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Crónicas de Nadir: La Arquera de los Espíritus y el Maná sin Fin - Capítulo 23

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23: 23-.

Hobgoblin 23: 23-.

Hobgoblin El aire en la profundidad de la cueva se había vuelto denso, cargado de un calor seco que emanaba de las antorchas y fogatas que iluminaban los tramos finales.

El eco de nuestras pisadas, aunque amortiguado por la magia de Joseph, parecía resonar en mi propia conciencia.

Me detuve un momento, sintiendo el peso de mis brazos.

La fatiga de haber disparado decenas de flechas empezaba a pasarme factura.

Clarissa, siempre atenta, notó el ligero temblor en las manos de Ben y la palidez en mi rostro.

Se detuvo y, con un gesto rápido, sacó de su bolsa de cuero varias pociones de cristal pequeño y susurró, repartiendo frascos de color azul vibrante a Joseph y otros de un rojo traslúcido para nosotros.

– Beban esto, no podemos permitirnos entrar a la cámara principal con la energía a medias.

Destapé el frasco de resistencia.

El líquido sabía a hierbas amargas y metal, pero en cuanto bajó por mi garganta, sentí una oleada de calor revitalizante recorrer mis músculos.

Miré mi panel por un segundo, Resistencia: 100/150.

No era el máximo, pero era suficiente para lo que venía.

Al frente, un resplandor anaranjado bañaba las paredes de piedra.

Clarissa cerró el puño y la esfera de luz dorada que nos guiaba se desvaneció en el aire y nos explicó en un murmullo apenas audible.

– Ahorraré maná para las curaciones y los refuerzos de batalla, Joseph, mantén el velo de viento.

Selene, guía el camino.

Avanzamos pegados a las paredes húmedas, aprovechando las sombras que proyectaban las estalagmitas.

Al llegar a la abertura que daba a la cámara principal, el escenario nos dejó sin aliento.

La sala era vasta, un domo natural iluminado por fogatas improvisadas que crepitaban con fuerza.

Al fondo, sobre un estrado de piedra, se alzaba un trono grotesco construido con huesos blanqueados de bestias y, posiblemente, restos humanos.

Sentado en él, devorando con ferocidad una pata de algún animal, se encontraba una mole de músculos verdes y piel curtida por cicatrices.

Era mucho más grande que los guerreros de antes, casi alcanzando los dos metros de altura.

Vestía una armadura de placas oxidadas y a su lado descansaba un espadón mellado que parecía pesar lo mismo que dos hombres.

[Hobgoblin (Jefe) – Nivel 6] Al ver lo que nos esperaba más adelante me sorprendi un poco, pero rapidamente me recompuse y escaneé el interior de la camara por si habia más goblins, pero por suerte solo quedaba el jefe, en ese momento escuche el susurró de Leo, su voz cargada de una tensión gélida – Es un tipo guerrero, si nos alcanza con ese espadón, se acabó.

Clarissa aprovechó que el monstruo aún estaba distraído con su banquete para darnos las últimas indicaciones.

– Ben, Leo, esperen a que Selene y Joseph abran fuego.

En cuanto el Hobgoblin se tambalee, carguen.

Yo mantendré los refuerzos activos.

Selene, esta vez no te guardes nada.

Joseph, usa tus ráfagas para desestabilizarlo…

¡Ahora!

Salí de las sombras con el arco ya tensado.

Esta vez no busqué el sigilo.

Necesitaba potencia pura.

Canalicé mi maná hacia una Flecha de Keon y sentí el zumbido vibrante del Disparo Perforante.

Al mismo tiempo, Joseph extendió sus manos y el aire a nuestro alrededor comenzó a arremolinarse con un silbido violento, ambos soltamos nuestro ataque en cuanto Clarissa exclamó.

– ¡Fuego!.

Solté la cuerda.

La flecha salió disparada como un rayo de luz blanca, cortando el aire con un estruendo que rompió el silencio de la cueva.

Casi al mismo tiempo, Joseph lanzó una Lanza de Viento comprimida.

El Hobgoblin apenas tuvo tiempo de levantar la vista al escuchar el sonido de mi flecha antes de que mi disparo impactara de lleno en su hombro derecho, arrancando un trozo de su placa de armadura y lanzando esquirlas de metal por toda la sala.

La lanza de Joseph lo golpeó en el pecho, obligándolo a retroceder contra su trono de huesos, el cual crujió bajo su peso.

El rugido que soltó la criatura fue ensordecedor.

Se puso en pie, agarrando su espadón con una furia ciega, pero antes de que pudiera dar un paso, volví a atacar, esta vez con una Flecha de Atadura La flecha impactó a sus pies y las lianas mágicas brotaron con fuerza, trepando por sus piernas musculosas.

El Hobgoblin forcejeó, sus músculos se tensaron hasta casi reventar las lianas, al ver esto gritó Clarissa.

– ¡Vanguardia, adelante!

Ben y Leo se lanzaron al ataque.

Sus espadas brillaban con una intensidad dorada gracias a la magia de refuerzo de Clarissa.

Ben se deslizó por debajo del alcance del espadón del jefe, cortando el tendón de su pierna izquierda, mientras Leo asestaba un golpe descendente que chocó contra el brazo protegido del Hobgoblin.

La criatura, recuperándose del shock inicial, barrió el aire con su espadón en un arco horizontal.

Ben apenas logró agacharse, pero Leo fue lanzado hacia atrás por la onda de choque, Clarissa dijo mientras lanzaba un destello de luz a los ojos del monstruo.

– ¡Selene, cuidado, va a cargar!

El Hobgoblin, cegado y furioso, comenzó a cargar en mi dirección, rompiendo las lianas de atadura por pura fuerza bruta.

Cada uno de sus pasos hacía vibrar el suelo, (Es ahora o nunca), pensé.

Esperé hasta que estuvo a menos de cinco metros.

Sus ojos rojos inyectados en sangre fijos en los míos.

Cuando levantó su espadón para partirme en dos, activé el Salto de Evasión.

Mi cuerpo se sintió ligero, casi ingrávido, mientras realizaba una pirueta lateral en el aire.

El espadón impactó contra el suelo donde yo había estado milisegundos antes, levantando una nube de polvo y esquirlas de piedra.

En pleno aire, tensé la cuerda una vez más y dispare un Tiro de Repulsión.

La flecha cargada con energía cinética impactó directamente en el rostro del Hobgoblin.

La explosión de fuerza lo empujó tres metros hacia atrás, justo cuando Joseph lanzaba una ráfaga de viento que lo hizo perder el equilibrio.

El jefe cayó sobre una rodilla, vulnerable y Ben gritó lanzándose de nuevo al ataque junto a Leo para aprovechar la apertura.

Sentí que mi resistencia bajaba tras la cadena de habilidades, pero el Hobgoblin estaba herido de muerte.

La sangre oscura manchaba su cuerpo y su respiración era un estertor ronco.

Habíamos coordinado nuestros ataques como si lleváramos años peleando juntos, pero nopodiamos confiarnos demasiado ya que esto aun no terminaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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