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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 39

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Capítulo 39: Epílogo 3…

Epilogo III.

Mucho tiempo después…

«¡Bleeh…! ¡Estoy harta de esto! No puedo más… ¡Esto es insufrible!» Me puse de pie para tomar un poco de aire fresco a través de la ventana, pero Lianne berreó al instante…

—¿Para dónde, renacuajo? ¡Deja de estar haciéndote pendeja, nos vas a tener aquí toda la noche!— Le dije, tratando de esconder mi hastió sin lograrlo:

—Calma… Que personita tan fea. Solo quiero un poco de aire fresco…— Ella replicó:

—¡Es la cuarta vez en un rato, qué te paras en la ventana a tomar el aire fresco!— Le dije: —Pues sí… ¡Qué quieres, tengo calor!— Suspiré profundamente y al final, me sinceré…

—Esto es insoportable, ¿no puedo solo firmar y sellarlos todos para irnos a dormir?— Lyndon dijo, exasperado:

—¡Su majestad…?— Camille solamente negó a ambos lados en silencio… «¡Pfff!»

Me volví a sentar a la mesa, junto a la pila de asuntos oficiales que debía revisar y autorizar o inhibir… Les dije, muy molesta:

—¡De qué sirve que hayamos creado todas esas instituciones de gobierno? ¡Sí al puto final del día, yo tengo que ver todas y cada una de las cosas que pasan aquí! Pfff…— Camille por fin, estalló y dijo:

—¡Arlinne…? ¡Ponte seria, deja el berrinche para después! ¿Por qué siempre al final de la estación, tenemos que estar hasta la madrugada, haciendo lo que debimos hacer día a día?— Mi enojo se desquebrajó e hice una cara de puchero con un par de lágrimas sobre mis mejillas… Dije, gimoteando:

—¡No me regañen…!— Para después, bostezar y decir:

—Está bien… Ya voy, ya voy. Lyndon, el siguiente, por favor…— Lyndon tomó la siguiente cuestión y la explicó a detalle… Algo, acerca de casas de apuestas y prostitución… Mi mente volaba, tenía sueño, solo quería dormir a pierna suelta… Por fin, terminó y dijo:

—¿Su majestad?— Contesté como me vino a la mente y dije:

—Pfff… Las apuestas y la prostitución, son cosas feitas, pero… Simplemente no se pueden erradicar, porque cumplen con necesidades de las personas… Yo digo que dejemos de gastar recursos para combatirlas, es una lucha que nunca vamos a ganar y mejor las regulemos… Así será mucho más seguro para todas las personas implicadas y de paso, el estado se puede llevar una tajada con los impuestos…

Todos se quedaron observándome, con excepción de Penny, que dormía desparpajada con sus brazos y cabeza, apoyados sobre la mesa… Les dije:

—¡Sí! Miren… La verdad, sí lo prohibimos, solo haremos que las mafias tengan el control por completo y lo regularán de manera clandestina… Mejor que esas mafias, paguen sus impuestos y tengan en la mente, que el gobierno los observa, así no abusarán y harán lo posible por mantener las cosas lo más limpias posible.— Lianne dijo:

—Tiene sentido… La reina tiene razón a mi parecer.— Camille dijo:

—Pues… Por muy poco que me guste la idea, la realidad es que no carece de verdad. Estoy de acuerdo, solo que se garanticen ciertas condiciones para las personas que prestan dichos servicios.— Lyndon dijo:

—Muy bien, entonces, lo pasaré así a las cámaras para su aprobación inicial y después se forme un marco legislativo…— Nos interrumpió el sonido de la puerta… Penny se despertó y se puso de pie como un relámpago, para ir a atender la puerta. Eran Grand y su majestad, les dije, tratando de escabullirme:

—¡Oh, oh! Creo que su majestad, solicita mi presencia… Bien. Lyndon, lo dejaremos para mañana, buenas noches a todos.— Corrí a sus brazos…

Él me recibió en sus brazos y dijo:

—No se preocupe, su majestad, solo pasamos a saludar. No queremos intervenir en ningún asunto importante, pueden continuar.— Le hice una seña para que se callara y le pellizqué debajo del brazo, pero… Era demasiado tarde, Lianne dijo:

—¡Renacuajo? ¡No te hagas…!— «¡Noooo! ¡Traicionada por el amor de mi vida!» Lo vi feo y regresé cabizbaja a la mesa, como un condenado que va a la horca…

Reanudamos nuestra actividad y justo, cuando Lyndon iba a comenzar a leer el siguiente asunto, y Ray y Grand, se disponían a despedirse, oímos la puerta nuevamente… Esta vez, unos golpecillos mucho más ligeros y una voz que decía:

—¿Mamá, papá, están ahí? ¿Puedo pasar?— «¡Sí! ¡Mi oportunidad!» Salí volando, abrí la puerta y Linna se lanzó a mis brazos, llorando…

—Mamá, papá, no puedo dormir… ¡Tengo miedo! ¿Puedo dormir con ustedes?— «¡Jijiji!» Le dije con una sonrisa para tranquilizarla:

—Sí, mi chiquita. Ven, vayamos a la camita…— Los vi una vez más, antes de disponerme a salir de la habitación y dije:

—Ustedes disculpen, mis deberes de madre me llaman, pero… Pueden continuar, con gusto sellaré y firmaré todo lo necesario, el día de mañana.— Alcé a Linna en brazos, pero el destino me jugaría una última pasada… Linna dijo:

—Mamá, sí estás ocupada, puedo ir con papá, mientras…— «¡Eh? ¡No! ¡Qué…?» De inmediato, ella se lanzó a los brazos de Ray, mientras decía:

—¡Sí! ¡Papi! ¡Jijiji! ¡Te quiero mucho!— Él dijo:

—Sí, mi ranita, yo también te quiero mucho. Despídete de tus tías y de Lyndon, ¡nos vamos!— Todo pasaba muy rápido frente a mis ojos… En un segundo, estaba atorada en la misma situación…

Lianne, Camille y Penny, reían a mis costillas… Mientras, yo amargamente pensaba, al caminar de nueva cuenta rumbo a la silla… «¡Traicionada! ¡Por la propia hija de mis entrañas! ¡Buuu…!» Cansadamente navegué por todos los asuntos oficiales hasta muy entrada la madrugada, cuando por fin, terminamos…

Camille y Penny, se fueron volando, Lyndon se despidió amenazándome con que no me despertara muy tarde a la mañana siguiente y por fin… Me quedé a solas con Lianne. Me puse de pie y le dije, enojada:

—¡Lo ves? ¡Por eso no quería ser la reina! ¡Tengo sueño, hambre, ganas de orinar, sed y todo lo que se pueda tener! ¡Me arden los ojos y…!— Ella me interrumpió y dijo:

—Ya renacuajo, no pasa nada…— Agregué:

—Además… Casi ni hemos tenido tiempo para salir de aventura… Solo unas cuantas veces y a escondidas, ¡qué horror!— Ella dijo traviesamente:

—¡Jijiji! Eso cambiará, te lo aseguro…— Me quedé intrigada y antes de salir de la habitación, la tomé del brazo y le pregunté:

—¿Por qué…?

Ella hizo un gesto, como sí hubiera esperado toda la noche para que le preguntara eso… Cerró la puerta, me condujo del brazo de nueva cuenta hasta la silla y dijo:

—Renacuajo… ¿Qué dirías, si te dijera, que podrías aventurar por muchos, muchos años, no solo aquí en este mundo, sino en incontables lugares muy lejos de aquí…?— Le dije:

—Te diría… ¡Qué de nada me sirve, sí soy una anciana, me voy a morir de un esfuerzo!— Ella sonrió y dijo:

—¿Y sí te dijera, que serías tan joven como aquel día que salimos todos juntos de la torre por primera vez…?— Mi sonrisa se iluminó y dije:

—¡De verdad…?— Ella asintió y dijo:

—¡Por fin, he descifrado los pergaminos que nos dejó el maestro! Es algo muy complicado de explicar por ahora, aún me faltan muchos detalles, pero… Te adelanto, ¡será sorprendente!— Le dije:

—¡Guau…! ¡Lo sabía! ¡El maestro no es cualquier viejo!— Ella dijo:

—Y que lo digas… Pero hay algo más, que me parece correcto informarte…

—¿Sí?— Ella dijo:

—Esto es algo muy delicado y debes de entender, que algo como esto debe de pasar desapercibido… No podremos llevar nada, ni a nadie más. Tendremos que dejar atrás a nuestros seres queridos… Solamente, nosotros seis, juntos, hasta que el destino así lo quiera.— Comencé a dudar y dije:

—¿A nadie…?— Ella negó y dijo:

—A nadie.— Suspiré pensando en todas las personas que conformaban mi vida en ese momento y ella dijo:

—La vida seguirá su curso natural para los demás y nosotros nos alejaremos… No podremos y no deberemos intervenir en sus vidas, ¿lo entiendes?— Le dije, entristecida por la idea: —Sí, tiene sentido…— Ella agregó:

—Además… Los lugares que visitemos, no podremos influir directamente en los acontecimientos que ahí se presenten, ni para bien, ni para mal, justo como lo hacía aquí el maestro. Solamente observar… Claro, podremos encargarnos de monstruos y cosas como esas, pero no debemos influir en las civilizaciones de las personas que vivan en esos lugares.— Le dije apresuradamente:

—Pero… ¿Sí las personas están en problemas, la pasan mal o cosas así? No me podré quedar con los brazos cruzados…— Ella dijo:

—Podremos hacer como hacia el maestro, influir indirectamente, pero solo hasta ahí. Las personas deben de ser responsables de sus propios destinos…— Lo pensé muy detenidamente y le dije:

—¡Está bien, suena bien! Sigue adelante, avísame cuando esté listo, pero solo quiero poner dos condiciones… Por favor.— Ella dijo:

—¡Jajaja! ¿Condiciones…? ¿A ver?— Le dije:

—La primera es… Por favor, comparte este conocimiento con Analena.— Ella torció su boca, a punto de negar de primera mano, pero insistí y le dije:

—¡Por favor, si? ¡Por mí!— Siguió negando y dijo:

—Renacuajo… ¡Pfff! ¡Está bien, pero el hecho de que lo comparta con ella, no significa que lo vaya a dominar!— Le dije, sonriendo:

—Sí, lo sé… Eso ya depende de ella.— Ella dijo:

—Está bien… ¿Y la segunda?

—No intervendremos en nada en los lugares que visitemos, con una sola excepción…— Ella dijo:

—¿Cuál es la excepción?— Le dije:

—Con la excepción de que nos pidan ayuda directamente de la forma más sincera y honesta posible… ¡Sí es así, se acabó el secreto! Sí su petición es verdadera… ¡Lo siento mucho, me encargaré de los malvados! ¿Te parece?

—¿Renacuajo…?— Le dije:

—Esas son las condiciones, además… El maestro ya me conoce y como dice el dicho… Sí no le gusta como soy, ¿para qué me invita?— Ella soltó una carcajada y dijo:

—¡Jajaja! ¡Renacuajo! ¡Jajaja! Está bien… Sabía que esto pasaría de todas formas. Muy bien, en cuanto esté más segura de lo que estoy haciendo, lo practicarás y entenderás, junto conmigo, ¡ni creas que todo va a quedar en mis manos! ¡Sí algo me pasa, tiene que haber alguien más que lo domine!

Nos tomamos de las manos emocionadas, sin siquiera imaginar, todas las cosas que vendrían por aquella decisión…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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