Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 13
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13: Capitulo 13.-Killer Ant 13: Capitulo 13.-Killer Ant Piso 7 En medio de pasillos de color verde claro, una silueta avanzo con una sonrisa.
Su espada, un alfanje, aún mostraba manchas de sangre.
—Aquí deben aparecer los Killer Ant…
¿Debería seguir?
La pequeña silueta mostró una cara con confusión, pero una sonrisa ansiosa de aventura la reemplazó en un instante.
—Ya está aquí.
Crack Una grieta apareció en una de las paredes verdosas del calabozo, agrietandose y destruyéndose hasta formar un pequeño agujero.
Los ojos plateados mostraron gran interés.
—¿Tan rápido?
Había planeado explorar el piso 7 durante un tiempo antes de encontrarse con un monstruo hormiga.
Pero viendo la grieta y la silueta emergiendo, pensó que tenía bastante suerte.
De la grieta emergió una criatura.
—¿Un…
conejo?
Su ilusión fue aplastada.
Un pequeño monstruo conejo apareció, el cuerno en su cabeza era tierno en lugar de amenazante.
Mufasa soltó un bufido burlón.
—Eres una cosa lindísima.
¿De verdad puedes pelear?
El conejo, como si lo pudiera entender, temblo violentamente antes de chillar iracundo.
Como una bestia loca, cargo de frente, sin cuidado.
Su cuerno, casi tan largo como una espada, se convirtio en un punto.
Sus pequeñas piernas se doblaron antes de empujar todo su cuerpo.
Mufasa no se inmuto.
Dobló su cuerpo hacia un lado, dejando que la silueta del conejo pasara justo donde había estado.
Levantó su alfanje y con un suave movimiento; lo decapitó.
La sangre chorreo en un instante.
El pequeño cuerpo del monstruo conejo cayó sin fuerza, desplomado como un costal viejo.
—Decepcionante.
Murmuró aburrido.
Uso el cuchillo que había comprado y retiró la piedra mágica.
La espada necesitaba mantenimiento, y el mantenimiento no era gratis.
Para ganarse la vida, como todos los aventureros de Orario, necesitaba de las piedras mágicas para ganar dinero.
Se detuvo un momento y examinó su alfanje.
Había mejorado, sin duda.
Su habilidad con la espada había mejorado, su tiempo de reacción y su toma de decisiones.
Su primera batalla contra otra persona, el elfo Marlon, había sido un gran avance para Mufasa.
Perdió, lo podía recordar.
Durante toda la batalla, fue superado por la habilidad elegante de Marlon, derrotado finalmente por su canto en movimiento.
El canto concurrente, en manos de un elfo, era una habilidad peligrosa.
Desde esa batalla, su tiempo en el calabozo se había estado reduciendo cada vez más.
Batalla tras batalla, día tras día.
Amanecía y lo llamaban para salir a luchar.
Anochecía, buscaba su cama para descansar, cuando Poppy entraba para arrastrarlo a luchar en medio de la noche.
Lucho en medio de la ciudad, en el calabozo, en plazas, incluso cerca de sedes enemigas.
No le molestaba.
Balancear su espada es divertido.
Otra grieta sonó por el largo pasillo.
Tres grietas en total.
Una figura roja, con forma de hormiga.
Un Killer Ant.
El Killer Ant, de un rojo profundo, miró en su dirección con sus enormes ojos llenos de intenciones asesinas.
Lo miro por un segundo, luego emite un chillido y se lanzo en su dirección.
Todo su cuerpo avanzó sin freno, moviendo placas de quitina en su dirección.
Emitió chillidos molesto, mostrando una profunda hostilidad hacia los humanos.
Mufasa observó a la gran hormiga roja avanzar y no pudo evitar que una sonrisa apareciera en su apuesto rostro.
—Jajaja Soltó una carcajada.
—¡A ti te estaba buscando!
Dio un par de pasos en su dirección, levantó su espada y la bajó con todas sus fuerzas.
Sus inmaduros músculos se hincharon bajo la ropa.
La espada bajo como una guillotina.
Cortó el aire hasta conectar con la cabeza de la hormiga.
¡Clang!
Con un impacto seco, la espada chocó contra la cabeza quitinosa de la hormiga roja y rebotó hacia atrás.
Un solo rasguño quedó en la cabeza de la hormiga.
Más que un rasguño, era una pequeña grieta.
Las manos de Mufasa temblaron ligeramente tras el impacto, retrocediendo con fuerza.
La hormiga, incapaz de soportar por completo la fuerza detrás de la espada, bajo su cabeza hasta estrellarse.
Emite un chillido, pero eso no detuvo su avance.
Su enorme garra voló con un silbido seco, atravesando el aire hacia la pierna de Mufasa.
Mufasa dio un paso hacia atrás y movió su espada.
¡Clank!
Su espada, un alfanje plateado para novatos, detuvo la segunda garra de la hormiga.
La fuerza detrás de la garra hizo que Mufasa apretara los dientes para no retroceder.
—Bastante duro, ¿eh?
—gruñó Mufasa, su voz vibrando entre la tensión del choque.
El alfanje tembló en sus manos.
La garra presionaba con fuerza, amenazando con empujarlo hacia atrás y dejarlo vulnerable.
Doblo sus rodillas y dejó que la fuerza se reuniera en sus pies.
Su figura se elevó con un salto, esquivando las garras de la gran hormiga roja.
Aterrizó sobre la gran figura de la hormiga, plantó sus botas con fuerza y levantó su espada.
—¡Resiste esto!
Con ojos llenos de determinación, bajo sus espada como si fuera un rayo.
¡Clang!
El resultado fue el mismo.
Con un fuerte sonido, la espada rebotó hacia arriba, desestabilizando la postura de Mufasa.
La hormiga comenzó a gruñir como loca, sacudiendo su gran cuerpo para alejar a Mufasa.
Sin estabilidad, Mufasa tuvo que saltar en el momento que sus pies comenzaron a deslizarse.
Cayó pesadamente contra el suelo y rodó, se estabilizó y levantó la cabeza, una sonrisa brillante apareció.
—¿Te gustó eso?
—se burló Mufasa, sus ojos plateados mirando la grieta en la cabeza de la hormiga.
La grieta, provocada por su espada y sus fuertes golpes, ahora había aumentado su tamaño.
En la novela ligera, Bell había sido capaz de romper el cuello de una luego de agarrar un impulso de diez metros.
Pero el impulso no bastaba, la estadística de fuerza de Bell en rango D había hecho casi todo el trabajo.
No podía replicar la hazaña a menos que usara una de sus dos habilidades.
¿Pero dónde estaría lo divertido?
Sus habilidades eran fuertes, de las mejores dentro de Orario.
Pero no era lo que quería.
Depender de su habilidad Haoshoku solo evitaría que aprendiera a luchar correctamente.
Jamás aprendería a luchar de verdad, jamás podría ser un aventurero de curtido en batallas sangrientas.
En la gran guerra de familias, cuando Ottar tuvo que enfrentar a varios aventureros de primera clase, no recurrió de inmediato a su bestificacion.
El enorme Boaz luchó, activando la habilidad cuando se vio acorralado.
Únicamente se limitó a usar su magia.
Pero Mufasa no tenía magia.
Él tenía otra cosa: ¡Voluntad!
Los instintos de Mufasa se activaron.
Extendió su brazo izquierdo y desvió con su brazal el gran cuerno de un Needle Rabbit.
El cuerno, casi tan largo como una espada, pero no menos letal, dejó una gran marca en el brazal.
Mufaso bufó divertido.
Con un rápido movimiento, tomó el cuello del Needle Rabbit y lo azoto contra el suelo.
Levantó su espada y con su guarda le aplastó el cráneo.
Ni siquiera se detuvo a mirar la sangre y la materia cerebral derramarse en el suelo y manchar su guarda y mano.
Se levantó de golpe y rodó hacia un lado, evitando por poco la garra de la Killer Ant.
—Bastante cerca —se burló.
Usando sus piernas, se impulsó hacia adelante.
Su espada cortó el aire.
La hormiga, usando toda su capacidad para pensar —la cuál es muy limitada— atrapo la espada con su mandíbula y desvió la espada.
Aprovechando la vulnerabilidad de Mufasa, la hormiga se abalanzó sobre él.
La misión era simple, subirse encima del asqueroso humano que se atrevía a molestarla e inmovilizarlo.
Una vez encima, usaría sus torcidas y deformadas garras para acabar con su vida.
Si, era simple.
Un plan simple para su mente tonta.
Pero no resultó.
La bota del niño león se estrelló contra la cabeza de la hormiga, evitando que ésta se abalanzara sobre él.
—Que lastima.
Mufasa, ahora con su espada de regreso tras el desvío, la bajó con fuerza atronadora.
Pero esta vez fue diferente.
En vez de usar el mortal filo de su espada, usó la parte plana.
Como si fuera un bate de béisbol, hizo que la cabeza de la hormiga rebotara hacia un lado.
Avanzó, listo para acabar con ella de una vez.
De un empujón violento, envió la espada.
Su cuerpo se inclinó hacia adelante para aumentar la fuerza en la espada.
El alfanje trazó un arco plateado, descendiendo sin oposición.
¡Kraaang!
El aire estalló tras el golpe.
El impacto resonó como un martillazo sobre un yunque.
La hoja se sacudió, estallando contra la quitina endurecida de la hormiga.
La hormiga se estremeció bajo la fuerza, su cuerpo derramándose hacia abajo por un momento.
Chillo, sacudiendo una feroz garra hacia su garganta.
Su garra voló velozmente.
Mufasa apenas alcanzó a agacharse; el aire silbó sobre su cabeza, sacudiendo su melena blanca.
Aprovechando la falta de posición de la hormiga, se impulsó hacia adelante.
Su espada, a los ojos de la hormiga, se volvió un punto que acortó la distancia en un instante.
Un chasquido húmedo resonó por todo el pasillo.
La sangre oscura manchó el suelo.
La hormiga se tambaleó, luego se desplomó sin fuerzas.
—Eres todo un reto, ¿eh?
Mufasa sonrió mientras sacaba la espada de la cabeza de la hormiga.
Tras varios golpes, la grieta en su cabeza era lo suficientemente grande como para que una apuñalada con suficiente fuerza se abriera paso.
Eso fue lo que hizo Mufasa.
Con fuerza bruta, atravesó la grieta de la coraza de quitina, abriéndose paso para acabar con la hormiga.
Respiró hondo, su pecho subiendo y bajando con fuerza.
Luego, con una carcajada, apoyó el alfanje en su hombro y pateó casualmente a otro conejo que atacaba desde las sombras.
—Eso fue divertido.
Se inclinó ligeramente, observando la grieta abierta en la cabeza del Killer Ant.
Aún había un leve temblor en las antenas, pero la vida del monstruo había desaparecido tras el golpe final.
Mientras sonreía, noto un pequeño monstruo volador acercarse como una avioneta kamikaze.
Una Purple Moth; un monstruo polilla morado.
La polilla agitó sus alas y avanzó con decisión.
Extendió sus patas y atacó la cabeza de Mufasa.
Los ojos de Mufasa parpadearon con diversión.
—Que cosita tan graciosa —murmuro, con una sonrisa.
Levantó su alfanje y de un corte feroz, partió por la mitad a la polilla.
Ignoró olímpicamente la sangre caliente que cayó sobre su rostro, dándole el aspecto de un demonio.
El cuerpo de la polilla, ahora partido a la mitad, cayó detrás de él.
Sin tiempo para procesar lo que acababa de hacer, se escucharon numerosas patas acercarse.
Su espada trazó un nuevo arco plateado, decapitando a un conejo con un largo cuerno.
Ignoró el cuerpo y miró al fondo del pasillo, donde numerosos ojos cargados con ira aparecieron.
Como si fuera un enjambre, tres Killer Ant asomaron su cabeza desde la oscuridad.
Sus cuerpos quitinosos, tan duros como una armadura, asomaron tras sus cabezas.
—Vaya…
Mufasa arrastró las palabras.
¿La bastarda había soltado su feromona para llamar refuerzos?
El eco de los pasos se detuvo.
Las hormigas gigantes, Killer Ant, son conocidas como uno de los monstruos asesinos de novatos.
Sus caparazones rojos, lo más destacable de ellas, son tan duros como una armadura.
Ese rasgo les permite afrontar ataques de frente sin inmutarse, haciendo rebotar las armas y tomando a los novatos con la guardia baja.
Mufasa dejó escapar un ligero suspiro.
—Entonces…
¿Nos divertimos?
—pregunto, una sonrisa feroz comenzó a tomar forma en su rostro.
Ya mató una, matar otras tres no debería ser un problema.
Se irguió lentamente, relajando su postura, limpio la sangre oscura de su rostro y se preparó Las mandíbulas vibraron al unísono, y el chillido grupal de las Killer Ant estremeció el aire.
No se asustó.
Flexiono las piernas y arremetió con fuerza.
Su bota café pronto se encontró contra la frente de la Killer Ant que lideraba la carga, aplastando su armadura quitinosa y deteniendo su carrerilla.
Uso fuerza explosiva y se impulsó hacia arriba con un gran salto.
Tras la primera Killer Ant, otra la saguia un poco más atrás.
La Killer Ant levantó la mirada con confusión.
Delante de ella cargaba una de sus hermanas, pero de repente se detuvo.
Cuando levanto la cabeza, vi una sombra acercarse como un meteorito.
La sombra, identificada como un hombre león, apuntó su alfanje directo a la cabeza de la hormiga.
Un chasquido repugnante resonó por el pasillo cuando el alfanje azotó contra la cabeza de la hormiga con su parte plana.
El golpe fue devastador, tan fuerte que el cuello de la hormiga se rompió con un chasquido seco.
—Va uno —dijo Mufasa, dándose media vuelta y mirando a las dos hormigas restantes—, ¿Quién de ustedes quiere ser la siguiente?
Ante su provocación, las hormigas chillaron como si reaccionasen a su provocación.
Hicieron chasquear sus mandíbulas.
Sus cuerpos se convirtieron en proyectiles mientras cargaban hacia adelante.
La primera fue recibida con un corte desde arriba.
¡Clang!
La espada rebotó contra la coraza de quitina, desestabilizando a toda la hormiga.
Levantó la cabeza, pero la figura de Mufasa ya corría hacia la otra hormiga.
Su espada trazó un arco hacia la cabeza de la hormiga.
Con un clang, la espada rebotó.
Usando el impulso del rebote, Mufasa siguió el rumbo del rebote y se impuso en esa dirección.
Dejó que sus pies siguieran su espada, alzándola para usar su guarda y azotarla contra la hormiga.
Su cuerpo, azotado con fuerza, se derrumbó contra el suelo verdoso.
Tras eso, la guarda generó numerosas grietas en la armadura de quitina.
No se detuvo.
Desato tres golpes mas antes de retirarse para tomar distancia de la otra hormiga.
—Eso fue peligroso.
Ajusto su postura y respiro suavemente.
Sus manos aún temblaban por los golpes secos a la armadura quitinosa.
Ambas hormigas chillaron, reagrupandose antes de cargar de nuevo.
—¡Haaaaa!
Su grito resonó en el túnel mientras él también cargaba.
Su hoja plateada, como la de un pirata, chocó contra la garra de la hormiga.
Antes de moverse, sintió una sombra cortando desde su costado.
Una pata lo golpeó en su costado, lanzándolo a rodar hasta chocar contra una pared.
El aire se le escapó de los pulmones.
El cuerpo de Mufasa se dobló antes de recomponerse, dejando una mancha de sangre en la pared.
—Cof…
—tosió, limpiando la sangre de su boca con el dorso de su mano—.
Bien.
Admito que eso me tomó por sorpresa.
Su cuerpo se arqueó mientras trataba de regular su respiración.
El cansancio comenzó a mezclarse con la euforia.
Sus ojos plateados se encendieron con un brillo intenso, y su sonrisa se volvió más amplia.
El alfanje en sus manos tembló.
Levantó su espada, dejando que su instinto y deseo de ganar se mezclaran con el aire.
Como demonios furiosos, las dos hormigas se lanzaron sin vacilar; sin darle la oportunidad a su víctima de recuperarse.
Estaba tendido en el suelo, ¿No deben matarlo aprovechando que ya estaba desplomado?
Ese fue su pensamiento tonto, por lo que se movieron casi que por instinto asesino.
La primera fue recibida con un corte horizontal que partió una de sus patas.
El segundo, ignorando la pérdida de su hermana, llegó justo después con una embestida.
Mufasa no esquivo.
Plantó ambos pies y dejó que su espada trasmitiera su voluntad con todas sus fuerzas.
¡Kaaaang!
El golpe sacudió sus brazos y espada.
Detenida a tiempo, el cuerpo de la hormiga se detuvo a escasos centímetros de poder efectuar un golpe mortal.
Una grieta se abrió paso por la quitina de su cabeza.
Las hormigas se detuvieron por un segundo, pero el niño león no se detuvo.
Avanzó, jadeando, pero riéndose entre dientes.
Cada golpe era más pesado, cada respiración más profunda.
Su guarda se estrelló contra la grieta en la quitina.
La grieta se volvió más grande.
Luego, como si fuera una sentencia, destrozó la quitina con su espada, justo en la parte donde la quitina se abría por culpa de una grieta.
Avanzó hacia un lado, esquivando la garra de la hormiga restante.
—Eso no pasará de nuevo.
Su espada, colgada a un lado, voló como una bala plateada.
Cortó la pata delantera restante, dejando que su cuerpo perdiera el equilibrio y se derrumbara contra el suelo de piedra.
Sin detenerse, se subió encima de ella y de un corte pesado y cargado de intención, cortó su cuello.
Entre las placas de quitina, en las articulaciones, es donde se ubicaba su punto débil.
La mejor manera de matar a una Killer Ant, es apuntar a esos huecos.
Cuando la última hormiga cayó, se giró.
Su espada no necesitaba descanso.
Partió por la mitad a una polilla.
—Que rastrera —escupió.
Examinó el silencioso pasillo, sin notar ninguna intención asesina de parte de algún monstruo.
Riendo en voz baja, sacó una botella y la destapó.
Con un movimiento rápido, se llevó el líquido a la boca.
Una sensación ligera inundó su cuerpo, cerrando sus heridas más graves; evitando que se desangraba.
—Hah…
quisiera seguir luchando —murmuró con el ceño fruncido.
Si por Mufasa fuera, seguiría luchando hasta que no quedara ningún monstruo.
¿Quería ser un héroe al exterminar monstruos?
¡Para nada!
Simplemente era divertido, y eso le bastaba para hacerlo.
El silencio volvió al pasillo.
Solo el goteo de la sangre y la respiración agitada del joven león.
—Je…
—rió suavemente, bajando la espada—.
Supongo que nunca me aburrire aquí abajo.
Mufasa permaneció inmovil por un instante, escuchando el débil choque de armas en un punto lejano.
Alguien se estaba peleando, sonaba divertido.
Los cuerpos de las Killer Ants yacían apilados a su alrededor como una especie de ofrenda grotesca, testimonio de la violencia y el caos de su batalla.
Su respiración, áspera e irregular.
Cada inhalación dolía menos ahora que había tomado una posición.
Se dejó caer sobre una de las hormigas, clavando la punta de su alfanje en el suelo.
El metal aún se mantiene casi intacto, solo una leve mella en su filo, producto de haber golpeado las armaduras quitinosas.
—Hum —murmuró, arrastrando los dedos por el borde de su espada—.
Supongo que tengo que ir con esa enana de nuevo.
¿Cómo se llamaba…?
Incapaz de recordar a la enana que forjó la espada, decidió dejarlo pasar.
Ya le preguntaría cuando la volviera a ver.
Examinó su mano, apretó y soltó varias veces.
—No es suficiente —pensó, no con pesar, sino con convicción; la convicción de alcanzar nuevas cimas—.
Si mi golpe pudiera romper el caparazón, ¿no sería más sencillo esto?
El pensamiento se propagó como una inundación.
Ignoro su habilidad, eso era trampa.
¿Dónde estaría lo divertido?
El deseo estaba escrito en él, imborrable.
Recordó el primer impacto: la vibración subiendo por sus brazos, luego el rebote.
Tras insistir, abrió una grieta en las armaduras.
No se desesperó, fue paciente, esperando a que se mostrará un hueco para acabar con ellas.
Cada corte, cada fallo, cada impacto que lo hizo rebotar…
fue un recordatorio de lo débil que era.
¿Lo desanimó?
Al contrario, lo empujó a seguir caminando.
El perezoso no crece, mientras que el valiente no deja de crecer.
Eso era algo que su padre le decía con frecuencia.
Aun lo recordaba; la primera vez que le dijo esas palabras.
Estaba viciado a un juego, un juego de dinosaurios.
Había pasado horas jugando, incapaz de separarse del juego.
Su padre le pedía que dejara de perder el tiempo, que se esforzara por hacer algo productivo.
No lo escucho.
Cuando su padre se cansó de esa actitud, lo arrastró a la fuerza.
Lo llevó con su tío, un albañil.
Le entregó una pala y lo puso a trabajar.
“¿No sabes qué hacer?
¡Entonces toma una pala y busca algo que hacer!” Ese día, trabajó hasta desplomarse.
Su padre se acercó al terminar el día.
“¿Lo ves ahora?
Estas personas no se detienen, siguen trabajando aunque sus cuerpos les piden parar.
¿Quieres acabar así?” Él negó con la cabeza.
“Entonces recuerda siempre este día.
Siempre ten esto presente: El perezoso no crece, mientras que el valiente no deja de crecer” —El valiente no deja de crecer —repitió las palabras, una sonrisa tiró de las comisuras de su boca—.
Ahora puedo entenderlo.
Cada músculo palpitaba, le dolía, pero en ese dolor vio algo diferente.
Algo nuevo.
Crecimiento.
Estaba creciendo.
Podía sentirlo.
Su primera batalla contra los goblins.
Su primera derrota fue por culpa de un Bugbear.
Su aplastante derrota contra Barcelo.
Su derrota contra el elfo, Marlon.
Y su reciente victoria, contra los Killer Ant.
Todo era experiencia y crecimiento.
—¿A esto te referías?
—pregunto al aire, pensando en su padre.
Cada herida se convertía en poder.
Si cayese, se levantaría.
—Entonces mírame, papá.
Tu valiente no dejará de crecer.
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Continuara…
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