Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 12
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12: Capitulo 12.-Conflicto 12: Capitulo 12.-Conflicto —¡Ghaa…!
Un mísero rugido sonó en las profundidades del piso 5, donde una gran rana con un solo ojo fue decapitada.
La sangre se esparció por el suelo rocoso, llenando el aire con un olor desagradable.
Mufasa, habiendo decapitado a la rana, limpio la sangre de su alfanje.
Llevaba ya dos semanas usando la espada, y hasta ahora, le gustaba.
Era ligera, su capacidad de corte era adecuada, y su alcance no era malo.
Ideal para él, un novato que seguía aprendiendo a usar una espada de manera correcta.
Notaba los cambios.
Su mente era más aguda, sus cortes más precisos.
Un aumento de poder recorría cada fibra de su cuerpo a medida que sus estadísticas crecían.
—Mi estadística de fuerza ya está en G…hum, nada mal.
Con un movimiento veloz y entrenado, desvió la larga lengua que atacaba desde un rincón desconocido.
Inclinó su cuerpo hacia adelante, doblo ligeramente las rodillas y acomodo su peso, luego salió disparado.
En un momento atravesó la oscuridad y se encontró cara a cara contra una gran rana fea.
Un solo ojo lo miro.
Levantó su alfanje y corto desde abajo, cortando la larga lengua que aún estaba regresando.
Ignoró la sangre morada y siguió hacia adelante, acomodó su espada y apuñaló directo en su ojo.
Con un chillido miserable, la enorme rana se desplomó sin vida.
—Esto es genial.
La vida de aventurero le gustaba.
Despertar, entrenar con Yamamoto o Mojima, y luego explorar el calabozo en busca de aventuras.
No se quejaba.
Poco a poco.
Su crecimiento era rápido, según palabras de su diosa.
Pero aún lejos del crecimiento absurdo que Liaris Freese le otorga a Bell.
Pero no se quejaba.
Tenía un buen crecimiento, y por si fuera poco, tenía una gran habilidad.
Una habilidad potenciadora que no requiere condiciones, tan poderosa como el Avenger de Aiz.
Pero no estaba condenado por un odio irracional o una llama negra; sino que el aumento mejoraba con su voluntad.
¡Una ganga!
Adiós sistemas de cultivo chinos, sistemas gachas o deseos ridículos.
¡No los necesitaba!
Usaría sus propias fuerzas para avanzar.
Su espada cortó de nuevo, esta vez desde arriba.
Una pata de rana se cortó bruscamente, arrancándole de su lugar original y dejando que la sangre saliera sin parar.
No se detuvo.
Avanzó de nuevo, levantó su alfanje y se cortó directamente en el ojo.
La rana soltó un chillido de dolor, con agonía goteando.
Intentó moverse hacia atrás, retroceder para tomar distancia y poder lanzar su lengua, pero fue demasiado tarde.
Mufasa no permitía que su presa escapara.
La siguió de cerca, cortando su movimiento.
Con precisión, cortó la pata delantera, saltó sobre ella y clavó su espada como si fuera una pala.
La hoja plateada atravesó limpiamente la cabeza de la rana, acabando con ella.
Sin oponer resistencia, se desplomó.
Mufasa respiro suavemente mientras se bajaba del cadáver de la rana, ignoró la sangre en sus botas y limpio la sangre de su espada.
—¿Debería bajar un piso más?
—se preguntó mientras limpiaba la sangre y miraba el camino de cuerpos sin vida—.
No creo que pase gran cosa.
Luchar en el piso 5 se volvía aburrido.
Él quería más, quería aventurarse más.
Examinó su cuerpo.
No tenía ninguna fractura, su armadura de cuero aún estaba de una pieza.
Los Frog Shooter son monstruos débiles, con una defensa tan escasa como la de un Goblin.
Un buen golpe en la cabeza basta para acabar con uno.
Toco su mejilla.
Un hematoma morado en su mejilla.
Una rana había pasado demasiado rápido a su lado, abalanzándose en el momento justo en que atacaba a otra rana.
El dolor en su mejilla fue un recordatorio.
No debía confiarse, lo sabía.
Pero su alma anhelaba aventuras y diversión.
—Supongo que no estará de más ver un poco.
Pronto, dejó el piso 5.
Siguió la ruta del mapa que había comprado con antelación y siguió el camino marcado.
Una rana emergió de las paredes verdes, con su único ojo mirando en su dirección.
Abrió la boca y disparó su larga y gelatinosa lengua.
Mufasa reaccionó inclinándose hacia un lado.
La larga lengua gelatinosa pasó al lado de su cabeza.
Levantó su alfanje y la cortó.
Esa era la mejor forma de apagar por completo a una Frog Shooter.
Cortarles la lengua y sólo podrán atacar de frente.
El Frog Shooter aulló de dolor.
Presionó sus patas contra el suelo rocoso y luego despegó en un gran salto.
—¿Ah?
¿Es un reto, ranita?
Mufasa sonrió ante el ataque tan poco normal.
—¡Entonces lo acepto!
Apretó el agarre en el mango de su alfanje y dio un paso hacia adelante.
Clavó su bota con fuerza, usó fuerza desde la punta de los dedos de los pies, pasando por las piernas hasta la columna, luego emergiendo en sus brazos y finalmente a la espada.
Un rayo negro acompaño la hoja.
La rana fue destrozada por completo por la espada imbuida con su voluntad.
—Que débil —suspiro con decepción—.
Ya se me fueron las ganas de ir al siguiente piso.
Limpiando la cuchilla, tomó la piedra y se marchó.
⋘ – ● – ● – ● – ● – ● – ● – ● – ● – ⋙ Un par de días después.
Mufasa estaba en su habitación, descansando tranquilamente en su día libre.
Le gustaba luchar, y claro que lo disfrutaba, pero entendía que un descanso adecuado era necesario para crecer grande y fuerte.
Con eso en mente, se hundió en su cómoda cama.
¡PAF!
—¡Mufasa!
La puerta fue abierta de una patada, azotándola contra la pared y provocando que Mufasa frunciera el ceño.
Abrió los ojos y vio a Mojima con su equipo listo.
—Tenemos una misión urgente —grito, entró con pasos pesados y se paró frente a la cama—.
¡Toma tus cosas y apúrate!
Luego salió.
—¿Eh?
Aunque aturdido al inicio, recobró el sentido y salió rápidamente de la habitación con su equipo completo de aventurero.
Una pechera de cuero endurecido, brazales y espinilleras, además de hombreras.
Ato la vaina de su espada en su cadera y se apresuró a salir de la casa.
Se topó con Yamamoto, quien solo le hizo una seña para continuar.
—¿Sabes que pasa?
—Probablemente atacaron a un escuadrón de la familia —dijo Yamamoto, encogiéndose de hombros y girando los hombros con anticipación.
—¿Quién haría algo así?
—cuestiono un poco incrédulo.
¿Quién atacaría a una familia tan poderosa como la familia Osiris?
En cuanto llegó la pregunta, le llegó la respuesta.
La familia Osiris operaba en la clandestinidad, ocultando deliberadamente el alcance completo de sus fuerzas.
Si atacaban un escuadrón sin nombre, responderían con otro escuadrón sin nombre capaz de encargarse.
¡BOOOOMMM!
Salieron justo a tiempo para escuchar una explosión en la lejanía de la ciudad, en el otro extremo de donde estaban.
—¿Eso fue magia?
—preguntó Mufasa, quien nunca había visto magia.
—Si, lo fue —un elegante elfo dio una paso al frente y contestó la pregunta del niño león—.
Viendo el alcance, es probable que el lanzador sea un aventurero de nivel 3.
—Entonces el asunto está escalando —se unió Mojima.
—¡¿Qué sucede?!
Un pequeño temblor recorrió la ciudad entera.
Sus figuras no cayeron, pues la escala no era masiva.
Poppy, quien hasta ese momento había estado en silencio mientras esperaba su escuadrón, habló.
—Solo puede significar una cosa.
Su rostro se arrugó con molestia.
—Los perros de Zeus y las bestias de Hera se enloquecieron.
—¿Qué?
¿Zeus y Hera?
Como lector de las novelas de Danmachi, estaba más que familiarizado con dichas familias.
Lo que se contaba, lo escaso que se contaba, hablaba de grandes hazañas.
—Seguramente la capitana se unirá junto a los ejecutivos —murmuró Poppy para sí misma.
Observó a su escuadrón.
Yamamoto, el enano que servía como el tanque del equipo.
Un completo pervertido junto a Mojima, pero confiable.
Mojima, el Renard que servía como el As oculto en su escuadrón.
Un completo pervertido junto a Yamamoto, pero confiable.
Pivot, el mago del equipo.
Recto y de pocas palabras.
Y finalmente el último integrante.
Mufasa.
El pequeño novato que estaba criando en su escuadrón.
Un aventurero inexperto, pero con unas agallas de acero y una ardiente voluntad.
Un diamante que se le encargó pulir en secreto.
—¿Llegó el día en que el mundo conozca este diamante?
Dejó sus pensamientos de lado, después de todo no tenían sentido.
No irían al conflicto principal, no estaban al nivel para eso.
¿Enfrentar a los niños de Zeus y Hera de frente?
Eso era algo que solo los ejecutivos eran capaces de hacer.
Incluso luchar contra los miembros más débiles era una misión arriesgada.
—Vámonos —ordenó, su voz parecida a un gruñido molesto.
Todo el grupo se movió de inmediato.
Mufasa corrió detrás del grupo.
Como el miembro más débil y más nuevo, era el más lento.
El grupo redujo su velocidad para que no se quedará atrás.
Corrieron por la calles empedradas a toda velocidad, pero no eran los únicos.
Aventureros, civiles y trabajadores del gremio corrían sin descanso.
—¡Esto es malo!
—¿Los niños de Zeus están peleando de nuevo?
¡Que se detengan de una vez!
—¡Maldición!
¡¿Qué piensa el gremio?!
Dioses, civiles y aventureros se quejaban en voz alta, demostrando su claro desacuerdo en las acciones de ambas facciones reinantes.
—Sigan corriendo —Poppy alzó su voz, asegurándose que todos en el grupo la escucharan.
Finalmente se detuvieron detrás de un edificio.
—Haremos como siempre —dijo Poppy, tomando la delantera.
Sacó sus dos martillos de guerra duales—, acaben con todos.
—Como ordene, jefa.
—Entendido.
—¡Acabemos con ellos!
—¿Eh?
¡Pero expliquen primero!
Tras una ronda de asentimientos, Poppy se acercó a Mufasa.
—Escucha.
Nuestra misión es acabar con un grupo de aventureros.
¿Su familia?
No importa.
Lo único importante es que debemos eliminarlos por atacarnos.
—Eso no explica nada…
—se quejo Mufasa con un tono seco.
—No debe tenerlo.
Solo haz lo que se te dice.
—Bien.
Todos ajustaron sus armas y armaduras.
Yamamoto se blindó por completo con una armadura metálica, un gran escudo y su martillo de guerra.
Mojima se coloco su armadura samurai de color rojo y desenvaino su hermosa y elegante katana.
Pivot, el elfo de pocas palabras, sostuvo su báculo mágico, manteniendo en todo momento una expresión serena.
Poppy ajustó su casco y apretó el agarre en sus dos martillos de guerra.
Mufasa siguió el ejemplo.
Se aseguro de que todo su equipo estuviera en posición.
—Vamos.
Ante la orden, todo el grupo avanzó hacia adelante.
Salieron de la oscuridad, emergiendo como espectros traídos desde el mismísimo infierno.
Sus siluetas cargaron directo contra una docena de aventureros luchando.
Un grupo de más de una docena de aventureros chocaba sin parar, soltando chispas y desatando misiles mágicos por toda la plaza en la que luchaban.
Hombres ensangrentados, mujeres rugiendo con ira, nadie se rendía.
—¡Matenlos!
—¡Deja de molestar!
Poppy fue la primera en alcanzar el gran grupo en conflicto.
Su martillo de guerra cayó con fuerza desde arriba, destrozando la cabeza de un elfo que cantaba a todo pulmón.
Su cabeza estalló en un instante, destruida por completo por una fuerza superior.
El golpe fue brutal, decidido y cargado con una intención asesino absoluta.
¡Boom!
Magia, algo totalmente desconocido para Mufasa.
Aquel elfo, ahora con la cabeza reventada, conjuraba su magia.
Cuando Poppy reventó su cabeza, interrumpió su canto.
Cuando un canto se interrumpe y el flujo se ve alterado, se produce un fuego fatuo.
Una explosion envolvió el cuerpo del elfo y de la jefa de Mufasa.
Pasaron unos segundos antes de que una figura emergiera del humo como un demonio.
Sin detenerse por las quemaduras y la onda de choque, Poppy avanzó hacia el siguiente aventurero.
Alguien reaccionó a su intención asesina.
Una lanza apuñaló desde el centro, amenazando con atravesar su coraza y destruir su corazón.
Poppy, ante el peligro, solo bufo.
Levantó uno de sus martillos y desvió la punta de la lanza en el momento exacto, desviando la fuerza y la dirección.
Se agacho y golpeó con su martillo libre.
—¡Agh!
La pierna del aventurero emite un sonido horrible, tan horrible que Mufasa frunció el ceño.
Estaba acostumbrado a destruir los huesos de monstruos, pero aquel crujido era diferente.
Seco, horrible.
La figura del aventurero se dobló hacia un lado, desplomandose.
Trató de levantarse, pero una sombra ya estaba sobre él.
Un martillo de guerra dorado aterrizó sobre su pecho como una sentencia.
La coraza de cuero se hundió, costillas se rompieron y el pecho se hundió.
Escupe sangre, luego se quedó quieto.
—La jefa…
—¡No mueras, Mufasa!
Mojima rugió, levantó su katana y se aventó directo contra una mujer con un estoque.
Chispas chocaron una y otra vez, metal contra metal, intención asesina estallando.
Ninguno tomó la delantera.
—¡Uuuuooooohhhhhhhhh!
Yamamoto dejó escapar un rugido de guerra, avanzando con pasos pesados.
Su figura, cubierta por metal, se estrelló directo contra un enorme aventurero con un gran hacha.
El gran hacha cayó con fuerza, pero Yamamoto lo soportó como un campeón con su escudo.
Soportó la fuerza explosiva y atacó con su martillo.
El hombre retrocedió y tomó distancia.
El sol y las chispas iluminaron los rostros de todos los luchadores, mostrando su enorme determinación y reflejando la locura en los ojos de cada uno.
Todos habían tomado una decisión.
Mufasa sintió que su cuerpo se ponía rígido.
Su primera batalla contra otra persona, la primera vez que lucharía de verdad.
No una paliza unilateral contra Barcelo.
No un entrenamiento contra su escuadrón.
Sus manos temblaron de anticipación.
¿Podría matar a una persona?
Probablemente no.
No importa.
Desenvainó su alfanje y lo movió de inmediato con decisión.
El chillido metálico resonó en el momento en que detuvo la espada de un elfo.
Los ojos del elfo se entrecerraron.
Ambos los entendieron con ese simple choque; ambos eran novatos como aventureros.
¿Pero como luchadores?
El elfo demostró en un instante su superioridad en experiencia.
Desvió la espada de Mufasa y avanzó con intención asesina.
Las Chispas volvieron a saltar.
Mufasa luchó desesperadamente por mantener el choque de espadas, retrocediendo cada vez más a medida que la intensidad del elfo aumentaba.
La espada del elfo, un delgado sable, desvió la espada una vez más y con una veloz estocada amenazó con atravesar su cabeza.
Mufasa relajó su postura y se inclinó hacia un lado.
Una fina línea apareció en su mejilla, donde una pequeña mancha de sangre comenzó a crecer.
La sangre caliente resbaló lentamente por su rostro.
El elfo sonrió, confiado en su habilidad.
La clara diferencia en habilidad era notoria, tan notoria que el elfo se permitió sonreír con confianza.
—Acabaré esto pronto, niño —aseguro, sin arrogancia, solo confianza en su propia habilidad.
—Je…
¿De verdad lo crees?
—Totalmente.
Su espada vibraba con gracia letal, mientras el niño frente a él apretaba el mango de su espada con fuerza.
Noto, con intriga, como aquellos ojos plateados se llenaban de ardiente determinación.
El siguiente golpe llegó con una velocidad mortal.
Mufasa lo interceptó, desvió el sable con el filo de su alfanje, pero el impacto le hizo retroceder ligeramente.
No se detuvo.
El elfo giró su muñeca, cambió el ángulo de ataque y atacó de nuevo.
Una rafaga de movimientos precisos y limpios, sin desperdicio en ellos.
Retrocedió por instinto.
Cada paso lo acorralaba más.
Su respiración se aceleró.
Estaba acorralado…
y aun así no pudo evitar que una gran sonrisa se grabará en su rostro infantil.
—¿Está…
sonriendo?
Al ver la sonrisa, tan fuera de lugar, el elfo dudó.
¿Por qué sonríe el niño?
Esa simple pregunta no pudo sacarla de su mente.
¿Tenía un plan en marcha?
¿Estaba camino a una trampa?
No era normal.
Por reflejo, miró ligeramente hacia atrás para buscar algo que lo amenazara.
Tal vez un ataque sorpresa, pero no vio nada.
Distraído, recibió un corte en su pechera de cuero.
La cuchilla corrió a lo largo de su pechera, atravesándola sin problema y dejando una ligera línea en su pecho.
El elfo, Marlon, retrocedió sorprendido.
Levantó una mano y tocó su pecho, donde la sangre ya chorreaba débilmente.
—Tu…
—su voz se volvió anormalmente seria—.
Eso no volverá a suceder.
Ajusto su postura, puso la espalda recta y levantó su elegante sable.
—Jajaja —Mufasa solo se rio.
Eso es lo que buscaba.
Batallas de gran intensidad, donde su sangre hirviera a medida que fuera presionado.
Quería luchar, derrotar a su oponente y marcar su victoria absoluta.
Queria replicar el destructivo viento negro de Aiz.
Quería replicar el destello de largo alcance de Ottar.
Quería replicar el golpe absolutamente heroico de Bell.
Él quería simplemente ganar.
El elfo notó la nueva intensidad en su mirada y sonrió, una sonrisa aceptando el desafío.
Tomó un respiro y abrió la boca.
—Bendición de la madre suprema, la melancolía de una tierra ahora olvidada.
Una canción.
Una melodía que profetizaba la destrucción de Mufasa y todo a su alrededor.
—¡Un espadachín mágico!
—pensó Mufasa, sorprendido.
Nunca había visto magia desde que llegó al mundo de Danmachi.
¿Un espadachín mágico?
Sabía que Pivot, el elfo recatado de su escuadrón, era uno.
Avanzó de nuevo.
No podía dejar que terminara su canción.
Ataco desde abajo, obligando a Marlon a agacharse para poder defenderse.
Desvió el alfanje con facilidad, barrió el piso con su pierna, buscando una victoria temprana.
No funcionó.
Mufasa dio un salto y al mismo tiempo atacó con una estocada.
Marlo giró sobre sus pies, dejando pasar la estocada por el aire, sin tocar absolutamente nada.
—La canción perdida entre árboles, la canción buscada por las hadas.
La canción continuó.
El canto no se detuvo ni por un minuto.
¿Se asustó?
¡En lo absoluto!
Ataco sin dudar.
Mufasa cambió el rumbo de su alfanje, bajando en una mortal línea horizontal hacia el muslo de Marlon.
Marlon dio un paso hacia atrás y cambió su postura, ajustó su centro de gravedad en su otra pierna y pateó desde un ángulo incómodo de bloquear.
Pero no se preocupó.
Recibió la fuerza con su antebrazo blindado con cuero.
Dejó que la fuerza se propagara por todo su cuerpo, desvaneciendo rápidamente como si nunca hubiera existido.
El elfo retrocedió para ganar tiempo.
—Una sentencia perdida hace mucho tiempo.
Hoy, tu hijo olvidado, declara abiertamente tu vieja gloria.
El poder mágico se acumuló en Marlon.
Marlon sonrió victorioso.
Mufasa levantó su espada en un último intento por cortar el flujo de la canción.
Pero la hoja chocó contra el acero del enemigo, sin provocar ninguna fisura.
Sintió que su pelo se erizaba.
—No soy ella, no soy tu pecado.
Soy yo, tu leal sirviente.
La canción terminó.
Mufasa abrió los ojos fascinado por el fenómeno denominado magia.
— [Mitic Garden] Un aluvión de chispas comenzó a girar sobre la cabeza de Marlon, como estrellas fugaces orbitando a su alrededor.
El mundo mismo pareció mirar al elfo.
Una escena de película, eso era para Mufasa.
Las chispas se arremolinaron sobre sí mismas, girando hasta juntarse en orbes rosas con formas de flores.
Un jardín mágico se formó en el cielo, sobre un campo de guerra donde la sangre lo consumía todo.
—Se acabó.
Con un susurro, se desató un infierno rosa.
Las rosas en el aire brillaron intensamente antes de comenzar a disparar pétalos luminosos hacia Mufasa.
Mufasa abrió los ojos.
No dudo.
Sonrió.
Levantó su espada y lo hizo chocar contra el primer pétalo.
*Boom* Una nube de humo lo cubrió cuando el pétalo chocó contra su espada y explotó.
Pero el bombardeo no se detuvo.
Como un torrencial desatado, las flores cayeron sin parar sobre la pequeña figura cubierta de humo.
La luz plateada desapareció, opacada por pétalos, estallidos y rosas.
—¿Mufasa?
En la distancia, Mojima desvió un estoque con precisión.
Cambió su peso en sus pies, ajustó su postura y dejó que su katana avanzará como un demonio loco.
Una línea plateada se grabó en el aire.
Ignoro la punta despiadada que cargó hacia él.
La cabeza de la mujer salió disparada hacia arriba, con los ojos brillando de incredulidad.
Su cuerpo tembló antes de desplomarse hacia un lado, inerte.
Un charco de sangre se formó en un instante.
—Ah…
Mojima suspiro.
Bajo la mirada y miro el estoque atravesando su hombro, dejando inutil su brazo izquierdo.
Desvió la mirada y miró la nube de humo que se aclaraba.
—Vaya —no pudo evitar silbar con asombro—.
Tanto fuego y lo soporto.
Increíble.
El polvo y el humo se disipó con el aire.
Una pequeña silueta, más grande que un Pallum, apareció cuando el humo se disipó.
Un con quemaduras, chamuscado, con sangre corriendo por algunas partes de su cuerpo.
Pero para sorpresa de Marlon, quien desató el infierno sobre Mufasa, el niño seguía de pie.
Con la mirada hacia arriba, mirándolo directamente a los ojos.
—Imposible…
—las palabras salieron sin que se diera cuenta.
—Jajaja La risa del niño lo trajo de regreso de su incredulidad.
El niño había soportado su bombardeo mágico, soportó el daño y permaneció consciente.
Y para coronar el pastel, lo miraba directamente a los ojos, desafiante.
No le basta con sobrevivir, mantenerse consciente y desafiarlo con sus ojos.
Se rió.
Una risa alegre.
El joven león gruñó, se tambaleó ligeramente y escupió sangre.
Pero no dejo de sonreír.
—Jajaja Su cuerpo dolía.
Sus pulmones ardían.
Pero su voluntad…
no se apagaba.
El no se rendiría.
Si su cuerpo no lo apoyaba, lo obligaría a hacerlo —No eres normal —dijo Marlon, desecho la sorpresa inicial y levantó su espada—.
Te recordaré, niño.
Con eso, corto.
El elfo corrió hacia él, grácil y veloz, con el sable apuntando directamente a su garganta.
En sus ojos había reconocimiento, respeto e incluso una pequeña admiración.
El sable corto sin piedad.
Mufasa no se rindió.
Levantó su alfanje y recibió de lleno la fuerza del elfo.
Las Chispas saltaron de nuevo.
Su cuerpo fue empujado hacia atrás.
Cayó de espaldas, sin fuerzas para seguir moviéndose.
Era la primera vez que resultaba tan herido.
No se arrepintió de luchar contra el elfo.
—Hah…
Fue divertido.
—Hasta el final sigues siendo raro —dijo el elfo, con una pequeña sonrisa—.
Pero se acabó.
—Jajaja Marlon levantó su sable, listo para apuñalar el corazón de Mufasa y terminar con su vida.
El filo descendió con decisión.
El aire se partió en dos con un silbido mortal.
No había duda en aquel ataque, de verdad lo mataría.
Pero antes de alcanzar su destino, algo interrumpió como un borrón explosivo.
Un martillo de guerra, grueso, grande y pesado, lleno de muescas y manchas de sangre, impactó directamente contra la cabeza del elfo.
El sonido del cráneo rompiéndose en pedazos fue seco, brutal.
Los ojos de marlos se abrieron de par en par; su cuerpo tembló violentamente, la vida escapando de su cuerpo en un segundo.
El golpe lo lanzó varios metros hacia un lado, su cuerpo girando varios metros antes de caer como un muñeco roto.
Silencio.
El cuerpo de Marlon quedo inmovil.
Su cabeza, o lo que quedaba de ella, era irreconocible.
Entre las nubes de polvo que levantó el impacto, una figura alta y robusta se asomó, apoyando su enorme martillo en su hombro.
Miró el cuerpo con indiferencia.
Un Boaz, su salvador.
Estaba herido, al igual que todos en aquel campo de batalla.
Su respiración era pesada, cada exhalación un gemido ahogado de su dolor silencioso.
—Eso fue impresionante —dijo el Boaz, sonriendo amistosamente.
Su sonrisa, amistosa, era totalmente contradictoria a lo que acababa de hacer.
—Hah…
hah…
Supongo que sí.
Mufasa no lo negó.
No era arrogante y mucho menos presumido, pero el mismo estaba sorprendido por haber permanecido de pie tras el bombardeo.
Levantó su cabeza con desafío.
La sonrisa del Boaz se ensanchó.
—Tokobuki —llamó el enorme Boaz.
Otro Boaz, idéntico, se acercó con pasos lentos.
Destapo una botella con un líquido rojizo y lo vertió sobre el cuerpo chamuscado de Mufasa.
—Sonreir ante la muerte no es algo normal —elogió el Boaz con la botella, Tokobuki.
—Lo sé.
—Y aun así lo haces.
Eres algo serio, jajaja Los amistosos Boaz lo ayudaron a ponerse de pie.
Mufasa soltó un quejido de dolor, pero ya estaba fuera de peligro por sus heridas.
—Fue divertido.
Su mirada recorrió el campo de batalla.
Ya había terminado, por eso el Boaz había podido acercarse para ayudarlo.
Giro hacia el Boaz.
—¿Quienes son ustedes?
—Soy Tokita.
—Yo Kotobuki.
En la distancia, Poppy terminaba de destruir el cuerpo de un hombre tigre.
Aplastando su cabeza como si fuera una sandía.
Mojima tomaba una posición tras retirar el estoque de su hombro.
Yamamoto ayudaba a Pivot a ponerse de pie.
En general, su bando había ganado.
—¿De qué familia son ellos?
—Ni idea —Tokita se encogió de hombros.
—Ellos atacaron primero, nosotros solo respondimos con violencia —Kotobuki añadio.
—Ya veo.
Acercándose, Mojima esbozó una sonrisa.
—Casi te mueres —se burló.
—Casi —Mufasa se sentía extrañamente bien.
Había estado a punto de morir, pero no sentía ningún miedo; ninguna perturbación en su estado emocional.
El viento sopló con fuerza, llevando el olor metálico de la sangre y el eco de las batallas terminadas.
—¿Qué sigue?
—pregunto Mufasa.
Tokita sonrió.
—Tomamos todo lo de valor y vamos a beber.
—¿Beber?
Suena genial.
Yo me apunto.
—Jajaja, ¡Así se habla!
La batalla terminó.
Fue la primera, pero no la última.
●~~~~~~~~~~~~~~~~~● Mientras algunos celebraban con bebidas sus victorias, rodeándose de personas afines; otros escupían al suelo con disgusto por sus derrotas.
—¡Ese bastardo!
Una mujer estrelló su puño contra la pared detrás de ella, provocando una profunda hundición, con grietas en forma de telarañas extendiéndose sin parar.
Su mirada estaba llena de resentimiento.
—Quién diría que aparecería el campeón.
Al otro lado de la habitación, cuando aún sus heridas con pociones; un hombre con un parche en el ojo habló.
Una elfa cantó solemnemente, envolviendo a la mujer con una luz esmeralda.
Sus heridas, antes graves, comenzaron a curarse a una velocidad asombrosa.
—¿De qué me sirve derrotar a un maldito extra?
Si vamos a dominar todo, necesito vencer a los campeones.
La mirada de la mujer estaba llena de fría resolución.
Tenía un sueño, una meta, un deseo imborrable.
En su mente solo existía una palabra: ¡Éxito!
El tuerto, ahora curado gracias a la elfa, giró la cabeza y miró hacia una esquina.
En la esquina, envuelta en oscuridad, una diosa escuchaba las quejas de su capitana con calma.
—No te alteres, Melty.
Todo a su tiempo —su oscura voz llenó la habitación en un instante, llenándola de un frío eterno—.
Primero vencerás al campeón, luego a la reina.
La palabras “reina” le trajo amargura.
La diosa, envuelta en oscuridad, dio una sonrisa llena de peligro.
—La era de Zeus y Hera pronto llegará a su fin.
Una intención siniestra brillo en la profundidad de sus ojos.
Una voluntad divina, un deseo absoluto.
.
.
.
Continuara…
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