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Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 14

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14: Capitulo 14.-Osiris 14: Capitulo 14.-Osiris [Forja del Acero Valkan] —Entonces…

¿Puedes arreglarla?

Mufasa se rasco la nuca torpemente, incómodo por la profunda mirada de la enana.

La enana, pese a ser bajita, tenía un aire gélido a su alrededor al momento de ver la espada que había forjado.

En medio del taller de la enana, el niño león presentó su espada.

Tenía grietas cerca del núcleo, y su hoja parecía haber sido golpeada por algo grande con fuerza.

—Tu…

¿Sabes que una espada se usa para cortar, verdad?

No se usa como una maza —lo fulmino con la mirada, haciendo que se encogiera—.

Si quieres golpear algo duro, entonces compra un martillo o una maza.

—¡Oh!

Pero ya tengo una maza —dijo Mufasa extrañamente animado, sacando la Maza que se había robado del almacén.

El rostro de la enana se retorció con ira.

—¡Tu, pequeño bastardo!

—rugió.

La enana tiró el Alfanje que había estado examinando y saltó sobre el mostrador.

Su rugido dio la ilusión de hacer temblar todas las armas bien acomodadas.

Su puño, gordo y grueso, atravesó el aire y estalló contra el pequeño bastardo que la ofendía.

—¡Espera!

Reconociendo la fuerza detrás del puño furioso de la enana, Mufasa levantó su maza como si fuera un escudo.

Un sonido estridente llenó la habitación.

La pequeña figura de Mufasa fue levantada del suelo y enviada a volar contra una pared.

Su espalda chocó contra la pared, pero no causó ninguna grieta.

Naturalmente, la enana poseía una gran cantidad de fuerza física de manera innata.

Pero a diferencia de su choque contra Barcelo, esta fuerza no fue suficiente para dejarlo fuera de combate.

Si se comprometiera seriamente, Mufasa podría limitar todo a simplemente rodar por el suelo como un trapo muerto.

—Uh…

loca —murmuró Mufasa, en voz baja.

Levantó la cabeza y miró a la enana resoplando, expulsando aire caliente por sus fosas nasales.

—Pequeño bribón.

Mis armas no son simples juguetes.

Son obras creadas para ser usadas con seriedad.

Mufasa se levantó con una cara llena de indignación.

—¡La use seriamente!

—¿De verdad?

—¡Por supuesto!

—Está bien.

Te creeré.

Tan rápido como apareció su furiosa infernal, desapareció.

La enana asintió ante su sinceridad y retrocedió hasta su mesa de trabajo principal.

Recuperó el alfanje en el suelo y lo examinó.

—El daño no es irreparable.

Ven mañana, lo tendré listo.

Mufasa se quedó quieto, con una cara llena de incredulidad.

¿Qué sucedió?

De repente, la enana estaba molesta, irradiando un aura asesina que parecía quemar todo a su alrededor; como un demonio poseído.

Al siguiente momento, aceptó sus palabras y descarto el tema.

¿Fue tan fácil?

Sacudió la cabeza.

No tenía sentido darle demasiadas vueltas.

—Por cierto —Mufasas sacudió el polvo de su ropa y habló—.

¿Cómo te llamas?

—Bronda.

—Ya veo.

Dime, Bronda.

¿No quisieras formar un contrato personal?

Sonrió radiante, demostrando sinceridad —No.

El tono plano y aburrido de la enana corto esa sonrisa.

—¡¿Por qué no?!

—Escucha —la voz de la enana se volvió más suave, dejo de lado la espada y lo miró con seriedad—.

Para mi, la herrería es mi mundo.

Mi sueño.

Me levanto cada día para forjar, calentar el metal y darle forma, martillarlo durante horas y luego darle un filo adecuado.

Extendió su gordo brazo hacia las armas acomodadas por todo el almacén.

Sus ojos brillaron con orgullo.

—Este es mi mundo.

Me gusta crear armas y venderlas a todo tipo de personas.

Ver a los aventureros, poderosos y valientes, portar mis creaciones es todo para mi.

Regresó su mirada a Mufasa.

—No quiero atarme a nadie.

Quiero seguir creando armas para todos, darles lo mejor de mi a todos.

Formar un contrato sería darte prioridad sobre otros, y no pienso hacerlo.

La declaración de la enana fue majestuosa, declarando con total seguridad sus convicciones y sueños.

Para ella, el martillo y el fuego lo son todo.

Mufasa, como alguien que perseguía algo, respeto de inmediato el sueño y la convicción de la enana.

—Ya veo —asintió, con una sonrisa en el rostro—.

Grandes palabras.

Bronda asintió.

—Ahora vete, quiero empezar ya mismo a trabajar.

—Nos vemos.

●~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~● —Gracias a todos por venir.

Una delgada silueta se deslizó suavemente por una gran habitación poco iluminada.

Delgada, cubierta por un vestido blanco que dejaba sus brazos y abdomen expuestos.

Sobre su cuello y cabeza, numerosas joyas de oro se acomodaron.

La diosa Osiris, una mujer de deslumbrante belleza, avanzó con pasos lentos.

Estiró su mano y dejó que un solo dedo se deslizara por una de las mesas.

Alrededor de la diosa, se alzaba una enorme sala, tan grande que podía albergar a más de cien personas.

Paredes de piedra y antorchas primitivas.

Todo en la sala gritaba egipcio.

—Como sabrán, los ataques a otras familias se han intensificado.

Mientras tanto, las nuevas generaciones de Zeus y Hera no dejan de crecer.

Su voz, oscura y fría, se filtró lentamente por toda la habitación.

Varios apretaron sus armas.

Todos aquí eran líderes de escuadrones.

Lideraban hombres a la batalla en nombre de su diosa.

Compartían su deseo: destronar a las familias Zeus y Hera y reclamar la cima.

Por ella, lucharian hasta el final amargo.

No estaban enamorados; compartían su deseo y luchaban por él.

—Nuestra familia ha crecido mucho en la última década.

Decenas de aventureros de primera clase se han alzado, otros más desafortunados han caído.

Es todo parte del proceso.

Regreso al centro de la gran sala, parándose al frente con la cara en alto.

Sus oscuros ojos recorrieron la multitud.

Por donde sus orbes de oscuridad pasaban, las cabezas se levantaban y se llenaban de determinación.

—Ahora tenemos un aventurero de nivel 7.

Pero no es suficiente.

Necesitamos más, mucho más poder.

Esta no es la meta, es solo el inicio de la carrera.

En una esquina, apartada del centro de la diosa oscura, una pequeña silueta se cruzó de brazos.

Poppy, portando su armadura, escuchó atentamente a su diosa.

Ella no compartía su deseo de destronar a los reyes actuales de Orario.

No, su sueño iba más allá de eso.

Ella buscaba demostrar algo; enseñarles a todos que incluso siendo una Pallum podía alcanzar la cima.

Escuchó en silencio, permaneciendo recargada contra una esquina.

Recorrió la habitación con sus ojos.

—Parece que los peces gordos han venido —pensó, observando varias figuras en la sala.

Dentro de la sala, ella era de las personas mas débiles.

Apenas calificaba para estar presente.

Miró a su diosa, aun dando un discurso sobre la supremacía y la gloria.

Puras tonterías a su parecer.

Ver a su diosa hizo que le diera un escalofrío.

La diosa Osiris era…

peculiar.

Cerca de ella, uno podía llegar a oler la muerte y la miseria, como si arrastrara un camino de sangre y odio a su alrededor.

No podía explicarlo, pero detestaba estar cerca de ella.

Osiris lo sabía, pero solo sonría.

Esa sonrisa oscura que justo en ese momento estaba poniendo junto a su discurso.

Mientras reflexionaba sobre su oscura diosa, una sombra se acercó.

—Pequeña Pallum —llamó la voz.

Poppy se tensó bajo la voz.

Conocía esa voz.

Se enderezó de inmediato y levantó la cabeza.

—Capitana Melty —saludo con respeto.

No era una seguidora leal de su capitana, pero incluso ella reconocía y respetaba lo fuerte que era.

¿Cómo no hacerlo?

La mujer había encontrado su hueco entre monstruos.

Su sueño se dirige a esa fuerza.

Melty Zahra, la capitana de la familia Osiris, la única aventurera de nivel 7 en la familia.

La capitana no bajó la cabeza, en su lugar miró a su diosa con una extraña mirada.

—¿Qué opinas de las palabras de Osiris-sama?

—preguntó en voz baja.

Poppy frunció los labios.

¿Por qué su capitana se acercaba a hablarle de repente?

Nunca habían interactuado, y por la forma en que la llamó; estaba claro que su capitana no la conocía.

Se obligó a responder.

—Creo que el sueño de Osiris-sama es inspirador.

Como una Pallum, he vivido toda mi vida siendo menospreciada.

La diosa Osiris me dio la oportunidad de cambiar eso.

—¿Es eso así?

—Absolutamente.

Frente a un ente todopoderoso, no se atrevió a mentir.

¿Y si se ofendía?

Un solo suspiro de su capitana y ella estaría muerta.

Dentro de la familia Osiris, el poder es ley.

—Y dime…

—su voz, baja y ligera, tomó un tono distante—, ¿Crees que ese sueño es posible?

—¡Por supuesto que no!

No se atrevió a decir su verdadera opinión.

Con las manos colocadas respetuosamente en su espalda, se enderezó y se mostró firme.

—Por supuesto.

—Ya veo.

Tú también lo crees…

Por alguna razón, a Poppy le dio la sensación de que su capitana estaba decepcionada de su respuesta.

Prefirió no aclarar nada y permanecer en silencio.

Su capitana guardó silencio tras esas palabras.

Se inclinó hacia un lado y desapareció en la oscuridad.

Poppy suspiro al verla desaparecer en la multitud.

—¿Por qué tengo que soportar esto?

—se cuestionaba mentalmente.

Recordó su llegada a Orario.

Era solo una pequeña Pallum indefensa, débil y sin fuerza.

Pero tenía un sueño.

Ese sueño la empujó a insistir.

Nadie le tendió la mano, solo su diosa actual, Osiris.

Para pagar su deuda, la seguiría hasta el final.

Pensar en su pasado hizo que inevitablemente pensara en Mufasa, su nuevo recluta.

Un joven hombre león con una gran sonrisa, con una llama ardiente en el pecho y una voluntad imborrable.

Comparado con él, Poppy había sido decepcionante.

Ahora tenía algo de fuerza, ¿pero cuantos años tardo en conseguirla?

Mufasa, un joven novato con un crecimiento asombroso, grecia sin parar.

—Semejante diamante…

es un desperdicio que este en esta familia.

Como si fuera una sentencia de muerte, la oscura y fría voz de su diosa atravesó la sala.

—¡En dos años y medio, con ayuda de la alianza egpicio…

atacaremos con todo a las familias Zeus y Hera!

La sentencia fue dada.

El corazón de Poppy se sacudió violentamente al escuchar la sentencia.

Cerró los ojos y soltó un suspiro interno.

—Se acabó.

●~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~● El silencio envolvió la habitación por completo, dejando que las sombras se arrastran junto a la figura en el centro de la habitación.

La silueta se inclinó, mirando ligeramente la espalda desnuda de uno de sus dependientes.

Era uno especial, así que se tomó su tiempo.

Recostado boca abajo contra un sillón, Mufasa espero.

Estaba tenso.

Nunca había interactuado con su diosa, era la primera vez.

Tras algunas actualizaciones, Osiris comenzó a actualizar su estado con mayor frecuencia.

Se escuchó un chillido.

Osiris se sentó suavemente a su lado, en completo silencio.

Observó la pared de piedra, sin ninguna decoración más que antorchas de madera prendidas.

A su alrededor, las sombras parecían retorcerse ante la presencia de su gobernante.

—Quédate quieto.

Apenas un susurro sombrío.

Su diosa, Osiris, era una figura misteriosa y oscura, como un villano envuelto en capas de mentiras, oscuridad y muerte.

Mufasa guardó silencio.

Detrás de él, Osiris sacó una aguja y se pinchó un dedo.

Una solitaria gota, así como ella, cayó silenciosamente contra la espalda de Mufasa.

Jeroglíficos místicos se iluminaron, iluminando los oscuros ojos de la diosa.

Una pequeña sonrisa tiró de las comisuras de su boca.

—Tu crecimiento sigue siendo asombroso.

A este ritmo, podrías subir de nivel en menos de un año.

La noticia entusiasmó a Mufasa.

Subir de nivel no era una cosa tan sencilla.

Un aventurero promedio tardaría años en poder alcanzar el nivel dos, con la mayoría atorándose en ese nivel el resto de su vida.

Unos pocos elegidos, aquellos bendecidos con gran talento; avanzaban sin parar, subiendo de nivel de manera repetida.

Pero no era en un periodo de tiempo corto.

Era un proceso largo, de años.

En un futuro, Aiz rompería el récord en subir de nivel en tan solo un año.

Luego, Bell y su descarada habilidad rompieron el récord, subiendo de nivel sin descanso en menos de un año y alcanzando el nivel cinco en cuestión de meses.

Y ahora, Osiris le hablaba de romper el récord de Aiz, una persona que alcanzó el nivel 6 en menos de diez años.

—Dime, Mufasa —el susurro oscuro de Osiris acaricio su oreja, enviando escalofríos por todo su cuerpo—, ¿Te has adaptado a tu escuadrón?

—Si —asintió—.

Son grandes personas.

Silencio.

Osiris no siguió la conversación, aparentemente aburrida por su respuesta.

—Pequeño León, me ha susurrado un pajarito que aunque vences a otro aventurero, no lo matas…

¿Es eso verdad?

Una sensación de crisis surgió desde lo más profundo del pecho de Mufasa.

¿Era una acusación?

Inclinó ligeramente la cabeza hacia abajo.

Mufasa disfrutaba de batallas acaloradas, del metal chocando y rebotando chispas.

Para él, todo tipo de lucha era una aventura por explorar.

Pero no era un asesino.

Vencer a otras personas estaba bien, no había nada de malo en eso.

¿Pero matarlo?

No podía hacerlo.

Como una persona proveniente del mundo moderno, naturalmente veía con malos ojos el quitar una vida.

En un mundo de leyes, críticas sociales duras y una crianza desde el respeto, Mufasa no tenía sangre para matar a otros.

—Es verdad —dijo Mufasa, sin esforzarse por negarlo.

¿Cómo podía mentirle a un dios?

Descubriría la verdad en seguida—.

No puedo hacerlo.

—¿Por qué no puedes hacerlo?

La voz de Osiris se heló en un instante, arrastrando una frialdad como tempano de hielo.

Ante su tono helado, las sombras de la habitación parecieron retorcerse de agonía.

Mufasa tragó pesadamente.

¿Por que tenia tanto miedo de su diosa?

Probablemente se debía a la figura parada en silencio en la esquina.

Un ejecutivo silencioso.

Como diosa de una facción poderosa, rabiosa y belicista, tenía que tener un guardaespaldas en todo momento.

—Yo…

no puedo —susurró en voz baja, sin levantar la mirada—.

Quitar una vida a otra persona es…

horrible.

El recuerdo de Marlo parpadeo en su mente.

Mufasa no había planeado matarlo, solo vencerlo.

Pero el Boaz no había compartido su idea.

Con solo un golpe, apago su vida por completo.

Le afecto, lo disimulo y fingió que no paso nada, pero ahora eso estallaba con un volcán furioso; llenando su pecho con remordimiento.

—Horrible…—Osiris arrastró las palabras mientras soltaba una risa hueca.

Se levantó del sillón, rodeando el sillón para quedar cara a cara con Mufasa.

Doblo sus rodillas y quedó cara a cara con el niño león que se negaba a crecer a base de sangre.

Pelo negro acomodado cuidadosamente bajo su corona de oro.

Un rostro deslumbrantemente hermoso y pálido, con oscuros ojos llenos de malicia apenas contenida.

Su vestido blanco, perfectamente planchado, no se arrugó pese a doblarse.

—Matar no es horrible —comenzó—.

Solo los débiles se niegan a matar a otros.

Su pálida mano sujetó el rostro de Mufasa.

—¿Te asusta un poco de sangre?

—No.

Dijo la verdad.

Un poco de sangre, incluso mucha, no le asustaba.

Pero matar era un tema totalmente distinto.

—Entonces, ¿a qué le tienes miedo?

La pregunta no fue una acusación.

Fue un susurro venenoso que se deslizó en su oído, afilando y despiadado.

Mufasa se estremeció cuando la oscuridad en los ojos de su diosa pareció cobrar vida.

Los dedos se apretaron con más fuerza.

Estaban fríos, no como simple hielo, sino como mármol muerto.

Los oscuros ojos de la diosa se entrecerraron lentamente, aumentando su presión sobre el mortal que su mano sujetaba.

—Es solo que…

—Mufasa —su voz, fría y oscura, lo interrumpió—.

No eres débil.

Tu potencial no tiene límites.

No entiendo porque te niegas a crecer.

Se refería a la muerte.

Crecer a base de matar a otros aventureros.

Una práctica común en el pasado de Orario.

El corazón del león latió con fuerza.

No era miedo físico…

sino una presión más primitiva; algo que solo un hombre bestia sería capaz de sentir en momentos de crisis.

Y ahora, Mufasa se sentía en crisis.

En la esquina, vio al tuerto quieto como una estatua muerta.

No se movía ni hablaba, pero Mufasa sabía que moriría sin reaccionar en el momento en que intentara algo.

El depredador, su diosa, soltó su rostro.

Los ojos de su diosa miraron fijamente sus orbes de plata durante unos segundos.

—Temes perder tu humanidad —declaró.

Como dios, Osiris poseía una intuición divina, capaz de discernir cualquier cuestión mortal como suma facilidad.

Con solo mirar los ojos del pequeño león, supo de inmediato su temor.

—Temes que al matar, se borre todo lo que te define como persona.

Se levantó lentamente, mirándolo hacia abajo.

—Ese miedo arraigado en tu corazón te impedirá avanzar a la cima.

Tu poder crece, pero eventualmente encontrará un muro si no eliminas ese miedo.

Dirigió su mirada a la esquina, donde un tuerto observaba en silencio.

—¡Pero–!

Intento protestar, pero una mirada fria de su diosa lo cayo.

Ella no parpadeó.

—Escucha —la diosa susurro con frialdad—.

En Orario, solo existen dos clases de aventureros: los que entienden que la muerte es parte del juego…

y los que mueren sin comprenderlo.

Su voz sonó como una verdad absoluta.

Dirigió su mirada a la esquina, donde un tuerto observaba en silencio.

—Elimina ese miedo —ordenó.

—Como ordene.

La voz sonó detrás de Mufasa.

En menos de un parpadeo, un tuerto había aparecido detrás de Mufasa sin emitir ninguna clase de ruido.

Su voz, áspera y ronca, sonó detrás del niño como si siempre hubiera estado ahí.

Extendió su mano y tomó a Mufasa por el cuello.

—¡Maldición, espere un momento!

—trato de protestar de nuevo.

—Posees una voluntad poderosa, tan fuerte que manifestó una habilidad sin igual…

algo que un humano no debería tener.

Tu habilidad tiene el potencial alterar la realidad, romper las reglas terrenales.

Y aun así te niegas a explotar ese potencial.

Alejándose, su voz se volvió apenas un susurro.

—Si no supera ese miedo, elimínalo.

—dijo, sin darse la vuelta, su figura oscurecida por las sombras—.

Un león dócil no me sirve de nada Con eso, desapareció en la oscuridad de la habitación.

Osiris permaneció en silencio tras la partida de sus dos niños.

—Esa habilidad…

Su mente vagó entre las letras que veía en la espalda del niño.

El niño, Mufasa, tenía dos poderosas habilidades.

Sobre todo Haoshoku, la mayor anomalía que había presenciado.

—Una habilidad así podría trascender las reglas del mundo.

Una habilidad que no se limita a potenciar, sino que transforma la voluntad en realidad…

qué divertido.

Se detuvo al lado de la puerta.

Perdida en sus pensamientos, con las sombras retorciéndose bajo sus pies.

—Su mera existencia rompe el Tabu.

Levantó la mirada, sin fijarse en nada en específico.

Su mirada divina vio más allá de los que un mortal podía comprender.

—Caos, ¿Tan aburrido estabas?

Solos, Mufasa intentó hablar, pero el tuerto se movió a una velocidad aterradora.

Atravesaron la oscuridad, la cual ahogó el grito de protesta de Mufasa.

Pero ante un ejecutivo de la familia Osiris, luchar era inútil.

Aparecieron en la entrada, donde su equipo aguardaba.

—Equípate —ordenó el tuerto.

Su tono era claro: No hay rechazo.

Aunque molesto, lo hizo a regañadientes.

Se colocó los brazales, espinillas y la pechera de cuero.

Amarró su alfanje y la amarró en su cintura.

No tuvo tiempo de procesar cuando la mano del tuerto volvió a tomarlo, acelerando a una velocidad ridícula.

Solo ahora amarrado por el agarre del tuerto, completamente a merced de la voluntad de su diosa; fue que se dio cuenta de lo peligrosa que era su familia.

Sabía que era problemática, ¿pero esto?

¡Era un secuestro!

Uno que terminara muy mal.

Fue tomado a la fuerza y empujado hacia un limite que no planeaba pasar.

Juntos, uno cargado como un costal de papas y otro acelerando sin parar, llegaron al calabozo.

Atravesaron la oscuridad, pasando pasillo por pasillo sin parar.

Todos los monstruos fueron dejados atrás uno tras otro; el tuerto ni siquiera se dignó a dirigirle.

Su mera carrera, como un toro furioso, destrozó a cualquier Goblin que se atrevió a no moverse.

Un huracán violento.

Pronto, fue empujado contra una pared rocosa.

¿En que puso estaba?

Basándose en el color de la paredes, estaba en algún profundo y que no había explorado del piso 8.

El techo cambió de tres metros de altura a diez metros.

En las paredes marrones había musgo y el suelo se convirtió en una llanura corta de hierba.

Mufasa se incorporó, buscando con la mirada al Tuerto, pero ya no estaba.

—¿Qué está haciendo este lunático?

—murmuró sin ningún cuidado.

Su diosa había ordenado eliminar ese miedo.

Pero en lugar de algo drástico, lo empujó a un piso que apenas comenzaba a visitar.

Giró la cabeza, en dirección a donde un Kobolt corría desenfrenado, con los colmillos expuestos.

Blandía un palo en su dirección.

Mufasa levantó su alfanje desvió el palo, luego, con un movimiento ya practicado, cortó el pecho del Kobolt.

Las entrañas del monstruo se esparcieron por el suelo sin cuidado.

—¡…!

De nuevo, un tirón lo hizo acelerar a velocidad en la que la realidad se desdibuja para su percepción de bajo nivel.

Se encontró en un nuevo lugar.

Sangre, extremidades cercenadas, ojos sin vida, cuerpos ensangrentados; tanto de monstruos como de humanos.

—¡Bastardo!

Clank Un par de espadas chocaron fuertemente sin cuidado, empujándose mutuamente.

Mufasa examinó la escena.

Un grupo de aventureros chocaban sin parar, empujándose hacia la muerte sin parar.

En sus ojos, un brillo asesino destello fuertemente, delatando sus intenciones.

Ahora, tenia que luchar para salir.

Ese era el objetivo del Tuerto.

Empujarlo al asesinato.

.

.

.

Continuara…

¿Les gusto el capitulo?

¿Qué les pareció la apariencia y actitud de Osiris?

Me gusto como la diseñe.

No se mencionada de la deidad, solo sabemos que existió, así que me tome mis libertades.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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