a un lado de mi cabeza, dando a entender, que la vieja estaba fuera de sí… Sonrieron y se dispusieron a enfrentarla…

Nuevamente me puse de pie, renovada… Como sí después de ver a mis amigos a mi lado, la fuerza regresara por completo a mi cuerpo. Les dije:

—¡Nuestro objetivo principal es ese pedazo de vidrio…! La abuela… Ella está loquita, la pobrecita… Sean cuidadosos.— Ella dijo:

—¡Cómo te atreves siquiera, chiquilla engreída? ¡Desearán no haber nacido!— Canalizó un conjuro y la niebla que me azotó al comienzo de nuestro combate, ya venía sobre todos nosotros, como un viento veloz y mortal… Me paré frente al resto y esta vez, sí usé mi barrera para cubrirlos a todos… El viento chocó, repelido por la barrera y les grité:

—¡Denle! ¡Ahora es el momento!— Lianne y Camille, canalizaron sus conjuros… Las flechas de luz volaron por los aires y el ensordecedor orbe oscuro, silbó en dirección del cristal. Grand usó su aura de fuerza y Ray sus imágenes, para comenzar a golpear el orbe cada vez más ferozmente… La anciana asustada, gritó:

—¡No! ¡No! ¡No! ¡Deténganse…!— Las cuarteaduras en el cristal se hacían más profundas, mientras este, titilaba múltiples destellos que se ahogaban en la oscuridad de mi conjuro…

Al fin… La vieja se lanzó como último recurso, frente al orbe para recibir ella, el castigo que estaba recibiendo el objeto… Apenas y alcanzó a canalizar algo y se quedó parada frente a él, como sí fuera un muro, concentrada y canalizando… Todos se detuvieron, con excepción de Lianne, el orbe oscuro de Lianne, chocó contra la anciana que tenía los brazos extendidos… Lo recibió de lleno, pero sin mostrar siquiera una mueca de dolor, lo disipó alrededor de ella. Todos se me quedaron viendo… Negué con mi cabeza y le grité:

—¡Hazte a un lado, ya se terminó!— Volteé a verla sin recibir respuesta… El cristal, ya estaba en las últimas… Unos cuantos golpes más y se desmoronaría. Ella dijo, distrayéndose un poco de su concentración:

—¡No importa lo que me pase a mí! ¡El ojo de dios es lo más importante, no lo detendrán y menos ahora, que está tan cerca de iluminarnos a todos con su obra máxima!— Lianne me gritó:

—¡Arlinne, no lo dudes, pártela en dos! ¡Sí dejamos pasar más tiempo, puede ser fatal…!

Asentí con la cabeza y di un paso al frente… Aún teníamos un as bajo la manga. Les hice una seña para que esperaran y después me siguieran… Le dije a la anciana:

—Lo siento, pero como te dije… ¡Todo acabó!— Y me encarreré corriendo hacia ella… Grité:

—¡Ahora, Penny!— Penny se descolgó por los aires, como sí fuera a apuñalar el orbe con toda su fuerza… La vieja se distrajo y volteó a verla. Era mi momento… Salté hacia el frente, como sí quisiera chocar contra ella al vuelo y Penny gritó:

—¡Por fin, pagarás lo que le hiciste a mi madre, bruja!— Ella intentó reaccionar y defender el orbe, pero… En el aire le lancé una patada al rostro y me la llevé conmigo hacia el frente, hasta el suelo… Todos reaccionaron y comenzaron a golpear el orbe con todo lo que tenían…

Sin pensarlo, comencé a golpear y restringir a la anciana en el suelo, por un momento creí que lo habíamos logrado, que era el final, pero… Una luz cegadora brilló en el lugar y una explosión detonó en el centro de la arena. Todos salimos volando al lado contrario de donde estaba el orbe a punto de desmoronarse…

—¡Vaya que has sido un incordio, Arlinne! Pero no llegarás más lejos que esto…— Apenas y pude abrir mis ojos al escuchar la voz… Una brillante silueta femenina, emanaba un tremendo poder en el centro de la arena… Lianne me dijo, mientras trataba torpemente de ponerse de pie:

—¡Querías a tu culpable, renacuajo? ¡Ahí lo tienes…!— Le contesté, tratando de ser racional:

—Pero… ¡Quién es? O mejor dicho… ¡Qué es?— Camille dijo con miedo en sus palabras:

—¡Es una diosa!— Lianne ya de pie, la contradijo:

—Lo dudo mucho, Camille… Solo es una hechicera poderosa y esa aparición que está frente a nosotros, es una proyección arcana o mejor dicho, su avatar… Ella realmente no está aquí, al menos no, por completo…— La figura golpeó el piso con su callado y gritó:

—¡Basta!— La figura en un parpadeo, canalizó un conjuro y una luz abrasadora, cayó sobre todos nosotros…

Salimos volando de nueva cuenta, contra la pared opuesta… El conjuro había sido tan poderoso, que incluso desquebrajó la estructura detrás de nosotros… «Esto va muy mal… Apenas y me quedan fuerzas… ¡Qué podemos hacer?» Discretamente, volteé a ver a mis compañeros… Todos estaban lastimados y hacían un esfuerzo por ponerse de pie…

La figura dándonos por vencidos, se dirigió a la anciana y le dijo con un tono retorcido:

—¡Pero vaya que eres una inútil! ¡Después de todo el poder que te otorgué, no has podido vencer a una simple chiquilla transexual!— La abuela dando escusas, dijo:

—Divino espíritu… Por favor… Perdóname.— La figura la pateó en su rostro con toda su fuerza y comenzó a reír…

—¡Jajajaja! ¡Espíritu…? ¡Vaya que eres una sucia, primitiva e ignorante! ¡Jajaja! ¡Espíritu? ¡Cómo sí algo así pudiera existir! ¡Imbécil!— Y la volvió a patear con saña en el piso…

«¡Grrrrr…! No entiendo lo que está pasando aquí, pero… ¡Cómo puede tratar así a alguien que le ha servido durante todo este tiempo, sacrificando todo lo que tenía para hacerlo? ¡Grrrrr! ¡No lo permitiré!» La ira me llenó de fuerza y me paré de un salto, recogí mis espadas de junto a la pared y la encaré a unos pasos…

—¡Detente, idiota! ¡No trates así a la abuela!— Ella volteó sorprendida y dijo arrogantemente:

—¡Chiquilla imbécil! ¡Qué no sabes quién soy?— Sonreí y le dije:

—¡Sí lo sé! ¡Eres una mierda de persona que abusa de su poder…! ¡Además de eso, no eres nada, ni nadie!— No podía permitir que uno de sus conjuros nos volviera a pegar de lleno… Enfundé mis espadas y me preparé para alzar mi barrera en cualquier momento…

—¡Grrrr! ¡Debí de haberte matado hace mucho tiempo, fenómeno!— Nos señaló con su cayado y un rugiente haz de luz se precipitó hacia nosotros…

Alcé mi barrera justo a tiempo… La luz chocó contra ella, pero… Era demasiado fuerte y a mí, ya no me quedaban fuerzas… «Debo resistir… ¡Todos dependen de mí! ¡No permitiré que se salga con la suya…!» Apenas y lo logré… La luz cesó y mis compañeros terminaron de ponerse de pie.

—¡Jajajaja! ¡Eres poderosa, fenómeno, pero no más que yo! ¡Cuántos más podrás resistir? Yo puedo continuar así todo el día…—Lianne se acercó a mi lado y dijo a mi oído:

—Renacuajo, prepárate… Voy a hacernos una apertura, tienes que golpearla con todo, ¿está bien?— Le dije:

—Pero…

—¡No hay peros, renacuajo! Haz lo que te digo…— La figura resplandeciente, dijo:

—¡Qué se están cuchicheando, perras? ¡Jajajaja! ¡Cómo sí algo de lo que pudieran hacer, pudiese lastimarme!— Lianne dijo, dando un paso al frente:

—A decir verdad… ¡Sí! Es el momento de darte una lección de magia verdadera… ¡La magia de la hechicera azul!— Incrédula, dijo:

—¡Jajaja! ¡Ah, sí?— La figura resplandeciente, comenzó a canalizar…

La luz comenzaba a brillar en su cayado, pero… Una onda de impulso, salió de las manos de Lianne y al contacto con el cayado, estalló en silencio… Como sí todos nos hubiéramos quedado sordos… La figura y Lianne, salieron proyectadas en direcciones opuestas…

Lianne se puso de pie, ayudada por Grand y sangrando de su nariz… Dijo:

—¡Ahora, Renacuajo! ¡Dale una paliza!— Reaccioné demasiado lento, cuando corrí desenfundando mis espadas, la figura ya estaba de pie, señalándome con su bastón… Lianne rio y dijo:

—¡Jajajaja! ¡No creo que eso vaya a funcionar!— Me detuve por un momento para reaccionar y esquivar el conjuro, pero… Nada… La figura volteó a ver su cayado una vez más y dijo:

—¡Qué! ¡Cómo es posible?— Lianne dijo:

—¡Te lo advertí! ¡Acabala, renacuajo! ¡Es inofensiva sin sus conjuros!— «¡Ah? ¿Con qué esas tenemos?» Volteé a ver a Penny, quien ya se acercaba hace rato a su retaguardia…

—¡Penny, ahora!— Salimos disparadas…

Solté mis espadas al piso y Penny haciendo lo mismo, corrió a mi encuentro. Llegamos a propinarle una golpiza… Golpes simétricos, golpe por golpe… A su cara, a su estómago, a su torso…

Le dije, enfurecida:

—¡Cómo te atreves a hacer sufrir así a las personas…? ¡Este es por todas las personas que murieron sin poder cumplir sus sueños, como la dulce Linna!— Penny dijo:

—¡Este es por mi gente! ¡Por someterlos y volverlos tus esclavos!— Dije:

—¡Este es por nuestro mundo! ¡Por envenenarlo lentamente con tu odio y corrupción!— Penny dijo:

—¡Esté es por mi mamá! ¡Jamás te perdonaré que la hayas asesinado arteramente!— Dije:

—¡Este es por la reina Lenor y el largo suplicio que tuvo que resistir por culpa de tu veneno!— Penny dijo:

—¡Este es por todos los huérfanos que has ocasionado con tus idioteces!— Al final, dijimos al unísono:

—¡Y todos los que faltan! ¡Son por nosotras!

Éramos dos furias… La figura de luz, envuelta en una verdadera golpiza, gritando y retorciéndose de dolor… Le dije:

—¡Es el único idioma que entiendes, no? ¡La violencia! ¡Cómo puedes siquiera, atreverte a lastimar a las personas, cuando tú misma eres inofensiva…?

Cuando nos hartamos de golpearla, la figura se arrastró hacia el orbe y dijo:

—¡Esta me la pagarás, Arlinne! ¡Me vengaré de ti y todos tus compañeros! ¡Ya lo verás!— Le dije, mientras recogía mis espadas:

—Te estaré esperando, solo ten en cuenta que la siguiente vez, nos podríamos encontrar en persona…— La figura desapareció en un haz de luz, que se elevó hacia el cielo…

La abuela me veía asustada y enmudecida… Me iba a dirigir hacia ella, pero justo en ese momento, todos lo oímos… El crujir del cristal, las cuarteaduras por fin habían atravesado la circunferencia del orbe y estaba a punto de estallar en pedazos… Lianne me gritó:

—¡Renacuajo, está hecho! ¡Larguémonos de aquí, de prisa!— Vi a la anciana a los ojos y comencé a llorar… Ella perdida en mi mirada, comenzó a llorar también… Negué con la cabeza y me acerqué hacia ella… Lianne me volvió a gritar, mientras preparaba un pergamino:

—¡Arlinne, qué no me escuchaste? ¡Vámonos o todos, moriremos aquí…!— Respiré profundo y le dije:

—Ya voy, ya voy…— Le dije a regañadientes a la anciana:

—Debería dejarte aquí, pero… Incluso tú, mereces ver la luz del sol y respirar el aire fresco… Aunque sea, una sola vez más.— La alcé y la cargué entre mis brazos… Todos me voltearon a ver y les dije:

—¡Ya, ya! Está bien… La abuela no hará una locura o eso espero. Seguro quiere ver y despedirse de su gente.— Comencé a correr hacia la salida… Todos me voltearon a ver esperando atrás… Les dije:

—¡No qué llevábamos prisa? ¡Qué esperan?— Lianne dijo:

—Pon atención, renacuajo… ¿Qué no estás viendo el portal que canalicé con el pergamino?— «¡Ah…!» El portal de Lianne, brillaba como un espejo a un lado de nosotros… Le dije:

—¿Pero…?— Ella dijo, sonriendo:

—Por fin, está perfeccionado, renacuajo… Por eso mismo, te dije que no lo usaríamos en los caballos esta vez.— Les dije, sonriendo:

—¡Jajaja! ¡Gracias, hermanita! ¿Y bien, qué esperamos?— Penny dijo:

—¡Pues a ti, mensa!— Les dije al momento que atravesaba el portal:

—¡Ya voy, ya voy!

Todos atravesamos sanos y salvos, al otro lado del portal de Lianne, que nos llevó de vuelta a la muralla, donde habíamos dejado los caballos. Thorak, ahora junto con Graretos, nos esperaban… Una vez del otro lado, Lianne cerró el portal y solo unos cuantos segundos después, escuchamos una explosión que incluso hizo temblar los cimientos de la muralla… Nos tiramos al piso para guarecernos. Cuando pasó la onda de choque, nos incorporamos y Graretos corrió hacia mí, le pasé en brazos a la anciana… Él asintió y la recostó en el piso, unos pasos alejados de nosotros.

Sonreí y pensé… «Seguro se tienen que despedir…» Sentía una extraña sensación en todo mi cuerpo… Todos estaban ahí parados, heridos y cansados, pero viéndome y también sonriendo. Mi mente, por fin volvió a la realidad y les dije, emocionada:

—¡Lo hicimos? ¡Lo logramos? ¿De verdad, se acabó? ¡Jajaja! ¡Sí! ¡Todos lo hicimos!— Todos sonreían, mientras yo saltaba como una loca de la alegría, alrededor de ellos… Comencé a llorar y les dije:

—¡Gracias! ¡Muchas gracias! ¡Lo logramos, amigos! ¡Por fin, lo logramos! ¡Jajaja!— Penny corrió hacia mí, me abrazó y continuamos saltando, abrazadas…

Me calmé un poco y les dije:

—¡Gracias! ¡Los quiero mucho! ¡Jajaja! ¡Quién es ahora la ingenua? ¡Jajaja!— Todos estaban muy contentos… Ray y Grand, sacaron algunas botellas de quien sabe donde y las destaparon, pasándolas a todas nosotras. Bebí ávidamente y les dije:

—¡Qué rico! ¡Jajaja! ¡El sabor de la victoria!— Thorak se acercó con nosotros, también muy contento y dijo en su idioma:

—Mohatha nishate, Arlinne. ¡Felicidades! ¡Gracias por todo lo que han hecho por nosotros!— Le dije, cabizbaja:

—Lo siento… No creo que puedan regresar a sus tierras en un buen rato, pero… No hay problema que ocupen el territorio donde se encuentra el campamento por el tiempo que sea necesario.— Él dijo:

—No te preocupes más. Has hecho más que suficiente. Dejaremos pasar algunos días y mandaremos una expedición… Lo hablaremos con las chamanas y haremos lo que sea necesario para sanar la tierra. ¡Así nos lleve generaciones!— Le dije, sonriendo:

—¡Está bien! Pero nada de guerras, ¡Eh?

Me recargué en una roca… La emoción estaba pasando y los músculos de todo mi cuerpo, en especial de mi espalda, se estaban quejando a gritos… Me dolí de mi costado y Camille salió volando a mi lado, diciendo:

—¡Cómo estás, Arlinne? ¡Estás herida?— Le dije, sonriendo:

—No… Es solo mi espaldita, está lastimada por todas las veces que azoté como una res, en especial después de la caída…— Ella sin decir palabra, me comenzó a sanar y uso un conjuro para aliviar el dolor… Le dije:

—Detente, Camille… Tú también debes de estar exhausta… Por favor, descansa…— Ella dijo, sonriendo:

—A eso voy, Arlinne. Pero antes debo revisarlos a todos.

—¡Muchas gracias, Camille! ¡Gracias, por todo lo que haces!

Me quedé sentada sobre mi querida mantita, mientras Camille me atendía… Penny se acercó, se sentó a mi lado y dijo:

—¡Arlinne…! ¡Gracias, por todo! ¡Gracias, por cumplir todas tus promesas!— Le dije:

—¡Qué eres tonta? ¿Por qué me agradeces? Tú eres parte importante de nuestro grupo y todo esto, es también tu obra… ¡Jijiji!— Ella sonrió tímidamente y Camille dijo:

—¿Arlinne, a qué no sabes cuántos años tiene Penny?— Le dije, pensando…

—Mmmh… No lo sé… ¿Quince?— Penny hizo una cara de incredulidad y dijo:

—¡Mensa! ¡No, Arlinne! ¡No soy una mocosa! Bueno… No más que tú. Tengo diecinueve…— «¡Qué…?» Le dije:

—¡Cómo? ¿Diecinueve? ¡Jajaja! ¡No te creo!— Ella dijo, sonriendo:

—Sí, diecinueve.— «¡Vaya…!» Camille agregó, mientras Lianne se acercaba también a nosotras:

—¿Y a qué no sabes qué día es su cumpleaños…?— Le dije, tratando de adivinar:

—Mmmh… ¡Hoy? ¡Mañana…?— Lianne rio y dijo:

—No, renacuajo… Es el vigésimo octavo solar de otoño.— «¡Eh! ¡No lo creo!» Les dije: —¡Nah? ¡Jajaja! Están mintiendo por convivir, ¿en serio, Penny?— Penny afirmó con su cabeza, sin decir palabra… Yo me paré de golpe, la abracé y le dije:

—¡Jajaja! ¡Penny, qué bien! Así tendremos el doble de comida, el doble de pastel y el doble de regalos. ¡Jajaja! ¡No cabe duda, el vigésimo octavo solar de otoño, es el día que las personitas lindas y hermosas, llegamos al mundo! ¡Jajaja!— Penny comenzó a llorar y dijo, murmurando, mientras me abrazaba:

—¡Te quiero mucho, Arlinne!— Le dije:

—Bueno… Pero qué no se te olvide, sigo siendo tu hermanita mayor… ¡Y yo también te quiero…! Pero nada de estar de pronta, ¡eh?— Sonreí y agregué, murmurando a su oído:

—No por ahora… ¡Jijiji!— Ella sonrió, prendada de mis brazos…

Camille terminó de atenderme, me puse de pie y Graretos llegó a mi encuentro… Me dijo:

—Gracias, Arlinne. Gracias por sacar a Vella de ese infierno por lo menos por un momento.— Le dije cabizbaja, adivinando por la congoja en su rostro:

—No hay nada que agradecer… Lo siento, espero pueda descansar.— Él dijo:

—Yo también, espero lo mismo… Gracias.— Asentí y lo dejé solo… Busqué un lugar adecuado cerca de la hoguera y les dije:

—Bien… Sí me disculpan, mañana podemos seguir festejando o emprender el camino de regreso. Por ahora, tengo muchas horas de sueño atrasado y me voy a la cama…— Sonreí a la par que extendía mi mantita y la acomodaba. Les dije:

—Me despiertan mañana, por favor. Buenas noches…— Me acomodé donde estuve a gusto y me quedé profundamente dormida…

*************************

Las ovaciones y vitoreos, hacían estremecer la sala que ocupábamos para reunirnos, solo interrumpidas por el estruendo de la batalla que sacó a Iskiel de su concentración, arrojándola al piso, lastimada y maltrecha, por la golpiza que le habían propinado segundos antes… Era el momento de poner las cosas en su lugar. Di un paso al frente y dije, señalándola, mientras reía:

—¡Jajajaja! ¡Así qué, Iskiel…? ¿Cómo dijiste esa vez…? ¡La vida de esa niña, es lo que menos me importa! ¡No vale nada! ¡Jajajaja! ¡Espero que te sirva de lección…! Te ha dado una buena golpiza, junto con Arlinne… ¡Jajajaja!— Iskiel explotó, mientras todos murmuraban a nuestro alrededor y Vetan, observaba fijamente…

—¡No! ¡No! ¡No! ¡Cómo puede ser posible? ¡Maldita perra! ¡Esa maldita suerte! ¡Una y otra vez! ¡Cómo una cucaracha que sobrevive a lo que sea! ¡Es imposible, ha habido trampa! ¡Esto es una treta tuya, dios del engaño…! ¡Tú les diste los medios para poder hacerme frente! ¡Qué no lo pueden ver? ¡Es la única forma! ¡El dios de la falsedad ha intervenido en este resultado!

Todos guardaron silencio por un segundo y ella agregó:

—Él… Vryn ha intervenido… ¡No dejaré que se burlen de mí!— Vetan estaba a punto de contestarle, pero… Era el momento de terminar lo que Arlinne había comenzado. Le contesté, enfrentándola:

—¿Iskiel, hablas de trampa? ¿De intervenir? ¡Jamás he movido un dedo por Arlinne, desde que la convertí en mi campeona! ¿Aunque no sé, sí puedas decir lo mismo de ti misma? ¡Jajajaja!— Todos enfocaron su atención en nuestra discusión y agregué:

—¡Me pregunto…? ¿Por órdenes de quien, tu campeona mandó a asesinar a Arlinne? ¿Me pregunto, como llegó un diablo de los trece abismos hasta este mundo, en busca del alma de mi campeona? ¡Me pregunto como llegó el Orbe oscuro de Lamdos, desde la necrópolis de Cyan, a este mundo, desde el polo opuesto del universo? ¡No solo eso…! ¡Para caer en las manos de esas personas, con sus creencias puras y tribales! ¡Pero…! ¡Todo eso no te bastó y rompiste la regla más importante de todas e interviniste y trataste de matar a Arlinne con tus propias manos…!

Todos se quedaron absortos por mis palabras e inmediatamente su semblante cambió… Comenzaron los murmullos y cuchicheos, los cuales dieron paso a los comentarios de desprecio… Por fin, después de todo este tiempo, se había corrido el velo sobre sus ojos. Iskiel nerviosa, iba a comenzar a dar sus excusas… Más acusaciones. Pero esta vez, Vetan la interrumpió y dijo:

—¡Silencio! ¡Ahora lo veo todo con claridad! ¿Cómo pude ser tan ciego…? ¡Iskiel, tú…! ¡Tú solo has querido traer la ruina desde un principio! ¡Llenar tu ego más y más con el sufrimiento de las personas que juramos guiar! ¡Diosa de la muerte? ¡No me hagas reír! ¡La muerte es imparcial, benevolente, parte del ciclo de la vida…! ¡Tú! ¡Tú…! ¡Tú simplemente estás demente!— El aire se volvió hostil a nuestro alrededor… Iskiel trató de salir por palabras, pero nuevamente, Vetan la interrumpió y dijo con voz firme e imponente:

—¡Iskiel! ¡Lo qué has hecho es imperdonable, pero el juramento que tenemos entre todos nosotros, me impide a bien, darte lo que te mereces! Pero… ¡Por el poder qué todos ustedes me han otorgado…! ¡Quedas exiliada por toda la eternidad de este mundo! ¡Por favor, toma tus posesiones y lárgate ahora mismo!— Todos apoyaron la decisión de Vetan y veían a Iskiel con ojos enfurecidos… Ella frunció su ceño y maldijo…

—¡Malditos sean todos! ¡Maldito Vryn…! ¡Tú y tu campeona! ¡Pero esto no se quedará así, ya lo verás! ¡Te arrepentirás de haber jugado en mi contra!— Sonreí burlonamente y le dije: —¡Jajajaja! ¡No te dañes más! ¡Quieres volver a pelear contra el destino…? ¡Cuándo en una mano empuña la justicia y en la otra, la verdad es su escudo? ¡Jajaja! Ingenua… ¡Te estaré esperando!— Ella hizo una mueca de desprecio y abandonó el lugar apresuradamente…

El ambiente se tranquilizó después de su partida… Justine se aferraba a mi brazo, temerosa por las palabras de Iskiel. La volteé a ver y dibujé en mi rostro una mueca para tranquilizarla. Vetan respiró profundamente y dijo, riendo:

—¡Jajaja! Bien… De vuelta a lo que es importante. ¡Vryn, los declaro ganadores a ti y tu campeona! Este espectáculo ha sido simplemente sorprendente… ¡No solo por los combates, sino por la actitud, determinación y sentimientos de tu campeona y todos sus compañeros!— Todos ovacionaron las palabras de Vetan… Él calmó los ánimos con un movimiento de sus manos y agregó:

—Un acto como este, merece la más grande de las recompensas… Sé muy bien, que no estaba contemplado recompensa alguna, pero… Dada la omisión que todos aquí, hemos cometido… No puedo, sino sentirme culpable por los actos y acciones de Iskiel. Así que pido la ayuda y cooperación de todos los aquí presentes… Démosle a Arlinne un regalo. ¡Un deseo cualquiera que fuere! Y hagamos todo lo posible por nuestras fuerzas combinadas, en volverlo realidad.— Todos se vieron los unos a los otros y felices asintieron… Cerion dijo: —¡Sí, un deseo! ¡Lo que más anhele! No es mucho, pero es lo mínimo que se merece… Además… Me carcome la curiosidad, por saber que pedirá…— Vetan dijo:

—¡Jajaja! ¡Sí, yo pienso lo mismo! Pero sea lo que fuere, lo cumpliremos y después de eso… Yo por mi parte, me despediré de todos ustedes…— «¡Eh? ¿Vetan…?» Todos murmuraron al oír esas palabras y él agregó:

—Lo siento… Después de ver todo esto, simplemente no puedo seguir aquí sentado, tratando y fallando, en ser un dios. Un ser supremo… Las acciones de Arlinne, me han recordado, que después de todo, todos nosotros fuimos mortales alguna vez y me han vuelto las ganas de ir, buscar, ayudar y pelear por lo que es correcto… ¡Cómo hace muchos años, antes de conocer este poder, solía hacerlo! Nada me haría más feliz que eso… ¡Los que quieran acompañarme son bienvenidos!

Todos se emocionaron al escuchar sus palabras… Él terminó diciendo, al paso que iba saliendo de la habitación…

—Bien, entonces… ¡Está decidido! En algunos días resolveremos aquello que quiera Arlinne, desde el fondo de su corazón y los que quieran seguirme y yo, nos marcharemos… ¡Solo una advertencia! Los que se queden, sean cuidadosos con sus acciones y sus designios, no vaya a ser que un día, se encuentren del otro lado del filo de la espada de Arlinne… ¡Jajajajaja!

Fin del Capítulo 34.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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