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Crónicas de Nadir: La Arquera de los Espíritus y el Maná sin Fin - Capítulo 24

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24: 24-.

Matando al Hobgoblin 24: 24-.

Matando al Hobgoblin El Hobgoblin estaba acorralado, pero una bestia herida es cuando resulta más peligrosa.

Justo cuando Ben y Leo se lanzaron para asestar el golpe de gracia, los ojos rojos del jefe brillaron con una luminiscencia frenética.

En lugar de defenderse, rugió hacia el techo de la cueva y descargó su espadón con ambas manos contra el suelo de piedra, al ver lo que estaba por hacer Clarissa grito en advertencia.

– ¡Cuidado!.

El impacto no buscaba herir, sino desestabilizar.

Una onda de choque física agrietó el suelo, haciendo que la cueva temblara violentamente.

Ben y Leo, atrapados en mitad de su carrera, perdieron el equilibrio y cayeron de bruces contra las rocas.

El Hobgoblin, ignorando sus propias heridas, levantó su espadón mellado sobre el cuerpo caído de Ben con una velocidad aterradora.

Mientras miraba lo que pasaba el tiempo pareció ralentizarse, no tenía ángulo para un tiro limpio al cuerpo sin arriesgarme a golpear a Ben.

(¡Concentración!), me ordené mientras colocaba una flecha en mi arco lo másrapido que pude y activé el Disparo Perforante.

La flecha salió como un rayo blanco, pero no apunté al monstruo, sino al filo de su espadón justo cuando empezaba a descender.

El impacto del proyectil contra el metal oxidado produjo un estruendo ensordecedor, desviando la trayectoria del arma lo suficiente para que se clavara en el suelo, a escasos centímetros del brazo de Ben.

Sin darle respiro, disparé dos Tiros de Repulsión en rápida sucesión.

Las ondas cinéticas golpearon el pecho del jefe como martillazos invisibles, obligándolo a retroceder tres metros y dándoles a los chicos el segundo necesario para rodar y ponerse en pie, al mismo tiempo Leo rugió, recuperando su guardia.

– ¡Termínalo, Selene!

Ajusté mi postura, tensé la cuerda por última vez y por un instante me pareci escuchar un ligero crujido al hacerlo, apunté directamente al ojo sano del Hobgoblin mientras este intentaba arrancar su arma del suelo y solte un Disparo Perforante.

La flecha atravesó el aire y el cráneo de la criatura con una facilidad escalofriante.

El Hobgoblin se tensó, su espadón cayó de sus manos y finalmente, su enorme cuerpo impactó contra el suelo, levantando una nube de polvo final.

El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por nuestras respiraciones agitadas.

Clarissa se movió rápido, envolviendo a Ben y Leo en una luz dorada para cerrar los rasguños de la caída.

Una vez confirmada la muerte del jefe, Joseph revisó los alrededores del trono y las cajas cercanas.

Sin embargo, tras unos minutos, negó con la cabeza y escuche que Joseph decir con desdén.

– Solo basura, trapos viejos y carne podrida, no hay tesoros aquí.

Clarissa asintió, manteniendo la calma profesional.

– Joseph, saca todos los cuerpos, necesitamos las pruebas.

El proceso fue metódico y algo sombrío.

Joseph fue liberando los 28 cadáveres de su espacio mientras Ben y Leo procedían a cortar las orejas derechas de cada uno colocandolas en una bolsa de tela que Clarissa les dio.

Cuando llegaron al jefe, Clarissa no solo tomó la oreja, sino que usó una daga para abrir con cuidado la cavidad torácica y explicó mientras buscaba entre el tejido.

– A veces, los líderes desarrollan un núcleo…

Aquí está.

Extrajo un cristal del tamaño de una nuez, de un color marrón terroso y opaco.

La piedra parecía vibrar con una energía pesada.

– Es una Piedra de Energía de Tipo Tierra…

Clarissa se acerco a nosotros, mostrándola al grupo.

Luego, su mirada se posó en mí.

– Chicos, Selene fue quien salvó a Ben y quien mantuvo el control de la pelea desde el inicio.

Sin su intervención final, estaríamos lamentando una pérdida.

¿Están de acuerdo en que ella se quede con la piedra?

Ben dijo, rascándose la nuca con una sonrisa.

– Por mí no hay problema, mi energía es de tipo agua, esa piedra sería como cargar un ladrillo para mí.

– La mía es de fuego.

Añadió Leo, y agrego mientras señalaba a Joseph que parecia no estar interesado.

– Y Joseph se especializa en viento.

A ninguno de nosotros nos sirve tanto como a ella.

Quédatela, Selene.

Te la ganaste.

Me sentí un poco abrumada por su generosidad.

– Si me quedo con esto, no es necesario que me den parte de la recompensa de la aldea…

Habia empezado a decir, pero Clarissa me interrumpió con un gesto firme.

– De ninguna manera.

La piedra es un botín de campo por tu desempeño excepcional.

La recompensa del jefe Alastor es por tu servicio a la aldea, y eso es aparte.

Sin ti, el resultado de esta misión no habría sido el mismo.

Una vez resuelto el reparto, apilamos los 29 cuerpos en el centro de la cámara.

Las armas y armaduras de los goblins estaban en un estado tan deplorable, oxidadas y llenas de muescas, que ni siquiera Keon podría haber sacado nada útil de ellas.

Joseph prendió una hoguera usando el fuego de las fogatas que tenian los goblins y observamos en silencio cómo el fuego consumía los restos del nido.

Solo cuando las llamas se extinguieron y nos aseguramos de que no quedara ni una chispa, comenzamos a salir de la cueva listos para regresar a la aldea.

El camino de vuelta fue mucho más lento.

El agotamiento nos pesaba en los huesos.

Cuando salimos del bosque, el cielo ya se teñía de violeta y las primeras luces de las antorchas de la ladea empezaban a brillar a lo lejos.

Llegamos a la plaza justo cuando la oscuridad terminaba de caer.

Los aldeanos nos miraban con alivio al vernos regresar a todos completos.

Sin detenernos, nos dirigimos directamente a la oficina del jefe Alastor.

Clarissa tocó la puerta y entramos.

Alastor levantó la vista de sus mapas, su rostro reflejaba una ansiedad contenida que solo se disipó cuando vio nuestras expresiones de éxito, Alastor dijo poniéndose en pie.

– Informe  Clarissa colocó la bolsa de tela, ahora pesada con 29 orejas ensangrentadas, sobre su escritorio.

– El nido ha sido erradicado, Jefe, la misión fue un éxito y no tuvimos bajas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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