Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 36
- Inicio
- Crónicas de lo Improbable I: Físico.
- Capítulo 36 - Capítulo 36: Capítulo XXXVI: Legado.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 36: Capítulo XXXVI: Legado.
Capítulo 36.
Todo había quedado dispuesto, tendríamos nuestra boda, el mismo día de la coronación… Lianne y yo, nos casaríamos en la misma ceremonia. En los siguientes días antes de la boda, traté solamente de relajarme un poco e ir haciéndome a la idea de todo lo que estaba pasando… El día siguiente, bajé al jardín de flores y me quedé observándolas, una a una, por un largo tiempo… «¡Son tan hermosas…! Cada una de ellas, parecida a las otras, pero tan diferente a la vez y este aroma… Mmmh… Pronto empezará a llover, tengo que preguntar, sí hay que darles un cuidado especial en época de lluvias…» Escuché la voz de Camille…
—Arlinne, aquí estás… ¡Qué hermosas…! ¿Verdad?— Le dije, sonriendo, mientras ella llegaba hasta mí:
—Sí… Espero poder cuidar de ellas. Me da nervios, se ven tan delicadas…— Ella dijo:
—Yo te puedo ayudar, sí gustas. Sé muy poquito, pero…— Camille se había quedado muda… Le dije, sin notar la expresión de su rostro:
—Claro, toda la ayuda cuenta. Camille…— Volteé a verla, ella veía fijamente al interior del jardín, tapando su boca… Le dije:
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?— Ella me tomó de la mano y dijo:
—¡Es un milagro! ¡Sígueme, ven…!— Corrimos hasta el interior, donde se encontraba la fuente… Parados junto a ella, estaba el hombre de mis pesadillas con una túnica verde como el jade, acompañado de una hermosa mujer de cabellos dorados… «¡Cómo llegó aquí? ¡De qué se trata…?» Camille dijo, inclinándose:
—Arlinne… Inclínate. ¡Son los dioses, los que nos visitan!— «¡Eh…? ¡Dioses? ¡Nah?»
La mujer caminó hasta Camille y con una dulce sonrisa en sus labios, dijo:
—No es necesario, Camille. Ponte de pie. Debemos platicar de muchas cosas…— El hombre se paró frente a mí y dijo:
—Arlinne, veo que después de todo no fue el final, ¿verdad? Te ves bien, me alegro… He vuelto para cumplir mi promesa, ¿quieres hablar?— La mujer ya llevaba de la mano a Camille por los pasillos del jardín… Le dije:
—¿Dioses? ¿De qué va todo esto? ¿Es eso cierto…?— Él dijo, haciendo una mueca de desdén:
—Nada más alejado de la realidad… No somos dioses, solamente somos personas como tú, Arlinne. Pero por ciertas situaciones, se nos venera en este mundo como tales…— «¡Eh…?» Le dije:
—¡Entonces, es cierto!— Él rio y dijo:
—¡Jajaja! Aquella mujer que va de la mano de tu compañera, Camille… Es la que todos llaman, diosa de la justicia.
—¡Aah!— Hice un gesto de sorpresa y él dijo:
—Pero no te confundas… Hace falta más que eso para ser realmente un dios. Nosotros lo descubrimos de la manera difícil… Sí existe alguien, que de verdad sea un dios en todos los sentidos de la palabra, lamento decirte que no lo conozco.— Me quedé en silencio, divagando lo que me acababa de decir… Él dijo:
—Como te lo había dicho, mi nombre es Vryn… Y solo soy una persona común y corriente, fui quien te salvo del cruel destino que te esperaba, once años atrás…— Le dije:
—¡Pero…! ¡Entonces…! ¡Ahora sí, responde…! ¡Por qué? ¡Por qué en chica?— Él dijo:
—Lo lamento, Arlinne… No fue a propósito. Sé que hice todo muy dramático y parecía que me burlaba de ti, pero… ¡Jajaja! ¡Lo siento!— Le dije, molesta:
—¡Además, te ríes cabrón?— Él recobró la compostura y dijo:
—¡Lo siento! Lo siento… Lo que pasó es lo siguiente… Arlinne, el orbe oscuro, ese artefacto que tú y tus amigos destruyeron… ¿Cómo explicarlo…? ¡Mmmh…!— Le dije:
—¡Solo dilo! ¡Qué hay con él?— Él dijo:
—Las maldiciones que provienen de él, atacan a los seres vivos por su género… Sí eres mujer, es una maldición muy diferente a que sí eres hombre. Los síntomas y el resultado es el mismo, la muerte… Entonces…— Le dije, apresurándolo:
—¡Entonces, qué?— Él dijo, apenado:
—Desafortunadamente… No puedo hacer conjuros de fe. No domino ese tipo de magia… Entonces, no podía simplemente disipar la maldición. Lo único que se me ocurrió en ese momento, fue cambiar tu sexo…— Me quedé con la boca abierta… «¡Qué…?» Le dije: —¡Entonces, sigo maldita?— Él dijo, tranquilizándome:
—Nada de eso, Arlinne. La maldición siguió su curso y expiró, solo que no cobró tu vida, porque tú ya no eras más un chico…
Respiré profundamente, pensando… «¿La misma casualidad…? Su error, su inexperiencia, aunado a su buena voluntad… Me hicieron convertirme en una chica, lo cual en el fondo de mi alma, es lo que realmente deseaba…» Una vez más la pregunta golpeó en mi cabeza… «¿Qué hubiera sido de mí, sí todo esto jamás hubiera ocurrido? ¿Qué tipo de hombre sería actualmente?» «…» «Ni siquiera quiero saber la respuesta… Estoy más a gusto conmigo misma, de lo que lo estuve alguna vez, siendo un chico común y corriente». Le dije, sonriendo:
—No pasa nada… ¡Gracias por haberme ayudado ese día!— Él sonrió y dijo:
—Lo único que puedo contestar, Arlinne, es… ¡Gracias a ti!— Lo vi, extrañada… Él dijo: —Verás… Yo estaba al tanto de la existencia del orbe, pero simplemente no podía intervenir… Así que, como el dios de la treta, el azar y la casualidad, que personifico, me las ingenié para crear un juego… Un concurso. Engañé al resto y los envolví en mi trama con la única razón, de que tú lo destruyeras…— Le dije:
—¿Cómo…? ¿Eso es verdad…?— Él dijo:
—Sí, pero no te confundas… Todo lo que has logrado es por completo, merito tuyo y de tus compañeros. Fue siempre una apuesta riesgosa… Nada contra todo. Lo único que podía esperar, es que tomaras el camino correcto y me alegro de haber hecho una buena elección… Superaste todas mis expectativas. Tienes un potencial increíble, Arlinne y eso es algo único de ti. No dudo, ni por un segundo, que tus maestros hayan visto esa misma cualidad en ti y decidido ser tus mentores…— Me molesté y deseché al instante sus elogios para decirle:
—¡Sabías lo del orbe…?— Él se quedó mudo… Algo llamó mi atención tras de él. Tras unos arbustos de unas flores de un vivo color púrpura… Era un hombre barbado, con el torso desnudo, tratando de esconderse y espiarnos… Le dije:
—¿El hombre de la barba, viene contigo?— Él dijo:
—¿Hombre de la barba…?— Volteó e inmediatamente se dio cuenta de la presencia del hombre… Tapó su rostro con la mano y dijo:
—¿Vetan…? Sí podemos verte… ¿Quieres venir y conocer a Arlinne?— El hombre barbado contestó tímidamente, desde detrás del matorral…
—¿Puedo…?— Vryn contestó
—Sí…— El hombre barbado saltó de detrás de los matorrales, riendo…
—¡Jajaja! Lo siento… Antes de partir, quería conocer en persona a Arlinne… ¡Jajaja!— Vryn dijo, negando con su cabeza:
—Arlinne, este es Vetan… El líder de nuestro malogrado panteón…— El hombre de la barba limpió su mano en sus togas, me la extendió y dijo:
—¡Mucho gusto, Arlinne! Soy Vetan Brausk, ¡un placer conocerte!— Le di la mano sin chistar, mientras seguía pensando… «¿Ellos sabían del orbe? ¿Líder? ¿Panteón?» Me volví a molestar, entendiendo por completo el asunto y le dije:
—Mucho gusto, Señor Vetan… ¿Quieren ustedes decir, qué usted es el líder de los dioses y ambos sabían del orbe y no hicieron nada para remediarlo…? ¡Qué clase de dioses se supone que son? ¡Grrr! ¡Qué no se daban cuenta de todo el dolor y sufrimiento…? ¡Cómo es posible?— Ambos agacharon la cabeza en señal de arrepentimiento… Agregué:
—¡Qué se supone que hacían todo el día…? ¡Comer y dormir? ¡O ya ni eso? ¡Rascarse las bolas…?— Vryn dijo, aún arrepentido:
—Entiendo que estés molesta…— Le dije:
—¡Y cómo no debía de estarlo…? ¡Qué clase de responsabilidades tienen, qué no pudieron hacer algo al respecto…?— El hombre de la barba dijo, aún con su rostro pegado al piso:
—A mi favor puedo decir, que yo no lo sabía… Arlinne, lo siento…— Le dije:
—¡Peor aún…! ¿No lo sabías? Por cierto… ¿Quién era esa mujer, que dejó a su avatar para tratar de impedir que lo destruyéramos? ¿Parte de su comitiva? ¿Ella lo puso en ese lugar? ¡Por qué, los virzuks?— Ambos agacharon la cabeza nuevamente y les dije:
—¡Contesten…!— Negaba con mi rostro de lado a lado… Agregué:
—¡Increíble! No sé que proceso, prueba de fuerza o valía, se requiera para ascender a estatus divino, pero… ¡Pfff!— Vryn dijo:
—Vamos, Arlinne… Cálmate un poco. Hemos hecho lo correcto para remediar el asunto… La persona que puso ese artefacto aquí, esa mujer, jamás volverá a poner un pie en este mundo.— «¡Mmmh…!» Vetan dijo:
—Sí, sí… Como dice Vryn. Jamás regresará… Pueden estar tranquilos. Además, cuando funges como un dios, no puedes intervenir en todas y cada una de las cosas del mundo mortal… Las personas deben de ser libres para tomar sus propias decisiones y usar su propio juicio. Nosotros solo podemos juzgar e inspeccionar…— Le dije:
—Bien, eso me queda claro, pero… ¿Sí el orbe lo puso aquí esa mujer, entonces no era su obligación, impedir que llegara hasta aquí? ¡Venía de fuera, no?— Volvieron a agachar la cabeza… Vetan dijo al fin:
—Tienes toda la razón, Arlinne… Nos merecemos el regaño. Además es por eso que hemos decidido abandonar nuestra posición como dioses y continuar nuestro viaje para seguir aprendiendo… Tu ejemplo volvió a revivir las llamas dentro de todos nosotros, por hacer algo mejor cada día que pasa.— «¿Mi ejemplo…?» Balbuceé…
—¡Yo…?— Ambos asintieron y Vryn dijo:
—Así es Arlinne… Solamente he venido a agradecerte, explicarte y despedirme…— Vetan dijo:
—Vryn, no olvides lo más importante…— Y comenzó a dar pequeños saltos en su lugar, como sí fuera un niño desesperado… Vryn dijo:
—¡Sí, Vetan, a eso voy!— Vryn se dirigió a mí y dijo:
—Arlinne… Por haber hecho lo que como tú mencionas, era parte de nuestra responsabilidad y además por todo tu esfuerzo y sacrificio, te concederemos un favor… ¡Un único deseo, lo que sea que anhele tu corazón! Haremos un esfuerzo por cumplirlo y llenar tus expectativas.— Le dije:
—¡Eh…! ¡Cómo?— Esta vez, habló Vetan y dijo:
—¡Sí! ¡Cómo lo escuchaste! ¡Un deseo, lo que tú más desees se hará realidad! Solamente sé consciente… No somos omnipotentes, nada en el universo lo es.
Me quedé pensando un largo rato, mientras ellos hablaban entre ellos, haciendo apuestas de que es lo que escogería… Vryn dijo:
—¿Arlinne, ya lo has decidido?— Le dije:
—¡No! Es que… Realmente no deseo nada tanto, como para pedirlo u obtenerlo de esa manera…— Vetan dijo:
—Vamos, Arlinne… ¡Riquezas…? ¿A qué te gustaría dormir en un montículo de monedas de oro, como sí fueras un dragón?— Le dije:
—¡No! ¡Wacala!— Él volvió a sugerir…
—¡Qué tal una vida muy, muy larga, junto con todos tus amigos…? ¿Quinientos años? ¿Mil años? ¿Diez mil…?— Le dije:
—Mmmh… ¡Tentador, pero no!— Esta vez, Vryn dijo:
—¡Ah! ¡Ya sé! ¿Qué tal, ser de nuevo una chica o un chico por completo, sin nada de más o de menos? ¿Eso suena bien, no…?— Me hizo dudar y me quedé pensando… «¿Una mujer de verdad…? ¡Podría tener hijos con Ray! Y nunca más, tendría miedo o pena, de lo que digan los demás de mí… ¡Mmmh…! ¡Pfff! ¿Qué hago…?» Le dije decididamente:
—¡No! ¡No quiero eso! ¡Por fin, soy feliz como soy! ¡Y me gusta! ¡Jijiji! Y al que no le guste, pues ni modo, es su problema.— Se vieron el uno al otro, confundidos y de repente, llegó a mi mente una idea… Les dije:
—¡Ya sé! ¡Ya sé lo que quiero!
Me paré de puntitas y le susurré al oído a Vryn, mi deseo… Él solamente sonrió y dijo:
—¡Jajaja! Arlinne… ¡No esperaba menos de ti, considéralo hecho!— Vetan se quedó en la incertidumbre y dijo:
—¡Qué? ¿Qué…? ¡Cuéntenme!— Me volví a parar de puntitas y esta vez, se lo dije a Vetan a su oído… Él acarició su barba y dijo:
—¡Jajaja! Ya veo, muy bien… ¡Jajaja! ¡Dalo por hecho!— Vryn dijo:
—Ha sido todo un placer, Arlinne. Estoy seguro de que tarde o temprano, nos volveremos a ver y también estoy seguro de que no será en este lugar… Cuídate mucho, hasta entonces.— Sonreí y le dije:
—¡Jajaja! No lo creo, pero ya veremos, nunca se sabe… Cuídense mucho y trata de aprender unos pocos conjuros de sanación para la próxima, ¿está bien?— Él sonrió y Vetan dijo: —¡Gracias, Arlinne! Yo no me despido, simplemente te digo, hasta pronto…—Le contesté:
—¡Hasta pronto!— Mientras sonreía con mi clásica sonrisa de tonta… Vryn se detuvo un momento y antes de marcharse, dijo:
—¡Cierto, casi lo olvido! Arlinne, te dejamos una pequeña sorpresa adicional… Ve a dormir temprano, ¿quieres? ¡Bien, nos vemos!— «¿Sorpresa adicional…? Mmmh…»
—¡Hasta pronto!— Caminaron entre los pasillos del jardín cubierto por los matorrales en flor, para desaparecer cuando los perdí de vista…
*************************
No podía creerlo… «Mi diosa en persona, ha venido a visitarme y se le ve muy contenta. ¡Qué alegría! Seguro, ha venido a felicitarme… ¡Qué ilusión, ir de su mano entre los pasillos de este lugar tan hermoso!» Por fin, nos detuvimos… Ella me vio con su vista dulce, amable, como siempre la recordaba en mis sueños. Dijo:
—Camille, mi fiel sacerdotisa… He venido el día de hoy para hablar contigo de algo muy importante… Por favor, quiero que me escuches con atención.— Asentí ilusionada y ella aclaró su voz… Dijo:
—Quiero que sepas, que el poder de la fe, es un poder maravilloso e increíble, que es capaz de destruir cualquier obstáculo, mover cualquier barrera y pelear contra el destino, así no quede ninguna esperanza.— Le dije, alegre y convencida:
—Sí, mi señora, lo entiendo. Por eso siempre he depositado mi fe en usted.— Ella sonrió y dijo:
—Exacto, Camille… Y estoy inmensamente halagada por eso, pero… Debes de saber, que yo no soy realmente una diosa… Mejor dicho… Solamente, intenté ser una…— «¡Eh? ¿Cómo?» Le dije, sonriendo:
—Mi señora, disculpe… Es una prueba más, ¿verdad? Para mí, usted es la única razón de mi esperanza…— Ella dijo seriamente:
—Te agradezco, Camille… Pero es verdad. Es precisamente lo que he venido a explicarte, por favor, sigue escuchando…— Ella hizo una pequeña pausa y después, dijo:
—Todos los milagros y evocaciones, que has hecho en mi nombre, son efectivamente obra de la fe, pero… También, son exclusivamente tu obra. Yo no he tenido nada que ver con eso…— Se acercó a mí y puso su dedo en mi pecho, diciendo:
—Todos y cada uno de ellos, han salido de aquí… De la parte más bella de tu corazón, justo donde toca lo más profundo de tu alma…— Le dije confundida y con miedo:
—¡Pero…? ¿Yo…?— Ella dijo:
—Así es, Camille. Como te lo dije, la fe es un poder maravilloso y esos milagros son tu obra, todo lo que has hecho ha sido lo correcto… Lo único que quiero aclarar, es que no debes creer más en mí como una fuerza sobre natural… Yo solo soy una mujer, como lo eres tú.— Le dije:
—¿Pero, mi diosa, cómo podría hacer tal cosa?— Ella dijo:
—Como te lo acabo de decir, Camille… Por tu inmensa fe. Lo único que quiero que sepas, es que estoy muy feliz de todo lo que has logrado y que recuerdes algo muy importante.— Le dije, aún incrédula y temerosa:
—¿Sí? ¿Qué es…?— Ella vio hacia el azul del cielo y dijo:
—La fe no necesita de dioses o altares, sino solamente un principio… En este caso la justicia. Tu inagotable fe en la justicia es lo que te da ese poder, un dios sale sobrando, ¿me entiendes, Camille?— Comencé a llorar… Todo eso era demasiado para mí. «Mis creencias de toda mi vida, pero… No puede ser mentira. Viene de la figura que más he adorado desde que era una niña… ¡Definitivamente es ella! ¡Es su aura, siento su calor, su benevolencia, no hay duda!» Le dije, mojada de mis mejillas:
—¿Y ahora…? ¿Entonces…? ¿Qué más me queda? Sí ya no puedo ser su sacerdotisa.— Ella me abrazó y dijo, sonriendo:
—Nada ha cambiado, Camille. ¡Eres y seguirás siendo, la sacerdotisa más fiel, noble, abnegada y poderosa de la justicia en este mundo! Y me gustaría mucho que siguieras con la obra que hasta ahora has llevado a cabo…— Le dije:
—Yo… No sé sí pueda…— Ella dijo:
—¡Claro, qué puedes! ¿Sabes…? Hace mucho, mucho tiempo, yo era igual a ti… Ilusionada con el concepto de la divinidad. Quería buscar sabiduría e iluminación, en ídolos y figuras, hasta que llegó el momento que lo entendí todo… ¡Camille…! ¡Lo bueno, lo que vale la pena, nuestros principios, el bien y el mal, todos ellos, están dentro de nosotros! No debemos buscarlos en ningún otro lugar…— Le dije:
—Pero… ¿La iglesia, la organización, los fieles, todo eso? ¿Por qué?— Ella me vio a los ojos y dijo:
—Cumplen un papel, Camille. Un papel importante… Sí se lleva a cabo correctamente, sin desvirtuar sus principios o corromperlos, funge como un medio para acercar el bien a las personas, a los indecisos, a los arrepentidos, para guiar al resto que con gusto se acerca a ellos por voluntad propia.
Suspiré por un momento, como sí un enorme peso se hubiera quitado de encima de mí… Le dije:
—Entiendo… Lo más importante es el principio y los valores, no la divinidad en sí.— Ella dijo, sonriendo:
—Así es, Camille. Me alegro… Poco a poco, lo iras entendiendo mucho mejor y sí sigues por este camino, entenderás muchas cosas más… Cosas increíbles en este momento. ¡Iras creciendo y la luz en tu corazón se volverá tan brillante como la luz del sol! Ahora… Yo debo de irme, dejaré este mundo en tus manos, pero sé con certeza que algún día, nos volveremos a encontrar y platicaremos y conviviremos nuevamente, pero no como diosa y creyente, sino solo como amigas…— Le pregunté, faltando un poco al respeto:
—¿A dónde iras…?— Ella me contestó:
—Cuando dejé de ser simplemente una mujer… Dejé muchas cosas pendientes. Muchas cosas importantes para mí y los que me aman. Debo de completarlas, Camille, para poder seguir adelante.— Le dije, sonriendo:
—Lo entiendo… ¡Buen viaje, siempre te recordaré con cariño! ¡Me ayudaste mucho en mis momentos más difíciles, te lo agradezco!— Ella dijo:
—Yo también te lo agradezco… De cierta forma, me ayudaste de la misma manera. Camille… Mi nombre verdadero es Justine Portier, un placer conocerte… Hasta pronto.
—¡Hasta pronto!
*************************
«Tantas cosas están pasando tan de prisa… He estado pensando algo desde hace unos días y por fin, estoy decidida. Debo de hablarlo con Lianne primero, creo que es lo más correcto… Me estaba deteniendo el que dirán, mis propios temores, pero ya lo he decidido…»
Le dije a Lianne, cuando acabamos de cenar ese día por la noche:
—¡Oye, hermanita! ¿Puedo hablar contigo cuando terminemos de cenar? ¿Estás ocupada?— Ella dijo:
—Pues… Tenemos que ver algunos detalles que aún restan de la boda y necesito tu opinión.— Le dije:
—Sí, está bien…— Subimos a nuestras habitaciones y Lianne mandó a Grand, amablemente a convivir por un rato con Ray, en lo que terminábamos de planear la boda… Camille dijo:
—¿Entonces, las esperamos en nuestra habitación?— «¡Eh…?» Necesitaba a hablar a solas con Lianne… «No es que no le tenga confianza a Camille y Penny, pero… Esto es demasiado para mí, para contarlo a todas de golpe…» Lianne dijo:
—Sí, en un momento estaremos con ustedes.— Le dije a Ray:
—Veré algunas cosas con las chicas, amor, no tomen demasiado… ¡Jijiji!— Y le di un beso en la mejilla…
Entré a la habitación de Lianne, ella cerró la puerta y dijo:
—Renacuajo, el vestido y los arreglos que lleva, están listos, pero quería que me dijeras, ¿cómo que quieres que lleve tu ramo…?— Le dije, sentándome en su cama:
—No lo sé, hermana… ¿Flores?— Ella dijo:
—Obvio, retrasada… ¿Pero algún arreglo en especial?— Le dije:
—No sé mucho de eso, hermana… ¿Podrías decidirlo tú? Solo que haga juego con el vestido y ya.— Ella dijo:
—Está bien, entiendo. Bien… Vamos, suéltalo, que Camille y Penny, nos están esperando.— Le dije, torciendo la boca:
—Por favor, no me critiques… ¿Sí?— Ella dijo:
—¿Cómo podría, sí ni siquiera me has dicho? ¡Desembúchalo, ya!— Le dije, viendo hacia el piso:
—¡Ehm…! Mmmh… ¡Analena está embarazada!— Ella abrió sus ojos y su boca, de par en par… Se quedó con esa expresión, como petrificada… Le dije:
—Por favor, no me juzgues, las cosas pasaron y…— Ella dijo, interrumpiéndome:
—¡Qué no se cuidaban, renacuajo?— Le dije:
—¡Sí! ¡Sí! Al principio… Es una larga historia, pero… Al final, me sonsacaron.— Ella dijo, riendo:
—¡Sonsacada? ¡Jajaja! ¡Por qué?— Le dije:
—Ya te dije, es una larga historia, pero… En fin. Ella quería tener un bebé conmigo y al final accedí…— Ella rio y dijo:
—¡Jajaja! Renacuajo… ¡Jajaja! Nunca pensé que Analena fuera del tipo que le gustaría ser mamá tan joven… ¡Jajaja!— Le dije:
—Pues… Yo tampoco…— Ella dijo:
—¡Jajaja! Renacuajito, eres todo un torbellino… ¡Jajaja! ¡Y aún así, quieres ajustarte a la pobre de Penny? ¡Jajajaja!— Le dije apresuradamente:
—¡No! ¡Nada de eso! No le traigo ganas a Penny, ni mucho menos… Ya tengo las cosas hasta el cuello y lo que menos quiero, son más situaciones como esta…— Ella rio y dijo: —¡Jajaja! ¡Arlinne, qué tremenda!— Le dije:
—¡Ya, pues! ¡Escúchame, por favor! A pesar de que Analena dijo desde un principio, que ella se haría cargo y no me preocupara por nada, simplemente no puedo quedarme con los brazos cruzados… Quiero que ellas, ambas, Ana y Miranda, estén cerca… Bueno, no tan cerca que me pueda quemar, pero sí lo suficiente, para que me pueda hacer cargo, ¿me entiendes?— Ella negaba con la cabeza, mientras reía… Dijo:
—Continúa…— Le dije:
—Es peligroso que haga el viaje hasta Kharsten en su estado y una vez que nazca, igual será peligroso con un bebé de brazos… Quería pedirte de favor, que me ayudaras con tu magia para traerlas hasta acá…— Ella dijo:
—¡Está bien! Te entiendo, pero… Deberías contárselo a las chicas.— Le dije:
—Sí, lo sé… Además, tarde o temprano se van a enterar…— Ella dijo:
—Exacto.— Le dije:
—Está bien, vamos… ¡Camille me va a dar un buen regaño!
Regresé a mi habitación por la noche, no hubo tal regaño… Todas se pusieron muy contentas por el bebé, incluso Penny… «Bien, pues no hay marcha atrás, ¡ahora! ¿Qué va a decir Lyndon? Sí mi plan sale como quiero, necesitaré de su ayuda… ¡Qué embrollo! Pero esto me gano por pronta… Hablaré mañana con Ana y le pediré que venga con Miranda a Kharsten, primero con la excusa de mi boda y la coronación, después ya me las ingeniaré…»
Acaricié al lobito por unos momentos y después me metí a la cama… Ray dijo:
—¿Cómo va todo amor?— Le dije:
—Ray, las cosas están pasando demasiado rápido a mi alrededor, me siento agobiada…— Él dijo:
—Tranquila, peque, ¿hay algo qué te moleste?— Le dije, suspirando:
—¡No! ¡Molestarme como tal…! Nada. Solo que pensé, que una vez tuviéramos éxito en nuestra aventura, las cosas irían más despacio y parece ser que es todo lo contrario. De un momento a otro, ya voy a ser la reina, vamos a tener una boda y además, voy a ser papá y mamá a la vez, sí a eso le sumas todas las responsabilidades que estarán sobre mis hombros… ¡Me siento apabullada!— Él dijo:
—No te dejes agobiar, Arlinne. Yo te ayudaré, ¿está bien? Sí necesitas consejo o ayuda con algo en específico, solo dímelo, ¿sí?— Me tomó entre sus brazos, lo besé en sus labios y le dije:
—¡Gracias, amor! ¡Gracias por todo! Sé que te lo he dicho antes, pero… Solo quiero que recuerdes, que te agradezco mucho que hayas regresado bajo la lluvia por mí a las ruinas de Tsun y que me hayas escogido de entre muchas otras opciones que tenías a la mano… ¡Te quiero mucho, te amo! Y estaré eternamente agradecida.— Él rio y dijo:
—¡Jajaja! Arlinne, un placer ayudarte, no tienes nada que agradecer, yo también te amo.— Me apretó un poco más entre sus brazos y me quedé profundamente dormida…
Era como un sueño, podía ver a la distancia la aldea en la que había nacido… Estaba en aquel árbol, que me traía tantos recuerdos. El clima era agradable y los pájaros cantaban. Me recargué en el tronco del árbol para sentarme… «¡Es tan lindo! Justo como lo recuerdo…» Una risa conocida y luego una voz, ambas de la misma persona… Una persona que conocía demasiado bien, vinieron del otro lado del tronco…
—¡Jajaja! ¡Arel! ¡Lo lograste! ¡Increíble…!— Una pequeña figura salió corriendo del rededor y se paró frente a mí, con sus brazos en su espalda… Era… Era… ¡Linna? Ella dijo: —¡Qué tal! ¿Qué no te da gusto verme?— No sabía que decir… Era tan real, como sí de verdad, estuviera ahí, frente a mí, justo de la misma edad que tenía cuando ocurrió la tragedia… Ella dijo:
—Perdón, no Arel, ¡mejor dicho… Arlinne! ¡Jajaja!— Apenas y pude decir:
—¡Cómo…?
—¡Arlinne, qué gusto, solo quería saludarte!— Mis ojos se llenaron de lágrimas y ella me abrazó…
—¿Qué ya no me recuerdas? ¡Cómo eres malo! ¡Jijiji! ¡Perdón…! ¡Mala!— Le dije:
—¿Linna… Es solo un sueño?— Ella se separó un poco y dijo:
—¡Sí! ¡Qué esperabas? ¡Obvio, es un sueño! Pero uno muy especial… Que me permitió venir a saludarte…— Ella agregó:
—Como siempre… ¡Jijiji! ¡Llorando! ¡Ya no llores!— Y secó mis lágrimas con las mangas de su vestido… Le dije:
—¡Yo…! ¡Yo! ¡Lo siento tanto, no sé que decir, no pude hacer nada entonces, solo era un niño llorón…! ¡Perdóname!— Ella dijo, poniendo su dedo en mis labios:
—No pasa nada, no es tu culpa… Solo vine a decirte que estoy muy orgullosa de ti, ¡ha sido increíble y me has hecho tan feliz! ¡Lo que fue solo un juego de niños, una ilusión infantil, lo tomaste y lo convertiste en realidad!— Lloraba y lloraba, pero de felicidad… Ella agregó: —¡Jajaja! ¡Arlinne de Veranda! ¡Guardabosques! ¡Hechicera! ¡Heroína! ¡Genial!
Se sentó a mi lado como en los viejos tiempos y dijo:
—Lo supe desde el principio… Estaba segura. ¡Jijiji! Eres muy linda y te ves muy hermosa.— Le dije, tratando de explicar:
—Yo… Verás…— Ella dijo:
—No pasa nada, Arlinne. Ya te dije que siempre lo supe… Sabía que mi amigo, era una linda y hermosa señorita. ¡Jajaja! Además… Tu novio es muy guapo, ¡qué envidia!— Me sonrojé y agaché mi cabeza… Ella dijo:
—También sabía que ese vestido rosa se te vería hermoso… ¡Y vaya que no me equivocaba!— Le dije:
—Me gustaría tanto, poder estar contigo otra vez…— Ella dijo un poco molesta:
—¡Qué? ¡Ni lo pienses! ¡Tú tienes muchas cosas que ver, descubrir y vivir! Además… ¡Eres el emisario de ambos! Yo no puedo hacerlo, ¡así que tú lo harás por los dos! ¿Está bien?— Le dije:
—Yo…
—¡Promételo! Promete que tendrás muchas aventuras más, que visitaras un sin fin de lugares y siempre harás lo posible por ayudar al que lo necesite.— Le dije, dibujando una sonrisa en mi rostro:
—¡Está bien! ¡Lo prometo!— Ella sonrió dulcemente y dijo:
—¡Jijiji! ¡Qué ilusión! Gracias, Arel.— Le dije:
—Solo que… No será de momento, tengo algunos compromisos…— Ella dijo:
—¡Sí! Lo sé, todo va a estar bien, ¿si? No dejes que la responsabilidad se lleve tu sonrisa… También por eso estoy muy orgullosa… No uno, ni dos, sino tres niños que cuidar… ¡Jijiji! ¡Qué tremenda, Arlinne!— Le dije, contando con mis dedos:
—¿Tres…? Espera un momento, ¿cómo que tres?— Ella dijo, tapando sus ojos y sonriendo traviesamente:
—¡Oops! ¡Se me escapó! Olvida lo que te dije…
Pasamos algunos momentos más, perdiendo el tiempo, como lo hacíamos de chiquillos, hasta que ella se puso de pie y dijo:
—Arlinne, Arel, mi primer amor y el único, se acabó el tiempo, debo de regresar…— Sonrió amablemente, mientras las lágrimas regresaban a mis ojos… Le dije:
—No, espera, un poco más, ¿sí?— Ella me abrazó y dijo:
—No seas caprichoso. Aunque tú no puedas verme, siempre estaré contigo… Todos lo estamos. ¡Tu mamá, tu papá, mi abuela, los chicos y chicas de la aldea, la señora Lenor, la linda Marine y muchos, muchos más! ¡Nunca has estado solo y nunca lo estarás! ¡Además, tienes a tus amigos, todos tan increíbles y excepcionales como tú!— Tomó mis manos y agregó:
—Como te dije, estoy muy orgullosa de ti, Arlinne. Sigue adelante, por favor y nunca lo olvides… ¡Dale a los malos una cucharada de su propia medicina, como lo prometimos hace muchos años en este mismo lugar!— Me puse de pie, secando mis lágrimas y sonriendo… Le dije:
—¡Dalo por hecho, no dejaré que se salgan con la suya!
—¡Hasta pronto, Arel! ¡Te quiero mucho!— Le contesté:
—¡Hasta pronto, también te quiero mucho!— Su silueta se desvaneció en la luz del atardecer… Me volví a sentar recargada en el tronco a meditar y ver la hermosa puesta de sol…
Desperté confundida y balbuceando:
—¡Tres? ¡Tres…?— Enfoqué mi mirada… Penny me observaba, acostada en mi cama… Ella dijo:
—¿Qué, Arlinne? ¿Por qué, tres?— «¡Eh! ¡Pfff…!» Le dije:
—¿Qué haces tú aquí? ¿Qué no te importa la privacidad de las personas? ¿Y dónde está Ray?— Ella dijo:
—¡Ya! No te enojes… Te vine a avisar que vamos a desayunar. Ray salió a ver algunas cosas con Grand.— Suspiré profundamente y ella dijo:
—¿Dime, qué hay con ese número tres? ¿Qué soñabas?— Le dije:
—No lo sé, Penny, soñaba… Ya tú sabes, locuras, no recuerdo nada, solo el número tres…— Sonreí y le dije:
—Bien, pues me voy a meter a bañar… ¿Serías tan amable de regresar de donde viniste y avisarles que en un momento estaré con ustedes?— Ella dijo, apenas perceptiblemente al oído y haciendo una mueca con sus labios, simulando la boca de un gatito:
—¿No quieres qué te ayude…?
—¡Eh?
—¡Jijiji! Sí, está bien, así lo haré…— Se levantó de un salto y salió corriendo… «Penny… Penny… Penny… Pfff…»
«¡Qué embrollos! Tanto va el cántaro al agua que termina rompiéndose… ¿Me pregunto…? ¿Cuánto tiempo aguantaré antes de hacer una barbaridad con Penny…? Bien, mejor olvidar eso por ahora… Tengo problemas más importantes de momento… Antes de bañarme debo de hacer algo…» Cerré la puerta con seguro, me recargué en la cama y canalicé mi conjuro, pensando…
—Ana, Ana, ¡buenos días! ¿Me escuchas?— Tardó un momento, pero finalmente contestó… —¡Sí! Te escucho. ¿Cómo estás, amor? ¡Qué milagro, qué tú te comuniques conmigo!— Le dije:
—¡Ah! Jejeje… Lo siento, siempre tengo la intención, pero algo pasa y a ratos lo olvido.— Ella rio:
—¡Jajaja! Arlinne, está bien, no te preocupes, de hecho te iba a contactar… El capitán recibió noticias desde Kharsten, nos dijo que ustedes impidieron una revuelta o algo así, ¿están todos bien?— Le dije:
—¡Ah! ¡Eso, si! ¡Jajaja! No solo eso, también por fin, logramos nuestro cometido, paramos la guerra y la invasión virzuk.— Ella dijo:
—¡De verdad? ¡Solo así? ¿Cómo lo hicieron?— Le dije:
—Ya te lo contaré con calma, verás… Por azares del destino, ocuparé un cargo oficial en Kharsten y además, voy a tener una pequeña ceremonia con Ray, vamos a casarnos…— Ella dijo:
—¡En serio? ¿Un cargo? Creí que no te gustaban ese tipo de honores… Y además te vas a casar con Ray, ¿con ceremonia y todo?— Le dije:
—Sip… Pues las cosas han pasado y me gustaría que tú y Miranda, pudieran asistir… Claro y el capitán Tenarius también, por supuesto.— Ella rio…
—¡Jajaja! Pobre del capitán Tenarius… Lo hemos metido en muchos problemas últimamente. Estamos destacadas en Tharosen, pero por lo del embarazo, el capitán ha tenido que mover sus influencias todo el tiempo, para que podamos tener un descanso…— Le dije:
—Ya veo, me lo imagino… Es una persona muy recta y cabal, también estoy en deuda con él.— Ana dijo:
—¿Amor y para cuándo es todo esto?— Le dije:
—En unos cuantos días, tres para ser exacto…— Ella dijo:
—¿Amor…? Debiste avisarme con más tiempo, ¿cómo tres? El viaje hasta Kharsten tomaría por lo menos veinte, con pausas y descanso para los caballos, ¿cómo se te ocurre? ¿No será qué en el fondo, no quieres que yo vaya y solo me avisas para no sentirte culpable después?— Le dije:
—¡Nada de eso! Está todo planeado, usaremos un conjuro de portal y las traeremos hasta acá junto con el capitán, digo, sí es que puede…— Ella dijo:
—¡Conjuro de portal? ¿Cómo una tele transportación?
—Sí, más o menos…— Ella dijo, asombrada:
—¡Tan poderosas son, ahora? Pero sí solo las he dejado de ver un par de estaciones… ¡Increíble!— Le dije:
—¡Jajaja! No es cosa mía, yo no sé ni jota… Lianne es la encargada de ese conjuro.— Ella dijo:
—Está bien, le diré a Miranda y convenceremos al capitán. ¡Tengo muchas ganas de verte!— Le dije:
—Sí, yo también, solo que… Me gustaría que fuéramos un poco más discretas, ya te explicaré estando acá.— Ella dijo:
—¡Jajaja! Amor. ¡Jajaja! ¡Creí que te gustaría que fuéramos un par de brujitas impúdicas, como siempre! ¡Jajaja!— Le dije:
—¡Sí! ¡Jajaja! Pero un poco menos impúdicas, al menos en público.— Ella dijo:
—Está bien, pues tendrás que aprovechar, porque la cosa se pone difícil… Ya tengo casi ciento cincuenta días de embarazo y siento que voy a reventar… ¡Jajaja!— Le dije, preocupada:
—¿Todo bien con tu salud, verdad? ¿No has tenido problemas o complicaciones o algo?— Ella dijo:
—Calma, calma… De lo más natural amor, solo antojos, de jalea de frutas y almendras a mitad de la noche, pero fuera de eso, todo muy tranquilo. ¡Jajaja!— Le dije:
—¡Bien, qué alivio! Pues preparen todo, pasado mañana las traeremos hasta acá, avisen al capitán, por favor.— Ella dijo:
—Está bien, te veré pronto… ¡Besitos! ¡Bye!
El tiempo siguió su curso y al día siguiente, con ayuda de Lyndon, conseguimos una casa cerca del castillo, para que Ana y Miranda pudieran hospedarse el tiempo que decidieran estar aquí… Yo estaba muy nerviosa y hasta cierto punto intranquila, a Lyndon le dije que solo eran un par de amigas del gremio y el capitán, el mentor de Ray… No podía decirle aún de que iba todo eso… «Confío en que me ayude como quiero, cuando llegue el momento…» El resto de ese día me la pasé solamente divagando, como debía manejar mi relación con Analena en un futuro… Tampoco le había dicho que sería la reina, eso no hacía falta, se daría cuenta al instante, cuando Lyndon diga: “Sí, su majestad”. Ahí en ese momento, lo hará…
Al día siguiente por la mañana, todo estuvo listo… Le dije a Lianne que hiciera favor de hacer el conjuro, de una vez en la casa que habíamos conseguido rentada para ellas. Me comuniqué con Ana por instrucciones de Lianne y le dije:
—¡Ana! ¡Ana! ¿Me escuchas?— Ella contestó:
—Sí, amor, estamos listas y el capitán, también vendrá.— Le dije, tallando mi rostro: —Espero que no me estés llamando, mi amor, frente al capitán, ¿verdad…?— Ella dijo:
—¡Oh…! ¡Oops! ¡Lo siento!— Me preocupé… «¡Pfff!» Le dije:
—Lianne me dice, que vayan frente a la vivienda que nosotros ocupamos el tiempo que estuvimos ahí, ¿pueden? Por favor…— Ella dijo:
—Bien, vamos en camino, dame unos minutos…— Lianne me dijo, mientras esperaba:
—¡Te ves fatal, renacuajo! ¿Segura, esto te hace bien?— Le dije, mientras secaba el sudor de mis manos en mi falda:
—¡Estoy muy nerviosa! Sí el capitán se entera de que es hijo mío…— Ella dijo:
—Calma, no tiene por qué enterarse, solo sé casual, ¿está bien?— Respiré profundo y le dije:
—Gracias hermanita, por ayudarme en mis enredos, te la debo…— Ray y Grand, subían las escaleras, hasta donde estábamos nosotras, mientras Penny y Camille, preparaban algo de comer… «Supongo que de una u otra manera, a Ray le dará gusto ver de nuevo a Miranda, aunque me dé tan poca gracia, ponerle la tentación tan cerca, hicimos un trato y debo de respetarlo…» Mis manos se volvieron a humedecer, respiraba intranquila y Lianne con tino certero como siempre, dijo riendo:
—¡Tuyo…? ¡No! ¡Jajaja! A lo mejor piensa, que es del señor Forthand… ¡Jajaja!— «¡Pfff!» Se me volvió a ir la moral al piso… Ray sonrió, negando con la cabeza… «¡Me lleva!» Le dije:
—¡Ya pues…! ¿En qué diablos estaba pensando? Ya no quiero…— Lianne dijo:
—¡Jajaja! ¡Aguanta, renacuajo! Con entereza y la cara bien dura… ¡Jajaja!— Escuché su voz de vuelta… Ana dijo:
—Listo, estamos aquí.— Le hice la seña a Lianne y ella comenzó a canalizar… Cuando el portal estuvo perfectamente formado en el aire frente a nosotros, le dije:
—Adelante, sin miedo. Estamos del otro lado.— Pasaron uno a uno… Primero el capitán, que vio asombrado del otro lado y dijo:
—¡Increíble, simplemente increíble! ¡Su eminencia, lady Sylverlin, sorprendente!— Ray y Grand, lo recibieron, mientras se saludaban marcialmente. Fue el turno de Ana… Pasó por el portal y salió volando del otro lado para abrazarme, diciendo:
—¡Arlinne, te extrañé tanto! ¡Qué gusto ver que te encuentras bien!— Su vientre hacía un espacio entre ambos… Cierto… Definitivamente, ya se le notaba… Ella me cerró el ojo, tomó mi mano y la puso sobre su vientre, sonriendo, mientras el capitán estaba distraído. Me dijo al oído:
—A veces se mueve… Aún no mucho, pero ya se estira de vez en vez.— Me sentí aliviada, tranquila, solo de que estuviera ahí y ambos se encontraran bien… Sonreí y asentí con mi rostro. Por último… Fue el turno de Miranda. Atravesó el portal, a la par que Ana me decía al oído:
—Amorcito, por favor, tómalo con calma, ¿sí?— Me quedé pensando… «¿Con calma…? ¿De qué habla?» Por fin, estuvo del otro lado… Había algo raro en ella. Miranda tenía algo raro… «¿Qué es? ¡No! Espera un momento… ¡Miranda, también está embarazada?» Me quedé vacía mentalmente y dije en voz alta y sin querer:
—¡Tres…!
Traté de ser lo más casual y natural que podía… Las recibimos, comimos y brindamos, hice como sí nada pasara, aunque por dentro sentía como un hierro que me encendía las entrañas… Haciendo una excusa, les dije:
—Bien… Pues, yo creo que es tiempo de que nos retiremos, seguro necesitan descansar un poco. Mañana la ceremonia será pasado el mediodía, mandaremos a alguien para que los recoja, con permiso…— Sonreí como sí nada, mientras Ana y Miranda, compartían una mirada de complicidad…
Salí del lugar, mientras los demás se despedían torpemente al ver mi reacción… Grand salió de la mano de Lianne y cuando me alcanzaron, él la soltó y se alejó… Lianne dijo, antes de ir a alcanzarlo:
—¿Arlinne, estás bien? ¿Necesitas hablar?— Le dije, sonriendo:
—No… No. Todo bien, estoy bien… ¿Por qué habría de estar mal…?— Ella dijo:
—¡Mmmh…! Está bien… Te creeré. Sí me necesitas, sabes donde encontrarme…— Asentí y se alejaron… Luego, fue el turno de Camille y Penny. Penny completamente muda, sin conocer por completo la situación, mientras Camille me decía:
—¿Arlinne, quieres platicar?— Le dije con mi sonrisa aún más pronunciada:
—No, todo bien… ¿Las veo al rato?— «Mi cabeza me da vueltas… ¿Qué va a pasar ahora…?» Ellas regresaron al castillo… Antes de que desaparecieran de mi vista, se me ocurrió algo y alcancé, gritando a Lianne y Grand:
—¡Grand! ¡Grand! ¡Espera!— Grand y Lianne, se detuvieron y él dijo:
—Sí, Arlinne… ¿Hay algo en lo qué pueda ayudar?— Le dije, recuperando mi aliento:
—A decir verdad… ¡Sí! Necesito pedirte un favor, claro, sí no están ocupados…— Se vieron el uno al otro y Grand dijo:
—No, ¿de qué se trata?— Le dije de lo más tranquila posible:
—¿Podrías ingeniártelas para sacar al capitán de ahí por un rato, para que Ray y Miranda, puedan platicar tranquilos?— Él sonrió, acarició mi cabeza y dijo:
—Claro, Arlinne. Déjamelo a mí…
Lianne regresó al castillo sin Grand y yo con él, a la puerta de la casa… Esta vez, salió Ray, mirando al piso, encendiendo un cigarrillo exactamente al momento que cruzaba el umbral de la puerta… Vi a Grand y asentí. Él se dirigió de nueva cuenta al interior, riendo a carcajadas… Ray me volteó a ver y dijo:
—¿Nos vamos?— Le dije, molesta:
—¡Nada de eso, Ray! ¡Regresarás ahí y pondrás las cosas en claro con Miranda! ¡Por qué ese niño es tuyo! ¡Verdad?— Él exhaló el humo por nariz y boca, diciendo:
—Pues… Sé que sonará muy ruin, pero no es mi intención… La verdad, no lo sé, Arlinne…— Le dije:
—¡Bien, pues regresarás ahí y lo averiguarás!— Él dijo, negando:
—Está bien… Solo quiero que sepas…— Lo interrumpí, mientras sentía nuevamente mis entrañas arder…
—Ray, no importa, ¿está bien? Ya platicaremos nosotros al rato, ¿sí?— Se escucharon las voces de Grand y el capitán, venir de salida… Le dije a Ray, jalándolo del brazo:
—Ven para acá…— Nos escondimos tras la pared de la esquina y el capitán dijo:
—¡Qué buena idea! ¡Jajaja! Mosier, seguro me caerán bien unos tragos, pero… ¿Forthand no vendrá?— Grand dijo:
—Ah… Ray necesita terminar de arreglar algunos asuntos de la boda con Arlinne, será una boda doble… ¡Jajaja!— El capitán dijo, riendo:
—¡Doble? ¿Quién con quién…? ¿Forthand con todas las chicas? ¡Jajajaja!— Grand dijo: —¡Jajaja! No. ¡Jajaja! Yo también, contraeré nupcias…— El capitán se quedó parado en medio de la calle y dijo, casi gritando:
—¡Con lady Sylverlin?— Grand asintió, sonriendo y el capitán estalló en carcajadas: —¡Jajajaja! ¡Esos son mis muchachos! Entonces no se diga más, Grand. Vamos, yo invito, espero que estés listo, tengo muchísima sed. ¡Jajaja!— Por fin, se alejaron… Dije:
—¡Pfff…! Ahora sí, listo. Ve, te esperaré por aquí, no tengo ganas de regresar al castillo… Tengo ganas de estar sola un rato…— Él se quedó parado y le dije:
—¿Qué esperas…? ¿No me digas qué te dieron más ganas de ir con ellos?— Él comenzó a reír y dijo:
—La verdad es que no estaría mal… ¡Jajaja!— Me puse muy seria y dije:
—¡Está bien…! Sé que no tengo derecho a decir nada, pero… Esa criatura no tiene la culpa de nuestros embrollos, ya hablaremos al rato nosotros, ¡ve!— Él asintió y por fin, pasó por el umbral hacia el interior, cerrando la puerta tras de él…
Me recargué en la parte trasera de la casa, donde nadie podía verme y comencé a llorar en silencio… Imaginando un mundo de posibles situaciones. Ray dejándome por la madre de su hijo, tal vez, primero de forma gradual o tal vez, de repente… Un día cualquiera, ¡puff! Se acabó. «Todo esto es mi culpa… Sí no hubiera empezado con ese comportamiento, jamás hubiera dado pie a nada más… ¡Me lo tendría bien merecido!» Pasó un rato y escuché el abrir de una ventana, junto con la voz de Ana, que dijo:
—¡Ah! ¡Aquí estás, amorcito! Lo sabía…— Intentó torpemente por su estado, salir por la ventana… Yo me paré de un salto y le dije:
—¿Qué haces? ¡Te puedes lastimar!— La ayudé a que pudiera pasar del otro lado y ella dijo: —¡Pfff! ¡Uf! Gracias…— Se quedó prendada de mis brazos y dijo:
—Amor, por favor, no te molestes con Ray, ¿sí? Él no tiene la culpa, la verdad, es que… La culpa es nuestra…— Me quedé observándola, sorprendida… Ella dijo:
—La verdad, es que ambas deseábamos un bebé… Un pedacito de cielo, pero… No de cualquiera, ¿me entiendes?— Le dije, muy molesta:
—¡Con qué era eso…? ¡Eh!— Ella dijo:
—¡Sí y no…! Escúchame. Yo me enamoré de ti, mucho antes de que todo esto pasara por nuestra mente, ¿entiendes? Pero… Pues, también debes de entender nuestra situación… Miranda y yo, nos queremos la una a la otra, pero no podemos tener hijos juntas y aunque nos amemos, no dejamos de ser mujeres… Es como ustedes, tampoco podrían tener hijos. Entonces, pues… Solo lo decidimos. ¡Jijiji!— Sacó la lengua e hizo una mueca de arrepentimiento… Le dije, severa:
—¿Entonces, lo decidieron ustedes solas? ¡Y luego, nos embaucaron?— Ella dijo, molesta: —¡Cuando lo dices así, suena muy feo…! Prefiero la frase, los ayudamos a decidir…— La ayudé a sentarse en el piso y me volteé al lado contrario… Ella dijo:
—Amor, cálmate… Te quiero, ¿lo entiendes? Por eso te expliqué todo desde el principio y quería que fuera con tu consentimiento…— Negaba y negaba con la cabeza… Ella agregó y dijo:
—Además, el trato sigue en pie. Miranda y yo, estamos de acuerdo, no pediremos nada, nosotras nos podemos hacer cargo perfectamente de todo, solas. Por favor, solo no dejes de quererme, ¿sí? ¡Quiero conservar aunque sea ese pedacito de tu corazón, por mucho tiempo más!— Le dije:
—¡Te das cuenta de la situación en que nos metiste a Ray y a mí, como pareja…?— Ella dijo:
—Sí, lo sé… Ambas lo sabemos y lo siento. En este momento, Miranda le está diciendo esto mismo a Ray, no tendrás problemas con Ray, te lo juro…— Respiré un poco aliviada y me senté en el piso a su lado, aún negando… Ella me abrazó tiernamente y dijo:
—¿Arlinne, te molestarías sí le pongo tu nombre, sí es niño?— «¡Eh?»
—¿Cuál nombre?— Ella dijo, riendo:
—Pues, Arel… Tonta. Ni modo que le ponga, Arlinne, sí es niño, ¿verdad? ¡Jajaja!— Respiré profundamente y le dije, sonriendo:
—Se salieron con la suya…— Ella dijo:
—Pero… No lo veas así, amor.— Le dije:
—¡Está bien, ya! Por mi parte, no puedo reclamarte nada más, pero… Mmmh… Quiero que me hagas un favor… Y sonará muy egoísta… Pero… ¡Me lo debes!— Ella dijo:
—¿Dime…?— Le dije:
—Quiero que tú y Miranda, dejen el gremio y vivan en Kharsten… Sí no con nosotros, sí lo suficientemente cerca, donde podamos tener un ojo sobre esos niños.— Ella dijo:
—Pero, amor… Eh… Mmmh… Necesitamos trabajar, el dinero nos hace falta.— Le dije:
—Sí, lo sé… También quería decirte eso… A partir de que nazcan esos niños, me las ingeniaré de alguna forma para que tengan un ingreso constante.— Ella dijo, negando: —Arlinne, nunca estaría a gusto, sabiendo que ustedes nos mantienen, nada más porque sí. Además… ¿Dices qué ocuparás un cargo en el gobierno? Tú estarás recién casada y seguro, tendrán gastos. No sé que cargo sea, pero no quiero que ustedes estén apretados por nuestra causa…— Le dije:
—Pues, eso es lo que pido, ¿lo aceptas?— Ella se molestó y dijo:
—¡Qué…? ¡Me estás escuchando? ¡Me choca cuando te pones así, cómo un macho a querer mangonearme!— Le dije:
—Lo siento, no lo pienso antes de hacerlo, pero eso es lo que pido.— Por primera vez, endurecí mi semblante, sugiriendo una respuesta, ella negaba y negaba…
Nos quedamos en silencio, ambas de brazos cruzados… Tenía que hacer presión… «Lo siento, Ana… Pero no puedo ser siempre tan blanda con las personas que quiero y menos después de esto». Ella dijo aún molesta y sin ceder:
—¡Entonces, así son las cosas? ¡Eh? ¡Al final con falda y todo, me vas a querer controlar por ser un hombre! Por tus bolas, ¿no?— Le dije:
—No, eso no está a discusión. Te amo, pero eso es lo que pido, después de la treta que nos jugaron.— Ella dijo una vez más, tratando de defenderse:
—¡Pero cuál treta? Te avisé todo…— Le dije:
—No todo… Jamás me dijiste, que Miranda pensaba hacer lo mismo con Ray… Además, dudo mucho que Miranda, siquiera le haya avisado algo a Ray de lo que tenían planeado, antes de que sucediera.— Ella agachó la cabeza y por fin, accedió…
—Está bien, está bien… Lo hablaré con Miranda, pero sí yo estoy renuente, Miranda es como una yegua loca… Es capaz de mandarlos a ustedes dos al carajo y hacer algo drástico, como irse y nunca siquiera enseñarles a sus hijos…— Le dije, tranquila:
—Bien… Entonces, tú te encargarás de que eso no pase.— Ella dijo:
—¡Qué? ¡Además! Pfff… Ya pues, lo intentaré… Pero que no se te haga costumbre, es solo por esta vez, que me dejo presionar así… Solo, porque tienes un poquito de razón en estar enojada.— Le dije, sonriendo:
—Gracias, amorcito.— Ella suspiró y dijo:
—¡Pfff! ¡Arlinne…!— Le dije:
—Unas por otras, amorcito… Compláceme tú, está vez, ¿sí?— Ella dijo:
—¡Sí, ya, ya…! Está bien, haré todo lo posible por convencer a Miranda, de que vivamos aquí y dejemos el gremio…— La abracé y por fin, más tranquila, me llené de ese aroma que tanto añoraba, pegando mi rostro a su cuello… Le dije:
—¡Qué rico…! El aroma es mucho más fuerte, ¿será por qué vas a ser mamá?— Ella sonrió discretamente y dijo:
—¡Idiota…! Ya que me regañaste y dijiste todo lo que quisiste, ¿ahora vas a ser cariñosa? ¡Típico de un varón…!— Le dije, acariciando su rostro:
—¿Quién es la más linda? A ver… Una sonrisita…
—¡Pendeja…! ¡Jajaja! Ya, está bien… Solo, porque tu hijo nos está viendo…— Me abrazó también y agregó:
—¡Te extrañé tanto!
—Yo también a ti.— Ella se colgó de mis brazos y dijo:
—¿Y bien? ¿Dime qué cargo es ese? Que de la nada te salió la tercer bola y quieres mantenernos a todos…— Le dije:
—Ah… ¡No es nada! Nada importante, pero creo que podré hacerme cargo, sí un par de personas, me ayudan con algunos favores…— Ella dijo:
—¿Pero de qué se trata? ¡Dime…!— Le dije, sonriendo:
—Seré la reina de Kharsten…— Ella actuó como sí nada y dijo:
—¿Jajaja? La reina… ¡Sí! ¡Aja! No recuerdo el nombre de la reina, pero… Segura estoy que ya hay una. ¡Jajaja! Amorcito…— Le dije, triste y viendo al piso:
—La reina Lenor falleció ya hace varios días…— Ella dijo:
—¡Eh…! ¡De verdad? Nunca la conocí, pero… ¡Nah? ¿No me digas qué estás hablando en serio…? ¡No! ¡No te creo!— Le dije, aún triste por la memoria de Lenor:
—¿Cuándo te he mentido…?— Ella tapó su boca con ambas manos y dijo:
—¡La reina…? ¡De Kharsten?
—Sí… Mañana es la coronación, están invitadas obvio, igual que a mi boda. La boda será a la una de la tarde y la coronación a las seis.— Ella dijo, poniéndose de pie y saltando de la emoción:
—¡Lo sabía, amor! ¡Sabía que dentro de ti, hay una grandeza sin límites! ¡Qué alegría!— Le dije:
—No es para tanto, Ana, calma… Lo hago más como un favor para Lenor, que por llenar mi ego de cosas que simplemente no son. Aún así… Es lo que hay por un tiempo. Seré la reina y Ray, el rey. Por eso, también te comenté que me gustaría que fuéramos mucho más discretas, ¿me entiendes?— Ella dijo:
—Sí, lo entiendo…— Le dije:
—Deja que las cosas se calmen un poco y me encargaré de que ustedes estén tranquilas económicamente… Además, no te lo había dicho, pero… ¡Yo también voy a ser mamá!— Ella dijo:
—¡Eh! ¡Mamá? ¡De qué hablas? ¡Tienes otra mujer? ¡Eso es? ¡Tendrás otro hijo? ¡Con quién…? ¡No me digas…! ¡Tu rastreadora, ya se me hacía sospechosa desde que la conocí!— «¡Eh? ¡Gulp!» Le dije:
—¡No! ¡Nada de eso! ¡Jajaja! ¡Calma!— Ella me vio fijamente…
—¡Lo sabía….! Además de todo, eres un seductor… Llegas con tu carita dócil y triste, luego tu sonrisa única y alegre y luego, ¡paf! ¡Cuándo te das cuenta, ya estás en la cama!— Le dije, riendo:
—¡No! ¡Jajaja! ¿Carita dócil y triste? ¿Así te pasó a ti…? ¡Jajaja! No. Es adoptada… Mira, te explicaré, pero quiero que entiendas, que también es un secreto que nunca debe de salir de las paredes de tu recámara con Miranda, ¿está bien?— Ella dijo:
—¡Sí! ¡Está bien! ¡Cuenta!— Le dije:
—Es la nieta de la reina, hija ilegítima de la princesa, en paz descansen…— Ella dijo:
—¡Qué…? ¿La princesa murió con un bebé de brazos…? ¡Qué horrible…!— Le dije:
—Sí… Así que yo me haré cargo y seré la reina, hasta que ella pueda ocupar el trono o por lo menos, esté en edad.— Ella dijo:
—¡Ah…! Ya veo… ¡Estoy muy orgullosa de ti!— Me abrazó y nos quedamos en silencio, besuqueándonos, en lo que Ray salía de ver a Miranda.
Oímos el abrir de la puerta y Ana dijo:
—Oh… Es hora. ¿Me ayudas a regresar por donde vine?— La ayudé a pasar por la ventana y nos despedimos con un beso… Ella dijo:
—Mucha suerte mañana y no te pongas nerviosa en la ceremonia. Estaré cerca, observando. ¡Jijiji!— Le dije:
—Gracias… Ahora vamos a ver como me va con Ray, eso me preocupa mucho más…— Ella dijo:
—Estarás bien, ¡te amo, suerte!— Y cerró la ventana. Yo simplemente di la vuelta corriendo y Ray, ya había encendido nuevamente un cigarro… Le dije:
—¡Amor, aquí estoy!— Él me vio… Venía muy serio, como sí quisiera decirme un sin fin de cosas… Al fin, abrió la boca y dijo:
—¿Nos vamos?— Le dije:
—Sí, pero tú no vendrás… ¡Jijiji!— Él dijo:
—Entiendo, debes de estar furiosa…— Le dije, parándome de puntitas y besándolo:
—No, tonto, no lo estoy… Ya no tanto como hace rato. Mira… Tú no vendrás, porque iras a donde Grand y el capitán y sacarás del apuro a Grand en que lo metí. Devolverás al capitán a este lugar y entonces sí, ya puedes regresar a que platiquemos todo lo necesario, ¿está bien?— Él asintió y dijo:
—Está bien, tengo una idea de donde pueden estar… Ya vuelvo, no te duermas, ¿sí?— Le dije:
—No. Te espero…— Salió corriendo y yo me fui caminando hacia el castillo…
Regresé a mi habitación… Lianne salió a mi encuentro y dijo:
—¿Cómo estás, renacuajo? ¿Ahora, sí quieres platicar?— Penny se asomaba desde su habitación, chismoseando… Dije en voz alta:
—¿Penny, creí que podías escuchar todo a través de las paredes? ¡Jajaja! ¡Ven para acá!— Ella salió volando y también dijo:
—¿Cómo estás?— Les dije:
—Gracias, estoy bien.— Camille venía tras de Penny y agregué:
—Les agradezco mucho que se preocupen por mí de esa manera y quiero pedirles perdón, por inmiscuirlas en mis embrollos de cama, especialmente a ti, Lianne.— Ella dijo:
—No pasa nada, renacuajo. Grand y Ray, ya vienen en camino, me comuniqué con él y parece ser que ya están dejando al capitán, listo para dormir en su cama.— Les dije: —Nuevamente, gracias. ¡Qué embrollos! Gracias por su comprensión, iré a mi habitación a descansar un poco, aún falta la otra cara de la moneda… Tengo que poner las cosas en claro con su majestad…— Lianne dijo:
—Renacuajo, no olvides que mañana es el gran día. Tocaré a tu habitación como a las nueve de la mañana para que comencemos a arreglarte entre todas.— Le dije:
—Sí, gracias.— Penny dijo:
—¿Aún habrá boda, verdad?— Yo le dije:
—Claro, que habrá boda… No se preocupen por eso, nos vemos mañana, buenas noches.
Me metí a mi habitación, destapé una botella de licor de frutas y me preparé un baño… En la tina bebía ávidamente y pensaba… «Siento que esto lo he vivido con anterioridad… ¡Ah, sí! Mi primera escena de celos con Ray… ¡Jajaja!» Terminé de bañarme, así como la botella… Salí, destapé otra y tocaron a la puerta… Pregunté:
—¿Sí?— Ray dijo del otro lado:
—¿Se puede…?— Le dije, riendo:
—Por supuesto… ¡Jajaja! ¿Vives aquí, no?— Me puse mi ropa interior y me senté en la cama… Él cerró la puerta, se sentó junto a mí y dijo:
—Peque… Lo siento. Verás, yo no tenía ni idea de que estaban planeando y…— Le dije, poniendo mi dedo en sus labios:
—Lo sé, además es mi culpa… Sí yo no hubiera empezado con ese comportamiento, jamás hubieran pasado todas estas cosas. Lo más importante ahora, solo son dos cosas…— Tomé una pausa, así como un buen trago de la botella y le dije:
—Es la madre de tu hijo, ¿te gustaría estar con ella?— Él negó inmediatamente y dijo: —¡Jajaja! ¡No…! Miranda es imposible, estoy muy a gusto contigo, gracias.— Le dije: —Bien, la segunda… Esos niños no tienen la culpa de nada, nos haremos cargo, ¿está bien?— Él dijo:
—¡Sí! Y hablando de ese tema, quiero que sepas la decisión que he tomado…— Le dije, extrañada:
—¿De qué se trata…?— Él dijo:
—He decidido, exactamente igual que tú… Hacerme cargo, estar cerca, procurar que nada le falte, pero… No sería correcto, que el hijo de Miranda tenga papá y el de Analena, no. Así que le dije a Miranda, que yo también lo mantendría en secreto, todo el tiempo que tú lo hicieras…— Le dije:
—Pero… ¿No quieres que te llame papá?— Él dijo:
—No, con tío Ray estará bien… Sé que también es injusto que no tengan un padre, pero sería más injusto, sí solo uno de ellos lo tiene… Además, sí habrá alguien que me llame papá…— Lo abracé y le dije:
—Bien, decidido… Espero sinceramente, algún día poder verlo a los ojos y decirle que soy su papá…— Él dijo:
—¿Oye? ¿No estás molesta? También quería pedirte una disculpa, aquí se supone que yo era el de la experiencia y nos embaucaron a ambos, lo siento…— Le dije:
—Pues sí, estaba un poco molesta, pero en el fondo, como te dije, todo esto es mi culpa… ¿Con qué cara te reclamo, si soy exactamente culpable de lo mismo? Mejor, ya… Será un dulce y lindo secreto… Y yo te perdono, sí tú me perdonas a mí, ¿cómo ves? ¿Me perdonas…?— Él dijo:
—Te perdono, pequeñita.— Y me abrazó fuerte, pegado a su pecho… Le dije:
—Entonces, estás perdonado, amor… Y ya no se diga más.
A la mañana siguiente, desperté y todas ya estaban a mi alrededor… Ray se alistaba para salir. Lianne dijo:
—Ray, los trajes de gala están en mi habitación, úsenla para cambiarse y arreglar lo que necesiten.— Ray dijo:
—Sí, gracias.— Lianne agregó y dijo:
—¡Ah! Y nada de espiar, no pueden ver a las novias antes de la ceremonia.— Ray negó, sonriendo y salió… Penny brincó sobre la cama, conmigo aún acostada y dijo:
—¡Ya, mensa, párate! ¡Ya quiero verte con ese vestido! Hay muchas cosas que hacer…— Le dije, balbuceando:
—Tengo sueño, ¿no me pueden arreglar dormida?— Penny me empezó a rodar hacia abajo de la cama, como sí me quisiera tirar… Le dije:
—¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡Pfff…! ¡Calma!— Volteé alrededor y dije:
—Me pasan mis calzoncitos, por favor…— Lianne dijo:
—¡Ya entra a bañarte, renacuajo, por favor!— «¡Uff! ¡Qué humor!» Me fui apresuradamente al baño, en lo que ellas preparaban los vestidos y los arreglos que llevarían…
Salí después del baño, aún sin poder creer lo que estaba pasando… Contraería matrimonio en una ceremonia con el amor de mi vida. Ni en mis más locos sueños, hubiera creído algo así, antes de conocerlo… Camille me tomó de la mano y dijo:
—Siéntate aquí, Arlinne…— Me senté y Camille le dijo a Lianne:
—Estaba pensando… También será la coronación y usará el mismo vestido, sería lindo sí la maquillamos con un aire solemne, ¿qué opinas?— Lianne y Penny, me veían fijamente y Lianne dijo:
—No lo sé… Renacuajo lo que más tiene a su favor, es su aspecto alegre y juvenil, sí la maquillamos como a una señora, creo que será contraproducente…— Camille dijo:
—Tienes razón… ¿Entonces, sí solo marcamos sus rasgos un poquito y le ponemos un color serio en sus labios?— Lianne dijo:
—Eso me gusta más, pero… Pienso que al pueblo le gustará más, que su reina se vea radiante y juvenil, eso siempre atrapa a los caballeros… Mmmh… Usemos los mismos tonos que el día del baile y solo arreglemos su pelo con algo más elaborado.— Camille dijo:
—¡Sí, buena idea! Solo el peinado estará bien, así parecerá, además responsable…— Penny se botó de la risa…
—¡Responsable…? ¡Jajaja!— Le dije:
—¡Oye! ¡Soy responsable!— Lianne dijo:
—Sí, renacuajo… ¿Cómo con lo que te pasó ayer?— Le dije, molesta:
—Bueno… ¡Detalles! Pero soy responsable…— Me quedé pensando por un momento y le dije a Penny:
—¡Oye, Penny! Tú eres dama de compañía, ¿no? No he visto tu vestido…— Ella dijo:
—¡Ah! Es muy lindo, ya lo verás en un rato… Nuestro vestido de Camille y mío, hacen juego con los de ustedes…
Terminaron de poner la base de mi maquillaje y comenzaron a arreglar mi pelo, Camille dijo:
—Arlinne, dejátelo más largo, sí lo tuvieras un poquito más, esto sería mucho más fácil…— Le dije:
—¡No! No quiero, no insistan… Aunque… ¿Saben…? Tal vez, lo haga…— Lianne dijo: —Deberías, te verías mucho más linda e inocente… Cambiarías esa apariencia desafiante por algo más inocente, con tu cabello más largo.— Les dije:
—Pero… Mi cabello es delgado, siento que no se vería bien tan largo…— Penny dijo:
—Sí, deberías probar.— Le dije:
—¡Pfff! Mira quien habla… Tú la tienes fácil, Penny. Con tu cabello podríamos tirar de una carreta y no le pasaría nada, pero yo… ¿Sí me quedo pelona?— Ella rio…
—¡Jajaja! ¡Mensa! ¿Pelona…? ¡Jajaja! ¡Ya te imaginé! ¡Jajaja!
—Eres una tonta, deja de pensar pendejadas… Camille… Dejen mis flecos libres, por favor.— Camille dijo:
—Sí, Arlinne, lo sé… Te recogeremos el pelo hacia arriba con un peinado y te dejaremos tus clásicos flecos para que todos puedan identificarte.— Lianne estalló en risas y dijo:
—¡Sí! Para que el asesino con la ballesta no pueda confundirte, no vaya a ser que me pegue a mí sin querer… ¡Jajajaja!— Le dije:
—¡Buuu…! ¡Qué personita tan fea…! ¿Crees que algo así pueda pasar? Ya me dejaste pensando…— Todas estallaron en carcajadas… Les dije, nerviosa:
—¿De qué se ríen, esto es serio…?— Penny dijo:
—Habrá mucha seguridad, Arlinne. Además, sí no es suficiente, yo ya planeaba ir armada, no te preocupes, no te despegaré los ojos de encima.— Respiré profundamente y le dije: —¡Pfff! Confió en ti, Penny…— Ella dijo:
—¡Déjamelo a mí! Tú solo disfruta.
Al final, todo estuvo listo… Todas nos veíamos hermosas, mi vestido parecía hecho de las mismas perlas del océano, con tonos nácar más brillantes unos que otros, como hacían su ascenso por la falda, hasta llegar a mi torso. Arreglos de hilo de plata que descendían en sentido opuesto y ese bordado tan hermoso en la falda y al rededor de mi pecho, como si fueran columnas de marfil… Les dije:
—¡Qué hermosos vestidos, todas nos vemos divinas!— Lianne dijo, también vestida: —Camille, ayúdanos, por fas… Necesitamos los accesorios. Pasa los guantes de renacuajo y los míos, por favor.— Terminamos y por fin, llegó la hora…
Un carruaje nos esperaba, fuimos en dirección a la catedral de la diosa de la justicia en Kharsten… Camille no oficiaría la misa, sería un conocido de ella, pero ella por petición de ambas cámaras, oficiaría en la coronación. Bajamos del carruaje, la ciudad entera estaba presente… Los guardias y caballeros, formaban vallas para mantener el orden. Saludé a todos con mi mano al aire y la multitud estalló en aplausos y vivas… Lyndon se acercó corriendo y dijo:
—Su majestad, todo está listo, los novios las esperan dentro…— Le dije:
—Ya voy, ya voy, Lyndon…— Comenzamos a caminar rumbo al interior… Él agregó:
—Increíble… Jamás había visto una aprobación tal del pueblo a una gobernante, desde que la misma Lenor fue coronada…— Le dije bajito:
—No seas adulador, ya me engancharon, de todas formas…— Mientras seguía sonriendo y saludando a diestra y siniestra… Él dijo:
—No es un cumplido, su majestad, es la verdad…
Entramos a la catedral… Nuestros invitados estaban ahí. Los lideres virzuk, Varreth, Thorak y Graretos, Varenna, todos los nobles del reino, de los cuales ni siquiera conocía a muchos de ellos… Analena, Miranda, el capitán Tenarius, el anciano Matías, incluso el maestro y sus nuevas alumnas, parece ser que Lianne se encargó de convencerlos de venir. Caminé rumbo al altar, mientras pensaba… «Justo apenas hace un año… Lloraba y me retorcía por la soledad que oscurecía mi corazón y mi forma de pensar… ¡Y ahora, esto!» Mis ojos se humedecieron y me enojé conmigo misma… «¡Por qué soy tan chillona? ¡Siempre estoy llorando…! Solo es cosa de que algo despierte una emoción y mi primera respuesta es llorar… Soy un desastre». Me paré frente al altar y Camille se acercó apresuradamente, diciéndome al oído:
—Arlinne, no llores, se correrá el maquillaje… Controlate.
—Lo siento… No puedo.— Ella tomó un pañuelo y delicadamente secó las lágrimas de alrededor de mis ojos, para decir:
—Listo, cuando acabe la ceremonia lo retocaremos…— Sonrió amablemente y regresó a su lugar.
Las campanas de la catedral sonaron… Primero una, anunciando que era la una de la tarde, luego, siete campanadas, informando a todos que la ceremonia daría inicio… Comencé a ponerme muy nerviosa y un sin fin de pensamientos se agolparon en mi cabeza… «¡Y sí, Ray dice que no? ¡Qué es lo que estoy haciendo…? En el fondo soy un chico… Hasta donde he llegado…» Apreté mis dientes inconscientemente y me dije a mí misma… «¡Basta! Esto es lo que me hace feliz… Ser una linda y bella esposa para mi amado y punto… ¿Por qué estoy tan nerviosa? ¿Es por qué toda esta gente está observando…?» Ray y Grand, se acercaron al altar… Ray tomó mi mano y Grand la de Lianne… Me dijo, bajito:
—¿Estás bien, peque? Te ves asustada…— Le dije:
—Sí… Eso… Asustada…— Me dijo:
—Sabes que no necesitamos esto… ¿Quieres cancelar nuestra ceremonia y qué sigan ellos solos?— Le dije en un arrebato:
—¡Qué! ¡Estás loco? ¡No! ¿O ya te arrepentiste…?— Él dijo, sorprendido:
—¡Yo! ¡Claro, qué no!— Le dije:
—¡Ah…! ¡Entonces, casémonos, es lo que más deseo en este momento!
La ceremonia dio inicio… Seguía muy nerviosa, de no ser por los guantes, seguro tendría las manos escurriendo… Después de una corta letanía, que para ser sincera, no le puse la más mínima atención, llegó el momento de las preguntas… El sacerdote dijo:
—Ranerd Forthand… ¿Aceptas bajo el concepto de la justicia, tratar como tu igual y contraparte a Arlinne de Veranda, para que sea tu compañera por el resto de su existencia, conviviendo en paz y libertad, ante todas las afrentas que se encuentren en su camino?— Suspiré y me quedé viendo a Ray, con miedo y pensando… «¡Vamos! No te vas a arrepentir, ¿verdad? ¡Vamos…!» Él pensó solo un instante, que se me hizo eterno, para por fin, contestar:
—¡Acepto gustoso!— Suspiré de nueva cuenta, esta vez profundamente y sonreí… «¡Jijiji! ¡No hay escape, señor Forthand! Ese es el último eslabón de la cadena que te enlaza conmigo, ¡ahora sí, eres mío, solo mío, para siempre!»
«¡No…! ¿Qué estoy pensando…? No debo ser egoísta, pero… ¡Jijiji! ¡Qué gusto!» El sacerdote me hizo la misma pregunta…
—Arlinne de Veranda… ¿Aceptas bajo el concepto de la justicia, tratar como tu igual y contraparte a Ranerd Forthand, para que sea tu compañero por el resto de su existencia, conviviendo en paz y libertad, ante todas las afrentas que se encuentren en su camino?— Apenas y lo dejé terminar para contestar:
—¡Sí! ¡Sí! ¡Acepto!— Después fue el turno de Grand y Lianne… No me gusta ser grosera, pero apenas y los escuché… Mi vista estaba perdida en los profundos ojos de Ray, de la misma forma que el día que lo conocí…
Nos besamos al final de la ceremonia, justo cuando el sacerdote indicó que era el momento de demostrar nuestro amor y sinceridad, el uno por el otro… Un beso tan profundo y dulce, que me llevó a las nubes. Como siempre, sonreía de oreja a oreja… Las campanas volvieron a sonar, señalando el final de la ceremonia y todos los invitados se pusieron de pie para aplaudir… Salimos felices de la catedral con nuestro cortejo detrás de nosotros… Las calles se habían vuelto una romería una vez más… Lyndon dijo:
—Su majestad, tendremos una breve recepción, no olvide el compromiso de más tarde…— Le dije:
—Sí, Lyndon… Dame un respiro, déjame disfrutar un momento, por favor.
Caminamos de regreso a los carruajes… Toda la gente de la ciudad había traído regalos, especialmente, dulces, jaleas y conservas de frutas que era lo que se acostumbraba regalar en las bodas. Ya había una carreta llena de ellos. Agradecí a todos lo más fuerte que pude, antes de subir al carruaje, que nos llevaría de vuelta al palacio.
Atendimos a la recepción en nuestro honor en palacio, todos nosotros estábamos en la mesa principal… Penny me dijo, mientras yo seguía como flotando en un sueño:
—¡Arlinne, qué bonito! ¡Hasta dan ganas de casarse!— Le dije:
—¡Sí! ¡Nunca pensé, qué sería de esta manera!— Le dije al oído a mi esposo:
—¿Amor, me puedes servir una copa de licorcito de frutas, por favor? Tengo mucha sed…— Él dijo:
—¡Mmmh…! Como tu esposo debo de cuidar de ti, tienes prohibido beber de ahora en adelante…— Le dije:
—¡Qué…?— Él se echó a reír a carcajadas y dijo:
—¡Jajaja! ¡Es una broma! ¡Jajaja! Aquí tiene su majestad, solo no tomes demasiado, recuerda el compromiso de al rato.— Le dije, molesta:
—¡Qué chistosito…! Jejeje… ¡Me engañaste por un momento!— Los invitados ponían regalos sobre una mesa al lado nuestro y todos pasaron a saludarnos en persona… Cuando fue el turno de Thorak y el resto, Thorak me felicitó diciendo:
—¡Felicidades, Arlinne, Ray! Les deseamos lo mejor en su unión, desconocemos las costumbres de su pueblo, pero espero solo compartan alegrías y bienestar… Por otro lado, además de eso, queremos hablar con ustedes sobre algo importante…— Le dije: —¿Importante…? ¿Pasó algo malo…?— Los tres negaron y dijeron:
—Todo lo contrario, por favor, lean esta carta… Es una petición especial de nuestra gente a su gobierno…— Lyndon como siempre, estaba metido en todo… Se acercó y dijo:
—¡Sí es un asunto oficial, entonces, su majestad, lo atenderá después de la coronación!— Les dije, sonriendo:
—¿Es de urgencia?— Thorak dijo:
—No, Arlinne, podemos esperar.— Le di la carta a Lyndon, que se alejó rápidamente y Thorak me susurró al oído:
—¡Qué hombrecillo, tan exigente! ¡Jajaja!— Le dije:
—¡Jajaja! ¡Sí…! Así es él, pero… Lo que carece en tamaño y fuerza, lo tiene en inteligencia y sagacidad.— Ellos soltaron una honesta carcajada y Thorak dijo:
—¡Ya veo…! Eso hace más interesante nuestra petición. Un hombre como él en nuestra sociedad, hubiera quedado descartado de primera mano para cualquier función de gobierno… ¡Interesante! ¡Felicidades, Arlinne, Ray! Hablaremos con ustedes más tarde…
Fue el turno del maestro y las chicas… Lianne y yo, nos pusimos de pie con nuestros flamantes esposos detrás de nosotras. Las chicas nos abrazaron, felicitaron y dejaron cuantiosos regalos para nosotras… Yo estaba feliz de verlas otra vez y bromeaba con ellas acerca de sus avances en la magia… Les prometí que pronto iría a visitarlas a la torre. El maestro dijo:
—Bien, niñas, denme un momento a solas, por favor…— Ellas nos volvieron a abrazar y regresaron a su mesa… El maestro dijo:
—¡Felicidades, Arlinne, Lianne! Nunca tuve la menor duda, estoy muy orgulloso de todos ustedes…— Le dijimos al unísono:
—¡Sí, maestro!— El maestro aclaró su garganta y dijo:
—Bien, pues… Oficialmente, Lianne Sylverlin, ahora eres la hechicera azul… No solo de título, sino de hecho también.— Lianne sin palabras en su boca, comenzó a llorar… Le dije: —¡Lo ves, hermanita! ¡Jajaja! ¡Estoy tan feliz por ti!— Ella se controló por un segundo y dijo:
—¡Gracias, maestro! Para mí es una gran honor, no se arrepentirá de su decisión.— Él dijo: —Lo sé, estoy seguro de eso… Por otra parte, ¿cómo van con los pergaminos que les encargué?— Lianne y yo, nos vimos la una a la otra y Lianne dijo:
—Lo siento, maestro… Aún no podemos descifrarlos por completo…— Yo le dije, haciendo un puchero:
—No sea malito, maestrito, denos una pista, ¿sí?— Él se echó a reír:
—¡Jajaja! Nada de eso… Mucho hago con dárselos. Confió que con el tiempo los descifraran, ¿verdad? No quiero pensar, que me equivoqué…— Ambas dijimos:
—Sí, maestro… No, maestro…— Él dijo:
—¡Jajaja! Entonces, estaremos por aquí un rato más, felicidades. Con permiso, jóvenes.— Nos despedimos y el maestro regresó a su mesa con las chicas.
Se sirvió la comida, hicimos un brindis y posteriormente, nos preparamos para la coronación… Nuevamente, retocaban mi maquillaje y arreglaban mi pelo. Hacía calor y estaba sudando… Les dije:
—¡Qué calor, estoy sudando mucho!— Camille dijo:
—Tranquila, Arlinne, no estés nerviosa…— Le dije:
—¿Nerviosa…? No… Jejeje…— «Espera un momento… Sí estoy nerviosa…» Cambié mi semblante por un puchero y dije:
—Sí estoy nerviosa… ¿No quiere ser alguna más, la reina? ¿Por qué tiene que ser la simplona…?— Lianne rio y dijo:
—¡Jajaja! ¡Renacuajo, te toca!— Le dije, desesperada:
—¡No! ¡Siempre me toca a mí! ¡Buuu! ¡Auxilio! ¡No sé nada de nada, no quiero!— Camille dijo:
—¡Ya!, ya! ¡Basta de berrinches, Arlinne!— Lianne dijo:
—Sí, recuerda… Estaremos aquí por un tiempo y vigilaremos, ¿lo recuerdas? Pues que mejor forma, que tú seas la reina.— Les dije:
—¡Ya me arrepentí! ¡Son muchos compromisos y muchas obligaciones! Yo solo quiero salir de aventura y dormir hasta tarde… ¡Auxilio, ayúdame, Penny!— Penny negó con la cabeza y dijo:
—No… Ya saldremos de aventura cuando haya la oportunidad. No me hagas pensar que toda la admiración y respeto, que siento ahora por ti, es en vano…— «¡Buuu…!» Suspiré resignadamente y después de un momento de entereza, les dije:
—¡Ya pues…! ¡Qué malas! ¡Está bien! ¿Cómo me veo…?— Camille dijo:
—Hermosa, su majestad… ¡Jijiji!— Lianne dijo:
—¡Sí! Muy linda… No más, renacuajo… Ahora serás, la reina rana.— Penny dijo:
—¡Sí, te ves bien a pesar de estar aguada…! Ni se te nota… ¡Jijiji!— Les dije:
—¡Qué malas! ¿Reina rana…? ¡Pfff! Pero todo esto me pasa por no saber decir que no… ¡Espera un momento…! ¡Aguada? ¡Tu cola está aguada, Puripenialanusa!— Penny salió riendo y corriendo, para evitar su castigo… Yo iba tras de ella, pero Lianne me detuvo y dijo: —Ya renacuajo, más tarde jugarás con Penny, ya casi es la hora.— «¡Pfff…!» Dije:
—Que remedio… ¡Vamos a eso!— Practiqué mi sonrisa frente al espejo, unos segundos y nos dirigimos de nueva cuenta a la catedral…
Por fin, llegamos de vuelta a la catedral… Esa vez la ceremonia sería a las puertas de la misma. El lugar seguía a reventar, incluso más gente que hacía un rato… Parecía que todas las personas de la ciudad, salieron de sus casas para atender a la ceremonia. Los nobles estaban formados por sus rangos, formando una fila hasta los tronos, que habían traído hasta ese lugar para el evento. Ray y yo, caminamos por la alfombra con nuestros compañeros a nuestras espaldas, pensaba… «¿En qué me estoy metiendo…? ¡Bueno, qué más da! Lo haré lo mejor que pueda… Un gobierno justo, igualitario, sin presiones, sin abusos, sin esclavitud, donde lo importante es el bienestar de los individuos y de la sociedad en su conjunto. Sin que los intereses de uno, aplasten los de los demás… Suena a un sueño, pero lo voy a intentar… Ganaré muchos enemigos, pero seguro, también muchos aliados… Además, como dice el dicho… Lo importante es el viaje y no el destino. Con que nos acerquemos aunque sea un poquito a esa meta, intentando, luchando, esforzándonos, quedará en la memoria de las personas, de como debe de ser un buen gobierno…»
La ceremonia dio inicio… Lyndon recitó una letanía sobre los principios y los valores de la nación de Kharsten, fundada hace más de trescientos años. Ray y yo, estábamos inclinados, esperando… Por fin, ambos juramos defender los valores y los principios que Lyndon había mencionado en el discurso y Camille, vestida con un traje eclesiástico, coloco las coronas sobre nuestras cabezas… Nos pusimos de pie y saludamos a toda la gente reunida en ese lugar… El lugar estalló en ovaciones y se escuchaba:
—¡Los dioses salven al rey y la reina! ¡El Rey Ranerd y la Reina Arlinne I!— Agradecimos las ovaciones… Lyndon nos hizo una seña para que nos sentáramos en los tronos y la ovación se hizo aún más fuerte… Esta vez, Lyndon volvió a tomar la palabra y dijo: —Ciudadanos del reino de Kharsten, así queda instituido el nuevo gobierno, con el rey, Ranerd y la reina, Arlinne I. Y como primer acto de gobierno, leeré ante ustedes esta petición de nuestros vecinos, la gente del norte, a su majestad…— «¡Eh! ¿Lo hará en público…?» Thorak, Varreth y Graretos, pasaron al frente y se inclinaron frente a Ray y mío… Lyndon tomó la carta, aclaró su voz y comenzó a leer en voz alta…
“De la forma más atenta nos dirigimos a los gobernantes del reino de Kharsten. Varreth, Thorak y Graretos, líderes del clan del colmillo, de la garra y del cielo.
Por medio de la presente, solicitamos que las tierras del norte y sus habitantes, pasen a formar parte de la jurisdicción del reino de Kharsten, bajo el reinado de la reina Arlinne I y el rey Ranerd, pidiendo un acuerdo comercial y de cooperación mutua, mientras su gobierno esté en función, dándonos, primero que todo, obligaciones y derechos, como ciudadanos y miembros importantes de esta nación”.
La gente murmuró a mi alrededor… Les dije a mis amigos los virzuk:
—¡Pueden ponerse de pie! ¿Podrían explicarme de qué va todo esto…?— Los tres se incorporaron y Thorak, que era el más elocuente, comenzó a explicar…
—Exactamente lo que dice la carta, su majestad… Nos gustaría que nuestras tierras ancestrales al norte, formaran parte de su reino. Obviamente, nosotros trabajaremos la tierra, criaremos animales, fabricaremos telas y materiales para intercambiarlos con ustedes, pero nos interesa principalmente, aprender de su civilización y su sociedad. Ser sus aliados vitalicios y progresar juntos…— Les dije:
—Todo eso está muy bien, pero… ¿Sus tierras…? Ocurrió un desastre y sería muy peligroso que las ocuparan de esa manera…— Me quedé pensando… «¿Será posible…? ¿Será qué después de todo, no era solo una broma…? ¡Será posible que sí volvieron mi deseo realidad…?» Esta vez habló Graretos…
—Su majestad… ¡Por obra de un milagro de los espíritus, nuestras tierras están sanando a un ritmo acelerado e increíble…! ¡Los primeros retoños de vida silvestre han nacido ya! ¡Y en consecuencia, los espíritus qué nos habían abandonado años atrás, han regresado a nuestras ancestrales tierras!— «¡Sí! ¡Sí! ¡Qué gusto! ¡Cumplieron mi deseo! ¡Se los agradezco tanto, Vryn, Vetan, gracias!» Comencé a llorar de alegría…
Vi por un instante a la izquierda del trono… Vetan, Vryn y sus compañeros, levantaban un vaso, saludándome desde la tribuna. Les devolví la mirada e incliné mi cabeza en señal de agradecimiento… Por fin, me puse de pie y dije lo más fuerte y claro que pude:
—¡Canciller, tome nota, por favor! ¡Tres designios reales, serán puestos en función desde este mismo momento!— Lyndon se apresuró a mi lado y dijo:
—¡A sus órdenes, majestad!— Hablé hacia la tribuna…
—El primero… En el reino de Kharsten, está completamente prohibida la esclavitud y la subyugación de la voluntad de los individuos por cualquier medio o forma. Cualquiera que la practique, posea o tenga lucro alguno con cualquiera de sus actividades directas o indirectas, es un enemigo del reino, de los soberanos y del pueblo del Kharsten…— El pueblo entero, estalló en ovaciones… Algunos nobles me vieron de reojo y agregué:
—¡Todos aquellos que tengan en su poder, esclavos, tendrán un plazo de cinco días para ponerlos en libertad, pagando una indemnización de veinte monedas de oro al mismo, por persona!— Nuevamente, una ovación sonó, ensordeciendo el lugar entero… Pedí silencio y dije firmemente:
—Segundo… Declaro el reino de Kharsten, como un lugar libre de discriminación por raza, condición económica, creencia religiosa o preferencias sexuales. Todos son bienvenidos a nuestro reino, siempre y cuando tengan en mente, trabajar, progresar y convivir de una manera comprobadamente honesta. ¡Aquellos que no cumplan con estos lineamientos, serán acreedores a multas, qué irán aumentando en cantidades de múltiplos de diez monedas de oro por cada transgresión!— Nuevamente, la ovación sonó… Agregué:
—En pocas palabras… No importa, sí se trata de un elfo, enano… Quien sea… Todos somos personas y ciudadanos de Kharsten. ¡Y progresaremos juntos de la misma manera!— Todos mis compañeros, me veían orgullosos… Sonreí de gusto al ver sus expresiones y pedí silencio una vez más… Dije:
—Tercero… ¡A partir del día de hoy, las tierras de nuestros vecinos del norte, los virzuk, son provincias del reino de Kharsten, con un gobierno autónomo que será decidido por los líderes de los clanes! Trabajaremos juntos, de la mano, compartiremos con ellos nuestra cultura, nuestra civilización y respetaremos sus costumbres y creencias. Seguramente se darán cuenta, ¡qué es un trato beneficioso para ambas partes, nuevas fuentes de trabajo, nuevas tierras que cultivar y muchas cosas que compartir, pero siempre con respeto!
Varreth, Graretos y Thorak, se inclinaron nuevamente y agradecieron… La gente aplaudía, enardecida… Estaba contenta por esa nueva era que se acercaba al reino. Me quedé ensimismada, pensando… «Tantas cosas han pasado desde aquel lluvioso día que estaba fuera de la torre, en busca de la fuerza para poder seguir adelante… ¡Ha sido un viaje maravilloso! ¡No me detendré ahora! Por un tiempo toca estar aquí y tratar de hacer las cosas mejores para todos, pero después… ¿Quién sabe? ¡Quiero volver a salir de aventura, pelear contra peligrosos monstruos, jugar, reír y convivir con mis compañeros mucho tiempo más!» Suspiré aliviada… Saludé a mis compañeros y a la gente del pueblo con una mueca de satisfacción y esa sonrisa de tonta… ¡Esa sonrisa qué me ha acompañado desde niña!
FIN…?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com