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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 35

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Capítulo 35: Capítulo XXXV: Recompensa.

Capítulo 35.

Estaba muy cansada, pero no podía dormir de día… «¿Arlinne, cómo lo hace…? Se durmió así nada más, sin preocupaciones…» Camille me llamó…

—Penny, aséate un poco, vamos a comer.

—Sí, ya voy.— Me lavé mis manos y mi cara… Regresé hasta ella, por sí quería que la ayudara en algo… Le dije:

—¿Te ayudo, Camille?

—No es necesario, Penny. Thorak y sus hombres, ya tenían algo preparado para comer. Siéntate…— Asentí con la cabeza y le dije:

—¿Despierto a Arlinne? Seguro tendrá hambre…— Camille sonrió y dijo:

—¡No! ¡Jajaja! Ella prefiere dormir a comer… Déjala, ya comerá cuando despierte.— Volví a asentir, sonriendo. En lo que los demás llegaban a nuestro alrededor, Lianne me dijo: —¿Entonces, Penélope…? ¿Por qué no, te gusta decir tu edad?

—Ninguna razón en especial… No le doy mucha importancia, además ustedes a todo le encuentran y a ratos, nada más quiero estar tranquila y pasar desapercibida…— Ella rio y dijo:

—¡Jajaja! Penny… No dejes que cosas como esas te molesten, solo bromeamos.— Le dije, sonriendo:

—Lo sé…— Camille me dijo, una vez que todos estábamos sentados comiendo:

—Penny, pasaremos un tiempo en Kharsten. Estaba pensando… ¿Quieres ayudarme algunos días en el orfanato de Mariel? Quiero asegurarme que el lugar donde están ahora, sea el adecuado y tengan acceso a todo lo necesario.— Le dije:

—Sí, no hay problema. Con gusto.— Camille continuó y dijo:

—¿Oigan? ¿No lo han pensado? Ahora que estaremos un rato por aquí, supongo que no podremos estar permanentemente viviendo en el castillo… Estaba pensando, que podríamos comprar entre todos, una casa a las afueras de la ciudad o cerca de la muralla, para vivir el tiempo que pasemos aquí.— Le dije, emocionada ante la idea:

—¡Sí! ¡Vivamos todos juntos! ¡Qué buena idea!— Camille agregó:

—Claro, sí ustedes no tienen otros planes… A lo mejor quisieran vivir su vida en pareja, ustedes solos…— Grand sonrió y Lianne dijo:

—Mmmh… Pues… Siempre y cuando tengamos privacidad, no nos importaría vivir con todos ustedes… Además, seguro a renacuajo se le ocurrirá algo para ir y arriesgarse de nueva cuenta y la verdad, no me lo quiero perder. ¡Jajaja!— Todos rieron y Ray dijo:

—¡Jajaja! Me temo que así será… Aunque por algún tiempo, pienso que estaremos aquí…— Lianne le contestó:

—Sí, como lo habíamos planeado… Espero que no haya problemas con lo de la sucesión…— Terminé de comer y les dije, sin interrumpir a nadie:

—Gracias por la comida. Iré a tomar un poco de aire fresco…— Ray dijo:

—¿Por qué no, tomas una siesta, Penny?

—No, gracias. Me cuesta trabajo dormir de día… Iré por ahí a descansar un poco, vuelvo en un rato…

Me alejé del resto, pensando… «Yo no entiendo nada de esas cosas de política y la verdad, no me podrían interesar menos, pero… Supongo que en parte tienen razón. Será bueno estar cerca y asegurarnos que no vengan abusadores a aprovecharse de la situación… ¡Sí vienen, ya se las verán con mis dagas en la oscuridad! ¡Jijiji! Arlinne nunca aprobaría algo como eso, pero… En fin, sí es lo que hay que hacer por defender lo que logramos juntos el día de hoy, así lo haré…»

Me quede pensando toda la tarde hasta el anochecer… «Soy tan feliz ahora que estoy con ellos… Arlinne tenía razón… Con el estómago lleno, descansando bien y amigos a mi alrededor, todos mis problemas han desaparecido… Arlinne, te quiero mucho… Me devolviste toda la alegría que había perdido desde niña, desde que mi madre murió… ¡Bien! Ahora tengo que esforzarme más por seguir siendo de utilidad… También quiero aprender un poco de sus brujerías… ¡Todos esos conjuros son impresionantes! Jamás me imaginé siquiera, que vería de cerca algo así… ¡Ah, cierto! Además está Evan… ¡Jijiji! Lamento no compartir su sentimiento… Me gusta y sin dudarlo le entregaría mi cuerpo, pero… Jamás podría vivir esa vida que él lleva. Me gusta sentirme libre y vivir las emociones de la aventura…»

«Muy bien, es hora de ir a dormir… Me acostaré a la izquierda de Arlinne. A veces se pone cariñosa y me abraza sin pensarlo en la noche… Me gusta sentirla cerca, me da tanta tranquilidad… Sí ella me lo pidiera, también le entregaría todo lo que quisiera, pero… Parece ser, que llegué tarde a la repartición… No importa… Soy paciente… ¡Jijiji!»

*************************

«¡Eh…! ¡Ah? ¿Por qué estoy toda babeada…? Mmmh… ¡Tengo mucha hambre! ¿Ya es de noche?» Tallé mi cara con mi mano y me incorporé de la cintura para arriba… «¡Uy! ¡Mi espaldita, aún me duele! ¡Pfff!» Todos descansaban, dormidos a mi alrededor… «Quiero orinar, tomar agua y comer algo, para volver a acostarme…» Hice un esfuerzo por ponerme de pie, pero mi espalda me dijo todo lo contrario… «¡Uy! ¡Aargh!» Volteé hacia mi derecha… Ray dormía profundamente… «Mmmh… No puedo despertarlo, está bien dormido… Ni modo, creo que tendré que esforzarme un poquito más».

Recargué mis manos en el piso, tras mi espalda, para ayudarme un poco mejor y escuché la voz de Penny a mi lado…

—¿Arlinne, estás despierta?— Le dije, aguantando la risa:

—¡Pfff! No, tonta… Ahora camino dormida. Siento haberte despertado.— Ella rio, mientras se tallaba los ojos y dijo:

—¡Jajaja! Pues pregunto, porque contigo ya nunca se sabe… No te preocupes, ya dormí un buen rato, ¿necesitas algo?— Le dije:

—Sí… Quiero ponerme de pie, porque quiero orinar y comer algo…— Ella dijo, incorporándose:

—Está bien, ¡ven acá!— Me extendió sus brazos y por fin, pude ponerme de pie, apoyándome en ella. Dijo:

—¿Puedes caminar? Te llevo, sí quieres…— Le dije:

—No, Penny. No es para tanto. Sigue durmiendo, ya me las ingeniaré…— Ella dijo, mientras negaba:

—Mensa… Calentaré lo que te guardamos de comer.

—Gracias, Penny. Ya vuelvo…— Fui a las afueras del campamento, hice mi asunto y regresé, me lavé las manos y busqué mi bota para beber algo de agua, pero me la empiné y estaba vacía… «¡Eh! ¡Qué? Juraría que le quedaba suficiente…» Me acerqué a Penny y ella, al verme con la bota en la mano, dijo:

—¡Ah! ¡Cierto! Por consejo de Camille, tiramos toda el agua y las provisiones que sobraron después del viaje.

—¡Eh? ¡Oh! Entiendo… Supongo que podrían ser peligrosas. Iré a los caballos por agua…— Ella dijo, extendiéndome un plato:

—Dame tu bota, ya está limpia, yo la lavé hace rato. Te la traeré llena de vuelta, comienza a comer…— Me dejó sin palabras y le hice caso al pie de la letra… «¿Qué hay con ella…? Penny… Penny… Penny…» Suspiré, negué con mi rostro para mis adentros y me concentré en comer… Ella regresó y me pasó mi botita llena. Le dije:

—Gracias, Penny…— Y sin más, me la empiné… Estaba muy, pero muy sedienta. Sin querer, dije en voz alta:

—¡Ah! ¡Qué fresquita! Lo que me hacía falta…— Penny rio y me dijo:

—¡Jijiji! ¿Quieres qué te tueste una hogaza en la leña?— Le dije, emocionada:

—¡Tenemos pan?— Ella dijo:

—Nosotros, no… Pero son parte de las provisiones que el comandante dejó.— Le dije:

—¡Sí, por favor!— Ella calentó la hogaza en la hoguera y me la pasó, diciendo:

—Ten cuidado, está muy caliente…

—Sí, gracias…— Cuando terminé de comer, le dije:

—Gracias por todo, Penny. Ahora con la pancita llena, puedo regresar a mi mantita…— Ella dijo:

—Arlinne, espera… Hay algo que quería decirte y hace rato te fuiste a dormir y ya no me dejaste terminar…— Se veía muy seria, así que solo sonreí sinceramente y le dije:

—Está bien, te escucho…— Ella dijo, viendo al piso:

—Arlinne, muchas gracias… No sé como agradecerte todo lo que has hecho por mí. No solo cumpliste tu promesa al pie de la letra, sino que también, me diste un lugar con todos ustedes. Te estaré eternamente agradecida, supongo que aquel día en la montaña, tenías razón… Una vez más tranquila, estaría mucho mejor… ¡De verdad, gracias!— Sonreí y le dije:

—Penny, no hay nada que agradecer… Como ya te lo dije, tú eres parte de todo esto, nos has ayudado muchísimo. La que debería de agradecer, soy yo…— Ella dijo con lágrimas en sus ojos:

—Mensa… Vas a ver, que me seguiré esforzando mucho, aprenderé brujerías y seré de mucha más utilidad…— Reí, desentonando un poco con lo profundo del momento y le dije: —¡Jajaja! Penny… Estoy segura de que lo harás genial, pero… Quiero, por favor, que nunca se te olvide. No nos debes nada de nada, lo que aprendas, tengas y logres, será tuyo, será parte de ti. No tienes que vivir para complacernos. Yo y estoy segura de que todos los demás, estamos complacidos, simplemente con tu compañía.— Ella me abrazó, llorando y dijo:

—¡Eres una mensa, como siempre! ¡Y sí, tendrás mi compañía mucho, mucho tiempo! ¡Te quiero…!

—Yo también, te quiero mucho, Penny. Ahora vamos a dormir, ¿sí? Siento que mis ojitos se me cierran…— Ella secó sus lágrimas, sonriendo y me ayudó a llegar hasta mi mantita.

Desperté a la mañana siguiente… «¡Guau! ¡Qué sueño! ¿Ya están todos de pie?» Camille se acercó, mientras yo seguía recostada y me dijo:

—¿Cómo sigue tu espalda, Arlinne?— Le dije, haciendo un puchero:

—¡Buuu! Todavía me duele…— Esta vez, me sacó la ropa de la parte superior de mi cuerpo y me volteé boca abajo… Me dijo:

—¡Arlinne…! Sí fue un buen golpe, lo siento mucho por no haber hecho más el día de ayer… Discúlpame, estaba exhausta…

—No te preocupes… ¿Cómo se ve? ¿Está muy feo…?— Ella dijo:

—Sí… Tienes unos moretones horribles, pero estarás mejor, no te preocupes…— Terminó de tratar mis heridas… Me sentía un poco mejor, aunque aún me dolía, sí me doblaba. Le dije: —¡Gracias, Camille! ¡Gracias por todo!— Me puse de pie y me vestí… Regresamos con los chicos, que terminaban de desayunar… Les dije:

—¡Buenos días!— Ray me pasó un plato, lo tomé y le dije:

—Cené mucho anoche… No creo terminarlo, ¿me ayudas?— Él dijo, negando:

—Está bien… Pero, come primero hasta donde estés satisfecha.— Sonreí y les dije: —¿Partiremos de regreso, el día de hoy?— Lianne dijo:

—Pues no lo sé, dormilona… ¿Lo haremos…?— Le dije:

—¡Uy…! ¡Qué gruñona! ¡Sí, vayamos de regreso! Cuanto antes mejor… Ya quiero dormir en una camita, le hace falta a mis maltratadas carnes… ¡Jijiji!— Todos rieron y estuvieron de acuerdo conmigo.

Salimos de regreso a Kharsten y al cabo de dos días de viaje, estábamos de vuelta… Me sentía un poco mejor de la espalda, pero para nuestra sorpresa, antes de llegar a las murallas de la ciudad, Lyndon y el comandante, ya nos esperaban junto con un grupo de jinetes. Se adelantaron a nuestro encuentro y me empezaron a llover las preguntas… Él dijo:

—Su eminencia… Me alegra tanto poder verlos a salvo, ¿cómo les fue? ¿Tuvieron éxito? Estábamos muy preocupados al ver las luces y después esa explosión… Temíamos por su seguridad…— Le dije pacientemente y sonriendo:

—Todo bien, Lyndon… ¡Está hecho!

—¡De verdad? ¡Increíble, su eminencia! Después de tantos años, por fin terminó… Como me gustaría que su majestad estuviera aquí para verlo…— Le dije:

—A mí también, Lyndon… A mí también.— Él dijo:

—Muchas gracias, su eminencia. Estaremos eternamente en deuda con todos ustedes.— Le dije:

—No hay nada que agradecer, Lyndon. Lo hicimos, porque tenía que hacerse… No quiero ser irrespetuosa, pero… ¡Por favor, nada de festejos, ni nada por el estilo! Solo quiero llegar como una anciana a tenderme en mi cama, ¿sí? ¡Por favor!— Él dijo, mientras cruzábamos las murallas:

—Pero… Su eminencia, la gente de la ciudad, ya está a la espera…— Las palabras de Lyndon se ahogaron en los vivas y vitoreos de la muchedumbre que nos esperaba del otro lado de la muralla… Una ovación corrió por las calles…

—¡Viva Arlinne de Veranda, heroína de Kharsten, enviada de los dioses!— Mientras otra contestaba:

—¡Qué viva! ¡Viva Arlinne de Veranda!— «¡Pfff…! Allá vamos otra vez… ¡Jajaja! Está bien, que más da… Mejor disfrutarlo». Sonreí a diestra y siniestra, agradeciendo todas las muestras de afecto…

En un instante, ya estábamos sentados en la plaza de la ciudad… Lyndon daba un discurso en nuestro honor y platos exquisitos llegaban a la mesa. Le dije a Ray al oído:

—¿Amor, como pasó todo esto? Solo quería dormir hasta el anochecer…— Él dijo, sonriendo:

—Pues… Es el resultado de tus acciones, disfrutalo.— Le dije:

—Ya sabes que no me gusta. No es como que no agradezca, pero…— Mi conversación con Ray se interrumpió, porque Lyndon me pidió dar unas palabras… Todos en la mesa me voltearon a ver, suspiré profundo y Lianne dijo:

—Vamos, renacuajo. ¿Qué esperas…? Esta es nuestra oportunidad. Conmuévelos hasta las lágrimas.— Me molesté por su comentario, pero inmediatamente regresé a mi tradicional sonrisa, mientras camina rumbo al podio…

Me paré frente a todos y los aplausos estallaron… Lyndon pidió un poco de silencio. Preparé mi voz y sonreí… Dije:

—Buenas tardes, amigos de Kharsten. Agradezco mucho sus muestras de afecto, de mi parte y cada uno de mis compañeros. Estamos muy felices por sus muestras de empatía hacia nosotros, pero… Me gustaría hablar algo con ustedes, que de igual manera soportaron valientemente, todos los años que duró el conflicto…— La gente guardó silencio y escuchaba feliz mis palabras… Continué:

—¡Lo que provocó esta guerra, esté conflicto! ¡No es culpa de sus vecinos al norte, los virzuk…! ¡Cómo siempre suele pasar, ha sido obra de una sola persona! ¡Una persona que antepone sus deseos y su bienestar personal, por encima de todos y todo lo demás! Así, ahora que por fin, detuvimos al culpable y destruimos el artefacto de muerte y destrucción que estaba ocupando para sus propósitos. Me gustaría que reflexionaran un poco… Los virzuks, la gente del norte… Es al igual que ustedes, también víctima de la situación, tal vez de una forma diferente, pero lo es.— La gente se quedó pensativa o preguntando cosas, una a la otra… Continué:

—Por eso, me gustaría… Que después de todo, fueran pacientes y tolerantes… Sé que han soportado mucho y muchos de ustedes han perdido seres queridos… ¡Yo misma perdí mucho, esté conflicto, también me arrancó a mis seres queridos, pero…! ¡Me gustaría, que tratáramos de llevarnos bien entre todos, que hagamos un esfuerzo! A muchos no les gustarán mis palabras, pero… ¡La gente del norte, es como nosotros, también son humanos, personas, que sienten, ríen y lloran! ¡Lo único qué quiero decir con todo esto, es…! ¡Qué hagamos un esfuerzo por llevarnos bien! ¡Son nuestros vecinos y después de todo, el destino nos puso, uno al lado del otro! ¡Sí seguimos peleando y odiando, solo nos destruiremos los unos a los otros, repitiendo los mismos errores del pasado, porque desafortunadamente, el odio vive más que los odiosos!— La gente se quedó en silencio con su atención fija en mí, mientras mis ojitos, comenzaron a humedecerse… Agregué:

—¡Por eso…! ¡Trabajemos juntos, caminemos de la mano, para hacer que Kharsten siga siendo la nación prospera y orgullosa, que todos queremos! ¡Estemos en armonía y avancemos, para que conflictos como este, jamás se vuelvan a repetir!— Mis ojos lloraban incontrolablemente… Lyndon, Evan y el comandante, me veían con ojos desorbitados… Como sí no se creyeran lo que acababa de decir…

Escuché primero un aplauso… Lyndon. Luego otro… Evan. Luego otro más… Matías, el anciano que habíamos ayudado a salir de su casa en llamas. Uno más… El comandante Metrios y de pronto… Estalló. Toda la gente aplaudía… Por alguna razón, no pude contener mi llanto y solamente agregué:

—¡Gracias a todos!— Bajé del podio, corriendo…

Llegué a la mesa y me arrojé a los brazos de Ray, a llorar… Lianne dijo:

—¡Bien dicho, renacuajo!— Le dije, mientras secaba mis lágrimas en la camisa de Ray, tallando mi rostro contra ella:

—¡Qué fea personita! Saben que no me gustan este tipo de cosas, pero… Tenía que decirlo…

Comenzó la fiesta… La bebida circuló y empezamos a comer. Una señora llegó a nuestra mesa y dejó una gran charola con carnes de todos tipos, asadas a las brasas… Dijo:

—Espero le guste, su eminencia… El canciller Lyndon nos dijo que las carnes asadas a las brasas eran sus favoritas.— «¡Eh?» Se veían deliciosas… Le dije:

—¡Sí, muchas gracias! ¡Mi perrito y yo, se lo agradecemos de todo corazón!— El lobito puso sus patas delanteras sobre la mesa y ladró, mientras observaba las jugosas carnes… La señora sonrió y dijo:

—Gracias a ustedes por todo lo que han hecho. Espero las disfruten, con su permiso.— Hizo una reverencia y se marchó.

Pasamos un buen rato en la reunión, comimos y brindamos, hasta que por fin, me vencía el cansancio… Le dije a Ray:

—Lo siento, amorcito… Me voy al castillo, no puedo más. Quiero descansar…— Él dijo:

—Sí, pienso lo mismo. Vamos…— Nos levantamos de la mesa, nos despedimos de los demás y partimos hasta nuestras habitaciones en palacio. Le dije al llegar, mientras el lobo se echaba en su esquina, junto a sus cojines:

—Amor, estoy muerta. Voy a dormir…— Él dijo:

—Sí, adelante. Entraré al baño y en un segundo, estoy contigo.— Le dije:

—Disculpa, pero… Hoy no creo que haya nada de nada…— Él dijo, riendo:

—Tranquila, puedo esperar, pero… ¡Oye! ¿Aún tienes ese pijama de ranita, que te regalaron?

—¡Ah…? ¡Si! ¡Jajaja! ¿Quieres qué me la ponga mañana?— Él asintió… Le dije, mientras me desnudaba y me metía en las sabanas:

—¡Bien, es un trato! Pero… ¡Qué sátiro! ¿Qué le quieres hacer a una pobre ranita? ¡Jijiji!— Él dijo tiernamente, acomodando mis flequillos en mi frente:

—Nada, solo unos cuantos cariñitos…— Le dije:

—Está bien… ¡Jijiji! Ranita… ¡Jajaja!— Me quedé rápidamente dormida, balbuceando, mientras Ray se metía al baño y abría la llave del agua…

Desperté a la mañana siguiente… «¡Pfff! ¡Vaya que estoy apestosa! Debí tomar un baño ayer antes de acostarme…» Ray volteó a mi lado de la cama y me abrazó, diciendo:

—Buenos días, amor…— Le dije:

—Buenos días…— Me sentía un poco incómoda y le dije:

—¡No! ¡No me abraces, qué estoy muy apestosita! Tomaré un baño…— Él dijo:

—Que importa… Quédate un rato más, aquí conmigo…— Le dije:

—Amor… Te quiero mucho, pero sabes que no me gusta estar toda sudada, ¿no te da asco?— Él dijo, riendo:

—¡Jajaja! ¿Me creerás, qué no lo noto? Me hueles a lo mismo de siempre…— «¡Ah…!» Le dije:

—Mmmh… Entonces. ¿Quieres decir qué siempre apesto? ¡Ya veo!— Hice un puchero y él, dijo rápidamente, explicando:

—¡No! ¡Jajaja! Lo que quiero decir, es que tu sudor casi no huele, amor…— Le dije: —Mmmh… Pues no lo hueles tú, porque yo, ya no me aguanto… Voy al baño, ya vuelvo.— Él dijo, jalándome de nueva cuenta a la cama…

—No… Quédate un rato aquí conmigo…— «¡Pfff…!» Sonreí y le dije:

—Está bien, amor… Solo un ratito.— Él me volvió a abrazar y aproveché el momento para decirle algunas cosas que tenía planeadas…

—¡Oye, amor? Hoy aprovecharé para ir a hablar con Varenna acerca de Linna… Le contaré nuestros planes. Espero que ella esté de acuerdo…— Él dijo:

—Por lo que entiendo, Varenna ha cuidado de ella desde que nació… ¿Crees qué quiera ponerla en tus manos?— Le dije:

—No lo sé… De hecho, espero que ella me quiera ayudar a cuidarla, como su nana o algo así…— Ray rio a carcajadas…

—¡Jajaja! ¿Arlinne y sí ella estuviera de acuerdo, te la entregara y dejara todo para regresar con su gente…? ¿Qué harías?— Le dije, comenzando a morder mis uñas:

—Buena pregunta, no lo sé… Supongo que hacerme cargo por completo…— Él dijo:

—¿Qué sabes acerca del cuidado especial que deben de tener los niños pequeños?— Le dije, temerosa:

—Pues… No mucho, pero tengo una idea…— Él dijo:

—¡Jajaja! ¿Sabes qué debe de comer y en que cantidades?— Le contesté rápidamente:

—No… Pero tengo una idea…— Él dijo:

—¿Sabes el cuidado diario qué tienen que llevar, como al bañarlos, cambiarlos, en que momento deben de dormir y todo eso?— Le dije, ya apesadumbrada:

—No… Pero… Tengo una idea…— Él dijo nuevamente, poniéndome en apuros:

—¿Sabes qué hacer sí se enferma? ¿O llora mucho o tiene alguna complicación?— Le dije, ya con un peso en el alma:

—¡No! Pero… Tengo una idea…— Él estalló en carcajadas:

—¡Jajaja! Peque… ¿Estás segura de esto?— Me quedé en silencio… «Tiene razón, cuidar a un bebé, es algo muy serio…» Él agregó:

—Por lo que tengo entendido, Varenna fue la pareja de Thorak… ¿Y sí ella quiere regresar a su lado?— Le dije:

—¡Ya! ¡Ya! ¡No lo sé, no sé qué pasará, pero me las ingeniaré…! ¡Además, creí que me ayudarías, aunque sea un poquito…?— Él dijo:

—Sí, te ayudaré en todo lo que quieras con mucho gusto, pero yo no sé nada de bebés…— Le dije:

—¡Pues, nadie nace sabiendo…! ¡Ya aprenderemos! Ahora, deja que me vaya a bañar y quiero que entiendas, porque es importante para mí… ¡No lo hago, porque tenga la ilusión de ser madre…! Por el contrario, me aterra… El solo pensar que algo tan pequeño y delicado, podría depender por completo de nosotros para sobrevivir y ser una persona de bien… ¡Lo hago, porque merece una oportunidad! ¡Una oportunidad que le arrancó la ambición y la tragedia, antes siquiera de tener uso de razón!— Él colgó un semblante serio y dijo con tono comprensivo:

—Está bien, te entiendo. Te apoyaré en todo lo que sea necesario.— Sonreí, mientras me levantaba de la cama y recogía mi ropa del frente… Le dije:

—¡Gracias, amor! ¡Te quiero mucho, gracias por estar a mi lado!— Me metí al baño…

Desayunamos con todos los demás… Lyndon y Evan, estaban presentes. Lyndon nos preguntó:

—¿Su eminencia…? ¿Y ahora, después de sus hazañas, qué piensan hacer? Me gustaría expresarle, que se pueden quedar aquí en el castillo, el tiempo que ustedes lo requieran… De por vida, sí esa es su decisión.— Lyndon se notaba un poco apesadumbrado… Lo miré a los ojos y le dije:

—No lo sé… Aún no pensamos mucho en eso. Aunque tenemos una idea, pero aún estamos planeando esa parte… ¿Lyndon, cuándo es la ceremonia para determinar al sucesor?— Él dijo:

—Será pasado mañana, su eminencia… ¿Aún tiene usted, la misiva que le entregó su majestad, verdad?— Le dije, un poco molesta:

—¡Por supuesto! ¡Jamás dejaría que algo tan importante se perdiera o le pasara algo?— Él agregó:

—¿No la ha abierto, verdad…?— Le dije:

—¡Obvio, qué no! La reina me dijo, que no debía de abrirla y así lo he hecho.— Él dijo, sonriendo, pero aún con la preocupación en su mirada:

—Gracias, su eminencia… Su majestad fue muy sabia en encomendárselo a usted.— Le dije: —No es para tanto, pero… Lyndon, dime… ¿Te pasa algo? Te ves más serio y preocupado de lo normal…— Él dijo:

—Una disculpa… Sí, tengo algunos detalles en casa. Lamento perturbarlos con mis cuestiones personales…— Le dije:

—¿Qué clase de actitud es esa? Somos amigos, Lyndon. ¿Por qué no, nos cuentas, a lo mejor podríamos ayudar?— Él dijo:

—Ah… No es nada serio… Mi hijo, el menor… Ha estado un poco enfermo, eso es todo…— Todos nos sorprendimos y le dije:

—¡Estás casado, Lyndon? ¡Y con hijos pequeños? ¡Guau! ¡Jijiji! ¡Qué guardado lo tenías!— Él se apenó un poco y dijo:

—Sí, tiene apenas dos años…— Camille dijo:

—No se diga más, canciller. En cuanto terminemos de desayunar, lo acompañaré a su domicilio para revisar a su pequeño.— Él dijo, sorprendido:

—¡Su santidad, pero…! No quisiera darle esas molestias…— Ella dijo:

—¡Nada de su santidad! Iremos a verlo en un rato, ¿está bien?— Lyndon agradecido, dijo: —¡Gracias! ¡Dejaré algunas cosas listas para poder salir un momento…! ¿Conde, podría echar un ojo por aquí a los asuntos oficiales en lo que estoy de vuelta?— Evan sonrió y dijo: —Por supuesto, canciller. Será para mí un honor. Tome el tiempo que sea necesario.— Me quedé viendo fijamente a Evan, mientras él no lo notaba… «No cabe duda, será un buen monarca… ¡Fiu! Al menos, las cosas marchan bien, podremos estar tranquilos, solo observando… Lo que me recuerda…» Pregunté a Penny:

—¿Penny, me acompañas un rato, al terminar?— Ella dijo, sin darle importancia:

—Sí, claro.— Lianne rio discretamente y dijo:

—¡Jijiji! ¿Qué se traen ustedes dos, hace un rato? Han estado muy juntitas últimamente… ¿No será que estás haciendo de las tuyas, renacuajo…? ¿Verdad?— Penny y yo, nos pusimos rojas como ciruelas… Evan y Lyndon, solo se quedaron viendo con los ojos abiertos al máximo por la sorpresa… Le dije, molesta:

—¡Claro, qué no! ¡Qué clase de comentario es ese? ¡Solo podría salir de la boca de una personita tan fea como tú! ¡Puedes venir también, sí quieres…! Solo que llevo a Penny, porque dudo mucho que tú puedas abrir algunas cerraduras sin volarlas en pedazos…— Lyndon y Evan, volvieron a voltear, sorprendidos por mis palabras… Les dije para tranquilizarlos, mientras sonreía amablemente:

—No se preocupe, canciller… ¡Jijiji! No es nada fuera de la ley, puede estar tranquilo… ¡Bien, terminé! Gracias por la comida, ¿estás lista, Penélope?— Me puse de pie y Penny dijo:

—¡Sí! ¡Vamos! Te sigo…— Nos despedimos y salimos del lugar.

Le dije a Penny, una vez fuera del comedor:

—Vamos a ver a Varenna… Nos llevará un rato. ¿No estás ocupada?— Ella dijo:

—No… Iba a babosear un rato por ahí, junto a Evan… ¡Jajaja! Pero supongo que ahora estará ocupado…— Le dije:

—Lo siento…— Ella dijo:

—No pasa nada… En realidad solo iba a estar por ahí, observándolo, mientras él trabaja. No teníamos una cita, ni nada…

Llegamos hasta la torre en la muralla, revisamos que no hubiera nadie alrededor y Penny hizo lo suyo… Pasamos al interior y Penny volvió a colocar el candado. Bajamos las escaleras y ahí estaba Varenna, en su taller de alquimia… No se sorprendió al vernos, solamente dijo:

—Arlinne, Puripenialanusa, bienvenidas… ¿Quieren tomar algo?— Le dije:

—Gracias… Acabo de desayunar.— Penny se quedó dudando y Varenna dijo:

—Tengo té con galletas de azúcar, ¿quieres, paresi?— Penny sonrió y dijo:

—¡Sí, sí quiero! ¡Gracias!— Ella dijo:

—Enseguida vuelvo…— El lobito se echó por ahí en un rincón y yo me senté en una vieja silla, mientras Penny observaba todo con curiosidad… Me dijo:

—¿Qué son todas estas cosas, Arlinne? Sí voy a aprender brujerías, seguro deberé de aprender a usar todos estos trastes…— Le dije, riendo:

—¡Jajaja! Penny… Se lo preguntas a la peor persona posible… Conozco algunos utensilios de aquí, pero no todos y no tengo la más mínima idea, de para que los esté usando Varenna. Solo sé que los alquimistas los usan para desencadenar reacciones mágicas.— Ella dijo:

—¡Eso ya lo sé, es obvio…! Pero esperaba alguna respuesta más detallada de tu parte…— Volví a reír y le dije:

—¡Jajaja! ¡Pfff! Lo siento, Penny. No sé alquimia… ¡Jajaja! Y básicamente, tampoco mucha teoría arcana… ¡Jajaja! Y en general… ¡Nada de nada! ¡Jajaja!— Ella dijo:

—Ya veo… ¡Qué mensa! ¡Pfff…! ¡Jajaja!

Varenna regresó, nos sirvió té y puso un plato con galletas rellenas de jalea y chocolate, junto a Penny… Le dije:

—Varenna… Disculpa la intromisión, pero hay algunas cosas que quería platicar contigo…— Ella dijo:

—Con gusto, Arlinne… Pero antes dime, ¿cómo les fue?— Le dije:

—Pues… Ya debes de saber que el orbe está destruido…— Ella asintió y dijo:

—Sé esa parte, ¡te lo agradezco mucho! Pero… ¿Vellare…? ¿Tuviste que matarla?— Le dije, cabizbaja:

—Lo siento… No hubo necesidad. La trajimos con nosotros de vuelta, pero solo sobrevivió lo necesario para despedirse de Graretos.— Ella dijo, también cabizbaja:

—Ya veo… Gracias, Arlinne. Espero descanse, después de todos estos años de martirio… No me puedo ni imaginar, en que estado mental estaba, después de tanto tiempo…— Le dije: —Sí… Estaba muy mal. Completamente convencida en su propia realidad.— Iba a mencionar a la hechicera, que seguramente dejó el orbe en sus manos, años atrás… Pero mejor no hablar nada más de eso, hasta que todos estuviéramos seguros… Era una afrenta a la seguridad de todos y no la iba a dejar, solo así… Pero en ese momento, debíamos primero estar seguros de las cosas… Volvió a agradecerme y dijo:

—Gracias, espero nuestros ancestros, la puedan perdonar…— Asentí y ella agregó:

—¿Y bien, dime? ¿De qué se trata?— Le expliqué mi tentativa a detalle, acerca de Linna y el hacerme pasar por su madre… Ella se quedó pensando profundamente, mientras me escuchaba… Cuando terminé, le dije:

—Y entonces… Esa es la idea. Yo sé que a lo mejor, ya estás muy encariñada con ella, como sí fueras su propia madre y lo entiendo, pero… Pienso que dadas las circunstancias, tal vez pudiera ser beneficioso para ella, sí pasa como mi verdadera hija…— Ella sonrió y dijo: —Arlinne, ya veo… ¿Y sabes qué…? ¡Me parece una idea excelente, solo te pido que me dejes ayudarte a cuidar de ella!— Asentí sonriendo y dije:

—¡Si, por favor! Esa era la parte que más me preocupaba… ¡Jijiji!— Ella rio:

—¡Jajaja! Arlinne… Te ayudaré y poco a poco, serás una experta.— Le dije:

—Sí, gracias… Otra cosita… Por el momento, no tenemos claro, donde viviremos… Así que no hay problema sí nos quedamos aquí en el castillo. En cuanto tengamos razón de donde viviremos de manera fija, las llevaremos con nosotros…— Agregué:

—¿Te parece bien…? ¡Ah! Y no te preocupes por tus gastos o los de la pequeña, todo eso corre por mi cuenta, solo que estaba pensando, que para hacer un poco más creíble la farsa, no mostremos a la niña en público aún. Lo planearé bien, fingiré que estoy preñada algunos meses y después… ¡Puff!— Penny arrojó el té por la nariz y dijo:

—¡Jajajaja! Arlinne… ¡Preñada? ¡Jajaja! ¡Te pondrás una almohada en tu barriga o algo así? ¡Jajaja! ¡O simplemente seguirás engordando para aparentar? ¡Jajajaja!— Le iba a dar un coscorrón, pero se quitó, así que me conformé con un pellizco bajo la axila… Ella gritó aún riendo:

—¡Ayyy! ¡Jajaja! ¡Mensa…! ¡Jajaja! ¡Sí me dolió…! ¡Jajajaja!— Y después, volvió a orinarse de la risa… Varenna dijo, sonriendo:

—Me parece bien, Arlinne… Te ayudaré a que quedes, como una adorable futura madre… ¡Jijiji! ¡Ah! Y no te preocupes por el dinero, yo hago algunos remedios y pociones aquí. Generalmente, los vendo y me llevo buen oro de esa parte.— Le dije:

—Aún así, no te preocupes por el dinero, ¿está bien…? ¡Ah! Además quería decirte otra cosita…— Ella sonrió y dijo:

—¿Sí?— Le dije:

—No quiero ser metiche, pero… ¿Sabes…? Thorak ha estado con sus hombres en las murallas ya hace días, apoyando desde lo que ocurrió con el marqués… ¿Has ido a verlo?— Ella se sonrojó y volteó en otra dirección, diciendo:

—Sí… Lo sabía… Pero… ¿Cómo presentarme ante él, después de tantos años…? ¿Después de lo que hice…? No olvides, que yo soy tan culpable como mis difuntas hermanas… ¿Qué cara puedo poner ante mis hermanos y hermanas…? ¿Ante Thorak…? Sin mencionar que es muy posible, que ya otras hembras sean sus compañeras…— Le dije, devolviéndole sus ánimos: —En lo que a mí respecta, tú has expiado tu culpa… Mucho has tenido que ver, con que ellos estén tranquilos en el campamento, con que la reina llegara hasta estos días y conociera a su nieta y con que la maldición no cobrara más víctimas. ¡Debes de tener confianza y hablar con él!— Sonreí sinceramente y Penny recobró la compostura y dijo:

—¡Otras hembras? ¡Nah! ¡Para nada! Masiari Thorak, no tiene cabeza para nada más, que para el clan y el futuro del campamento… De eso puedes estar segura, yo he estado ahí.— Varenna volteó ilusionada, diciendo:

—¡En serio…?— Penny dijo:

—¡Sí, en serio! ¡Jijiji!— Varenna se quedó dudando y le dije:

—¡Mira…! Sí quieres puedo ir contigo y ayudarte a explicar todo lo que ha pasado…— La decisión brilló en sus ojos y dijo:

—¡No! Gracias, Arlinne… Tienes razón, debo de ir y explicar, pero es algo que debo de hacer sola.— Sonreí y le dije:

—¡Sí! Así se habla. ¡Jijiji! Solo sí piensas marcharte, avísame para que podamos planear mejor el futuro de la pequeña Linna…— Ella dijo:

—¡Jajaja! No pienso marcharme, Arlinne… No te preocupes por eso. Pero sí debo de dejar las cosas en claro. Gracias.— Le dije:

—Una última cosita… ¿Podemos ver a la pequeña, aunque sea solo un momento…?— Ella rio y dijo:

—¡Jajaja! Claro, Arlinne… Serás su madre, ¿cómo podría negártelo? Acompáñenme…

Pasamos hasta la habitación donde estaba la cuna de la pequeña… Varenna dijo, muy bajito:

—Está durmiendo su siesta…— Le hice una seña a Penny para que guardara silencio y me quedé observándola… Era tan linda, tan pequeña… «¡Jijiji!» Algunos mechones de color cobrizo, ya se asomaban por debajo de su gorrito… La observamos un rato, hasta que le dije a Penny:

—Bien, vámonos…— Salí de la habitación, me despedí de Varenna, con la promesa de que la mantendría informada de todas nuestras decisiones…

Suspiré profundamente, mientras Penny acomodaba de vuelta el candado, detrás de la reja de la torre… Le dije:

—¿Viste qué linda? ¿A poco no es hermosa? ¡Jijiji!— Ella dijo:

—Sí, sí lo es…— Mientras sonreía…

Caminábamos de regreso y se formó un silencio entre nosotras, hasta que ella dijo:

—¿Y bien…? ¿También piensas pintarte el cabello de rojo? ¿O se lo decolorarás a ella para que le quede castaño claro? ¡Jajajaja!— «¡Pfff…!» Le dije, molesta:

—¡Pinche Penny! ¡Síguele…!— Ella reía incontrolablemente… Dijo:

—Lo siento, Arlinne… Discúlpame… No me rio de tu tentativa, sino de que de verdad te lo estás tomando muy en serio para que todo mundo quede convencido de que es tu hija… ¡Jajaja!— Le dije:

—¡Ya burlona…! ¡Y sí! Sí me lo estoy tomando en serio, debo de asegurarme de que lleve una vida feliz y eso es parte importante…— Ella se quedó muda un momento, apagando sus risas y pensativa… Hasta que dijo:

—¡Oye, Arlinne…? ¿Nunca piensas decirle la verdad, de quién es su verdadera madre y todo eso…?— Le dije:

—Pues… La verdad, aún estoy pensando esa parte… Yo creo, que lo más seguro es que sí, pero… Lo haré hasta que haya dejado de ser una niña.

Regresábamos a nuestras habitaciones y nos encontramos a Lianne en el pasillo… Ella dijo, seria:

—Hola, pequeñas… ¿Cómo fue su cita?— Le dije:

—¡Ah…! ¡Cierto! Se me había olvidado… ¡Estoy enojada contigo!— Lianne se echó a reír… —¡Jajaja! ¡Renacuajo…! ¡Jajaja!— Le dije:

—¡Cómo siquiera se te ocurre decir eso, frente a Lyndon y el conde? ¡Pensarán que soy un degenerado, sino es que ya lo piensan!— Ella dijo:

—¿Degenerado…?— Le dije:

—¡Sí…! De alguna forma se enteraron de que soy un chico… ¡Mi relación con Ray es obvia y luego tú, le echas leña al fuego! ¡Pfff…!— Ella se puso seria y dijo:

—¿Pero… cómo? ¿Tú se los dijiste?

—¡No…! Se lo conté a la reina, en paz descanse… Y por alguna razón, decidió que era buena idea contárselo a algunas personas…— Ella volvió a sonreír y dijo:

—No pasa nada, renacuajo… ¡Jajaja! ¿Qué pueden pensar? En el peor de los casos, si no son suficientemente listos como para reconocer el sarcasmo en mis comentarios… ¡Pensarán que eres muy inquieta y listo! ¡Jajaja! No creo que pase de que piensen, que bromeábamos…— Penny dijo:

—¡Cierto, Arlinne! Calma… No pasa nada. A mí no me molesta ese tipo de bromas, sí alguien me pregunta lo que sea, me haré la loca, diciendo que solo es una broma. Deja de preocuparte por lo que piensen los demás.— Lianne dijo:

—Penny tiene razón… Renacuajo, ya cálmate, ¡sí!— Les dije:

—Está bien, pero no más bromas como esa, por un rato, ¿sí?— Lianne dijo:

—Está bien, lo prometo… ¡Jajaja! Solo porque pronto será tu boda, haré un esfuerzo… ¡Jajaja! ¿Por cierto? ¿Cuándo nos probaremos los vestidos y todo eso?— Le dije:

—¡Pfff…! ¡Allá vamos otra vez…! ¿De verdad, no puede ser solo una ceremonia sencilla?— Ella dijo de manera determinante:

—Será sencilla, pero tendremos vestido y no empieces como con lo del baile… Yo sé que ardes en deseos de lucir un hermoso vestido blanco e ir del brazo del señor Forthand.— Suspiré sin saber y le dije:

—Pues… Sí, tal vez… ¡Sí!— Ella dijo:

—Entonces, está decidido… Hablaré con el maestro para que nos preste el baúl, ¿tal vez en siete días?— Le dije:

—¡Siete días! ¿No es demasiado pronto…?— Ella dijo:

—Cuanto antes mejor, renacuajo… ¿No querrás que el novio se arrepienta o sí?— Le dije, ya muy comprometida:

—¡Está bien, está bien! ¡Por qué siempre terminas sonsacándome? Planea todo tú, ¿si?— Ella contestó, gustosa:

—¡Claro, con gusto!— Penny dijo, emocionada:

—Yo quiero ayudar, ¿puedo Lianne?— Lianne dijo:

—Por supuesto… Camille y tú, me ayudarán…

Ambas platicaban emocionadas… Les dije:

—Regreso a mi habitación… Me comenzó a doler la cabeza. ¿Quieren salir a cenar discretamente a la ciudad por la noche?— Ellas asintieron y me despedí, pero Lianne agregó:

—Cierto, renacuajo… Casi se me olvida… Tengo algo muy importante que platicar contigo… ¿Tendrás tiempo mañana por la mañana?— Le dije:

—¿De qué se trata?

—Es sobre los pergaminos que me dejó encargados el maestro…— Le dije:

—¿Pergaminos…? ¿Cuáles pergaminos?

—¿Ya no lo recuerdas, renacuajo? En la batalla que participamos con los elfos en Veranda, el maestro nos ayudó y me dejó encargados unos pergaminos… Él dijo que no los abriéramos hasta que terminara nuestra aventura…— Le dije:

—¡Ah…! Lo había olvidado por completo. Está bien, pasaré a tu habitación, solo no esperes que sea temprano, aún tengo mucho sueño retrasado… Bien, sí no hay más pendientes, tomaré la siesta…— Me despedí graciosamente y me metí a mi habitación…

Ray estaba en el interior… Seguramente, había escuchado todo el alboroto por lo de la boda… Limpiaba su equipo, sentado en la cama y organizando las cosas. Le dije:

—Amor… Estás aquí. ¿Creí que saldrías con Grand o algo?— Él dijo:

—No. Saldremos el día de mañana…— Me arrojé en la cama y estiré mis brazos, haciendo un sonido de hastío… Él dijo:

—¿Todo bien, peque? No te escuché muy contenta por lo de la boda.— Le dije:

—¡Pfff…! No me malentiendas, amor… En lo que a mí respecta, yo ya soy tu esposa. No necesito todo eso, ni fiesta, ni vestido, ni nada…— Él dijo:

—Pues… Comparto tu opinión, pero… Supongo que una vez en la vida, no hará daño… ¿O sí?— Sonreí y le dije:

—¡Sí! ¡Tienes razón! Lianne dice que haremos una boda doble en siete días… ¿Estás de acuerdo?— Él dijo:

—Tan de acuerdo, como supongo lo está Grand. Por mí no hay problema… Hablaré con él para ver lo de los gastos.— Le dije:

—Cierto… Me avisas cuanto será para apoyarte con mi parte.— Él dijo, riendo:

—¡Jajaja! No.— Le dije:

—¿Otra vez con eso, señor macho…?— Él dijo:

—¡Así es!— Le dije, haciendo un puchero:

—No amor… No tienes que mantenerme ni nada, ¿por qué eres así?— Él dijo:

—Ya podrás gastar tu dinero en otras cosas para los dos… ¿Está bien?— Sonreí y le dije: —Está bien, solo no gasten demasiado… ¿Sí? ¡Por favor!— Él dijo:

—No te preocupes, ahora que estaba pensando…— Me abrazó y se recostó en la cama, encima de mí…

—¿No te gustaría cumplir con tus obligaciones de esposa en este momento?— Le dije, riendo:

—¡Jajaja…! Ah… Eh… ¡Jijiji! ¡Convénceme…!

Después de la pasión, me quedé profundamente dormida… Hasta que Ray me despertó, besando mis hombros y cuello desnudo… Le dije, balbuceando:

—¿Amor, qué pasa…? Estate… Tengo sueño…— Él dijo:

—Se está haciendo tarde… ¿Creí que saldríamos a cenar con los demás?— Dije:

—¡Wahhh! ¡Cierto! ¡Qué hora es?— Él dijo:

—Tal vez, como las cinco de la tarde…— Le dije, incorporándome:

—Bien… Deja darme un baño rápido y nos vamos…— Él se metió conmigo… Le platiqué lo que había hablado con Varenna y él dijo:

—¡Vaya! Parece ser que las cosas se ponen a nuestro favor…— Le dije:

—Sí, pero igual… No hay que abusar de su amabilidad.

—Te entiendo.— Le dije:

—Veamos que pasa, ¿sí? Sé que al igual que yo, no estás convencido del todo y la verdad, no te culpo… Nadie está realmente listo para una responsabilidad así, sin importar cuanto lo haya planeado… Además, nos viene bien que nos ayude Varenna, porque así la podremos dejar en buenas manos, sí necesitamos salir por un tiempo… Tú sabes, ¡de aventura! ¡Jijiji!— Él dijo, riendo también:

—¡Jajajaja! Arlinne… ¡Lo sabía! ¡Jajaja!— Le dije:

—Pues sí… ¿Qué esperabas…? Aún quiero conocer muchos lugares, pelear contra muchos otros monstruos, pero más que nada… Convivir con todos ustedes por mucho, mucho tiempo… ¡Jijiji!— Él dijo:

—Yo también, Arlinne.— Le dije, sonriendo y cambiando el tema:

—¡Ah! Cierto… Querías que una ranita te visitara esta noche, ¿verdad?— Él comenzó a reír y dijo:

—Sí, por favor.— Le dije:

—Está bien… ¡Jijiji!

Salimos todos juntos a cenar… Buscamos un lugar que no se viera tan concurrido, dejamos las armaduras y el equipo en el castillo, solo nos fuimos ligeramente armados y con ropa casual. Mejor que nadie nos reconociera, pero como siempre, el lobito no ayudaba del todo… En el bar donde decidimos cenar, en cuanto nos reconocieron, se ofrecieron a pagar la cuenta y a retacarnos de viandas… Penny dijo, mientras se llenaba la boca:

—¡Vaya! ¡Cuánta comida! Esto de ser una heroína, sí que es redituable…— Le dije:

—¡Tonta, no lo hacemos por eso!

—¡Lo sé, mensa! Pero… ¿Por qué desperdiciar?— Camille dijo:

—Arlinne, Penny, calma… Te entiendo Arlinne y pienso exactamente igual que tú, pero unas cuantas veces, no nos vendrá mal. Recuerda que es igual de malo despreciar lo que las personas te ofrecen de buena voluntad.— Les dije:

—Está bien, está bien… Brindemos por nuestros anfitriones. ¡Jajaja!

Regresé hasta las manitas en alcohol… Entré al baño a sacar todo el líquido y torpemente me puse el mameluco de ranita que saqué de mi portal. Regresé y me tendí en la cama sensualmente, diciendo:

—¡Croac! ¡Hola! Soy una inocente ranita… ¡Croac! Que solo está por aquí, ¿qué podría pasar…?— Ray rio a carcajadas…

—¡Jajaja! ¡Peque! ¡Te amo! ¡Qué linda te ves!— Le dije, riendo también:

—¡Jajaja! ¡Eres un bobo! ¡Por qué te gustan estas cosas? ¡Qué sátiro! ¡Jajaja!— Me abrazó firmemente entre sus brazos y comenzó a acariciar lascivamente todo mi cuerpo… Le dije con una cara de tonta:

—Señor… Buenas noches, croac, ¡qué me hace? ¡Deténgase…! ¡Jajajaja!— No pude más y la risa estalló de mis labios… Ray la apagó con sus besos…

A la mañana siguiente, cuando recuperé el conocimiento, me di cuenta de que Ray ya se alistaba para salir… Le dije:

—¡Buenos días, amor! ¿Qué tal te la pasaste?— Él dijo:

—Increíble, peque. Como siempre, estando a tu lado.— Le dije, apenada:

—¡Adulador!— Él dijo:

—Saldré con Grand… Tengo entendido que te verás con Lianne ahora en la mañana…— Le dije:

—Cierto, casi lo olvidaba… Mejor me apuro.— Me puse de pie, recogí un poco la habitación y me metí a arreglar al baño…

Toqué a la puerta de su habitación… Ella abrió casi al instante y dijo:

—Pasa…— Entre y ella cerró la puerta tras nosotros… Me senté en la cama… Ella tenía una mesa de trabajo frente a su cama, llena de papeles y pergaminos… Le dije:

—¡Qué desorden! ¿No me digas que puedes encontrar las notas y la información que buscas en todo este desorden?

—Por supuesto, que sí. Siempre y cuando, todo lo haya puesto ahí yo, sí alguien mete mano, es donde ya no encuentro las cosas.— Negué con la cabeza y le dije:

—¿Y bien?

—¡Sí! ¡Cierto! ¡Quiero qué veas esto!

Revolvió todos los papeles de la mesa y los fue haciendo a un lado, hasta que por fin, en el fondo, encontró dos pergaminos… Los coloco por encima de los demás y los extendió, sujetándolos a la mesa para que no se movieran o enrollaran, mientras los observábamos. Sacó más pergaminos en blanco y hojas de papel, alistó su tintero, lo puso a un lado y me dijo, muy seria:

—¿Qué opinas de esto?— Le dije:

—Espero que recuerdes, que soy bruta y con trabajos puedo leer magia…— Ella dijo:

—Si, lo sé… Haz un esfuerzo.— Le dije:

—Espero que también recuerdes, que sé tanto de teoría arcana como una patata dulce…— Ella dijo, sonriendo:

—¡Sí! Lo sé… Haz un esfuerzo.— Le dije:

—Y que no se te olvide, que apenas y puedo detectar los efectos más simples en los objetos y conjuros…— Ella por fin, estalló en carcajadas y dijo:

—¡Sí! ¡Jajaja! ¡Renacuajo! Lo sé… Sé que eres un jumento… ¡Jajaja! Pero aún así, haz un esfuerzo…— Fruncí mi ceño y me paré frente a la mesa de trabajo, tratando de descifrar la escritura mágica…

Trataba de leer, pero no podía hacer mucho sentido de nada… Lo volví a hacer, una y otra vez, pero las conexiones no tenían relación una con la otra… Traducido a la escritura tradicional, es como sí un loco, simplemente se hubiera puesto a escribir sentencias una tras otra, sin que ninguna tuviera una conexión con la anterior… El único termino del que podía estar segura trataba el escrito, era algo que se podía traducir como reserva espiritual… Lo mencionaba el maestro unas tres veces en todo el texto en el primer pergamino y una sola vez, en el segundo, pero… De ahí en fuera, no tenía idea de nada más… Le dije a Lianne, después de un rato:

—Lo siento, si soy un jumento… No lleva una estructura que pueda discernir. Lo más que puedo entender de todo esto, es… Algo llamado reserva espiritual, pero hasta ahí y la verdad, como te dije, de teoría arcana no sé una pizca, pero juraría que no es algo que haya olvidado, más bien algo, que jamás en la vida había escuchado o leído…— Ella dijo:

—Sí, renacuajo… ¡Eso es! Yo también estoy segura de lo mismo… ¿Ves como no eres tan inútil?— Ella comenzó a escribir, convencida… Le dije:

—¿Y bien…? ¿Qué es esa reserva espiritual?— Ella dijo:

—Lo ignoro, renacuajo… Como lo acabas de decir, en mi vida lo he leído o escuchado, pero eso es exactamente lo que quiero descubrir, ¿qué más entendiste?— Le dije:

—Nada de nada…— Ella dijo, interrumpiendo:

—¡Exacto! ¿No es raro…?— Le dije, riendo:

—¡Jajaja! ¡No para mí! ¡Jajaja!— Ella dijo:

—No, renacuajo… Con toda seriedad, eso es lo raro. Digo, sí eres bruta, pero… De algo estoy segura, sí fuera un conjuro conocido o en línea con otros parecidos a él, entenderías por lo menos algo, tal vez no del todo, pero algo… ¿Me entiendes?— Le dije:

—Pues… Puedo leer magia, no bien, pero puedo… He leído antes conjuros escritos por el maestro y lo he conseguido… ¿Quién crees que nos tele transportó de regreso a la torre, cuándo te sacamos de tu carrera criminal? Pero esto simplemente no lo entiendo, no tiene mucho sentido…— Ella dijo:

—¡Exacto! Y no te preocupes, estoy en las mismas…— Le dije:

—¡Qué? No te creo… Vamos, dime de que se trata…— Ella dijo:

—De verdad, no lo sé, renacuajo… Lo único que puedo discernir de todo esto, ahora que he escuchado tu opinión, es que esta reserva espiritual o lo que sea… Es la clave de todo el asunto, pero no tengo ni idea de que podría significar…

Me volví a sentar en la cama y me recosté con los brazos estirados… Le dije:

—Pues… No creo poder ayudarte mucho más que eso… ¿Reserva espiritual…? Mmmh… Suena más bien a algo que un hechicero de fe, diría… No me puedo imaginar que tiene que ver con magia arcana… ¿Espiritual…? ¡Qué raro!— Ella dijo:

—¿Verdad…? Eso también es raro, jamás en una sola lección, el maestro mencionó un concepto como el espíritu…— Le dije:

—¡Oye! ¿Y sí le preguntaras a Camille?— Ella dijo:

—Lo pensé… Pero dudo mucho que Camille pueda leer magia arcana…— Le dije:

—Cierto…— Me quedé pensando por unos segundos y algo loco, como siempre, vino a mi mente…

—¡Ah! ¡Oye…? ¿Y sí no fuera magia arcana y por eso no lo podemos leer?— Lianne se quedó absorta, solo viendo el pergamino… Dijo, después de un momento:

—¡Tú crees…? Juraría que aquí hay más de una sentencia y más de una runa, que tiene que ver con conceptos arcanos…— Mi rostro se iluminó y le dije:

—¿Y sí…? ¿Estuviera en una escritura mágica que es una amalgama de las dos?— Lianne dijo:

—¡Nah…? ¡Jajaja! ¡O sí…?— Le dije, riendo:

—¡Jajaja! Pues solo estoy atinando… ¡Jajaja! Sí tú no sabes, menos yo…— Ella dijo:

—Está bien… Seguiré tu consejo. Le preguntaré a Camille… No importa cuanto me tarde, descifraré estos pergaminos.— Le dije:

—¿Oye, hermanita? ¿Y de qué crees que se trate?— Ella se quedó pensativa y dijo:

—No lo sé, renacuajo… Quiero pensar que son conjuros. Conjuros que el maestro quiere que aprendamos, pero por el momento no puedo afirmar o descartar cualquier teoría… ¡Jajaja! A lo mejor, solo es una muy rara forma de escritura, que solo dice, felicidades por lograr su objetivo… ¡Jajaja!— Le dije, riendo:

—¡Nah! ¡Jajaja! El maestro no es así… También pienso que son conjuros, pero también pienso, que el maestro quiere que los descifres por ti misma. No creo que te quiera dar una pista…— Ella dijo:

—¿Descifres… Mula? Estamos juntas en esto… El maestro dijo que era para las dos, no te quieras escapar.— Le dije, sonriendo:

—Está bien, como quieras… No creo ser una gran ayuda, pero te ayudaré con lo que pueda, por lo menos te traeré algo de tomar de vez en vez cuando te dé sed y así… ¡Jajaja!

Estuvimos platicando un rato más, de los pergaminos, de la boda, de la ceremonia de sucesión el día de mañana… Referente a eso, Lianne me dijo:

—¿Oye, renacuajo? ¿Por qué es tan importante que estemos ahí? Lyndon nos avisó por la mañana, que nos esperaba, que no podíamos faltar… ¿Qué hay con eso?— Le dije:

—¡Ah! Es una larga historia… Lo que pasa es que la reina, en paz descanse, me dejó una misiva con el nombre de su sucesor. Entonces, le prometí que le haría el favor de estar ahí para entregar o leer la nota… Se supone que hay algunas más y en la ceremonia, debemos de leerlas para saber quien es el sucesor que la reina eligió de entre los nobles… Eso es todo. Supongo que les avisó, porque Lyndon quiere que me acompañen y de una u otra manera se respete la voluntad de la reina… Tú sabes, sí sale por ahí un usurpador o algo por el estilo, supongo que se lo pensará dos veces, sí estamos presentes. ¡Jijiji!— Ella dijo:

—Entiendo… ¿Oye…? ¿Quién crees que sea el futuro rey? ¿Crees qué sea el conde? Como lo platicamos…— Le dije:

—No tengo idea, pero pienso que es lo más probable… No conozco a muchos otros nobles, pero jura que ya desde el día de hoy, deben de andar por ahí, acariciándose las manos, como moscas frente a un plato lleno de miel.— Ella rio y dijo:

—¡Jajaja! ¡Sí! ¡En eso tienes razón…! ¡Jajaja!— Le dije:

—No te preocupes, mañana los conoceremos… Hay que poner mucha atención para ver desde un principio, las actitudes y comportamiento, de cada uno de ellos. Eso nos puede ayudar a mantenerlos bien vigilados.— Ella asintió en silencio.

Acompañé un rato más a Lianne… Estuvimos platicando de cualquier cosa, como en los viejos tiempos, hasta que se hizo más tarde. Los chicos estaban de vuelta, fuimos a buscar a Camille y a Penny y bajamos a cenar.

Durante la cena, nos pusimos de acuerdo todos para el día de mañana… Según las palabras de Lyndon, la ceremonia sería a las diez de la mañana. Sería en el tribunal del consejo, en un edificio al lado del castillo. Nos esperaba un poco antes, entre las nueve y nueve y media… «Muy bien… Mejor dormirme temprano. Este es el último compromiso que me queda con el gobierno de Kharsten y Lenor, en paz descanse. Lo cumpliré bajo todas las normas y después de eso, al fin estoy libre de todo esto… ¡Fiu! ¡Jijiji! Bueno, aún hay que echarle un ojito a todas las cosas, pero mientras las farsas y juegos por el poder de los nobles, no ponga en riesgo a la gente, ni haya injusticia, me importa un cobre, pueden hacer toda la política que quieran».

Me dormí temprano, estaba muy cansada… Ray lo notó e igual se fue a dormir conmigo a la misma hora. A la mañana siguiente, me paré temprano, me bañé y me arreglé. Me puse lo más bonito que tenía que se veía formal… Mi conjunto blanco que me habían bordado los enanos, junto con mi sobreveste. Me arreglé mi pelo, acomodé bien mis flequillos y me aseguré que toda mi ropa estuviera impecable… Ray me dijo:

—¡Guau! ¡Qué señorita tan linda!— Le dije:

—Gracias, amor… Pero no te acostumbres. ¡Jajaja! Es solo por la ocasión…— Saqué la carta de entre mis ropas que estaban en el piso… «La he llevado conmigo todo el tiempo, a todas horas y todos lados… Está un poquito arrugada, pero… ¡Jijiji! Sana y salva».

Llegamos hasta el edificio… Lyndon y Evan, nos esperaban afuera. Lyndon dijo:

—¡Su eminencia, gracias a los dioses! ¡Qué bueno, qué no se quedó dormida!— Le dije un poco molesta:

—¡Quién crees que soy, Lyndon? Le hice una promesa a la reina y la cumpliré, pase lo que pase…— Noté que él y Evan, veían fijamente mi mano, donde usaba el anillo de rubí que me había regalado Lenor… Les dije un poco nerviosa:

—¡Ah! ¡Esto…? Me lo regaló la reina, prometí que cuidaría de él…— Lyndon dijo:

—Lo sabemos, solo revisaba que lo trajera puesto. Bueno, se hace tarde, pasemos…— «¡Eh? ¿Lo sabemos…? Mmmh… Supongo que ya me lo había visto con anterioridad… ¡Espera un momento…! ¿Solo revisaba que lo trajera puesto? ¿Mmmh…? ¡Qué más da! Vamos a eso, entre más pronto pueda zafarme de todo esto, mejor». Asentí y nos preparamos a seguirlos… Evan dijo:

—Su eminencia, les agradecería que estuvieran en la ceremonia a mi lado, aprovecharé para presentarles a otros nobles, aquí presentes. Es importante que los vaya conociendo.— Le dije:

—Claro, con gusto, conde…— «¿Importante que los vayamos conociendo…? ¡Nah! ¡Jajaja! ¡Pero sí! Después de todo, será útil tener sus caras, nombres e intenciones, bien presentes».

Pasamos a la cámara… Había representantes del consejo de los nobles y gente del pueblo, que formaba parte de la cámara de los comunes. Estaban en filas de asientos reservados para cada uno por su posición. Nosotros nos pararíamos cerca del estrado… En el camino nos encontramos al señor Matías, quien dijo al vernos:

—Su eminencia, conde Berios, un placer. Que bueno es saludarlos.— Yo solo asentí, sonriendo, devolviendo la cortesía… El conde dijo:

—Lord Danier, un placer como siempre.— Matías dijo:

—Solo Matías, conde, por favor… ¡Jajaja! El día de hoy, estaré en el estrado junto con ustedes…— Nos mostró una carta igual a la que la reina me había dado, pero… Noté un extraño detalle… ¡Ya estaba abierta…! «¿Mmmh…? Que raro… En fin». Nos dirigimos hacia el estrado, pero un noble nos salió al paso y saludó a Evan… Dijo:

—Conde Berios, un placer… Así que por fin, llegó el momento, ¿eh? Espero que no olvide al ducado de Varseth, una vez que esté en su posición… Sabemos todos muy bien, que no hay forma en que Lenor se pudiera olvidar de usted. Solo le pido que considere a sus aliados…— El conde río y dijo:

—¡Jajaja! Duque de Varseth… Charles, mi amigo… Estoy seguro de que te llevarás una gran sorpresa… ¡Mira! Te presento a Arlinne de Veranda, muy buena amiga de la reina y heroína de Kharsten y ellos son sus compañeros.— Evan nos presentó uno a uno, mientras el tal duque de Varseth nos veía con todo detalle… El duque dijo:

—¡Su eminencia, un placer! Desafortunadamente no pude estar aquí, para ayudarles con el traidor de Estramberg, pero tenga por seguro que su valentía y arrojo, nunca será olvidada, ni menospreciada. Sí en mis manos está, la recompensaremos con todo lo que sea su voluntad y sea justo y necesario…— Le dije:

—No es necesario, duque. Pero muchas gracias, no olvidaré su disposición y gesto.— Evan dijo:

—Bien… Charles, te veremos en un rato. Su eminencia, Arlinne de Veranda, también tiene una de las misivas de su majestad, en paz descanse.— El duque observó sorprendido, la carta en mi mano y dijo:

—Ya veo… ¿Quién lo hubiera pensado…? Adelante, adelante, no los interrumpo más…— Y después de eso, regreso a su asiento.

Llegamos hasta el estrado… Mis compañeros se quedaron atrás, esperando debajo. Sonreí y les hice una seña, indicando que volvería pronto… «No sé… Me siento nerviosa e intranquila…» Al estrado, junto conmigo, habían subido Matías, Evan y Lyndon… Lyndon puso una carta idéntica a la mía en la mesa del estrado… «¡Espera un momento…! ¿También esa está abierta…?» Lyndon comenzó a hablar, dirigiéndose a los presentes…

—Buenos días, pueblo del reino de Kharsten. El día de hoy estamos reunidos para dar acción a la ceremonia de sucesión, de la anterior reina, Lenor II… Los dioses cuiden de su alma. Quien como su última voluntad y sin tener descendientes aptos, nos vemos orgullosos en cumplir…— Todos los presentes aplaudieron y ovacionaron el nombre de Lenor, como sí la estuvieran despidiendo… Lyndon esperó un momento solemne y pidió silencio para decir: —Esta ceremonia como ustedes saben, representa el espíritu de las más antiguas leyes del reino y para que pueda ser válida, todos los elegidos, deben de estar de acuerdo de forma unánime de la última voluntad de la reina… Cinco de nosotros hemos sido elegidos, uno de nosotros de forma anónima. ¡Los cinco debemos de dar nuestra aprobación al que será el nuevo monarca de nuestro reino!— La gente aclamó nuevamente y volvió a honrar el nombre de la reina… Lyndon pidió nuevamente silencio y dijo:

—Bien, como ustedes saben, el nuevo soberano deberá ser aprobado de forma unánime por nosotros… El primer voto de la persona que fue elegida de forma anónima, será leído y también deberá de ser aprobado por el que lo anuncie… Para este medio, la reina escogió al comandante Metrios.— El comandante subió al estrado y se paró junto a Lyndon… Lyndon agregó:

—Entonces, seremos nosotros los que anuncien los votos… Sí cualquiera de ustedes tiene alguna razón por la que dude de nuestra calidad como emisarios para llevar a cabo la última voluntad de la reina, por favor anúncielo en este momento. Seremos, el comandante de las fuerzas reales, Stan Metrios, el líder de la cámara de los comunes, Matías Danier, el conde de Berios, Evan Berios, su eminencia, la heroína de Kharsten, Arlinne de Veranda y su servidor, el canciller de gobierno, Clark Lyndon…

Todos guardaron silencio, otorgando a la voluntad de la reina… Seguía muy nerviosa, había empezado a sudar… Toqué mi frente… «¿Por qué me siento así? ¿Estaré enferma…? Calma, calma… Unos minutos más y listo… Debe de ser la multitud, nunca me han gustado este tipo de cosas…» Lyndon dijo:

—Muy bien, comencemos la ceremonia… ¡Comandante, sí nos hace favor!— El comandante pasó hasta el estrado, donde Lyndon había dejado la carta que se supone fue dirigida a una persona anónima y que el comandante haría favor de anunciar y aprobar…

El comandante leyó la carta, primero en silencio… Su semblante cambió a una sonrisa y dijo con una voz fuerte y estoica:

—¡Primer voto! Líder de la cámara de los nobles… ¡Evan Berios! Decimotercera soberana del reino de Kharsten… ¡Arlinne de Veranda!— «¡Eh…? ¡Qué! ¡Ya me toca? ¿Creí que era la última? ¿Qué está pasando aquí…?» Volteé a ver a Lyndon, asustada… Él solo sonrió y el comandante dijo con el mismo tono de voz…

—¡Apruebo!— Puso la carta en el lugar de donde la tomó y regresó a su posición… No entendía muy bien, estaba confundida… La cámara estalló en murmullos, algunos vivas y muchos otros en quejas… Yo no sabía lo que estaba pasando o mejor dicho, mi mente no quería aceptar lo que estaba pasando… Lyndon habló nuevamente pidiendo silencio y dijo: —¡Lord Danier, sí nos puede hacer favor!— Matías pasó al frente, sacó la carta de entre sus ropas, aclaró su voz y dijo:

—¡Segundo voto! Líder de la cámara de los nobles… ¡Evan Berios! Decimotercera soberana del reino de Kharsten… ¡Arlinne de Veranda!— «¡Nah? ¡Qué clase de broma es esta…? ¡Es una broma, verdad…? ¡Jajaja! ¡Sí eso es…! ¡Jajaja! Buena broma, Lyndon… Mmmh…» Matías dijo solemnemente:

—¡Apruebo!— Y regresó a su lugar… La parte de la cámara que estaba formada por los representantes del pueblo, estalló en ovaciones, tantas y tan fuertes, que ahogó los murmullos y a los quejosos… «¡Qué es esto? ¡Por qué todo esto, está pasando tan rápido?» Lyndon volvió a pedir silencio y dijo:

—¡Conde de Berios, su turno, por favor!— El conde pasó al estrado con la carta en la mano y un semblante tranquilo… Como sí supiese todo desde el primer momento… Él dijo, sosteniendo la carta:

—¡Tercer voto! Líder de la cámara de los nobles, Evan Berios. Decimotercera soberana del reino de Kharsten… ¡Arlinne de Veranda!— «¡No! ¡Es en serio? ¡Qué hago…? ¡Yo no quiero ser la reina! ¡Qué clase de broma del destino es esta…?» Comencé a llorar… «¡Yo solo quería…! ¡Solo quería…! Hacer lo que es correcto… Que todos estuvieran a gusto y felices… Quería levantarme tarde y dormir más de la cuenta… ¡Por qué…?» Evan dijo, sereno después de un momento… Como sí lo pensara a detalle una última vez…

—¡Apruebo!— Regresó a su lugar… Nuevamente, vivas y vitoreos, esta vez más y más fuertes que la vez anterior… Volteé a ver a mis amigos, asustada… Estaba desesperada, llorando… Todos buscaban mi mirada, pero… Todos ellos me sonrieron y asintieron… Lianne alzó su pulgar al mismo tiempo que hacía un gesto de aprobación… «¡Qué? ¡Están locos ustedes también? ¡Yo no puedo ser la reina…! ¿O… sí? ¡No! ¡Mi última oportunidad es Lyndon…! ¡No me falles, por favor, Lyndon! ¡Vamos, confió en ti! ¡Yo sé que nunca permitirías que un transexual fuese la reina! ¡Lo dejo en tus manos…!» Lyndon pasó al estrado y leyó su carta… Una vez más, me volteo a ver… Sonrió y dijo:

—¡Cuarto voto! Líder de la cámara de los nobles, ¡Evan Berios! Decimotercera soberana del reino de Kharsten… ¡Arlinne de Veranda!— Hizo una pausa… Me miró y con toda la confianza, reunida en sus ojos, asintió para decir:

—¡Apruebo!— «¡Qué? ¡Todos están locos! ¡Eso es! ¡Se volvieron locos! ¡Fue el orbe! ¡Sí eso es…!» Lloraba y lloraba en silencio, con las lágrimas haciendo un pozo en mis ojos… Lyndon regresó y me dijo al oído:

—Por favor, su eminencia… Pase al estrado y lea la carta que su majestad dejó para usted…— No quería hacerlo… Tenía miedo. Volteé a todos lados, pero en todos lados encontraba aprobación y ánimos, vivas y vitoreos… «¡Mmmh…! ¡Ya sé…!» Sequé mis lágrimas y pensé… «Solo basta con que yo no esté de acuerdo… Eso es todo, ¿no? ¡Bien, pues no lo estaré!» Pasé al frente, decidida… Abrí la carta y comencé a leer en silencio…

“Arlinne, mi querida niña. Sí estás leyendo esta carta, solo puede significar dos cosas… La primera, que has tenido éxito en tu empresa, por lo cual quiero felicitarte y decirte que lo supe desde el primer momento que te conocí. ¡Sabía que alguien como tú, solo puede tener éxito en lo que se propone! La segunda es, que yo ya no estoy más con ustedes. Primero que nada, quiero que me perdones por lo que te estoy haciendo… Ser la reina es una carga muy grande, pero muy, muy importante. ¡Desde que te conocí, supe que serías la persona indicada! Libre de avaricia y tentación, sin importar cuantas pruebas te puse, todas las pasaste como sí no fueran nada… Como sí nada se pusiera en tu camino para hacer lo correcto, ni las riquezas, ni el poder, nada… ¡Y por eso estoy muy orgullosa de ti! Me gustaría de todo corazón, me perdonaras y aceptaras… Siempre quise darte algo para que me recordaras, pero nunca aceptaste nada… Lo siento, espero esta vez puedas aceptar… ¡Es lo que más quiero, la cosa que siempre llevé en el fondo de mi corazón, lo más valioso para mí! ¡Mi reino y su gente! ¡Por favor, Arlinne! ¡Acéptalo! ¡Por favor, Arlinne, cuida de él por mí! ¡Te lo ruego…! Posdata… Siempre te querré mucho, a pesar de que te conocí poco tiempo, me hubiera gustado que hubieras sido mi hija. ¡Besos desde el cielo…! Lenor”.

Estaba bañada en lágrimas, mis manos temblaban… «¿Qué hago…?» Leí las dos líneas de la parte de abajo en voz alta…

—Quinto voto… Líder de la cámara de los nobles, Evan Berios… Décimo… Tercera… Soberana del reino de Kharsten… Arlinne… de Veranda…— El tiempo se detuvo… «…» «¿Lenor…?» «…» Fruncí mi ceño, apreté mi puño y dije, convencida:

—¡Apruebo!— La cámara volvió a estallar en aplausos y vivas… Yo solo me guardé la carta entre mis ropas y corrí a los brazos de mis amigos…

Todos me abrazaron y me felicitaron… Les dije, lloriqueando:

—¡Están locos…? ¡Todos están locos de remate, empezando por la reina, que en paz descanse! ¡Hasta ustedes, mis propios compañeros y amigos…! ¡Sí! ¡Aja! ¡Qué la simplona sea la reina…! ¡No?— La cámara se había vuelto una romería… Las ovaciones y vivas, estallaban. Algunos de los representantes de la cámara de los comunes, formaron grupos y vitorearon…

—¡Viva, Arlinne I! ¡La reina hechicera! ¡Qué viva!— Yo veía todo, como sí fuera un sueño… Lyndon pidió silencio, pero fue difícil… Tuvo que insistir en varias ocasiones, hasta que por fin lo logró. Me hizo una seña para que subiera de nueva cuenta al estrado… Sequé mis lágrimas y subí… Él dijo, alzando mi mano:

—¡Entonces que así sea! ¡Cumplimos el día de hoy, la última voluntad de Lenor II, honrando su memoria y dando paso a una nueva era para nuestro reino! ¡Ante ustedes la insignia real en el dedo de la heredera! ¡Prueba impugnable de la voluntad de la reina!— Todos vieron el anillo de rubí en mi mano izquierda… Se pusieron de pie y aplaudieron…

Le dije a Lyndon, muy bajito, mientras trataba de sonreír y hacía reverencias con mis gestos:

—¡Tú lo sabías todo…! ¡Verdad, chaparro? Eras cómplice de la reina desde el primer minuto… ¡Ya platicaremos en un rato!— Él dijo en el mismo tono:

—No se moleste, su majestad. Lo siento, sí lo sabía…— Le dije:

—¡No me llames, su majestad! ¡Ya hablaremos en un rato!— Lyndon dijo, nuevamente calmando los ánimos:

—¡Bien, entonces! ¡Sí no hay más que añadir, la ceremonia de coronación será en seis días a partir del día de hoy!

Muchos de los nobles se empezaron a retirar, molestos, cabizbajos, algunos enfurecidos… El hombre con el que había hablado Evan antes de que diera comienzo la ceremonia, se acercó enfurecido al estrado y dijo en voz alta:

—¡De qué va todo esto, canciller, conde de Berios? ¡Por qué esta farsa? ¡Quieren crear un gobierno títere? ¡Con qué objetivo? ¡Explíquense en este mismo momento!— Evan dio un paso al frente y tajantemente contestó:

—Duque… Creo que se equivoca. Aquí no hay ninguna farsa, esta es solamente la voluntad de la reina Lenor. ¡Espero que no estés anteponiendo tus intereses al deseo de la reina, en paz descanse!— Él dijo, mientras el resto de los nobles regresaba para ver la afrenta y ponerse del lado del duque:

—¡Pues, simplemente no lo entiendo, pero les juro que llegaré al fondo del asunto! ¡Buenas tardes!— Se dio la vuelta y se dirigió con el resto de los nobles… La sangre hirvió en mis venas… Solté la mano de Lyndon y hablé con voz fuerte y enérgica:

—¡Esperé, duque…! ¡No quisiera que se marchara en esos términos!— Él volteó con una sonrisa burlona en su rostro, con desprecio y condescendencia… Le dije a los ojos con voz suave, pero autoritaria:

—A mi gobierno le gustaría mucho, contar con el completo apoyo del ducado de Varseth…— Él exageró la mueca y agregué:

—¿Sabe? Vienen muchas reformas… Muchas reformas en favor de la gente, pero para poder hacerlas llegar a todos, voy a necesitar la ayuda de todos y cada uno de ustedes…— Él torció la boca y continué, esta vez con un tono persuasivo y determinante:

—Me gustaría mucho contar, también con su apoyo… No quisiera pensar, que usted está cansado y desilusionado, de ejercer el buen gobierno… Tal vez, necesite unas vacaciones… Tal vez, alguien más quisiera ayudarme…— Los ojos de los nobles, temblaron ante mis palabras… Se vieron los unos a los otros… Le dije en el mismo tono:

—Tal vez… Alguien más quiera ser el nuevo duque, mientras usted descansa un poco de sus funciones…

Uno a uno, los nobles regresaron a mi alrededor y se postraron a mis pies… El primero dijo:

—¡El baronato de Stanley, está a sus órdenes, su majestad!— Luego, el segundo…

—¡Al ducado de Rylen, le complacerá seguir su gobierno, su alteza!— El tercero:

—¡Para el marquesinato de Trolere, sus deseos son nuestras órdenes…!— Uno a uno, hasta solo quedar el duque de Varseth, quien respiró profundamente con hastío, vio a los demás a su alrededor, se inclinó y dijo:

—Perdone mi atrevimiento, su majestad… No volverá a suceder. ¡Me complacerá mucho ser su fiel vasallo!— Sonreí sinceramente y los vi a todos y cada uno de ellos… Reí y dije dulcemente:

—¡Jijiji! Me alegra tanto, saber que cuento con todos ustedes. No tienen de que preocuparse… Sus derechos y concesiones, estarán siempre salvaguardados durante mi reinado… ¡Claro…! ¡Siempre y cuando, sigan las reglas del juego! ¡Jijiji!— Y a mi sonrisa le agregué un gesto inocente y picante a la vez…

La ceremonia concluyó… Nos marchamos de vuelta al castillo. Una vez en la sala principal, le pedí a Lyndon que nadie nos interrumpiera. Él cerró las puertas, mandó a la servidumbre a descansar y dijo:

—Listo, su majestad…— Nos quedamos, él, mis compañeros y Evan. Respiré profundo y les dije, muy molesta:

—¡Bien, bien! ¡Ahora sí…! ¡Evan, Lyndon, se puede saber en qué diablos están pensando? ¡La reina, yo? ¡Han perdido la cabeza? ¡Yo no quiero ser la reina y lo peor del caso, es que ustedes sabían todo esto desde el principio! ¡Desde que la reina aún respiraba! ¡Cómo se les ocurre siquiera? ¡Por qué no, tú, Evan…?— Lyndon y Evan, se miraron el uno al otro y Lianne se puso de pie y dijo:

—Calma, su majestad… ¡Jajaja!

—¡Uy…! ¡Pinche, Lianne…! ¡Ahorita ni le muevas, por favor!— Ella dijo:

—Calma, renacuajo… Calma. Serás una buena reina… ¡Jajaja!— Respiré profundo, mientras esperaba la respuesta de uno de los dos… Hasta que, Lyndon dijo:

—Lo siento, su majes…— Lo interrumpí y le dije:

—¡Nah! Nada de su majestad, ¡explícate!— Él dijo:

—Lo siento, su eminencia… Es solo la voluntad de Lenor, en paz descanse… Yo también tenía mis dudas, pero… Ahora sé que usted será una magnífica gobernante.— Evan agregó, riendo:

—¡Sí! ¡Jajaja! ¡Vaya que los pusiste en su lugar, Arlinne! ¡Jajaja!— Les dije:

—Ese no es el punto… No quiero una responsabilidad tan grande y además, no sé nada de gobernar…— Evan contestó de nuevo:

—¡Mmmh…? Pues a mí me parece todo lo contrario… Lo hiciste muy bien para no saber nada.— Camille dijo:

—Cierto, Arlinne… Tranquila. Estuviste muy bien.— Luego Grand…

—¡Sí, Arlinne…! ¡Genial! Harás un gran gobierno.— Luego Penny…

—¡Sí, Arlinne…! Además, así podrás ayudar más fácil a la princesa y a mi gente en el norte, ¿qué más podrías pedir?— Luego, Lianne me tomó del hombro y asintió, viendo fijamente en mis ojos… Por fin, Ray dijo:

—¡Arlinne, estarás excelente!— Seguía furiosa, pero traté de calmarme poco a poco, como iba escuchando sus palabras… Por fin, negué y dije:

—¡Bien! ¿Quieren qué sea la reina…? ¡Pues, todos ayudaran! Ray… Te agradezco mucho tu confianza, te quiero mucho, pero… Me temo, que tú también serás el rey, así que espero estés listo, entonces.— Lyndon dijo:

—Obvio, el maestro Forthand, será coronado junto con usted, su eminencia.— Ray abrió los ojos de par en par e hice un gesto a su cara… Le dije:

—¿Lo ves, su majestad…?— Él lo pensó por un momento y dijo:

—¡Está bien! ¡Venga! Te ayudaré de cerca.— «¡Eh! ¡Que? ¡Se ha vuelto loco…!» Le dije, sorprendida:

—¡Estás seguro…?— Él asintió… Me sentí reconfortada. No pude seguir molesta con todos ellos y les dije:

—Está bien, está bien… Seré la reina. Pero como les decía, todos ayudarán…— Todos estuvieron de acuerdo y Lyndon dijo:

—Su majestad… Siendo así, dejaré todo preparado para que su gobierno no tropiece, cuando comience su nueva administración.— Le dije:

—¡Eh! ¿Por qué? ¿Tú no estarás aquí?— Él dijo:

—Desafortunadamente mi periodo terminó con el último designio de la antigua gobernante…— Le dije:

—¿Y quién decide, quién será el nuevo canciller de gobierno…?— Él dijo:

—El nuevo monarca…— Le dije, sonriendo:

—¿Y entonces…? ¿Quieres seguir siendo el canciller de gobierno?

—¡Nada me haría más feliz y orgulloso en el mundo!

—¡Ah…! Pues listo. Ya lo eres…— Él se quedó pensando y dijo:

—¡En serio? ¡De verdad, su majestad? ¡Un nuevo periodo? ¡Se lo agradezco tanto!— Le dije:

—No te emociones… ¡Jajaja! Básicamente serás mi niñera. ¡Jajaja! Espero, estés listo…— Él dijo:

—¡Con gusto, su majestad!— Evan dijo:

—No te preocupes, Arlinne. Yo me quedaré en la posición del consejo de los nobles y te pondré las cosas en la mesa con todos ellos.— Le dije:

—¿Por qué, Evan? ¿Por qué no, ser el rey…?— Él dijo:

—No… ¡Qué aburrido! ¡Jajaja! Además, como te lo dije antes… Para mí, Lenor era como una madre y Arthenis, como mi hermana. Yo jamás le podría hacer eso a mi sobrina…— Me le quedé viendo a los ojos y Lyndon dijo:

—Todos estamos enterados de la situación de la princesa y de su tentativa de tomarla como propia… ¡Estamos muy orgullosos y agradecidos con su decisión!— Evan agregó:

—Esa es solo una de las razones… Prefiero que mi hijo sea el conde de Berios, a un usurpador.— Le dije:

—¡Tienes hijos, Evan?— Él rio y dijo, tallando la parte de atrás de su cabeza:

—¡No…! ¡Jajaja! Pero pienso tenerlos… ¡Jajaja!— Les dije:

—Bien… Acepto…— Me dirigí a mis compañeros…

—¡Pero, todos tendremos funciones…! ¿Están de acuerdo?— Todos estuvieron conformes y terminé diciendo…

—Bien… Lyndon, Evan, ustedes ganan… Ahí lo tienen, está decidido. Daré mi primer comando, Lyndon. Este es a la vez una condición para que yo funja como la reina…— Él dijo:

—¡Sí, está bien, su majestad! ¡A la orden…!

—Lo primero… Todas las tardes antes del anochecer, es la hora de la siesta real. Por favor, haz los arreglos para que nadie me moleste.— Él dijo:

—Así será, su majestad.

—Segundo… Cada décimo día, después del inicio de cada estación, comeremos carnes asadas… Pollo y cerdo, de preferencia, ¿entendido?— Él dijo:

—Sí, su majestad, así será…— Le dije:

—Y por último… Al menos por ahora, cada quinto día después del inicio de la estación, me levantaré tarde, después de medio día. No atiendo nada, ni a nadie en ese horario, exclusivamente a su majestad, el rey, ¿entendido?— Él dijo, sonriendo:

—Veré que así sea.— Le dije:

—Este último es lo más importante, ¡entendiste! Me importa un cobre, sí el castillo está en llamas…— Todos estallaron en carcajadas… Agregué, sonriendo:

—Bien… Pues, ya es la hora de la siesta real… Con su permiso. Por favor, despiértenme para cenar…— Rematé amablemente mi sonrisa, hice una reverencia y me fui a mi habitación a dormir la siesta…

Me saqué mi ropa para quedarme fresquita, solo en ropa interior. Salté a la cama, pensando… «¡Qué clase de barbaridad es esta…? ¿La reina…? ¡Jajaja!» Me enrollé entre las sabanas, bostecé y me acomodé a gusto… «¡Jajaja! ¿Cómo llegamos a esto…? ¿Por qué todo mundo me sonsaca…? Lenor… Espero que sepas lo que estás haciendo. ¡Guau! Que sueñito… Zzz…»

Dormí muy a gusto, hasta que alguien toco a la puerta… Desperté con la cara llena de saliva y dije:

—¿Quién…?— Lianne contestó del otro lado:

—Yo, renacuajo. Ya es la hora de cenar…— Le dije:

—Pasa, está abierto…— Ella entró y me dijo:

—Listo, su majestad, ¿ya de mejor humor?

—¡Te pasas! ¿Qué no ves que no quería?— Me incorporé, recargando mi espalda en la almohada, ella se sentó en la cama y dijo:

—Ya, renacuajo… Todo va a salir bien. Que mejor que observar las cosas así de cerca…—

Le dije:

—¡Sí, jajaja! Para que despierte un día con una daga clavada en la espalda… ¡Buuu!— Ella dijo:

—Tranquila, estarás bien…— Le dije, cambiando mi semblante:

—Lo siento por lo de hace rato, hermana… No quería gritarte, pero… Es que siempre me sonsacas…— Ella dijo:

—No pasa nada, renacuajo… Por cierto, ya tengo el baúl para que al rato después de cenar, escojamos los vestidos.— Le dije:

—¡Lo ves, ahí está otra vez! ¡Buuu!— Ella dijo:

—¿A poco, no quieres lucir un hermoso vestido? Ya habíamos hablado de eso…— Le dije muy quedito, cuando me empezó a ganar la emoción:

—La verdad… ¡Sí quiero!— Comencé a llorar a rienda suelta… Ella se extrañó y dijo:

—¿Qué pasa, estás bien, renacuajo?— Le dije, llorando:

—¡Gracias, hermana! ¡Muchas gracias, por siempre sonsacarme! ¡Desde las primeras veces que me sonsacaste para usar ropa femenina, gracias!— Ella sonrió y dijo:

—De nada.— Le dije:

—¿Tú siempre lo supiste, verdad…? Mientras yo estaba confundida, física y emocionalmente… Tú siempre lo supiste… ¡Siempre supiste que había una niña frente a ti!— Ella dijo, abrazándome:

—Sí, renacuajo, siempre lo supe…— Le dije:

—¡Gracias por todo…!— Ella dijo:

—Ya renacuajo, deja de gimotear… Vamos, vístete, cenemos y vayamos viendo las cosas, una a la vez…

Fin del Capítulo 35.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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