Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 37
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Capítulo 37: Epílogo 1…
Epilogo I.
Algún tiempo después…
Una tarde más, común y corriente… Aunque algo me tenía nervioso. Tenía esa sensación inminente de que algo especial ocurriría ese día… Revisaba el entrenamiento de las niñas… «Tienen potencial, pero… Me siento como sí estuviera pelando una cebolla. Quito una capa tras otra y algo me dice, que la siguiente que quite, me dejará por fin, ver eso que busco, pero… Nada, solo otra promesa. Creo que después de haber enseñado a dos niñas tan especiales, es difícil que cualquiera las pueda superar… Tal vez, el problema es mío y no de ellas… No quiero que me malentiendan, para su edad, para sus condiciones, son magníficas, pero simplemente no puedo encontrar esa luz, que encontré en Arlinne y Lianne…»
«Seguramente estas niñas, serán también espléndidas hechiceras, pero solo eso y nada más… ¿Me pregunto…? ¿Cuánto tardarán, Lianne y Arlinne, en descifrar los pergaminos…? ¿Debería ayudarlas aún más…? ¡Jajaja! No quiero ni pensar que pasará, sí el guardabosque se entera de lo que hice… ¿Me regañará como cuando ambos éramos chiquillos, por imprudente…? ¡Jajaja! ¡Definitivamente, no! Deben de hacerlo solas… No tendría ningún valor de lo contrario. Además se ve que tienen las manos llenas, al menos de momento, especialmente Arlinne…»
«Al final, todo se resolvió… Me alegro de no haber intervenido. Se hizo lo que se tenía que hacer, sí bien con el fino toque de Arlinne, pero todo en orden… ¡Jajaja!» Seline me llamaba, desesperada…
—¡Maestro, maestro! ¡Tocan a la puerta, qué no me escucha?— «¡Eh?» Le dije:
—¡Por qué no, me avisan…?— Ella giró sus ojos, tras su cabeza y dijo:
—¡Se lo estoy diciendo hace rato!— Le dije:
—¡Ya! ¡Ya! Sigan en lo que están, iré a ver de que se trata…— Bajé las escaleras, pensando… «¿Quién puede ser? ¿Quién pudo encontrar la torre?»
Llegué hasta la puerta, la abrí y pude observar a una chica élfica, bastante joven… Tal vez, unos sesenta o setenta años de edad… «¡Muy bien formadita, por cierto…!» Venía con un par de chiquillos y una niña… Los niños humanos y la pequeñita, medio elfa. Le dije:
—¿Sí? Buenas tardes, jovencita… ¿Les puedo ayudar en algo?— Ella dijo, inclinándose: —Buenas tardes… ¿Es usted el hechicero azul?— Atravesé el umbral de la puerta hacia el exterior, era más o menos, medio día… Le dije, mientras hacía sombra con mi mano para evitar el reflejo de la luz del sol:
—Solía serlo… Alguien más lleva ahora ese título.— Ella dijo, aliviando su respiración y poniendo su mano sobre su pecho:
—¡Al fin…! Mi nombre es Kalya de Yellowood, aspirante a aprendiz del guardabosque. Disculpe la molestia, pero él dijo que debía encontrarme aquí con él, después de hablar con usted.— Le dije con tranquilidad, mientras la sensación inminente de peligro se acrecentaba en mi pecho:
—Ya veo… ¡Jajaja! Pues él no está aún en este lugar… Ahora, les recomiendo que se pongan a salvo…
Una ráfaga oscura, corrió desde la playa, directamente hacia mí… Un conjuro destructivo y ruin, lleno de odio y engaño, conmigo por objetivo. «Desafortunadamente para el lanzador… ¡Esto no es más, que un simple truco para mí!» Me adelanté unos cuantos pasos, para cubrir a los niños y disipé la ráfaga al vuelo, antes de que siquiera pudiera hacer contacto con el aire que respiro… Una risa vil sonó en el lugar y dijo:
—Ya veo… ¡Jajaja! ¡Nada mal para un anciano…! ¡Ahora veo, porque esas imbéciles son tan poderosas para su edad!— Una mujer se materializó frente a mí… Largo y rizado, cabello negro, ojos del mismo color, piel clara y un semblante malévolo y desquiciado. La figura femenina agregó:
—¡Así comenzaré mi venganza! ¡Asesinándote, viejo! ¡Asesinando uno a uno, a sus seres queridos!— Sonreí tranquilamente… Ella podía canalizar a voluntad, nada sorprendente para alguien que se hizo pasar por un dios, pero… ¡Nada más aburrido para mí!
Estiró su mano y me señaló abriendo su puño, lista a ejecutar su conjuro al momento que se cerrase, pero… Eso jamás pasó. Con un ligero pase de mis dedos y una evocación en mi mente, se quedó paralizada, al igual que el tiempo alrededor de nosotros…
Me acerqué traviesamente, caminando alrededor de ella, mientras acariciaba la barba de mi mentón… Le dije:
—¿Y tu conjuro, hechicera…? ¿Qué pasa…? ¡Oh! ¡Perdón! Lo olvidé por un momento… ¡Eres insignificante para alguien como yo! ¡Jajaja!— Ella, apenas y podía mover sus ojos, con un esfuerzo digno de una voluntad de hierro… Agregué:
—Lamento decepcionarte, pero no soy un anciano cualquiera…— Escuché una voz muy familiar, que venía de entre los matorrales…
—¡Qué esperas, hechicero? ¡Evapórala! Personas como ella, son como un tumor en este universo. ¡Tuerce su alma, evapora su espíritu y que su cuerpo caiga al piso inerte, para bien pudrirse, así le regresará un poco a este mundo, después de todo lo que le ha quitado!— Le dije a la mujer en secreto, mientras seguía inmóvil, atrapada en mi distorsión temporal:
—Lo siento, mi compañero el guardabosques, es un poco impaciente… La paciencia jamás ha sido una de sus virtudes, menos con personas como tú…— Le dije al guardabosques, que ya estaba enfrente de nosotros:
—Calma, calma… Para mí no significa nada, acabar con una persona como ella, solo déjame darle un par de consejos, como el sabio que represento y después volveremos a nuestros asuntos, que aunque los desconozco, estoy seguro son muchas veces más importantes que ella.— Le dije al oído:
—Creo que ha sido suficiente… Acepta tu derrota, acorta tus perdidas, recoge lo que sobró y lárgate de aquí… ¡Jamás permitiré que pongas un solo dedo sobre Arlinne y sus amigos, mientras yo esté en este mundo!— Comencé a reír y agregué:
—¡Jajaja! Te dejaré ir por esta vez, pero primero el segundo consejo… No quiero que lo tomes como una amenaza, más bien es un consejo de vida. Olvídate de lo que pasó aquí, recapacita, dedícate a aprender y observar… Porque el día de hoy, yo te dejaré ir, pero en un futuro, sí sigues con tu fijación en Arlinne… Tal vez años, tal vez décadas, estoy convencido, que ella no se lo tomará tan a la ligera, sí se encuentran en persona…
Finalicé mi conjuro… La mujer lloraba amargamente, llena de odio y frustración. Frunció su gesto, dio media vuelta y desapareció frente a nosotros. El guardabosque dijo, negando:
—Al final, la has dejado ir… Para que vaya a otro mundo y lo envenene, ¿cómo intentó hacer aquí?— Le dije:
—Lo sé… ¿Sabes? Al final he entendido, que gente como ella, también es importante… Gente como ella, hace que las buenas personas, se levanten, se unan y luchen… Además, algo me dice, que por un tiempo estará tranquila… Ojalá, aprenda su lección.— Él dijo:
—Lo dudo…— Reí, mientras volteaba al otro lado y le cambiaba el tema…
—¡Jajaja! ¿Así qué por fin, has decidido volver a tomar aprendices?— Él dijo, también olvidando el asunto:
—¡Sí! ¿Qué te parece…?— Observé a la chica élfica, aún bajo el efecto de mi conjuro, quien abrazaba a los niños para protegerlos… Le dije a mi amigo:
—Me parece que tiene lo que se necesita.— Él dijo:
—Sí, es lo que veo, ahora estoy convencido. ¿Podrías terminar tu efecto por completo?— Le dije:
—Espera, solo un momento… Tengo algo que decirte y mejor que nadie más se entere.— Él me vio, extrañado y dijo:
—¿Es tan importante y al mismo tiempo, fácil de entender, cómo para que no lo escuchen estos chiquillos?— Le dije:
—Jejeje… Es solo que… Verás… De alguna forma, llegaron a Arlinne y Lianne, algunos pergaminos con, tú ya sabes que… Mmmh… Tú sabes a lo que me refiero…— Él acarició su mentón y sin siquiera cambiar su expresión, dijo:
—¿Y quieres que me trague, qué tú no se los diste…? ¿Qué solo aparecieron en sus bolsos o algo así?
—Pues… Tal vez, sí tenga algo que ver con ello…— Él dijo:
—¿Por qué me das explicaciones…? No soy tu papá, ni nada por el estilo… Sí, tú consideras que deben tenerlos, ¡listo! ¡Ya está! Tú sabes lo que haces.— Le dije:
—Igual que siempre… Al menos, ¿dime que hubieras hecho tú en mi lugar?— Él sonrió y dijo:
—Primero, matar a esa perra que acabas de dejar ir. Segundo, dárselos a Arlinne y sus amigos. Tercero, no darte explicaciones, ¿contento?— Comencé a reír a carcajadas y disipé por completo los efectos que aún quedaban de mi conjuro… Volteé con la chica élfica y los niños y dije:
—¡Jajaja! Han venido por ustedes, dense prisa… ¡Jajaja!
La chica volvió a la realidad y dijo, espantada:
—¡Pero…! ¡Pero…! ¡Ese haz de luz y…?— Mi amigo, dijo:
—No pasa nada… ¡Venga ya, Kalya! Vámonos, querías ser mi aprendiz, ¿no? Pues es la única oportunidad que tendrás.— Ella dijo, emocionada:
—¡Es en serio…? ¡Por fin, después de tantas pruebas y todo! ¡Dónde me mandaba de un lugar a otro sin sentido alguno!— Me entrometí y dije:
—Todo tiene un porqué…— Y él agregó:
—¡Lo ves…! El anciano es sabio, ahora vámonos… ¡Ah! Por cierto… Ser mi aprendiz, trae consigo algunas cosas implícitas… La primera, es que te llamaré Kaly, no me importa si te gusta o no, de ahora en adelante ese será tu nombre. Segundo, alguien me tiene que ayudar con esos niños, serán por completo tu responsabilidad y tercero, me ayudarás en todo lo que se necesite, desde lavar ropa, cazar, recolectar y así… Serás por así decirlo, como mi concubina, ¿estás de acuerdo?— La chica dijo, sonrojándose:
—¡Concubina…?— Y el guardabosque contestó golpeadamente:
—Sí, concubina, ¿algún problema con eso?— Ella dijo con una voz muy bajita:
—No, ninguno…— Él dijo:
—Entonces, no se diga más… Hechicero, un placer como siempre…— Lo saludé con la mirada, mientras él y sus nuevas consignas, se alejaban por el camino… Reía en mi interior… «¡Jajaja! No cabe duda que las cosas, realmente nunca cambian…»
Epilogo II.
Un poco más de tiempo después…
«¡Pfff! ¡Qué día! ¡Toda la tarde recibiendo gente! ¡Para colmo, hoy ni siquiera pude tomar mi siesta…!» Por fin, se cerraron las puertas de la sala del trono y Lyndon dijo:
—Buen trabajo, sus majestades. Del resto, puedo hacerme cargo por mi cuenta…— Nos interrumpió uno de los guardias, quien le dijo algo de manera muy discreta… Lyndon afirmaba al guardia, para terminar diciendo que lo esperara… Lyndon se dirigió a nosotros y dijo:
—Sus majestades, hay dos personas que desean verlos, son amistades de ustedes. Su eminencia, lady Mirent y lady Desner.— «¡Gulp!» La sangre se me heló en todo el cuerpo, algo no estaba bien… Tenía rato que no las veíamos, casi sesenta días, seguían viviendo en la ciudad por recomendación mía, pero… «Estoy segura de que esto se trata de otra cosa, sí lo que pienso es correcto, traerán algo más consigo…»
Suspiré con miedo, mientras Ray se había quedado completamente en silencio, viendo hacia el piso… Lyndon dijo, muy serio:
—Pero… Me han preguntado antes de recibirlas, porque viene alguien más con ellas…— Le dije, asustada:
—¿Alguien más…? ¿De quién se trata?— Él dijo, inmutable:
—De un par de niños de brazos…— «¡Zas…!» Comencé a tallar mi cara con mi mano… Lyndon como un viejo sabueso, dijo:
—Su majestad, sí gusta, podemos negarles el paso en lo que usted y su majestad, piensan las cosas…— Resoplé y le dije serenamente:
—No, hazlas pasar… Solo que, por lo que más quieras, que nadie más esté cerca. Discreción absoluta, por favor, Lyndon.— Él dibujó una sonrisa en su rostro y dijo:
—Lo entiendo, su majestad, enseguida estarán con ustedes…
Ray y yo, nos vimos a los ojos, sin pronunciar palabra… Al fin, él dijo:
—¿Y bien…? Pospusimos esto por tanto tiempo, que ni siquiera resolvimos nada…— Le dije:
—Déjamelo a mí, tengo una idea… Por ahora, veamos los panquecitos, yo me encargaré de lo demás…
Las puertas se abrieron… Ana y Miranda, pasaron con los niños en brazos y se volvieron a cerrar tras de ellas. Lyndon regresó al interior por la puerta lateral y la cerró por dentro, quedándose a la expectativa, lejos de nosotros… Ambos, nos pusimos de pie y alejados unos pasos el uno del otro, recibimos nuestras respectivas bendiciones…
Ana me dijo, alegre:
—¡Su majestad, mire…! ¡Una sorpresita!— Y río discretamente… Tallé mi rostro con mi mano, en especial mis ojos, para acercarlo hasta la pequeña figura en sus brazos… Ella dijo: —¡Le atinaste, es un niño, un varoncito, es Arel!— Lo vi fijamente y mi corazón se desquebrajó a pedazos… «¡Qué linda criaturita! ¡Arel…?» Me sentí profundamente orgullosa… Las lágrimas comenzaron a brotar sin querer desde mis ojos, solo pude abrazarlos a los dos… Con cuidado, sin apretar demasiado. Le dije, sin pensarlo:
—¡Gracias!— Ella me apartó un poquito y dijo, sonriendo:
—¡Gracias a ti! ¿Quieres cargarlo…?— Asentí gustosa… Lo pasó con mucho cuidado a mis brazos. Era tan liviano, tan cálido… Dormía plácidamente, sin importarle la más mínima circunstancia. Ana rio y dijo:
—Se parece mucho a su papá… Es un dormilón y un chillón. ¡Jijiji! Cuando no duerme, llora… ¡A claro, con excepción de cuando está comiendo! ¡Jijiji!— Se lo regresé un poco asustada y le dije:
—¡Lo siento! ¡No quiero despertarlo!— Ella dijo:
—No pasa nada…— Y lo recibió de nueva cuenta en sus brazos.
Aclaré mi voz y le dije:
—Muy bien, cumpliré mi promesa… No les faltará nada a ustedes cuatro. Permíteme un momento…— Volví con Lyndon, con una sonrisa que difícilmente se podía disimular y le dije en voz baja:
—Lyndon, yo sé que esto a tus ojos, puede ser impropio, pero… ¡Necesito que me hagas un favor! Nunca antes he pedido nada, ni siquiera cuando su majestad, Lenor, en paz descanse, seguía aún con nosotros… ¡Por eso te pido, ayúdame a garantizar el futuro de estos niños y sus madres!— Él se quedó pensando por un instante y dijo, sin ninguna expresión en su rostro:
—Por supuesto, su majestad, así será. ¿Qué tan lejos o cerca, los quiere de usted?— Le dije, un poco molesta:
—Cerca, obvio… ¿Qué clase de pregunta es esa?— Él agregó:
—¿Le gustaría qué ese pequeñín tenga derecho al trono?— Le dije tajantemente:
—¡No! Nosotros aquí somos solo invitados… Algún día la reina de Kharsten será la princesa Linna.— Él dijo, esta vez sonriendo:
—Entiendo… Me complacerá mucho el poder ayudarla, su majestad… Y creo que tengo la solución ideal para esta situación.— Le dije:
—¡Sí? ¡Qué alegría, dime!— Él dijo, acariciando su mentón:
—El antiguo marquesinato de Estramberg, estaba compuesto por tres territorios… Uno de ellos, ya ha sido asignado a los territorios del condado de Berios. Pero los otros dos, siguen en espera de un nuevo gobernante… Por el momento, han estado administrados por la corona, con la ayuda del conde de Berios…— Me quedé con la boca abierta y él agregó:
—Haré que todo esté listo para que la marquesa de Mirent y la marquesa de Desner, ocupen el cargo en los siguientes días… El antiguo castillo de Estramberg está listo para recibir a sus nuevos ocupantes.— Lo abracé saltando y le dije, llena de alegría:
—¡Gracias, Lyndon! ¡Muchas gracias, te debo mucho!— Él dijo, un poco sobrepasado por mi muestra de afecto:
—No tiene nada que agradecer, su majestad… Es nuestro reino, el que le debe todo. ¿Pero, está segura qué no quiere que llegado el momento ese niño sea el rey…?
Le dije con el corazón en la mano:
—¡No! Como te dije, nosotros solo somos invitados… Arel deberá seguir su propio camino, cualquiera que él escoja. Algo me dice, que algún día, será reconocido en estas tierras por sus propios méritos… ¡Jijiji!
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