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Crónicas de lo Improbable I: Físico. - Capítulo 40

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Capítulo 40: Epílogo 4…

Epilogo IV.

Aún mucho más tiempo después…

«Llegó el momento… ¡Vaya qué estoy nerviosa…!» Lyndon entró apresuradamente a la sala y dijo:

—¡Princesa, todo listo? Se hará el anuncio oficial de su coronación en unos minutos.— Suspiré profundamente y le dije, sonriendo:

—Sí, Lyndon, todo listo… Me gustaría tanto que mi madre estuviera presente en este momento tan importante para mí…— El semblante de Lyndon cambió… Me lanzó una de sus clásicas miradas, que me decía que él sabía algo que yo no… Fue hasta la puerta de la sala, la cerró por dentro, regresó y me dijo:

—Princesa Linna, sus padres estarán con usted de una forma u otra… La reina lo quiso de esta manera. Creo que ha llegado el momento… Tome esta nota, es de su madre, la reina, por favor… Léala.— Lyndon me extendía una nota, sellada con los emblemas de Kharsten… «¡Una nota de mi madre…?» La tomé y abrí apresuradamente, comencé a leer… «Veamos…»

La leí con detenimiento, una y otra vez… Al principio, no creía las palabras que ahí estaban escritas. Me tuve que sentar para poder digerirlas más fácilmente… La terminé de leer una tercera vez… «¿Así qué de eso se trataba…?» Volteé a ver a Lyndon en busca de respuestas… Ni siquiera me puedo imaginar la cara que tenía… Porque Lyndon, inmediatamente comenzó a escudar a mi madre. Dijo:

—Princesa… Debe de entender las circunstancias, de por que nunca le dijeron sus padres nada acerca de este asunto…— Me quedé nuevamente hundida en la carta… Después de un rato de incertidumbre, respiré profundamente y la tranquilidad volvió a mi rostro. Comencé a reír con naturalidad y le dije:

—¡Jajaja! Lyndon… ¡Ya veo! Vaya historia, ¿verdad…? Digna de mi madre, la reina… ¡Jajaja!— Lyndon se quedó desconcertado por mi reacción y dijo:

—Princesa, verá… Debe entender…

—¡Basta, Lyndon! ¡Yo sé que mi madre, nunca me diría una mentira como esta…! Así que… Solo puedo dar por cierto, lo que aquí está escrito…— Lyndon enmudeció un momento y dijo:

—Sí usted no quiere ser la reina de Kharsten, no hay ningún problema… Hay un plan de contingencia para que el gobierno transite de manera pacífica a un gobierno completamente apoyado en los consejos. Solamente le sugiero que acepte el título de reina, por lo menos de manera simbólica…— Le dije con determinación en mis palabras:

—¡Nada de eso, Lyndon! ¡Seré la reina de Kharsten! Lo haré con gusto, por mi madre, mi abuela Lenor y por mi madre natural, la princesa Arthenis… ¡Pero antes que nada, por mi misma, porque así lo deseo!— Él se quedó observándome en silencio… Agregué:

—Estoy agradecida a mi madre biológica por darme la vida, pero… ¡Para mí, mi única madre es y será…! ¡Arlinne de Veranda y mi padre, Ranerd Forthand! Jamás podría pagar todas las enseñanzas y el cariño que me entregaron durante todos estos años…— Las lágrimas comenzaron a inundar mis ojos… Lyndon se acercó con algunas cosas en sus manos y dijo:

—Princesa, por favor… Acepte esto. Es un regalo de su madre para usted…— Abrió una cajita de madera… Era el anillo de mi madre, un anillo de rubí, completamente hecho de oro, con una sola piedra engarzada en el centro… Él dijo:

—Este anillo ha pasado de generación en generación, entre las soberanas de Kharsten y ahora es suyo…— Muchas veces había visto ese anillo en el dedo de mi madre, tan cerca de mí, cuando me cargaba entre brazos, cuando me tomaba de la mano, cuando dormía abrazada a ella por temores infundados e infantiles… Sin dudarlo dos veces, lo tomé de la caja y lo puse en mi dedo, mientras lloraba de alegría… Dije:

—¿Lyndon, quisieras ser el canciller de gobierno nuevamente?— Lyndon se quedó perplejo y dijo, titubeando:

—Su majestad… Yo… Envejezco y nada me haría más feliz, pero ya estoy alcanzando mis sesenta años de edad, no quiero solo estorbarle en mi vejez…— Le dije, riendo:

—¡Jajaja! Nada de eso, los viejos son sabios… Ni siquiera puedo imaginar a alguien más sabio y leal a su patria, como lo eres tú.— Él dejó ver un par de lágrimas en sus ojos y dijo: —Nada me haría más feliz, pero… Me gustaría que mi hijo, Mark, pudiera acompañarnos, usted sabe… Como una garantía, sí yo por alguna causa no pudiera trabajar más, él con gusto podría tomar mi lugar, lleva años aprendiendo… Es magistrado, seguro lo recuerda… Cuando ambos eran niños, solían ser muy cercanos…— Traté de contener mi emoción, pero no pude y dije:

—¡Mark Lyndon…? ¡Sí, claro! ¡Tiene mucho que no lo veo, hace algunos años ya!— Tapé mi boca después de esas palabras que escaparon de mi corazón… Él sonrió y dijo:

—Muy bien, su majestad. Le diré que se presente con usted en estos días, será un gran apoyo y sí yo llego a faltar, él podrá hacerse cargo de las cosas en mi lugar.— Solo pude asentir con una sonrisa de oreja a oreja…

«Por fin, llegó la hora…» Salí a la ceremonia para anunciar mi próxima coronación… Mientras caminaba al estrado, pensaba… «¡Mamá, papá! ¡Muchas gracias! Ahora, yo me haré cargo… Todo el esfuerzo y cariño, que ustedes pusieron para construir esta gran nación, no quedará en vano, ¡se los prometo…!»

*************************

No podía contener el llanto… «¿Hice bien las cosas…? ¿Debí de haber esperado un poco más…? Este es uno de los momentos más importantes de su vida, ¿debí de haber estado a su lado?» Las ovaciones se desataron en la muchedumbre a nuestro alrededor… Todos vitoreaban y coreaban, a la futura reina… Linna I. Lianne me dijo:

—Renacuajo… ¿Segura, fue lo más correcto? Veo que estás sufriendo mucho… Aún podemos ir y acompañarla, al menos por unos días más en lo que es la coronación.— Sequé mis lágrimas con la capucha que ocultaba nuestros rostros y le dije:

—¡Nah…! ¡Es mejor así…!— Y volví a empezar a llorar sin poder contenerme… Ray me abrazó por detrás y me dijo:

—¿Segura…?— No pude más y me hundí en su pecho, diciendo:

—¡Nuestra bebé! ¡Ray…! ¡Por fin, será la reina!— Lloré incontrolablemente por unos minutos, hasta que todo salió… Volví a secar mis lágrimas y les dije:

—¡Perdón…! Ya saben como soy, lo siento…— Respiré profundamente y les dije:

—Bien, yo cumplí con mi parte… Además, no quiero ni pensar que dirían todos, sí nos vieran con esta apariencia… Me veo incluso más joven que ella.— Agregué con una mirada de determinación:

—Las cosas deben de seguir su curso, nosotros hicimos una promesa y aunque en ocasiones me siento profundamente egoísta… Es mejor así. Todo estará bien, aunque no está de más, que les diga… Soy un poco tramposa y la verdad… ¡Jijiji! ¡Siempre estaré al pendiente de Linna, de los chicos y de este pedacito de cielo que nos vio nacer a todos nosotros! ¡Jijiji!— Todos rieron después de mi comentario y casi al mismo tiempo, dijeron al unísono:

—¡Lo sabemos! ¡Jajaja!— Penny me abrazó por la cintura y dijo:

—¿Arlinne…? ¿Entonces?

—¡Jajaja! ¡Espérate, tonta, hace calor!— Como pude me zafé un poco y les dije:

—Estaremos unos días más aquí y luego, pues… No lo sé. Hay tantos lugares que conocer, cosas por descubrir, manjares por degustar… ¡Jijiji!— Lianne dijo:

—¡Ya tengo algo en mente! Podremos visitar algunos lugares que llaman mi atención, seguro nadie se aburrirá… ¡Jajaja!

—Me parece bien, ¿están de acuerdo?— Todos asintieron gustosos… Les dije:

—Bien, pues vayamos por algo fresco, que estoy sudando como un cerdo… ¡Pfff!— Todos rieron y fuimos en busca de algo para beber…

«¡Cuidate mucho, mi niña! Siempre estaré cerca… Sé paciente, inteligente y sagaz, apóyate en Lyndon y por último… No hagas nunca algo, que yo no hubiera hecho…»

Epilogo V.

Aún mucho más tiempo después…

La caverna estaba muy oscura… De no ser por los conjuros de luz de mis compañeras, no habría podido ver nada más allá de mis narices. Comencé a atravesar el puente de roca natural, que unía ambos extremos del camino… Sentía un mal presentimiento. Me detuve sobre mis pasos y volteé en todas direcciones… Miré hacia el piso y ahí estaba… Una moneda de plata, que reflejaba la luz mágica sobre su superficie. Sin pensarlo dos veces, me agaché para recogerla, pero cuál sería mi sorpresa… Justo al inclinarme por completo, una afilada cuchilla, pasó apenas por encima de mi cabeza. Su movimiento en péndulo, dejó un sonido en mis oídos, como sí cortara el mismo aire a su paso…

Tomé la moneda y antes de que la navaja regresara en su movimiento, di un salto hacia atrás con todas las fuerzas de mis piernas… Solo el grito de mis compañeras, rompió mi concentración… Marine gritó:

—¡Arel! ¡Estás bien? ¡No te paso nada? ¡Dime qué no estás lastimado!— Me sujetó por el brazo, mientras revisaba todo mi cuerpo por heridas… A la vez que Irina decía, sujetándome del lado opuesto:

—¡Arel! ¡Eres un necio! ¡Te dijimos que esperaras, en lo que el zángano de Gradel, revisaba por trampas!— Gradel estalló en carcajadas, mientras decía:

—¡Jajajaja! ¡Vaya qué la tienes difícil, Arel! ¡Jajaja! Ni siquiera te rasguñó y ya tienes dos lindas chicas, colgadas de tus brazos, viendo que es lo que te hace falta… ¡Jajaja!— Me quedé en silencio, mientras ellos hacían su acostumbrado espectáculo… Revisé la moneda detenidamente… «¿Mmmh…? ¡Qué extraño!» Marine me dijo, molesta:

—¡Me estás escuchando? ¡Qué no eres consciente? ¡Qué voy a decir a mamá Analena, sí algo te llegará a pasar?

Ese comentario de verdad, me puso a hervir la sangre… «Al final del día… Marine, no es mi hermana. Es como sí fuéramos hermanos, pero no lo somos… Y segundo, ya somos suficientemente mayorcitos como para estar dando preocupaciones a nuestras madres. Por último, esto es lo que a mí me gusta… Ser aventurero. Marine solo está aquí por mi causa…» Volteé a ver a los ojos a Marine, pero todo mi enojo se desvaneció como siempre… Cuando vi esos ojitos llorosos. Estaba genuinamente preocupada por mi bienestar. Solo pude sonreír y tranquilizarla, como era costumbre… Le dije:

—Marine… Calma. No me pasó nada, ¿está bien? Sigamos adelante, debemos encontrar a esas chicas secuestradas… Esta cofradía que se dedica al tráfico de esclavos, tiene sus días contados.— Irina me tomó de la mano y dijo:

—¿Qué es esto?— Le dije, tranquilo, no quería más regaños:

—Es lo que salvó mi vida…— Ella tomó la moneda y dijo:

—¡Es solo una moneda de plata?— Le dije, riendo:

—¡Jajaja! Ni siquiera eso, obsérvala con atención…— Ella la vio con detenimiento y por fin, dijo, entendiendo:

—¡Eh! ¡Tiene dos caras? ¡Para qué? ¿Por qué?— Gradel se acercó y dijo:

—Pues es obvio, ¿no? ¿Para hacer trampa…?— Irina retobó contra Gradel…

—¡Eh! ¡Qué haces aquí? ¡Ya está desarmada la trampa?— Él contestó:

—Todo listo, su eminencia…— Mientras hacia una caravana burlonamente… Ella contestó con un gesto de desdén:

—Espero que así sea, ¿revisaste más adelante, también?— Él dijo:

—Claro… Además desde que entramos, les dije que me dejaran ir al frente… Al final del día, por Arel no estoy preocupado, con esa endiablada suerte que trae consigo, estas pinches trampitas la tienen difícil, pero… Ustedes deben de ser más cuidadosas, ¡por favor!— Irina torció su boca y volteó al lado contrario… No pude más y comencé a reír a carcajadas, mientras ella me devolvía la moneda y yo la echaba a la bolsa de mi pantalón…

—¡Jajaja! Calma, calma… Irina, respeta a Gradel, es mayor que tú… Gradel, pareciera que gozas, haciéndola reventar. ¡Jajaja! Llevémonos bien, ¿sí…?

Seguimos adelante por la caverna… Debíamos por lo menos, liberar a las chicas secuestradas, antes de que estuvieran lejos de nuestro alcance. Me quedé pensando como siempre… «Yo sé que he dicho más de mil veces, que no saber quién es mi padre, me tiene sin cuidado, pero… ¿Cómo sería él…? Mi madre siempre ha dicho, que fue un gran héroe que llevaba mi mismo nombre, pero… ¡Jamás he oído hablar de alguien así! ¡Pfff! No soy nadie para juzgar a mis padres, pero… ¿Qué se traían entre manos cuando eran jóvenes…? Claramente se puede observar, que mi madre y mamá Miranda, son algo más que amigas de toda la vida… Sin mencionar… ¿Qué tiene que ver la tía Arlinne con todo esto…? Supuestamente, ella junto con el tío Ray y todos sus compañeros, son los héroes de Kharsten. La tía Arlinne, incluso fue la reina por mucho tiempo, pero… Realmente, tampoco es mi tía. ¿Qué papel jugaba mi padre en todo esto y con todos ellos…? ¿Por qué marcharse para no volver…?» Una sonrisa se esbozó en mi rostro y pensé… «¡No…! ¿Sería que mi padre era incorregible con las chicas o algo así…? ¿Podría ser que se haya metido con todas ellas y Marine y yo, sí seamos realmente hermanos…? ¿Podría ser que eso le causó problemas con los demás y decidió mejor retirarse…? ¿Pudiera ser que incluso se metiera con la tía Arlinne y saliera de problemas con el tío Ray…?» Mi cabeza daba vueltas… «Lo dudo… Sí cosas como esas hubieran pasado, seguramente no hubieran sido todos tan unidos, después de esas circunstancias…»

«Lo que más me preocupa, es que él, realmente fuera una persona sin escrúpulos con las mujeres… Porque siento que también será mi problema… Cada vez me es más difícil ocultarlo, cada vez me es más difícil conservar la calma… Marine e Irina, me provocan a cada paso que damos y yo, simplemente no puedo resistirlo más… Lo he pensado una y otra vez… ¿Debo de escoger? ¡No puedo…! ¡No puedo escoger entre una de las dos…! ¡Qué clase de hombre soy…? Las deseo a las dos por igual… ¡Las deseo a las dos para mí! ¡Pfff…! A estas alturas es lo único que me detiene… El pensar que le doy la espalda a una por la otra… Cualquiera diría que soy estoico, todo un caballero, pero… ¡Jajaja! Lo que me detiene es solo eso, no tomo a una, por el sufrimiento que causaré en la otra…»

«Bien, es momento de olvidarse de todo este embrollo… Estamos aquí». Le hice una seña a Gradel para que investigara las voces y luces más adelante… Desenfundé mis espadas, mientras las chicas, preparaban sus conjuros… Gradel regresó y con señas, me dijo que eran cinco vigías… «Perfecto, yo me encargaré de dos, dejaré que Gradel embosque a los que pueda y las chicas se hagan cargo del resto con sus conjuros… ¡Papá…! Gracias por darme la vida, desconozco tus circunstancias, pero haré que dondequiera que te encuentres, estés orgulloso de mí…»

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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