Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 38
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Capítulo 38: Epílogo 2…
Epilogo II.
Un poco más de tiempo después…
«¡Pfff! ¡Qué día! ¡Toda la tarde recibiendo gente! ¡Para colmo, hoy ni siquiera pude tomar mi siesta…!» Por fin, se cerraron las puertas de la sala del trono y Lyndon dijo:
—Buen trabajo, sus majestades. Del resto, puedo hacerme cargo por mi cuenta…— Nos interrumpió uno de los guardias, quien le dijo algo de manera muy discreta… Lyndon afirmaba al guardia, para terminar diciendo que lo esperara… Lyndon se dirigió a nosotros y dijo:
—Sus majestades, hay dos personas que desean verlos, son amistades de ustedes. Su eminencia, lady Mirent y lady Desner.— «¡Gulp!» La sangre se me heló en todo el cuerpo, algo no estaba bien… Tenía rato que no las veíamos, casi sesenta días, seguían viviendo en la ciudad por recomendación mía, pero… «Estoy segura de que esto se trata de otra cosa, sí lo que pienso es correcto, traerán algo más consigo…»
Suspiré con miedo, mientras Ray se había quedado completamente en silencio, viendo hacia el piso… Lyndon dijo, muy serio:
—Pero… Me han preguntado antes de recibirlas, porque viene alguien más con ellas…— Le dije, asustada:
—¿Alguien más…? ¿De quién se trata?— Él dijo, inmutable:
—De un par de niños de brazos…— «¡Zas…!» Comencé a tallar mi cara con mi mano… Lyndon como un viejo sabueso, dijo:
—Su majestad, sí gusta, podemos negarles el paso en lo que usted y su majestad, piensan las cosas…— Resoplé y le dije serenamente:
—No, hazlas pasar… Solo que, por lo que más quieras, que nadie más esté cerca. Discreción absoluta, por favor, Lyndon.— Él dibujó una sonrisa en su rostro y dijo:
—Lo entiendo, su majestad, enseguida estarán con ustedes…
Ray y yo, nos vimos a los ojos, sin pronunciar palabra… Al fin, él dijo:
—¿Y bien…? Pospusimos esto por tanto tiempo, que ni siquiera resolvimos nada…— Le dije:
—Déjamelo a mí, tengo una idea… Por ahora, veamos los panquecitos, yo me encargaré de lo demás…
Las puertas se abrieron… Ana y Miranda, pasaron con los niños en brazos y se volvieron a cerrar tras de ellas. Lyndon regresó al interior por la puerta lateral y la cerró por dentro, quedándose a la expectativa, lejos de nosotros… Ambos, nos pusimos de pie y alejados unos pasos el uno del otro, recibimos nuestras respectivas bendiciones…
Ana me dijo, alegre:
—¡Su majestad, mire…! ¡Una sorpresita!— Y río discretamente… Tallé mi rostro con mi mano, en especial mis ojos, para acercarlo hasta la pequeña figura en sus brazos… Ella dijo: —¡Le atinaste, es un niño, un varoncito, es Arel!— Lo vi fijamente y mi corazón se desquebrajó a pedazos… «¡Qué linda criaturita! ¡Arel…?» Me sentí profundamente orgullosa… Las lágrimas comenzaron a brotar sin querer desde mis ojos, solo pude abrazarlos a los dos… Con cuidado, sin apretar demasiado. Le dije, sin pensarlo:
—¡Gracias!— Ella me apartó un poquito y dijo, sonriendo:
—¡Gracias a ti! ¿Quieres cargarlo…?— Asentí gustosa… Lo pasó con mucho cuidado a mis brazos. Era tan liviano, tan cálido… Dormía plácidamente, sin importarle la más mínima circunstancia. Ana rio y dijo:
—Se parece mucho a su papá… Es un dormilón y un chillón. ¡Jijiji! Cuando no duerme, llora… ¡A claro, con excepción de cuando está comiendo! ¡Jijiji!— Se lo regresé un poco asustada y le dije:
—¡Lo siento! ¡No quiero despertarlo!— Ella dijo:
—No pasa nada…— Y lo recibió de nueva cuenta en sus brazos.
Aclaré mi voz y le dije:
—Muy bien, cumpliré mi promesa… No les faltará nada a ustedes cuatro. Permíteme un momento…— Volví con Lyndon, con una sonrisa que difícilmente se podía disimular y le dije en voz baja:
—Lyndon, yo sé que esto a tus ojos, puede ser impropio, pero… ¡Necesito que me hagas un favor! Nunca antes he pedido nada, ni siquiera cuando su majestad, Lenor, en paz descanse, seguía aún con nosotros… ¡Por eso te pido, ayúdame a garantizar el futuro de estos niños y sus madres!— Él se quedó pensando por un instante y dijo, sin ninguna expresión en su rostro:
—Por supuesto, su majestad, así será. ¿Qué tan lejos o cerca, los quiere de usted?— Le dije, un poco molesta:
—Cerca, obvio… ¿Qué clase de pregunta es esa?— Él agregó:
—¿Le gustaría qué ese pequeñín tenga derecho al trono?— Le dije tajantemente:
—¡No! Nosotros aquí somos solo invitados… Algún día la reina de Kharsten será la princesa Linna.— Él dijo, esta vez sonriendo:
—Entiendo… Me complacerá mucho el poder ayudarla, su majestad… Y creo que tengo la solución ideal para esta situación.— Le dije:
—¡Sí? ¡Qué alegría, dime!— Él dijo, acariciando su mentón:
—El antiguo marquesinato de Estramberg, estaba compuesto por tres territorios… Uno de ellos, ya ha sido asignado a los territorios del condado de Berios. Pero los otros dos, siguen en espera de un nuevo gobernante… Por el momento, han estado administrados por la corona, con la ayuda del conde de Berios…— Me quedé con la boca abierta y él agregó:
—Haré que todo esté listo para que la marquesa de Mirent y la marquesa de Desner, ocupen el cargo en los siguientes días… El antiguo castillo de Estramberg está listo para recibir a sus nuevos ocupantes.— Lo abracé saltando y le dije, llena de alegría:
—¡Gracias, Lyndon! ¡Muchas gracias, te debo mucho!— Él dijo, un poco sobrepasado por mi muestra de afecto:
—No tiene nada que agradecer, su majestad… Es nuestro reino, el que le debe todo. ¿Pero, está segura qué no quiere que llegado el momento ese niño sea el rey…?
Le dije con el corazón en la mano:
—¡No! Como te dije, nosotros solo somos invitados… Arel deberá seguir su propio camino, cualquiera que él escoja. Algo me dice, que algún día, será reconocido en estas tierras por sus propios méritos… ¡Jijiji!
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